Españoles de leyenda

La historia se escribe con fuego: todo sobre operaciones militares, tácticas, estrategias y otras curiosidades
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Re: Españoles de leyenda

Mensajepor pablo1984 » 24 Abr 2011 12:24

Al año siguiente (148 a.c) Viriato se encontraba en la Carpetania cuando se vió atacado por 10000 infantes y 1300 jinetes al mando del nuevo pretor, Cayo Plaucio. Viriato nuevamente utilizó sus dotes de estratega y fingió una huída, pero la presencia de 4000 romanos que habían partido tras de él, llevó a Viriato a volver sobre sus pasos y enfrentarse a sus perseguidores a los que mató casi en su totalidad. Después cruzó el Tajo y se refugió en una montaña llamada de Venus. Plaucio lo siguió pero fue nuevamente derrotado y tuvo que abandonar la persecución.
Viriato había logrado aniquilar a dos ejércitos romanos y su fama se extendió, uniéndosele guerreros procedentes de todas partes. Viriato llegó hasta Segovia, para lograr una entente que no fue aceptada por los vacceos y demás tribus celtibéricas. Pero esto no le desanimó, y prosiguió en solitario su guerra contra los romanos y entre el 146 y 145 a.c venció a los pretores de la Citerior, Claudio Unimano y Cayo Nigidio.
Los españoles son el único pueblo mediterráneo verdaderamente valiente e inmediatamente organizarí­an guerrillas en nuestra retaguardia. No se puede entrar en España sin permiso de los españoles.

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Re: Españoles de leyenda

Mensajepor pablo1984 » 24 Abr 2011 12:24

El senado romano no podía soportar tal concatenación de humillaciones y decidió acabar definitivamente con Viriato. El gran general romano Escipión el Africano, logró que se nombrase para la Ulterior a su hermano Fabio Máximo Emiliano, y para la Citerior, a su íntimo amigo Cayo Lelio.
Fabio Máximo llegó a Orsona (¿Osuna?) y se trasladó a Gades, pasando el primer año adiestrando a sus tropas. Evitó enfrentamientos directos con los lusos, hasta que en 144 se preparó para atacar a las tropas de Viriato, las cuales llevaban tres años campando a sus anchas por la Bética y la Meseta. Fabio logró vencerlas y las huestes de Viriato sufrieron grandes pérdidas, viéndose obligadas a refugiarse en primera instancia en Baecor (¿Baecula, Bailén?), para luego dirigirse a Córdoba a pasar el invierno.
En el 143 a.c Viriato luchaba contra el nuevo gobernador de la Ulterior, Quinto -Pompeyo, cuando por fin llega a un acuerdo con las tribus celtibéricas y junto a los arévacos, titos y belos, comienza la guerra numantina, que duraría diez años. El senado romano se alarma ante la gravedad de la situación y envía a un cónsul de la casa de Escipión, Quinto Fabio Máximo Serviliano, hermano adoptivo de Fabio Máximo Emiliano, al mando de dos legiones (unos 20000 hombres). Serviliano se dirige a Itucci y Viriato se le enfrenta con 6000 efectivos que fueron rechazados por los romanos. Serviliano recibe refuerzos provenientes de Libia (caballería y diez elefantes) y vuelve a la carga contra Viriato y en principio lo derrota, pero posteriormente Viriato se revuelve contra sus perseguidores y logra matar a 3000 romanos, ataca su campamento y provoca que Serviliano tenga que retirarse a Tucci.
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Re: Españoles de leyenda

Mensajepor pablo1984 » 24 Abr 2011 12:24

Pero la falta de víveres y de efectivos lleva a Viriato a retornar a la Lusitania para proveerse, lo que es aprovechado por Serviliano para atacar a los aliados de Viriato, después a los cuneos y posteriormente dirigirse a la Lusitania. Los guerrilleros Curio y Apuleyo, al mando de 10000 hombres, atacan a las tropas de Serviliano y logran en principio apoderarse del botín de los romanos, pero Curio morirá en esta batalla y posteriormente los romanos recuperarán su botín. Serviliano someterá las ciudades de la Bética que se habían sublevado y capturará a 10000 prisioneros, de los cuales 500 serán decapitados y los restantes vendidos como esclavos. Por su parte Máximo Emiliano hará prisionero al guerrillero Connobas, a quien perdonó la vida por haberse entregado, pero sus seguidores verán amputadas sus manos, castigo brutal que también era practicado por los lusos.
La decadencia de Viriato comenzará de la siguiente manera: Mientras Serviliano sitiaba Erisana, Viriato aprovechó para atacar y arrinconar a las tropas romanas a un lugar del que no podían salir. En vez de acabar con ellos, Viriato les ofreció la libertad a cambio de un tratado de paz que lo reconociese como amigo de Roma y dueño de las tierras que ya dominaba. ¿Cómo pudo Viriato volver a confiar en los romanos que ya le habían traicionado años atrás? Puede que lo que llevó al caudillo luso a tomar esta decisión fuera el cansancio de sus tropas tras tantos combates. Los romanos, atrapados y sin otra opción, aceptaron la oferta y Roma la confirmó, aunque la consideró una afrenta.
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Re: Españoles de leyenda

Mensajepor pablo1984 » 24 Abr 2011 12:25

El nuevo gobernador de la Ulterior, Servilio Cepión, hermano de Serviliano, escribió a Roma en 139 a.c y pidió que se anulara el tratado y que el senado le permitiera provocar a Viriato para obligarle a romper la paz y poder acabar definitivamente con él. En principio el senado no aceptó su petición, pero tras mucho insistir Servilio Cepión recibió autorización para declarar la guerra a Viriato, quién se retiró a Carpetania, y posteriormente se refugió en la Lusitania.
Servilio Cepión lo persiguió a través de las tierras de los vetones, aliados de los lusitanos, penetró por vez primera en el país de los galaicos y construyó una vía desde el Guadiana hacia el Norte, atravesando el Tajo. También estableció un campamento, Castra Servilia, cerca de Cáceres.
Viriato negoció la paz con el cónsul Lenas, superior de Servilio. Lenas mató a varios de los rebeldes, a otros les hizo cortar las manos y exigió la entrega de las armas, por lo que Viriato rompió las negociaciones y decidió buscar mejor suerte con Servilio, y para ello usó como mediadores a Andas, Ditaleo y Minuro. Servilio recibió a los tres negociadores y siguiendo la costumbre de sus antecesores, decidió alcanzar por la conspiración lo que no había sido capaz de conseguir por las armas. A estos tres traidores les ofreció riquezas a cambio de que asesinaran a Viriato y así, cuando regresaron a su campamento, entraron de noche en la tienda de su caudillo, mientras dormía y le dieron muerte. Más tarde se presentaron ante Servilio para cobrar el precio de su vileza, pero el romano se negó a pagarles y los remitió al senado romano, quien tanbién rechazó pagar el precio de tan infame acuerdo.
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Re: Españoles de leyenda

Mensajepor pablo1984 » 24 Abr 2011 12:25

Muerto Viriato, sus fieles lo honraron con unas magníficas exequias fúnebres. Su cadáver engalanado fue quemado en una gran pira, y se hicieron un gran número de sacrificios. Los jinetes y guerreros armados desfilaron alrededor de su líder cantando alabanzas, hasta que se extinguió el fuego que consumía el cadáver. Cuenta Diodoro que sobre la sepultura lucharon doscientas parejas de guerreros, simulando los combates que en el pasado habían compartido con su jefe.
La vileza de los romanos provocó que los lusitanos se reorganizaran, y al mando de Tántalos se dirigieron contra las tropas de Cepión. La suerte no les acompañó y se vieron forzados a rendirse tras cruzar el río Betis. El sucesor de Cepión persiguió de modo tan cruel a los lusitanos que hasta sus mujeres decidieron seguir heroicamente a sus hombres en la lucha, y según Apiano, murieron sin ni siquiera emitir un grito de dolor. A tan brutal represión, hoy en día, lo llamaríamos un holocausto.
Décimo Junio Bruto pasó el Duero en el 137 a.c y se convirtió en el primer romano que pisó Galiza. Atravesó el Letheo (el Limia), conocido por los romanos como el río del olvido, ya que pensaban que todo aquel que lo cruzaba perdía irremisiblemente la memoria de quien era, el recuerdo de su familia y de todo su pasado. Sus huestes se negaron a seguirle, tan grande era el temor que los invadía, que hubo Bruto de cruzar el río junto a sus generales y llamar por su nombre a los soldados, que lo observaban aterrados desde la otra orilla, para demostrarles que no había perdido la memoria. Sólo entonces las tropas romanas se atrevieron a avanzar. Tal era el profundo terror que despertaba entre ellos la mágica Gallaecia
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Re: Españoles de leyenda

Mensajepor pablo1984 » 24 Abr 2011 12:25

Gallaecia era la última frontera occidental para los romanos. Antes de que siquiera se atrevieran a hollar su suelo, los romanos sólo conocían de ella los relatos de mil leyendas que narraban historias de como en la costa de este finisterrae se podía oír el ruido que producía el sol al sumergirse en el mar, igual que un hierro al rojo vivo cuando se introduce en el agua. También contaban como las yeguas salvajes eran fecundadas por el viento y parían caballos de enorme bravura, que galopaban libres por las abruptas tierras gallegas.
En el 136 a.c Décimo Bruto logró conquistar la Gallaecia y de ella tomó su sobrenombre con el que pasaría a la historia. El romano también fortificó Olisipo (Lisboa) y exiló a los fieles soldados de Viriato en una colonia de la costa levantina: Valencia.
La concepción que Viriato tenía de la resistencia ante el invasor sigue asombrándonos aún hoy en día. No se limitó a pelear en su territorio si no que entabló batalla más allá de la Lusitania, a diferencia de los celtíberos, que no osaron salir de sus tierras y al final murieron confinados en Numancia.
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Re: Españoles de leyenda

Mensajepor pablo1984 » 24 Abr 2011 12:26

Viriato es el prototipo del guerrillero, que busca cansar al enemigo y lo ataca mediante emboscadas, aprovechando su rapidez y el factor sorpresa, simulando retiradas y dispersando sus tropas con gran celeridad, mientras impide que acceda a su aprovisionamiento.
Era un líder querido por su pueblo, generoso y austero, que cobraba impuestos a los hacendados y que poseía una visión política que iba más allá de las fronteras de su tribu. Si era necesario estaba dispuesto a inmolar a los suyos y sólo la traición de aquellos en los que confiaba permitió a sus enemigos vencerle. Antes de él sólo existían tribus reducidas a los confines de sus fronteras y tras él no hubo nadie que pudiera emular su ejemplo. Por ello, los tiempos no han podido borrar la huella del gran héroe de la península ibérica capaz de vencer al imperio. Por los siglos de los siglos estará en el panteón de los grandes guerreros de la historia de la humanidad.
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Re: Españoles de leyenda

Mensajepor nasredim » 24 Abr 2011 12:27

Buen trabajo Pablo. :apla: :apla: :apla:
Imagen

En algunos momentos y en algun lugar es conveniente llevarla, pero mi consejo es que cuanto menos mejor.

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Re: Españoles de leyenda

Mensajepor POLILLA81 » 24 Abr 2011 23:46

Luis Daoíz y Torres.-

(Sevilla, 10 de febrero de 1767 - Madrid, 2 de mayo de 1808) fue un militar español, destacado por su participación en el levantamiento del 2 de mayo de la Guerra de la Independencia española.

Origen y familia:

Luis Daoíz nació en el seno de una familia aristocrática andaluza. Su padre, Martín Daoíz Quesada, pertenecía al linaje nobiliario de la familia Daoíz que se remontaba a la Edad Media. Esta familia era originaria de la localidad navarra de Aoiz y estuvo muy vinculada a la milicia desde tiempos de la Reconquista. A dicho linaje pertenecieron caballeros, como Berenguer D'Aoiz, que se estableció en Navarra, y García Garcés D'Aoiz, que intervino en la batalla de Las Navas de Tolosa.
A mediados del siglo XVII, Joaquín D'Aoiz, natural de Pamplona, se trasladó junto a su familia a Gibraltar para desempeñar el cargo de alguacil mayor y regidor perpetuo hasta su caída en poder de los ingleses, por lo que se vieron obligados a trasladarse a El Puerto de Santa María, donde poseían unas fincas llamadas Espínola; las fincas llamadas Quesada, en Cádiz; Monreal en Medina-Sidonia y otras propiedades en Sanlúcar de Barrameda. Además poseían dos señoríos en Navarra, nueve merindades y la casa principal en Aoiz, junto a sus campos y viñas. A partir del citado Joaquín D'Aoiz, regidor de Gibraltar, el apellido D'Aoiz pasa a ser Daoíz. Don Joaquín era el abuelo paterno de Luis Daoíz.
Su madre fue doña Francisca Torres Ponce de León, hija de los condes de Miraflores de los Ángeles, una rama secundaria de la casa de Arcos.
Contrajeron matrimonio el 2 de febrero de 1766 y residieron temporalmente en el palacio que tenían los padres de doña Francisca en Sevilla.

Biografía:

Infancia:

Luis Daoíz nació en Sevilla, en el palacio de Miraflores de los Ángeles el martes 10 de febrero de 1767 y fue registrado en el folio 26 del libro de bautismo de la parroquia de San Miguel como Luis Gonzaga Guillermo Escolástica Manuel José Joaquín Ana y Juan de la Soledad Daoíz. Su padrino fue fray Juan Mateos, un presbítero de los Carmelitas calzados. Sus hermanos se llamaban María del Rosario, primera condesa de Daoíz, Francisco y Josefa.
Durante su infancia vivió en el palacio de su abuela materna en Sevilla y pasó algunos veranos en la casa que ésta tenía en Mairena del Alcor. Estudió en el colegio jesuita de San Hermenegildo, que se ubicaba en el espacio que ocupa la plaza de la Gavidia y varios edificios próximos.

Carrera militar:


Su padre solicitó su incorporación en el ejército en 1782, cuando tenía 15 años, tras cursar estudios en el colegio de los jesuitas de su ciudad natal. Por aquella época el cuerpo de artillería era muy elitista y sólo permitían el acceso al mismo a personas de linaje noble. Luis Daoíz obtuvo la aprobación de nobleza correspondiente, en expediente expedido el 10 de julio de 1781 por el escribano del rey, Manuel García de Castro, y del teniente asistente de Sevilla, Fernando Vivero Sánchez; e ingresó como cadete en el Real Colegio de Artillería de Segovia, situado en el Alcázar de dicha ciudad, el 10 de febrero de dicho año. Su estancia en el Colegio de Artillería se prolongó hasta el 9 de febrero de 1787, en la que demostró ser un buen estudiante y destacó de manera especial en la esgrima de sable y de espada, obteniendo la graduación de alférez. Su primer destino fue en el batallón del Real Regimiento de Artillería instalado en el Puerto de Santa María.
En 1790, con el grado de subteniente, se presentó voluntario a la defensa de la ciudad de Ceuta, en el norte de África, al mando de una batería de su regimiento. Al año siguiente fue enviado a la de la ciudad de Orán (Argelia) como agregado a la compañía de minadores. Allí, en 1792, con 25 años, y como premio a sus méritos, fue ascendido al grado de teniente de artillería el 18 de febrero.
En marzo de 1794, participó en numerosas acciones de la segunda parte de la Guerra del Rosellón contra Francia revolucionaria. El 25 de noviembre de ese mismo año, Luis Daoíz fue hecho prisionero, permaneciendo en Toulouse como tal. Durante su cautiverio, conocida su valía como militar y artillero, sus conocimientos matemáticos y de varias lenguas, entre ellas el inglés, el francés, el italiano y el latín, recibió ofertas de pasarse al bando revolucionario francés, ofertas que rechazó, pues era su único deseo regresar a España para prestar sus servicios en su defensa. Tras la firma de la Paz de Basilea en 1795, que puso fin a la contienda, fue liberado y volvió a su destino en El Puerto de Santa María.
Apenas terminada esta guerra contra Francia, comenzaron las hostilidades contra Inglaterra. En esos momentos la Armada española intentaba reorganizar sus buques y ponerlos en orden de combate, pero la escasez de oficiales especialistas hizo que tuvieran que demandar hombres a los cuerpos del ejército de tierra para completar la dotación de los buques de guerra. Por ello, en 1797, Daoíz fue destinado como refuerzo del contingente de los oficiales de la Armada y el 11 de julio de ese mismo año le confiaron el mando de una tartana cañonera con hornillo de bala roja, bajo las órdenes del almirante José de Mazarredo. Durante el sitio de Cádiz por los ingleses, Daoíz dirigió una de las lanchas que atacaban a los navíos del almirante Nelson, saliendo victoriosa la defensa española del ataque inglés. Daoíz dirigió el ataque contra el navío El Poderoso, uno de los que más daños causaban. Su excelente servicio en dicha embarcación le supuso el ascenso al grado de oficial artillero de buque de línea.
Posteriormente y debido a la escasez de artilleros en la Marina, se incorporó al navío San Ildefonso, que disponía de 74 cañones y estaba mandado por el capitán de navío José de Iriarte. Su misión en dicho navío fue defender las colonias de América, continente al que viajó en dos ocasiones, y proteger las flotas que venían de allí. En noviembre de 1800 y hallándose en el puerto de La Habana (Cuba), cuando aún era teniente, al revisar las "Gacetas" atrasadas tuvo noticia de que había sido ascendido a capitán de artillería el 4 de marzo de dicho año, pero no había recibido la notificación por encontrarse en la mar.
Durante su servicio en la Armada escribe "Método que debe usarse para la enseñanza de la tropa y marinería en los ejercicios de cañón y abordaje", que es un pequeño manual de táctica cuyo objetivo era que los soldados embarcados aprendieran las tácticas en los navíos. El 7 de julio de 1802 regresó a la Península y fue destinado a su regimiento de origen, el tercer regimiento de artillería de Sevilla. Allí le asignan misiones de carácter científico, por sus conocimientos matemáticos y su aplicación al desarrollo de la artillería. En 1803 fue destinado, junto con otros oficiales, a la Real Fundición de Bronces y formó parte de la comisión dirigida por el brigadier Vicente María de Maturana para la construcción de dos piezas de artillería de calibre ocho para el servicio de la artillería a caballo, debiendo reunir la particularidad de poder disparar indistintamente balas, granadas y metralla. Con su regimiento participó en la Segunda Guerra de Portugal y fue destinado posteriormente a un puesto destacado en Fontainebleau en Francia.
En 1807 el regimiento al que pertenecía desplazó su segunda compañía a Madrid y solicitó su cambio de destino a la capital, por lo que fue nombrado comandante de la batería destinada en el Parque de Artillería creado en el palacio del duque de Monteleón. Ese mismo año sus padres concertaron su matrimonio para la primavera de 1808 con una joven noble de Utrera, que ingresó en un convento sevillano tras la muerte de Daoíz.

Levantamiento del 2 de mayo:


Tras su traslado a Madrid, pudo presenciar la llegada de las tropas francesas a la ciudad a finales de abril de 1808 al mando de Joaquín Murat, que en aquel momento eran consideradas aliadas, pues debían colaborar con los españoles en la guerra contra Portugal. La presencia de gran número de soldados franceses en la ciudad produjo varios incidentes, por lo que la Junta de Madrid y las autoridades militares españolas negociaron con las autoridades francesas que los soldados no molestaran a los vecinos y los tranquilizaran asegurando que los miembros del ejército francés eran aliados. Fernando de la Vera, gobernador militar de Madrid, dio la orden de que las tropas españolas debían mantenerse en sus cuarteles para evitar altercados con las tropas francesas.
Viendo el cariz que tomaba la presencia de los franceses en España, que ocupaban las plazas fuertes y las grandes poblaciones por las que iban pasando, planeó con Pedro Velarde un alzamiento general, que fracasó por no contar con el apoyo del gobierno. Tras algunos incidentes ocurridos entre soldados franceses y vecinos el día 1 de mayo, Murat ordenó el 2 de mayo a sus tropas salir de los cuarteles y ocupar los principales puestos, palacios y cuarteles de la ciudad para controlarla plenamente. Cuando se produjeron los primeros ataques de los soldados imperiales contra el pueblo madrileño, Luis Daoíz se encontraba al mando del Parque de Artillería de Monteleón, con cuatro oficiales, tres suboficiales y 10 soldados como única guarnición. En el cuartel se hallaba un destacamento de 80 soldados franceses enviados por Murat para comprobar que no se fabricara más munición de la habitual.
Por su parte el capitán Pedro Velarde consiguió que el coronel de un cuartel de Voluntarios del Estado le entregara el mando de la 3ª compañía del 2º batallón, con 33 hombres y 2 oficiales, y acude con ellos al parque de artillería. Velarde logró la rendición de la unidad francesa que se encontraba en el parque y abrió las puertas a los paisanos que se movían por las inmediaciones gritando proclamas contra los franceses. Tras una tensa conversación entre Daoíz y Velarde, el primero se debatió entre obedecer las órdenes de acuartelarse y las demandas de su compañero de luchar contra los franceses, y ambos optaron por proveer de armas al pueblo y aprestarse a la defensa del parque. Velarde organizó la defensa del parque con unos 120 paisanos y los soldados de infantería y artillería, distribuidos en secciones al mando de oficiales. Daoíz se situó en la puerta del parque dirigiendo una batería de cuatro cañones, municionados con botes de metralla, y manejada por oficiales y paisanos. Gracias a la disposición de dicha batería lograron frenar las diferentes cargas de la infantería francesa, causándoles cuantiosas bajas, la cual pretendía tomar el parque por las aledañas calles de Fuencarral y San Bernardo.
La lucha en este cuartel duró unas tres horas. Pero combatían frente a fuerzas diez veces superiores y las municiones empezaron a escasear. Murat envió al general Joseph Lagrange para vencer la resistencia del parque con tropas de caballería e infantería reforzadas con cuatro cañones, pero fueron rechazadas nuevamente por la batería de la puerta del parque y las descargas de fusilería de los soldados y los paisanos situados en los muros, dirigidos por Velarde. Lagrange llegó a reunir 2.000 infantes para el asalto definitivo al parque.
Aunque herido en un muslo, Daoíz intentó seguir la defensa del parque, por lo que recibió varias heridas de bayoneta cuando luchaba con su sable junto a los cañones de la entrada. Daoíz fue trasladado extremadamente grave a su casa por algunos soldados, donde falleció ese mismo día. Los oficiales Pedro Velarde y el teniente Jacinto Ruiz, que le acompañaron en la lucha, también murieron en la defensa: el cántabro Velarde allí mismo y Ruiz unos meses más tarde en Extremadura a consecuencia de las heridas que recibió. Daoíz fue enterrado en la iglesia de San Martín esa misma noche junto a Velarde y otros soldados españoles.

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Re: Españoles de leyenda

Mensajepor POLILLA81 » 24 Abr 2011 23:57

Pedro Velarde y Santillán


(Muriedas, Cantabria, España, 19 de octubre de 1779 – † Madrid, 2 de mayo de 1808) fue un militar español, destacado por su participación en el levantamiento del 2 de mayo de la Guerra de la Independencia española.

Biografía:

Pedro Velarde nació en Muriedas, en el Valle de Camargo (Cantabria), en la casona-palacio de los Velarde (casa-palacio que desde 1966 acoge el Museo Etnográfico de Cantabria).
El 16 de octubre de 1793, a los 14 años, ingresó como cadete en el Real Colegio de Artillería de Segovia. Terminó sus estudios como número 2 de su promoción y recibió un ascenso al grado de subteniente el 11 de enero de 1799. En 1801 fue destinado al ejército que operaba en Portugal. El 12 de julio de 1802 ascendió al grado de teniente y el 6 de abril de 1804 al de capitán. El 1 de agosto de ese mismo año entró como profesor de la Academia en la que había estudiado. Era un auténtico experto en la medición de la velocidad de los proyectiles. Permaneció como profesor hasta el 1 de agosto de 1806, fecha en la que fue nombrado Secretario de la Junta Superior Económica del Cuerpo de Artillería, por lo que tuvo que trasladarse a residir a Madrid por estar allí ubicado el Estado Mayor, cargo que le permitía disponer de mucha información. Joaquín Murat intentó atraerle a la causa napoleónica, a lo que Velarde respondió que "no podía separarse del servicio de España sin la voluntad expresa del rey, de su cuerpo y de sus padres".

Levantamiento del 2 de mayo:

Tras el fracaso de su plan de levantamiento general urdido con Luis Daoíz, ya en 1808, Velarde siguió en su destino hasta que, en la mañana del dos de mayo, al escuchar los primeros disparos, lo abandonó exclamando:
Es preciso batirnos; es preciso morir; vamos a batirnos con los franceses.

Se dirigió al Parque de Artillería de Monteleón, en el que desarmó a la guardia francesa que vigilaba que los españoles no fabricaran más munición de la normal, convenció a Daoíz de que era necesario dar armas al pueblo y entre ambos prepararon la defensa del cuartel.
Cuando Daoíz ya había caído, Velarde fue mortalmente herido por un disparo a quemarropa de un oficial de la Guardia Noble polaca. Velarde fue enterrado en la iglesia de San Martín esa misma noche junto a Daoíz y otros soldados españoles


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