El ARTE DE LA GUERRA
Publicado: 04 Nov 2007 00:22
El arte de la guerra
Elisa Silió 03/11/2007
El fotoperiodismo se mueve en la imprecisa línea que separa la realidad y el arte. Sus imágenes se valoran y su presencia en museos y subastas es imparable. Pero en paralelo, hay quien piensa que el reporterismo, caduco, debería apostar por el vanguardismo.
Si en 1808 en manos de Francisco de Goya y Lucientes hubiese caído una Kodak Professional quizá no existiese ni un triste boceto de Los fusilamientos del 3 de mayo. Con un simple disparo hubiese denunciado la barbarie de la guerra que cada día los protagonistas de este reportaje se empeñan en evidenciar. Reporteros y/o artistas que bordean con sus trabajos la vaga línea entre el fotoperiodismo y el arte. Unas imágenes, consideradas fáciles y descuidadas en los inicios, que en las últimas décadas han seducido al mercado. En las pujas se codean con la pintura, cada vez son más los museos que adquieren algunas para sus fondos y estos días varias muestras coinciden en España.
Mujeres afganas, fotografía Premio Ortega y Gasset- Santiago Lyon
Mujeres albanokosovares lloran la muerte de un familiar- Enric Martí
"El resultado puede ser artístico, pero si cuando disparas quieres hacer arte te sale un bodegón", dice Meneses
"Un palestino hace las mejores fotos en Palestina porque la guerra afecta a su familia", piensa Martí
Pero en medio de este clima esperanzador hay quien asegura que el fotoperiodismo está caduco -arrollado por los telediarios e internet-, desvirtuado -hasta en el rincón más perdido del planeta la población es consciente del poder mediático-, uniformizado -las imágenes del 11-S obedecían a un mismo patrón-, en pocas manos -las grandes agencias están absorbiendo a las pequeñas- y con una estética desfasada. El asturiano Javier Bauluz (1960), el único español ganador del Pulitzer, estalla: "Estoy harto de los que dicen que hay que hacer cosas más vanguardistas. De los que piensan que las guerras y los pobres están muy vistos o que un terremoto hay que contarlo fotografiando una grieta de un centímetro en el suelo con la cámara ladeada".
"Por supuesto que el fotoperiodismo no está muerto", se indigna Cristina García Rodero (Puertollano, Ciudad Real, 1949), la primera española que va a ser socia de Magnum. "Los que no están vivos son las revistas y los periódicos que no quieren gastarse dinero y mandar fotógrafos. Los grandes reportajes han desaparecido", continúa la premio Nacional de Fotografía de 1996. "El fotoperiodismo tiene que entrar en los museos. Detrás de una cámara no sólo hay técnica sino cerebro y sentimiento. Hay más fotógrafos mucho más artistas que los pintores y sé lo que me digo", asegura García Rodero, licenciada en Bellas Artes. Contactar con ella es una odisea. Panamá, Praga, México y Estados Unidos, en pocas semanas da idea de su ritmo frenético. "Me estoy haciendo mayor y tengo muchos capítulos abiertos", explica. Tan sólo ha ido a una guerra, la de Kosovo, y no piensa volver. "Prefiero fotografiar las fiestas, que es un momento de alegría y generosidad".
Arturo Pérez-Reverte, curtido como periodista en el frente antes de convertirse en un escritor de éxito, le dio la extremaunción al reporterismo gráfico al presentar su novela El pintor de batallas hace casi dos años. Apostó entonces por retomar la pintura de guerra de Goya o Paolo Uccello (La batalla de San Romano), nunca la del Guernica de Picasso "que no huele a sangre". "Cuando las imágenes modernas han sido explotadas hasta la saciedad, es fundamental volver a El jardín de las delicias, de El Bosco. La imagen fotográfica no vale. Robert Capa (el padre del fotoperiodismo) mentía, y ya se mentía mucho antes con las fotos. No se puede meter todo el horror en un rollo de película". Por eso el fotógrafo de su libro pinta la foto que, pese al oficio, no puede hacer.
Elisa Silió 03/11/2007
El fotoperiodismo se mueve en la imprecisa línea que separa la realidad y el arte. Sus imágenes se valoran y su presencia en museos y subastas es imparable. Pero en paralelo, hay quien piensa que el reporterismo, caduco, debería apostar por el vanguardismo.
Si en 1808 en manos de Francisco de Goya y Lucientes hubiese caído una Kodak Professional quizá no existiese ni un triste boceto de Los fusilamientos del 3 de mayo. Con un simple disparo hubiese denunciado la barbarie de la guerra que cada día los protagonistas de este reportaje se empeñan en evidenciar. Reporteros y/o artistas que bordean con sus trabajos la vaga línea entre el fotoperiodismo y el arte. Unas imágenes, consideradas fáciles y descuidadas en los inicios, que en las últimas décadas han seducido al mercado. En las pujas se codean con la pintura, cada vez son más los museos que adquieren algunas para sus fondos y estos días varias muestras coinciden en España.
Mujeres afganas, fotografía Premio Ortega y Gasset- Santiago Lyon
Mujeres albanokosovares lloran la muerte de un familiar- Enric Martí
"El resultado puede ser artístico, pero si cuando disparas quieres hacer arte te sale un bodegón", dice Meneses
"Un palestino hace las mejores fotos en Palestina porque la guerra afecta a su familia", piensa Martí
Pero en medio de este clima esperanzador hay quien asegura que el fotoperiodismo está caduco -arrollado por los telediarios e internet-, desvirtuado -hasta en el rincón más perdido del planeta la población es consciente del poder mediático-, uniformizado -las imágenes del 11-S obedecían a un mismo patrón-, en pocas manos -las grandes agencias están absorbiendo a las pequeñas- y con una estética desfasada. El asturiano Javier Bauluz (1960), el único español ganador del Pulitzer, estalla: "Estoy harto de los que dicen que hay que hacer cosas más vanguardistas. De los que piensan que las guerras y los pobres están muy vistos o que un terremoto hay que contarlo fotografiando una grieta de un centímetro en el suelo con la cámara ladeada".
"Por supuesto que el fotoperiodismo no está muerto", se indigna Cristina García Rodero (Puertollano, Ciudad Real, 1949), la primera española que va a ser socia de Magnum. "Los que no están vivos son las revistas y los periódicos que no quieren gastarse dinero y mandar fotógrafos. Los grandes reportajes han desaparecido", continúa la premio Nacional de Fotografía de 1996. "El fotoperiodismo tiene que entrar en los museos. Detrás de una cámara no sólo hay técnica sino cerebro y sentimiento. Hay más fotógrafos mucho más artistas que los pintores y sé lo que me digo", asegura García Rodero, licenciada en Bellas Artes. Contactar con ella es una odisea. Panamá, Praga, México y Estados Unidos, en pocas semanas da idea de su ritmo frenético. "Me estoy haciendo mayor y tengo muchos capítulos abiertos", explica. Tan sólo ha ido a una guerra, la de Kosovo, y no piensa volver. "Prefiero fotografiar las fiestas, que es un momento de alegría y generosidad".
Arturo Pérez-Reverte, curtido como periodista en el frente antes de convertirse en un escritor de éxito, le dio la extremaunción al reporterismo gráfico al presentar su novela El pintor de batallas hace casi dos años. Apostó entonces por retomar la pintura de guerra de Goya o Paolo Uccello (La batalla de San Romano), nunca la del Guernica de Picasso "que no huele a sangre". "Cuando las imágenes modernas han sido explotadas hasta la saciedad, es fundamental volver a El jardín de las delicias, de El Bosco. La imagen fotográfica no vale. Robert Capa (el padre del fotoperiodismo) mentía, y ya se mentía mucho antes con las fotos. No se puede meter todo el horror en un rollo de película". Por eso el fotógrafo de su libro pinta la foto que, pese al oficio, no puede hacer.