HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Brasilla » 23 Feb 2018 15:54

Excmo. Sr. D. Manuel Antonio CORDERO Y BUSTAMANTE (Brigadier del Real Ejercito Español


Manuel Antonio Cordero y Bustamante (1753, Cádiz, España-Durango, Durango, marzo de 1823) fue un militar y político español que sirvió tanto como gobernador interino y gobernador de Coahuila en dos ocasiones (entre los años 1798 y 1817) y gobernador interino de Texas (1805-1808), en 1813 y 1819 fue gobernador de la provincia de Sonora y Sinaloa.​

Índice

Manuel Antonio Cordero y Bustamante nació en 1753 en la provincia andaluza de Cádiz, España. Al cumplir 14 años se unió al ejército español, donde comenzó su carrera como Cadete del Regimiento de Infantería de Zamora el 1 de diciembre 1767 y tres años después vino a México con el citado cuerpo. En un manifiesto que lanzó el 11 de octubre de 1822, reconociendo a Iturbide como emperador de México expresaba que había venido al país a la edad de 17 años y a su arribo a Veracruz le atacó la fiebre amarilla. Sin deudos ni amigos, una familia de la localidad lo atendió y lo salvó y desde entonces resolvió quedarse definitivamente en Nueva España por reconocimiento y gratitud.

El 16 de septiembre de 1771 pasó con el mismo cargo al Regimiento de Dragones de España, después al de México, ascendió a portaguión el 2 de julio de 1773, a alférez el 14 de agosto de 1788, con cuya plaza mandó las compañías presidiales de Janos y San Buenaventura, sucesivamente, ascendió a teniente coronel el 1 de junio de 1789 y firmó un tratado de paz con los apaches Mimbreños y los Gilenas, se le dio el mando de la cuarta sección de tropas regionales de la Nueva Vizcaya. En junio de 1790 asumió la ayudantía e inspección de la Comandancia General de las Provincias Internas, estuvo encargado de este mando de septiembre siguiente a marzo de 1791, se le nombró comandante de las Armas en la Nueva Vizcaya.

Con una sección de 100 soldados, en 1794, acompañó al general Enrique Grimarest en la expedición que encabezó para reabrir el camino de Arizpe a Santa Fe de Nuevo México, fue una campaña de cuatro meses, volvió a someter a los Gilenas y los Mimbres que decidieron atacar al Presidio de Janos. En 1795 dirigió la primera expedición al Presidio del Norte, donde se enfrentaría contra los Mescaleros. volvió a la ayudantía y la desempeñó hasta el 22 de diciembre de 1796.

El 27 de diciembre de 1796, comenzó a dirigir las tropas de la frontera de Coahuila. En enero de 1797, el rey de España lo nombró gobernador de Texas para sustituir a Manuel Muñoz en sus últimos años, puesto que no llegó a tomar posesión, habiendo recibido el cambio a Coahuila el 26 de marzo de 1797 con carácter de interino y reasumió la ayudantía e inspección. Cordero envió un mensaje a Manuel Muñoz diciéndole que él había sido nombrado gobernador interino. En diciembre de 1798 fue nombrado gobernador en propiedad.

Gobiernos de Texas, Coahuila y Sinaloa


En 1805, mientras que Cordero gobernó Coahuila, fue también nombrado gobernador interino de Texas y tuvo que abandonar el gobierno de Coahuila. Gobernó Texas hasta el 7 de noviembre de 1808. En este momento, Cordero dejó el cargo de gobernador de Texas, ya que fue reemplazado por Manuel María de Salcedo. En septiembre de 1805 llegó a San Antonio porque había recibido órdenes de que debía fortalecer los poblados de Orcoquisas, Nacogdoches y Adaes. Más tarde, gobernó Coahuila por segunda vez desde 1809.

Permaneció en Texas hasta 1810 debido a que planeaba establecer asentamientos en el río Colorado, el río San Marcos, el río Brazos, el río Trinidad y el río Guadalupe. Sin embargo, solo pudo establecer asentamientos en San Marcos y en Trinidad, en adición a otro asentamiento: Villa Palafox, en el último año que estaba en la ciudad. Cuando desempeñaba todavía el cargo de gobernador de Coahuila estalló la insurrección de 1810, fue derrotado por Jiménez en Aguanueva, el 7 de enero de 1811, cayendo prisionero de guerra; meses después recuperó su libertad y volvió al gobierno de Coahuila el 27 de abril del mismo año.

Presidió el Consejo de Guerra que sentenció a la pena de muerte a Ignacio Aldama y a otros jefes insurgentes que fueron fusilados en Monclova, sin haber hecho nada por salvarlos a pesar de que Jiménez le había salvado la vida. En 1813 era brigadier, fue promovido al Gobierno de Sonora y Sinaloa, regresó al de Coahuila en 1817 y de éste pasó al de la Nueva Vizcaya, del que tomó posesión el 18 de julio de 1818. De enero a abril de 1819 reemplazó interinamente a García Conde en el mando superior de las Provincias Internas y fue promovido nuevamente al Gobierno de Sonora y Sinaloa, que recibió en octubre en el mineral del Rosario. Desde allí dirigió personalmente la persecución de varias partidas insurgentes que se encontraban amadrigadas en la zona llamada de Barrancas, hasta que las aniquiló; en junio de 1820 juró la Constitución española de Cádiz y dispuso, de acuerdo con el obispo de la diócesis, que se jurara en todos los pueblos sujetos a su mando y se instaló en la ciudad de Arizpe el 21 de mayo de 1821.

En septiembre siguiente, los jefes y oficiales de la guarnición acordaron secundar el Plan de Iguala, se negó a sumarse a este acto, resignó los mandos político y militar y salió en dirección a Chihuahua a presentarse al comandante general. Allí se encontró con la novedad que éste había ordenado que se jurara la independencia y tuvo que someterse a las circunstancias otorgando igual juramento. Se trasladó a México, Iturbide lo nombró Caballero de la Orden de Guadalupe y comandante general de la Provincias Internas de Occidente, cuyo mando recibió el 30 de junio de 1822; en diciembre se le confirió el ascenso a mariscal de campo, encontrándose enfermo en la ciudad de Durango, se negó a secundar el Plan de Casa Mata, que dio al traste con el primer imperio y resignó el mando el 6 de marzo de 1823.

Falleció breves días después, fue enterrado el 25 de marzo de 1823.3​2​ Dejó escrita una monografía muy importante sobre las tribus comanches.​ Durante su estancia en Texas, también convenció a la gente de las provincias del interior de la Nueva España, para que emigrasen a San Antonio, pero él trató de establecer en San Antonio, que los inmigrantes anglo-americanos abandonaran la ciudad. También ordenó a todos los esclavos en Luisiana que entraran a Texas hasta que fueron puestos en libertad.

El explorador estadounidense Zebulon Pike hace una descripción física y personal interesante de Cordero. De acuerdo con él, Cordero era rubio, sus ojos eran azules, su tez era clara y medía 1,77 m de estatura. En cuanto a su comportamiento, él creía que el militar tenía una gran confianza en sí mismo y él era uno de los comandantes militares más capaces en la frontera novohispana.

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Marco Tulio Cicerón.

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Brasilla » 24 Feb 2018 10:34

Excmo. Sr. D. Manuel ANTON e IBOLEON, (Capitán de Navío y de Infantería de Marina de la Real Armada Española, Caballero Laureado)


Manuel Antón ingresó por gracia en el Colegio Naval antes de cumplir los catorce años, sentando plaza como aspirante de Marina por R. O. de 7 de julio de 1864. Como curiosidad histórica, señalar que su ingreso se produjo el último año en que todavía se exigieron pruebas de limpieza de sangre

Desde su incorporación como aspirante en 1864 —durante el reinado de Isabel II— hasta su fallecimiento en 1908 siendo capitán de navío —reinando ya Alfonso XIII—, serviría en la Armada durante cuarenta y cuatro años, tres meses y ocho días.

Completaría los estudios en el Colegio Naval antes de tiempo, probablemente examinándose con este propósito de las materias de los primeros semestres y de esta manera adelantar su carrera, circunstancia que era posible si se era un alumno aventajado. Así, en 4 de enero de 1866 obtuvo carta-orden de guardia marina de 2.ª clase, pasando a embarcar sucesivamente en diversos buques, con los que navegó por toda la costa española, África y América.

Entre enero de 1866 y febrero de 1869, en que fue promovido a guardia marina de 1.ª clase tras «sufrir» el examen correspondiente, formó parte de las dotaciones de la corbeta Villa de Bilbao (en dos ocasiones), navío Rey Francisco, fragatas Esperanza y Asturias, vapor Colón y fragata Blanca. En su nuevo empleo continuó en la fragata Blanca, y tras varias singladuras por los mares de América, en noviembre de 1870 desde Montevideo regresó a España a bordo del pailebote mercante Trinidad, con orden de trasladarse al Departamento de Cádiz para «prestar» examen de oficial. Comisionado en la corbeta Villa de Bilbao, el 16 de febrero de 1871 se examinó en el Colegio y fue aprobado, obteniendo el empleo de alférez de navío del Cuerpo General de la Armada por R. O. de 1 de marzo de 1871 (con antigüedad de 3 de enero).

Finalizados sus estudios y prácticas y ya como oficial de Marina, con apenas veinte años de edad, se inicia una nueva e ilusionante etapa en la carrera naval de Manuel Antón, en la que se destacará especialmente por su extraordinario valor (del cual dejará constancia en numerosos combates), dotes de mando y pericia profesional en los muchos destinos de embarco y de tierra que desempeñará tanto en España como en las posesiones de ultramar.

Campañas en las Filipinas, 1872-1877. Capitán de Infantería de Marina

Su primer destino como alférez de navío fue el Arsenal Militar de Ferrol por un breve periodo de tiempo, hasta el 1 de octubre de 1871, que embarcó en la corbeta Ferrolana. En este cuando fue destinado al Apostadero de Filipinas, arribando a Manila en junio de 1872.

. En aquella época y desde los primeros tiempos de la ocupación española, el archipiélago filipino estaba plagado de piratas (chinos, y malayo-mahometanos procedentes de Joló, Borneo y demás islas meridionales) que, sin duda, eran el peor y principal enemigo de España y de nuestras fuerzas, tanto navales como terrestres.

Por su intervención en varias acciones de guerra le fueron concedidas nada menos que tres importantes recompensas: la que sería su segunda Cruz del Mérito Naval de 1.ª clase, con distintivo rojo la medalla de Joló y el empleo de capitán del Cuerpo de Infantería de Marina (26-07-1878) sin sueldo ni antigüedad. Es curioso comprobar que este empleo superior en otro cuerpo le fue conferido dos meses antes de ascender a teniente de navío en el suyo propio.

Vuelto a la capital del Apostadero en febrero de 1877, se presentó al comandante general, siendo comisionado a la compañía de Marina que se organizó en Cavite para ser enviada a España a consecuencia de la sublevación cantonal del Regimiento de Artillería Peninsular. Partió la expedición el 10 de marzo y tras seis escalas de navegación transoceánica arribó a Cádiz el 23 de abril, pasando destinado a continuación al Departamento de Ferrol.

Entre junio de 1877 y marzo de 1880 desempeñó diversos destinos

Segunda etapa en las Filipinas y otros mandos navales, 1880-1891

El 8 octubre de 1878 ascendió a teniente de navío y en abril de 1880 pasó de nuevo destinado al Apostadero de Filipinas, arribando a Manila desde Cádiz el 14 de julio. Destinado como auxiliar del ayudante mayor del Arsenal de Cavite, en agosto de ese año pasó a encargarse interinamente del mando del cañonero Panay, terminó su armamento y lo condujo a Cebú, quedando afecto a la División Naval del Norte. El 6 de septiembre de1880 asumió en propiedad el cargo de comandante de este buque, que desempeñó durante más de año y medio, verificando varios cruceros y comisiones por los mares de las islas Visayas

En enero de 1888 fue nombrado comandante del cañonero Calamianes, cuyo mando tomó en Puerto Princesa (isla de La Paragua), desempeñándolo durante año y medio.

Por sus servicios y trabajos hidrográficos en las Filipinas sería recompensado con la Cruz del Mérito Naval de 2.ª clase (placa) con distintivo blanco .

En agosto de 1889 entregó el mando del cañonero Calamianes y pasó a ser 2.º secretario de la Comandancia General del Apostadero de Cavite.

Ascendido a teniente de navío de 1.ª clase (hoy capitán de corbeta), en marzo de 1891 —tras once años en Filipinas en esta su segunda etapa— volvió destinado al Departamento de Ferrol.

Ya en su ciudad natal, Manuel Antón pasó a desempeñar el cargo de jefe del Primer Negociado de la Secretaría de la Capitanía General del Departamento por un periodo de poco más de un año, pues por R. O. de 7de abril de 1892 se le nombró para un nuevo cargo en ultramar, el de gobernador y comandante de la Estación Naval de las Carolinas Occidentales y Palaos puesto de gran responsabilidad tanto por la situación estratégica de las islas en el Pacífico como por estar clasificado este destino como mando de mar.

Gobernador y comandante naval de las islas Carolinas Occidentales,1892-1894

Manuel Antón tomó posesión en Yap el 16 de junio de 1892 del Gobierno Político y Militar, Comandancia de la División y Estación Naval, Comandancia de Marina, Juzgado y demás destinos anexos de las Carolinas Occidentales y Palaos

. Entregaría el mando el 23 de febrero de 1894 al capitán de fragata don José Montes de Oca, y tras presentarse en Manila embarcó de nuevo con rumbo a la Península (Barcelona), a donde arribó el 19 de abril.

Destinado de nuevo al Departamento de Ferrol, y después de un breve periodo como secretario de la Jefatura de Armamentos del Arsenal, en agosto de 1894 pasó a ser jefe del Tercer Negociado del Estado Mayor de la Capitanía General, encargándose también —interinamente, por ausencia del auditor —de la Secretaría de Justicia. En julio de 1895 fue nombrado segundo comandante de la fragata Almansa, de cuyo destino no llegó a tomar posesión por no poder abandonar los dos cargos que desempeñaba. Al mes siguiente cesó en los tres destinos por haber sido nombrado comandante del cañonero de primera clase Pizarro.

A estas alturas de su carrera Manuel Antón e Iboleón gozaba de un gran prestigio profesional y se le consideraba uno de los jefes más aptos de la Armada. Tras prestar comisión de servicio en Glasgow, a donde se trasladó para inspeccionar la construcción de los siete buques que se realizaban para España en los astilleros de esta ciudad escocesa (agosto-septiembre de 1895), tomó el mando del Pizarro el día 21 de septiembre. Desde esa fecha y durante el mes de octubre navegó por el Atlántico y canal de la Mancha formando escuadrilla con el crucero Marqués de la Ensenada y los cañoneros Hernán Cortés y Vasco Núñez de Balboa, llevando a cabo diversas misiones.

La Guerra de Cuba, 1895-1898. El combate de Maraví, 24 de abril de 1896

Al mando del Pizarro, en compañía de los buques mencionados anteriormente, zarpó el 14 de noviembre de 1895 del puerto de La Luz (Gran Canaria),y se dirigieron a punta Maysi, en la extremidad oriental de la isla de Cuba, donde fondearon. El 14 de diciembre, al amanecer, rompió el fuego el enemigo contra los cañoneros Hernán Cortes y Pizarro, contestando estos buques con su artillería y fusilería en un combate que finalizó con la victoria de nuestras fuerzas, logrando anular por completo los fuegos contrarios.

La insurrección en Cuba , iniciada en Yara en 1868, tuvo su origen muchos años antes por influencia de las ideas revolucionarias liberales y de emancipación, más que por el intento de conseguir mejoras económicas o más libertades. La independencia de los Estados Unidos, a la que España contribuyó declarando la guerra a la Gran Bretaña, propició la rebelión en cadena detodas las colonias españolas de América, preparando también la de Cuba

El 24 de febrero de 1895, con el llamado «grito de Baire», estalla la Guerra de la Independencia cubana, iniciándose a partir de ahí el envío de numerosos refuerzos a Cuba. Las operaciones y servicios navales que se desarrollaron ante la insurrección fueron innumerables, básicamente en apoyo del ejército de operaciones, llevándose a cabo multitud de hechos de armas.

El cañonero Pizarro, a lo largo del año 1896, efectuó diversas misiones por la costa norte de la isla, desde Gibara a punta Maysi. Cumpliendo órdenes del comandante militar de Baracoa, el 24 de abril de ese año, en compañía del cañonero Alvarado, se dispuso efectuar un reconocimiento en el puerto de Maraví. Fondeados en la costa, a las cuatro de la madrugada embarcó a bordo del Pizarro el coronel Zamora, comandante militar expresado, un jefe, varios oficiales y 120 soldados de tropa, y en el Alvarado, un oficial y 30 soldados.

Acto seguido se dirigieron en demanda del puerto de Maraví. No permitiendo el tamaño de la bocana la entrada de los dos cañoneros, el Alvarado se quedó en las inmediaciones, dirigiéndose el Pizarro hacia dentro, después de haber ordenado el comandante Antón zafarrancho de combate. Al embocar, numerosos grupos de insurrectos desde todas las orillas y puntos de la villa rompieron el fuego contra el buque, que fue inmediatamente contestado con la artillería y fusilería, entablándose un encarnizado combate, avanzando el buque hacia el centro de la poza hondable. Poco después fondeó con un ancla a pique, continuando el combate, y en la difícil y peligrosa maniobra de hacer la ciaboga por lo reducido del espacio recibió el comandante Antón un «balazo» en su pierna izquierda, al propio tiempo que el timonel caía por otro proyectil que le destrozó el muslo izquierdo, empuñando el comandante la caña del timón para continuar la maniobra, logrando dirigir la proa hacia la boca del puerto.

El Alvarado desde fuera del puerto hizo continuamente fuego por los flancos, ayudando y contribuyendo al éxito de la operación. El combate finalizaría con la derrota del enemigo y con el resultado de más de 150 bajas entre muertos y heridos. Por parte del cañonero Pizarro, sólo un muerto y27 heridos.

El comandante Manuel Antón, que demostró un gran valor y audacia durante todo el combate, una vez finalizado éste entregó el mando a su 2.º comandante al no poderse tener en pié por la enorme pérdida de sangre, ordenándol se dirigiese a Baracoa para atender a la curación de los heridos. El barco salió de Maraví literalmente «acribillado a balazos», pero con la moral muy alta y la satisfacción del deber cumplido.

Por esta acción librada con todo éxito, las numerosas bajas causadas al enemigo y su valiente actuación dirigiendo el combate desde su puesto demando en el puente —que no abandonó a pesar de ser herido gravemente—,Manuel Antón sería felicitado a través de cablegrama por el Gobierno deS. M., se le formó juicio contradictorio para la Cruz de San Fernando y se le propuso para la Orden de María Cristina. Así, en 28 de enero de 1897 se le concedería la placa de 2.ª clase de la Orden Militar de María Cristina, y el 19 de octubre de 1899 la Cruz de la Real y Militar Orden de San Fernando, de 1.ª clase (placa), mediante el preceptivo y exigente juicio contradictorio . Al mes siguiente se trasladó a La Habana y por disposición del comandante general del Apostadero fue pasaportado para la Península para atender a la curación de sus heridas, obteniendo cuatro meses de licencia por herido en campaña.

En octubre de 1896 pasó destinado como redactor-traductor del Depósito Hidrográfico.

Matrimonio en Ferrol

El 13 de diciembre de ese año contrajo matrimonio canónico con Josefa de Viñas y Navarrete en la iglesia castrense de San Francisco, en Ferrol. No tuvieron descendencia.

En marzo de 1897 se le nombró ayudante de Marina y capitán del puerto de Gibara, al noreste de Cuba, retornando a la isla caribeña casi un año después de haberla dejado. Tomó posesión el 14 de abril, y en la noche del 17 de agosto, habiendo sido atacado el poblado de Santa Rosalía en la bahía, se trasladó a él por mar con fuerzas del ejército, logrando hacer huir al enemigo y extinguir el incendio provocado en dicho poblado.

Ascendido a capitán de fragata (R. O. de 28-8-1897, con antigüedad de 8 del mismo), pasó destinado a La Habana como 2.º comandante de Marina de la provincia , tomando posesión el 13 de diciembre.

Durante el año 1898, en compatibilidad con su cargo, desempeñó también funciones como vocal de la Junta Provincial del Censo y de la Junta Mixta de Defensa de la plaza y puerto de La Habana, teniendo un papel destacado en todos los acontecimientos que sucedieron a la voladura del acorazado Maine el 15 de febrero de ese año.

Como es sabido, Estados Unidos acusó a España del hundimiento y declaró un ultimátum en el que se le exigía la retirada de Cuba, al tiempo que ya había iniciado tres meses antes el bloqueo naval dela isla. El 21 de abril el presidente William MacKinley declaró la guerra a España (abril-agosto 1898), que se desarrolló en Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guam (en las Marianas), con el resultado desastroso de la pérdida de las últimas y más importantes posesiones de nuestro imperio colonial de ultramar

Las restantes posesiones españolas en Asia (islas Marianas, Carolinas y Palaos), incapaces de ser defendidas debido a su lejanía y la destrucción de buena parte de la escuadra española, serían vendidas a Alemania en 1899 por 25 millones de pesetas llevándose a cabo la evacuación en octubre de ese año.

Últimos destinos

Finalizada la Guerra Hispano-Estadounidense de 1898, por cuya participación sería recompensado posteriormente con la medalla de Cuba, Manuel Antón fue nombrado 2.º comandante-subdirector de la Escuela Naval Flotante a bordo de la fragata Asturias, retornando a Ferrol, donde tomó posesión de su cargo el día 1 de octubre de ese año. Ocuparía este destino durante tres años, hasta septiembre de 1901.

Tras varias licencias por enfermo a consecuencia de las heridas recibidas en campaña, en noviembre de 1902 pasó a ser secretario de la Comandancia General del Arsenal de Ferrol. En enero de 1903 se le nombró en comisión de servicio a Madrid, a las órdenes del jefe del Estado Mayor Central de la Armada, puesto en el que cesará en el mes de agosto de ese año por haberse disuelto el referido Estado Mayor.

El caótico estado de la Marina en los primeros años del siglo XX y el empeoramiento de su salud como secuela de las graves heridas recibidas en combate años antes, fueron factores determinantes que condicionaron a Manuel Antón a pasar a la situación de excedencia forzosa a partir de noviembre de 1903.

Ascendido a capitán de navío el 2 de mayo de 1908, estaba en posesión de la Placa de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo desde el 22 de febrero de 1901.

Tras una vida entera dedicada en cuerpo y alma a la Armada, fallecía en Ferrol el 24 de octubre de 1908 el capitán de navío —y capitán de Infantería de Marina— Manuel Antón e Iboleón, caballero de San Fernando.

Ésta fue a grandes rasgos la brillante carrera de este ilustre y benemérito marino español, verdadero héroe de guerra que, como miles de compatriotas a lo largo del último tercio del siglo XIX, luchó con ardor, nobleza y valentía por defender nuestra enseña nacional en las lejanas posesiones de ultramar, en una época memorable que constituyó sin duda el ocaso del Imperio español, aquél en el que durante siglos jamás se había puesto el sol.

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Brasilla » 24 Feb 2018 10:42

Excmo. Sr. D. Enrique DE LAS MORENAS Y FOSSI (Capitán de Infantería del Ejercito Español, Caballero Laureado)


Enrique de las Morenas y Fossi (Chiclana de la Frontera, España, 23 de mayo de 1855 - Baler, Filipinas, 22 de noviembre de 1898) fue un militar español y uno de los "Últimos de Filipinas".

De familia acomodada, su padre era abogado. Se educó en Cabra (Córdoba), ingresó en la Academia de Infantería con diecinueve años el 26 de junio de 1874 como cadete de infantería. El 2 de abril del siguiente año, durante la Tercera Guerra Carlista, accede al empleo de alférez y es destinado al Regimiento de Infantería de la Lealtad número 30, integrado en la División al mando del general Arroyo, que combate a los carlistas en el frente catalán. Participa, entre otras batallas, en una acción en Molins de Rey y posteriormente en el socorro de Seo de Urgel. Por esta última operación es ascendido a teniente por méritos de guerra y más tarde es nombrado, por la R.O. de 2 de junio de 1876, Benemérito de la Patria.

Después de la Guerra Carlista obtiene varias licencias por asuntos propios para atender sus negocios particulares y otra por enfermedad.

Iniciada la Revolución Filipina, en 1896 es ascendido a capitán, embarcando hacia Filipinas el 18 de diciembre de ese año en el vapor Magallanes, integrándose a su llegada en el Batallón Expedicionario número 9, combatiendo en Cabanatuán y San Isidro.

Tras la paz de Biak-na-Bato, aparentemente sofocada la revolución, el gobierno decide sustituir los 400 hombres del comandante Génova, en Baler, por un pequeño destacamento de cincuenta hombres al mando de Juan Alonso Zayas.

De las Morenas, recién nombrado Gobernador Civil y Militar del Distrito el Príncipe, embarca en Manila rumbo a Baler a principios de 1898, donde llega en febrero, junto al comandante del destacamento, el Teniente Juan Alonso Zayas y el 2º Teniente Saturnino Martín Cerezo.

A pesar de que entre Baler y Manila apenas había 100 kilómetros, las comunicaciones por tierra eran prácticamente inexistentes, siendo el barco el medio habitual para la recepción de mercancías y noticias.

Tras un breve periodo de tranquilidad, el 30 de junio de 1898, durante una patrulla rutinaria, los hombres al mando de Cerezo caen en una emboscada de los insurgentes filipinos, comandados por Teodorico Novicio Luna, resultando herido el cabo Jesús García Quijano, comenzando el sitio.

Los españoles, se refugian en la iglesia del pueblo por ser el edificio más sólido y defendible en caso de prolongarse la situación, que, finalmente, duró 337 días. El 18 de octubre, Alonso muere de beriberi, tomando el mando del destacamento Martín Cerezo hasta el final del sitio, en junio de 1899. Poco más de un mes más tarde, el 22 de noviembre, Enrique de las Morenas, fallece de beriberi.

Reconocimientos


En septiembre de 1899 es ascendido a título póstumo al grado de Comandante. En 1901 se le concedió la Cruz Laureada de San Fernando de Segunda Clase. Tiene dedicadas calles a su nombre en Chiclana, Cabra, Baena, y una plaza en Madrid. En 1904, a su viuda se le asigna una pensión de 5.000 pesetas

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Brasilla » 24 Feb 2018 10:57

Excmo. Sr. D. Enrique GUILOCHE Y BONET (Capitán de Artillería del Ejercito Español, Caballero Laureado)


Enrique Guiloche Y Bonet, (Méntrida, Toledo, 8 de mayo de 1874 - Sidi Ahmed El Hach, 18 de julio de 1909), fue un militar, laureado y héroe de España.

Nació en Méntrida (Toledo) el 8 de mayo de 1874. A los 18 años ingresa en la Academia General Militar, pasando, en 1892, a la Academia de Artillería. Termina sus estudios en 1898, perteneciendo a la 183 Promoción.

Como Primer Teniente recorre diversas unidades del arma para perfeccionar sus conocimientos sobre los distintos materiales y procedimientos operativos, prestando sus servicios en el Regimiento de Artillería de Mahón, primero, Regimiento de Sitio de Segovia, después y finalmente, en el Regimiento Montado de Vicálvaro. En febrero de 1906, por sus destacados méritos profesionales, se le concede la Cruz del Mérito Militar con distintivo blanco.

Ascendido a Capitán en noviembre de 1906, es destinado a la Comandancia de Tropas de Melilla. De carácter agradable y resuelto, y con una excelente formación profesional, es un eficaz colaborador del mando artillero de la Plaza, que conoce además a la perfección el Servicio de Municionamiento. Comenzada la Campaña del Rif el 18 de julio de 1909, Guiloche se encuentra con su Batería en la posición de Sidi Ahmed el Hach. Entrada la noche, la posición es atacada por los rifeños, que logran abrir brecha y se disponen a tomar las piezas de la Batería. Revólver en mano, junto al Comandante Royo, corre hacia la Batería. Guiloche consigue llegar a la 4ª pieza, un cañón de bronce comprimido de 9 cm numerado como 268.

Los asaltantes, repuestos de la sorpresa inicial, disparan a quemarropa. Guiloche, alcanzado mortalmente en mitad del pecho, morirá abrazado a la rueda del cañón. Por su heroísmo le sería concedida, el 22 de abril de 1910, la Cruz de 1ª clase de la Orden de San Fernando. El cañón sobre el que murió fue remitido al Museo de Artillería, conservando en él las huellas que dejaron los disparos enemigos. Actualmente se encuentra depositado en el Museo del Ejército.

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P.D. El cañón estará en algún sitio o museo de artillería pero no lo busquen en el actual museo del ejercito que allí no está.
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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Brasilla » 24 Feb 2018 18:16

Excmo. Sr. D. José ROYO DIEGO (Comandante de Artilleria del Ejercito Español, Caballero Laureado)



El comandante de artillería D. José Royo de Diego, había nacido el 28 de marzo de 1860 en Madrid e ingresó en el Ejército, como cadete de la Academia de Artillería el 23 de junio de 1879, lugar de donde saldría como primer teniente encuadrado en la 164 promoción y siendo destinado al 2º Regimiento de Artillería de Montaña.

En febrero de 1889, se incorporó al 8º batallón de la Plaza de Mahón, estando destacado entre Mallorca e Ibiza, hasta que solicita el destino a las Filipinas. Embarcó en el barco “Isla de Panay” y llega a Manila en 1890 lugar donde es destinado al primer batallón del Regimiento de Artillería. Desde el mes de mayo, ocupa la Comandancia de Mindanao hasta que se integró en la Columna Marina en la que interviene en los combates sostenidos entre “Parang-Parang” a “Pallot”.

En junio de 1891, asciende a capitán de Ultramar. Contrajo fiebres tropicales y se le ordena ir a reponerse a “Cotabatto”. No acabó su convalecencia y a los 20 días, se presentó reclamando un puesto en la columna.

El carácter y determinación de D. José Royo de Diego, no pasaron inadvertidas a su coronel, nombrándolo este por esos motivos, su ayudante, combatiendo así en la acción del “Mercado de Moros” de Tiranofui. Posteriormente, es designado para el mando de la 5ª compañía, destacando en los combates de “Linamón” y de “Marchurí”.

En marzo de 1894 regresa a Mindanao donde a pesar que las fiebres habían quebrantado su salud, toma parte en varias operaciones.
En abril de 1896, regresa a España donde es destinado a Madrid, pasando de la capital más tarde a Cartagena y posteriormente a Lugo.

Desde 1897, las fiebres que había contraído, se recrudecen, motivo por el cual ha de alternar constantemente las licencias por enfermo y los más variados destinos, intentando encontrar un clima que le aliviase.

En 1905, asciende a comandante y toma el mando del Grupo de Artillería de “Trincabotijas” en Cartagena hasta el 15 de marzo de 1909, fecha en que es designado para el Grupo Mixto de la Comandancia de Artillería de Melilla.

Destinado en la comandancia de Melilla, procedente de la de Cartagena, mandaba un grupo mixto el cual, estaba formado por una batería de montaña y otra montada.

La noche del 18 de julio de 1909 las baterías de Sidi Ahmed El Hach son atacadas por los rifeños, los cuales logran desbordar la línea de defensa, hecho que pondrá en crítica situación a los defensores españoles. Ante esta situación, el comandante Royo, ordenó municionar para “disparar a cero” y junto con su compañero el capitán Guiloche, se dirigen a toda prisa, revólver en mano con la intención de salvar las piezas. Una descarga de fusil, alcanzaría de lleno al comandante Royo, el cual moriría al pie de las piezas de artillería minutos después.

Por su heroico comportamiento, a título póstumo le fue concedida el 22 de abril de 1910, la Cruz Laureada de San Fernando de 1ª clase.

El capitán de artillería D. Enrique Guiloche Bonet. (citado en el post anterior)

De carácter agradable, resuelto, el capitán de artillería D. Enrique Guiloche Bonet, natural del pueblo de Mentrida (Toledo) lugar donde consta como hijo ilustre, es hijo del médico titular de dicha villa, había nacido el 8 de mayo de 1874 e ingresó en la Academia General Militar con 18 años y el 30 de agosto de 1892 pasó a la Academia de Artillería lugar donde finalizó sus estudios en 1898, perteneciendo a la 183 promoción. Habiendo obtenido la graduación de teniente en la Academia de Artillería, pasó por diferentes destinos como primer teniente para perfeccionar sus conocimientos sobre el arma de Artillería, sus procedimientos y sus materiales como fueron el Regimiento de Artillería de Mahón, el Regimiento de Sitio de Segovia y el Regimiento Montado de Vicálvaro lugar donde asciende a capitán en 1906.
En febrero de ese año, se le concedió por los servicios prestados, la Cruz al Mérito Militar con distintivo blanco.
Al ascender a capitán, el 16 de agosto de 1906, marchó con destino en la Comandancia de Melilla, lugar donde demostró su excelente formación profesional cualidad que hizo de él, un eficaz colaborador en el mando artillero de la plaza, siendo además un perfecto conocedor del sistema de municionamiento.

En Sidi Ahmed el Hach, mandaba la batería de Montaña de la cual junto a la Montada, era jefe el comandante D. José Royo de Diego.

Comenzada la Campaña del Rif, ya entrada la noche, del 18 de julio de 1909, los rifeños, atacan el campamento militar de Sidi Ahmed El Hach, lugar donde el capitán Guiloche prestaba servicio como ya se ha citado anteriormente, los cuales abrieron una brecha intentando apoderarse de los cañones. El capitán Guiloche, revólver en mano junto al comandante Royo, corrieron hacia la batería, llegando el capitán a la 4ª pieza, un cañón de bronce comprimido de 9 centímetros y numerado con la cifra 268. Los atacantes, repuestos de la sorpresa inicial, dispararon a quemarropa alcanzando al capitán Guiloche en el pecho, murió heroicamente defendiendo sus piezas de artillería, abrazado a la rueda del citado cañón en Sidi Ahmed el Hach, motivo por el cual, le fue concedida en fecha 22 de abril de 1910 a título póstumo, la Cruz Laureada de San Fernando de 1ª clase. El cañón fue enviado al Museo de artillería conservando, las huellas de los impactos de las balas de los enemigos. Posteriormente, fue trasladado al Museo del Ejército.

Ambos oficiales, fueron sustituidos en cuanto el Ministerio de La Guerra tuvo conocimiento de su muerte por el comandante de Artillería D. Joaquín Perteguer y el recién ascendido a capitán D. Ángel Álvarez.

Sobre esta sustitución, se publicaba en prensa, concretamente en “La Correspondencia de España”, lo siguiente:

“…SEVILLA.- (Miércoles, mañana). En el tren correo ha marchado para Málaga, con objeto de revistar y despedir a las tropas expedicionarias, el capitán general de la región, señor Delgado Zuleta.

También ha salido para incorporarse a filas el comandante de Artillería Sr. Perteguer que debe sustituir a su malogrado compañero el Sr. Royo muerto en defensa de La Patria.

En la estación han sido despedidos por todos los generales que aquí residen, por el Coronel de la Guardia Civil y por Comisiones de todos los Cuerpos de la guarnición…”

Sobre la muerte del comandante Royo y el capitán Guiloche.

El combate de Sidi-Ahmed-el Hach, fue dado a conocer a la opinión pública y en el diario “La Época” fecha 19 de julio de 1909, de la forma siguiente y cito textualmente:

“…Últimas noticias. Se reanudó anoche el combate que dura hasta el amanecer de hoy.-Esfuerzo heroico de nuestros soldados.-Seis mil moros toman parte en la lucha.-El general Marina.-Bajas de nuestras tropas y las de los moros-.

Melilla 19 (12:45 tarde).-(Urgente).- El combate que empezó ayer tarde ha sido rudísimo. Durante más de cuatro horas no se interrumpió el fuego de artillería y el de fusil. Cuando todo parecía concluido, los moros, aprovechando la oscuridad de la noche, después de las ocho y media, intentaron un esfuerzo supremo, atacando por tres lados el campamento.

En este combate tomaron parte 5.000 rifeños de infantería y 300 caballos, apareciendo por la llanura de Zelouan y siguiendo su avance bordeando la laguna de la Mar Chica. Su ataque de ímpetu increíble, quedó contenido ante el heroico esfuerzo de nuestra Infantería y Artillería que se batieron con verdadero denuedo.

Hubo momentos emocionantes, en que los moros favorecidos por la oscuridad de la noche avanzaron sobre nuestras posiciones a la carrera, sin que les intimidara la metralla que les hacía caer diezmados, avanzando los que les seguían pasando por encima de los muertos.

En este momento culminante del combate cayeron muertos cuando dirigían el fuego en las guerrillas y animaban a los sirvientes de las piezas, el comandante de Artillería Sr. Arroyo (por Royo) y el teniente (por capitán) del mismo cuerpo Sr. Guiloche.

Antes de esto había muerto también el teniente coronel del Regimiento de Infantería de Melilla, señor Ceballos, y había sido herido el capitán Mena, del batallón de Cazadores de Barcelona, recientemente desembarcado.

El general Marina, que dirigió personalmente el combate, permaneció durante todo el tiempo imperturbable, enardeciendo a los soldados en el momento de mayor peligro, gritando ¡Hijos míos!, ¡Viva España!. Nuestras bajas conocidas hasta ahora han sido 12 muertos y 22 heridos. Los moros se retiraron a sus posiciones, barridos por la metralla, dejando en el campo gran número de muertos. Se hace ascender sus bajas hasta 300 hombres. La lucha ha durado hasta el amanecer del día de hoy lunes…” (Firma Gombeet).

“…Las víctimas del combate. Entre las sensibles bajas registradas ayer en el combate librado en Melilla, figuran las del teniente coronel de Infantería Sr. Ceballos; el comandante de Artillería Sr. Royo, y el oficial de la misma Arma señor Guiloche, muertos gloriosamente.

El teniente coronel D. Feliciano Ceballos Isasi era un jefe pundonoroso y estimado, que estaba en posesión de su empleo desde Septiembre de 1907. El comandante de Artillería d. José Royo y Diego ingresó en el servicio en Junio del año 1879. Contaba con efectividad en el empleo desde Diciembre de 1905. figuraba en el escalafón con el número 148.
El oficial D. enrique Guiloche Bonet ingresó en la Academia de Artillería el año 1892. Cuenta de efectividad en el Cuerpo , como primer teniente desde el año 1906. En los telegramas de Melilla se dice era capitán…”

Sobre el comportamiento heroico del comandante D. José Royo de Diego y del capitán D. Enrique Guiloche Bonet, recogía el periódico “La Correspondencia” los siguientes detalles (textual):

“…Ambos perecieron por la noche, cuando los moros atacaron por segunda vez el campamento. A eso de las ocho y media varios grupos de moros que se había acercado valiéndose de la oscuridad, rompieron las alambradas y entraron en el campamento.

Nuestros soldados les contuvieron haciendo descargas cerradas. Mientras otros moros atacaban al arma blanca la batería de cañones de 9 centímetros, que mandaba el capitán Guiloche. Alrededor de las piezas trabose una lucha horrible. Los moros avanzaban con salvaje fanatismo, despreciando a la muerte.

Nuestros artilleros cargaban y disparaban sus piezas con asombrosa serenidad. Unos cincuenta moros se precipitaron sobre uno de los cañones, que se encontraba emplazado en una posición saliente. El capitán Guiloche acudió para animar a los artilleros. Asióse a una de las ruedas, y disparando su revólver logró que los moros que se adelantaban retrocedieran para escapar a la muerte. Por su propia mano mató a varios de ellos. Los sirvientes de la pieza, enardecidos por el valor de su jefe, rechazaron a tiros y culatazos a los salvajes asaltantes. De pronto el capitán Guiloche desplomóse moribundo. Con un último esfuerzo abrazóse a la pieza, que tan bravamente había defendido, y expiró sin exhalar un grito. Había recibido una bala en el pecho.

Momentos después llegó corriendo el comandante Royo. Disparaba su revólver contra los moros que replegados a alguna distancia, hacían fuego nutridisimo , y con la voz y el gesto enardecía a los artilleros.

Hubo un momento de respiro, pero de pronto sonó una nueva descarga. El comandante Royo desplomóse moribundo, con el cuello atravesado por un balazo. A los pocos momentos expiró.

Fuerzas de Infantería avanzaron entonces haciendo fuego por descargas, y los moros se retiraron sin dejar de disparar. Los cadáveres de Guiloche y Royo fueron recogidos calientes todavía…”
El periódico “La Correspondencia de España”, bajo el titulo (textual) “El combate del Atalayón. Relato de un testigo presencial.-Nuevos e interesantes detalles.-Repartiendo el rancho.-Como murió el capitán Guiloche.-El comandante Royo trata de auxiliarle y muere también.-auxilio de López Ochoa.-Se reorganizan las fuerzas y rechazan la agresión.-Los moros auxiliares desertan, llevándose los mulos y las armas.-“ de fecha 24 de julio, describía el heroico comportamiento del comandante Royo y del capitán Guiloche, de la siguiente forma:

“…La casualidad ha hecho llegar hasta nosotros la versión de lo ocurrido en el sangriento empeño del Atalayón. ¿Para que darnos importancia sobre la importancia de esta información, si es más debida al azar más que a nuestros esfuerzos ni a nuestros méritos?. Este saber que es exactísima y verídica, como hecha por un testigo presencial de los sucesos, al cual ni la vanidad le ciega en el relato, pues que su nombre no figura en él, ni ningún otro sentimiento le impone trabas para relatar la verdad de los sucedido, que fue lo siguiente:

Después del avance de nuestras tropas a consecuencia de los sucesos del día 9, y establecido un destacamento en el Atalayón, el general Marina, conociendo a los moros y comprendiendo que atacarían probablemente de noche, se apresuró a colocar los cañones en los sitios que consideró más oportunos, pues aunque carecían de reflectores, procuró con el emplazamiento sacar el mejor partido de la posición, emplazándolos hacia los sitios donde el enemigo podía avanzar más racionalmente, a fin de que, aunque disparados en la oscuridad los tiros, lograsen el mejor resultado posible.

Preparadas a todo evento estaban las fuerzas cuando acaeció el suceso sangriento que relatamos.

Había llegado la hora del rancho. Habían quedado en sus puestos los oficiales y soldados que estaban de servicio. El resto de la fuerza se hallaba, los oficiales en la cantina, los soldados en el reparto de su modesta comida.
El capitán Guiloche, que tenía a su familia en Melilla, había recibido la comida de su casa, llevada por su asistente, y atento al cumplimiento de su deber, no se separó de la pieza que servía; junto a ella se dispuso a comer, por no faltar un momento a su obligación de militar pundonoroso y aguerrido.

En esto, los moros, que, sin duda, espiaban escondidos entre los accidentes del terreno, todos los movimientos de nuestras tropas, aprovecharon el momento en que habían quedado solos los que reglamentariamente debía de ocupar los puestos, y se lanzaron como una avalancha sobre nuestros soldados.

El momento fue terrible. El ataque impetuoso, verdaderamente salvaje. El valor y ardimientos de nuestras tropas, heroicos sobre toda ponderación. No hay palabras para describirlo con todos sus verdaderos colores.

Al oír los primeros tiros y los alaridos de la morisma, oficiales y soldados, todos cuantos se hallaban un poco alejados de las posiciones avanzadas, comprendieron el riesgo en el que se hallaban sus compañeros, y corriendo, mejor dicho volando, se lanzaron en su socorro.

El primero que acudió fue el comandante Royo, el cual comprendiendo rápidamente lo que pasaba exclamó: “¡El capitán Guiloche está perdido!” y se lanzó como una flecha en socorro de su desdichado compañero.

Era tarde, no obstante. El heroico capitán Guiloche, después de defenderse como un león (no es frase retórica, como un león) había muerto de un golpe de gumía que le cercenó el cuello.
Pocos momentos después perdía la vida, también luchando heroicamente contra infinitos enemigos, el noble y pundonoroso comandante Royo.

Entretanto nuestras fuerzas se habían rehecho, habían llegado todos los soldados, se habían ordenado con rapidez maravillosa, y lograr tenerlos a distancia en respeto al enemigo.

La llegada de los refuerzos del señor López Ochoa, que hizo verdaderos prodigios de valor y serenidad, salvó la situación. Ordenó las descargas a la voz de mando de modo que no se perdiera un tiro, haciendo retroceder al enemigo con enormes pérdidas. La acción estaba ganada y vengados nuestros hermanos por el momento.

Un detalle importantísimo conviene hacer constar para conocimiento de lo presente y enseñanza para el porvenir.
Como es sabido los moros se llevaron 13 mulas, un caballo, una tienda y algunas armas; pero todo esto no se lo llevaron por la fuerza de los asaltantes; se lo llevaron los individuos de la Policía mora, los marroquíes que pelean al lado de España, de los cuales, a los primeros tiros desertaron más de la mitad, llevándose cuanto pudieron, y que es así, lo prueba el hecho de que las alambradas no fueron cortadas de fuera a dentro por los asaltantes, sino de dentro a afuera, por los que al abrigo de ellas se hallaban.

Esto es lo ocurrido en el terrible encuentro del Atalayón, donde no se sabe que admirar más, si el valor y la serenidad de los jefes y oficiales, o el entusiasmo y la disciplina de los soldados.
¡Acompáñeles la fortuna en proporción de su constancia y de su patriotismo!...”

La muerte del comandante D. José Royo de Diego, tuvo incluso alcance político ya que según se publicaba en el periódico “La Correspondencia de España”, de fecha 6 de agosto de 1909, que:

“…Alcance Político. Se indica para el gobernador de Barcelona al de La Coruña, Sr. Crespo de Lara. Cuando supo el fallecimiento de su camarada el comandante de Artillería Sr. Royo, pidió al gobierno la vacante (frente al enemigo) y el gobierno contestó que había diversas maneras de servir a la Patria, siendo una de ellas gobernando una provincia…”

Al parecer, según se publicaba también en prensa y calificándolo como hecho heroico, los moros intentaron llevarse los cadáveres del comandante Royo y el capitán Guiloche, hecho que impidió un pelotón de artilleros, capitaneados por los capitanes de Artillería Sr. Pastorfido, Sr.Trujillo y Sr. Barbeta y los tenientes Sr.Judel, Sr. Espinosa y Sr. Zabaleta, los cuales consiguieron rescatarlos abriéndose paso revólveres en mano y trasladándolos a la tienda que ocuparon en vida. Este episodio de nuestra historia, y en el que participó la compañía de López Ochoa, destacábalo el periódico “La Correspondencia de España”, de fecha 26 de julio de 1909, como nota saliente del día.

La Cruz Laureada de San Fernando.

A ambos militares, y a propuesta del general Marina, se les propuso por su heroico comportamiento para que les fuera concedida la Cruz Laureada de San Fernando, quedando tal propuesta recogida en el periódico “La Correspondencia de España”, anunciada de tal manera:

“…Según ha manifestado el general Marina, ha dispuesto que se abra juicio contradictorio para la concesión de la Cruz Laureada al comandante Royo y al capitán Guiloche, por su heroico comportamiento en el combate que les costó la vida…”

En las noticias oficiales, procedente de Melilla, en fecha 19 de julio de 1909, a las 8:45 horas de la noche, el general segundo jefe, ordenaba vía telegrama, la apertura de juicios contradictorios para la concesión de la Cruz Laureada de San Fernando al comandante Royo y al capitán Guiloche, por el comportamiento observado en la defensa de sus piezas durante el ataque a la posición de Sidi-Ahmed-el-Hach, publicándose en “El Imparcial”, en fecha 21 del mismo mes.

De hecho y al respecto en un banquete ofrecido en Madrid con motivo de la marcha del 2º Regimiento de Artillería de Montaña, cuyas baterías procedentes de Vitoria y que marchaba a Málaga para embarcar hacia Melilla por pertenecer a la primera Brigada Mixta, a los postres, se levantó el general Fernández Grande recordando en bellísimas frases al parecer, que se habían iniciado los dos primeros juicios contradictorios para conceder al comandante Royo y al capitán Guiloche, la Cruz Laureada de San Fernando.

En fecha 12 de agosto de 1909, el rotativo madrileño “La Época” publicaba que por méritos contraídos en los combates de los días 9, 18, 20, 22, 23 y 27 de julio y, 1º y 3º del actual (agosto), los jefes y oficiales eran ascendidos al inmediato empleo superior, entre otros, el comandante D. José Royo de Diego (teniente coronel) y al capitán D. Enrique Guiloche Bonet (comandante).

El 25 de octubre de 1910, se presentaba en el Senado una proposición de Ley mediante la cual el senador Sr. Maestre, solicitaba al Senado se sirviera declarar que el comandante Royo y al capitán Guiloche, ambos del Arma de Artillería, muertos heroicamente la noche del 18 de julio de 1909, defendiendo sus piezas de artillería y no abandonarlas en Sidi-Ahmed-el-Hach, eran merecedores de la Cruz Laureada de San Fernando ya que habían dado su vida por España. El acta en la que figuraba dicha proposición, fue aprobada a la mañana siguiente 26 de octubre.

Les fue concedida a ambos, la Cruz Laureada de San Fernando de 1ª clase el 22 de abril de 1910.

Entierro del comandante Royo y del capitán Guiloche.

El 19 de julio de 1909, los cuerpos del comandante Royo y del Capitán Guiloche, fueron trasladados junto al del teniente coronel Ceballos y los de los soldados muertos a Melilla, donde quedaron depositados en el Hospital Militar de dicha Plaza, verificándose el entierro de los militares el mismo día 19 de julio a las cinco de la tarde, previéndose la asistencia de toda la población civil de Melilla, oficiales francos de servicio y Comisiones de los Cuerpos. Las fuerzas de Infantería y Artillería, les rindieron honores. La viuda del comandante Royo, desembarcó en Málaga el 25 de julio de 1909, proviniendo de Melilla y habiendo hecho la travesía en el vapor “Menorquín”. Ambos, recibieron cristiana sepultura en Melilla con todos los honores.

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Brasilla » 24 Feb 2018 21:37

Excmo. Sr. D. José FERNANDEZ DE GUEVARA y MACKENNA (Teniente de Infantería del Ejercito Español, Caballero Laureado) ( I )



Nació en Barcelona, en el seno de una familia militar, el 10 de octubre de 1886. Era hijo del entonces comandante de Artillería, D. Enrique Fernández de Guevara y Zaragoza y de doña Blanca Mackenna y Zaragoza.

Su carrera militar, fue cortisima ya que apenas, llegó según se puede observar en su hoja de servicios, a los cinco años, concretamente, fueron 4 años, 10 meses y 25 días, tiempo suficiente, para demostrar su valentía y coraje ante el enemigo.

A los 17 años, el 29 de agosto de 1904, ingresaba en la Academia de Infantería de Toledo, de hecho, en su hoja de servicio, consta la siguiente anotación:

“…1904. Por haber obtenido plaza de Alumno en la Academia de Infantería según R.O. de 16 de Julio (D.O núm. 157), se incorporó a la misma (…) el día 27 de Agosto que fue matriculado y quedó cursando sus estudios hasta fin de año…”

En 1905, juraba fidelidad a la Bandera. Tres años más tarde, a finales de septiembre de 1907, obtenía en el Alcázar toledano, tras superar el plan de estudios, el empleo de 2º teniente, graduación a la que ya había sido promovido el día 3 de ese mes. Recibió de manos de su padre D. Enrique Fernández de Guevara, el sable de oficial en el patio frente a la estatua de Carlos I de
España, como tantos otros cadetes que allí, obtuvieron sus despachos.

Su primer y único destino, sería el Regimiento de Infantería de Melilla núm. 59, el cual, fue publicado en “La Correspondencia Militar” del 7 de septiembre de 1907 y, al que se incorporaría el 9 de octubre de ese mismo año. Cumplía 21 años, a la mañana siguiente. Sus únicos servicios, se resumirían a reconocimientos y guarnición, siendo esta última, en Melilla y La Restinga con su
compañía a partir del 14 de octubre de 1908 hasta fin de año, en que regresó a Melilla. Participó en los primeros combates, desatados a raíz de los hechos del 9 de julio en que los rifeños, atacaron a los trabajadores del ferrocarril minero.

Hallaría gloriosa muerte en combate mantenido contra los moros, el 23 de julio de 1909, en las estribaciones del monte Gurugú , ganando la Cruz Laureada de San Fernando y obteniendo el único ascenso de su carrera a primer teniente, publicado por Real Orden de 11 de agosto en el Diario Oficial núm. 178.. Estaba destinado según dimana de la lectura del Expediente de Concesión de la Cruz Laureada de San Fernando, en la 2ª Compañía 2º Sección del 3r Batallón del Regimiento de
Infantería de Melilla núm. 59.

El heroísmo del 2º teniente D. José Fernández de Guevara y Mackenna, no obstante, ya había quedado recogido en “La Correspondencia de España”, del miércoles 7 de julio de 1909. En la 4ª página, había una noticia muy breve, que bajo el título, “…Acto Heroico…”, decía lo siguiente (textual):
“…En la playa inmediata al Hipódromo se bañaban hoy varios chiquillos. Uno de ellos fue arrastrado mar adentro e iba a ahogarse, cuando el teniente D. José Fernández de Guevara se arrojó al agua, y con peligro de su vida, salvole…”

Las órdenes recibidas

“…A las ocho de la noche llegó al campamento del Hipódromo el ayudante de S.E. el General Marina, Comandante de Estado Mayor, Sr. Morales, el cual era portador de instrucciones escritas para el jefe de aquel campamento el bizarro Coronel de Infantería D. Venancio Álvarez Cabrera.

Poco tiempo después llegaban a dicho campamento, importantes tropas de refuerzo que iban presentándose al referido jefe manifestándole que tenían órdenes de ponerse a su disposición. Dos horas más tarde se ponía en marcha al mando del Coronel Sr. Álvarez Cabrera, llevando a sus órdenes al Comandante de Infantería Sr. Moratinos una columna compuesta de dos compañías del Regimiento de África, una de Melilla, dos del Batallón de Cazadores de Reus y otra de Alfonso XII, más una Sección de Artillería de Montaña.

Antes de ponerse en marcha la referida columna se recomendó la más escrupulosa y eficaz vigilancia a los destacamentos de la posada del Cabo Moreno y de la primera Caseta, como también a las fuerzas que quedaron destacadas en el Hipódromo…”

Los combates del 23 de julio de 1909

Para conceder la Cruz Laureada de San Fernando de 2ª clase, al 2º teniente del Regimiento de Infantería de Melilla núm. 59, se tuvo que instruir el correspondiente Juicio Contradictorio. En el expediente, se recogieron desde la petición de dicha condecoración llevada a cabo por doña Blanca Mackenna y Zaragoza, madre del 2º teniente Fernández de Guevara, hasta los interrogatorios,
pasando por las diligencias de trámites, y de conclusión, para elevar dicho expediente (que en este caso se resolvería favorable a la concesión), al Consejo Supremo de Guerra y Marina. Uno de las diligencias practicadas, fue la de “recibir una copia del parte de la acción”, (acción en el contexto de la cual, se vio inmerso el 2º teniente D. José Fernández de Guevara y Mackenna), para incluirse en el expediente. Dicha diligencia en la cual era narrada la acción militar del día 23, decía los siguiente (textual):

“…En Melilla a veintiocho de Noviembre de mil novecientos nueve el Sr. Juez recibió una copia del parte de la acción que copiado a letra es como sigue.= Hay un membrete en que se lee =Gobierno Militar de Melilla y Plazas Menores de África.= E.M.= Sección 3ª.=

Excmo. Sr.= La situación general después de los combates sostenidos en nuestras posiciones avanzadas la noche del veinte al veintuno del corriente y algunas confidencias recibidas, me hicieron temer la posibilidad de un nuevo ataque del enemigo.= Para sostener a la guarnición de Sidi-Musa posición que más cuidados me inspiraba, dispuse el día 22 que se mantuviese pronta en el Hipódromo una columna de seis compañías y una sección de Artillería de Montaña a las órdenes del coronel D. Venancio Álvarez Cabrera, y este jefe llevado de un celo entusiasta y apara hacer más inmediato su apoyo en caso de necesidad, salió de aquel puesto a las 10 de la noche con una compañía del Rgto. De Melilla, dos del de África, otras dos de Cazadores de Alfonso XII y una de Reus, más la sección de Montaña marchando lentamente por la oscuridad de la noche y los obstáculos del terreno hasta que al amanecer del 23 llegó a Sidi-Musa entrando parte de la columna en el interior del atrincheramiento y situándose el resto con la Artillería en la explanada de gola.=

Durante esta marcha nocturna fue varias veces tiroteada ligeramente nuestras fuerzas sin que esta contestase.= Poco antes de las 6 de la mañana numeroso grupo de moros rompió nutrido fuego desde las laderas del Gurugú que dominan la posición.= El Coronel Cabrera avanzó seguidamente unos quinientos metros con parte de su fuerza dejando al resto y emplazada la Artillería en la explanada de nuestra fortificación y consiguiendo desalojar al enemigo se hizo fuerte en los puntos ocupados rechazando las acometidas de aquel.= Allí sucumbieron el capitán de África D. Fernando Fernández de Cuevas, los tenientes de la compañía de Melilla Reyes y Labrador cayendo herido además el 2º teniente Suárez Álvarez de la misma compañía, murieron también los 2º tenientes de Cazadores de Alfonso XII Ochoa y Pérez y fueron heridos el Comandante y el 2º teniente del mismo cuerpo D. Ricardo Lacanal y D. Fernando Huero quedando asimismo muertos o heridos gran parte de los soldados que constituían aquellas escasas fuerzas.=

De los últimos en caer fue su bravo Jefe Álvarez Cabrera que conducido a Sidi Musa expiró a los pocos momentos y al faltar su enérgica dirección, falta asimismo de oficiales, nuestra tropa y
mermado su número, la retirada se impuso verificándose al fuerte bajo la protección de la Artillería y Ametralladora y con el auxilio de la 4ª compañía del 3er Bon. de Melilla enviada de refuerzo por el Jefe de la 2ª caseta la que retiró los heridos a la vista. Más tarde dispuse que esta columna se replegara a la 2ª caseta y desde ella regresó a la plaza con la fuerza de protección del convoy diario a las posiciones avanzadas sin noticia todavía del paradero de la columna Álvarez Cabrera, para inquirirla y sostenerla caso necesario salió del Hipódromo a las 4 y ½ de la mañana del mismo día 23 la Brigada Disciplinaria con una sección de la batería de Montaña de esta plaza y una parte del Escuadrón de Melilla, dirigiéndose estas fuerzas a las alturas próximas al poblado de Mezquita en los que fue recibido con nutrido fuego que le obligó a batirlas con la Artillería y a veces con fuego rápido a una distancia menor de 800 metros, hasta que agotando las municiones de esta arma hubo de colocarse la Artillería a cubierto esperando a ser de nuevo municionada.=

Detrás de la columna anterior marchó el General 2º Jefe de este Gobierno Militar a quien había confiado la dirección del conjunto llevando consigo a las dos únicas compañías una de cada Rgto. de la guarnición, llegadas hasta entonces al Hipódromo de las designadas para tomar parte en la operación y además el resto del Escuadrón y una sección de la batería del grupo mixto de Melilla situando esta fuerza delante de los lavaderos de mineral y procurando extenderla por la izquierda hacía el barranco del Lobo para buscar el contacto con la columna Álvarez Cabrera a la que se
suponía entre Sidi Musa y dicho barranco.

La caballería envió también con este objeto patrullas hasta la 2ª caseta sin obtener noticia del paradero de aquella columna y entre tanto abrió fuego sobre el enemigo primeramente la sección de Artillería Montada y luego toda la batería reunida bajo la protección de la Compañía de África, llegado aviso de que no solamente las piezas de montaña habían tenido que enmudecer por falta de munición sino que también estaban a punto de agotar las suyas los soldados de la Brigada Disciplinaria y careciendo por el momento de medios de transporte para reponerlas dispuso el General Real que la 2ª compañía del 3er Bon. de Melilla relevara a una de las disciplinarias para que pudieran marchar a municionarse.=

En aquellos momentos arreció el enemigo sus fuego, y acometividad siendo herido mortalmente el capitán Gil de dicha compañía de Melilla, muerto el teniente de la misma Fernández de Guevara y
forzadas nuestras posiciones, con numerosas bajas en la tropa.= El retroceso de la Infantería en nuestra derecha, arrastró a las otras armas y volcada una pieza de montaña, no fue posible retirarla, quedando en grave riesgo de ser tomada por el enemigo.= Sólo la citada compañía de Melilla no perdió por completo su posición y a su amparo se agruparon los Artilleros para no perder de vista la pieza, defendiéndola con el fuego de sus carabinas.=

Se distinguieron en este acto el trompeta Andrés Jiménez, el artillero Genaro Alpañiz y sobre todos,
Privato Macias, que permanecieron al lado de su capitán y los más próximos a la pieza volcada, mientras el Teniente regresaba con la otra al Hipódromo para municionarse. El tambor Adelino Gómez Cañada y soldado Montserrat Alvero Huertas, de la 2ª del 3º de Melilla, se distinguieron también notablemente y el Teniente Carrasco de la Brigada Disciplinaria, reuniendo algunos soldados de su cuerpo, contribuyó a contener el enemigo.=

Pero lo verdaderamente eficaz para detener los progresos de este fue la oportuna llegada de dos compañías de Cazadores de Estella al mando del Comandante Fernández Ampón enviadas inmediatamente por el General 2º Jefe al lugar donde se desarrollaba el episodio anterior, con lo que alejados los moros, pudo ser recogida la pieza en peligro y varió el desfavorable aspecto de la lucha, asegurándose en su puesto, con el refuerzo de una de aquellas, la compañía de Melilla, y extendiéndose la otra de Estella por la izquierda, para contrarrestar el empeño del enemigo en envolvernos por este flanco. La Brigada Disciplinaria volvió entonces a subir a las lomas ya municionadas, y el combate quedó restablecido en condiciones normales.=

Momentos más tarde llegaban también dos compañías de Cazadores de Alfonso XII con el coronel de la Media Brigada Señor Fernández Cuerda, siendo enviadas seguidamente a reforzar la izquierda y prolongada hasta el barranco del Lobo, por donde cada vez se empeñaba más el combate. Hizo esto necesario nuevo refuerzo constituido por dos compañías del Regimiento de Melilla, procedentes de su cuartel y que inmediatamente entraron en fuego, pues los moros seguían corriéndose hacia nuestra izquierda y amenazaban ya a la Artillería Montada en forma tal que hubo de desguarnecerse las Posada del Cabo Moreno, para emplear en la defensa de aquella la compañía allí destacada.=

Mientras esta llegaba echó pie a tierra una sección del Escuadrón para defender con su fuego las piezas y la fuerza a caballo amagó algunas cargas para despejar el frente y recuperar varias acémilas. Una de las compañías de Melilla mandada por el capitán Don Ildefonso Infante, dejando
mantas y morrales avanzó a la bayoneta sobre el enemigo, ocupado en despojar a muertos y heridos, rescatando estos, entre ellos al capitán Gil, y varios cadáveres, así como cajas de municiones, y distinguiéndose en esta ocasión el soldado Agustín Coronado Ortíz.= Al Teniente Don Ramón Abad le disparó a quemarropa un moro que fue muerto por el mismo oficial quien sólo recibió una ligera herida.=

Tal era la situación poco antes del medio día.= En vista de ella y del aviso del General Real para que se le enviara mayores refuerzos, después de disponer lo necesario para el rápido desembarque de las fuerzas de la fuerza de la 1ª Brigada Mixta que se hallaban en la rada y de atender a otras exigencias perentorias, me trasladé al lugar de la acción, llevando conmigo dos compañías de
Cazadores de Figueras y dos de Barbastro, acabadas todas ellas de desembarcar, y encargándome a las 11 y media del mando inmediato de las fuerzas empeñadas.=

Las compañías de Figueras, al mando de su Teniente Coronel fueron empleadas en reforzar al ala izquierda y a las de Barbastro, también a las órdenes del 1er Jefe del cuerpo, se las destinó a formar parte de la fuerza de protección del convoy a la 2ª Caseta a las órdenes del Coronel Axó, del Regimiento de África.= Apreciada par mí, al recorrer la línea de fuego, la importancia del enemigo y la conveniencia de mantenerlo en sus posiciones a fin de evitar un golpe de mano al convoy, ya intentado en diferentes ocasiones, decidí mantener sobre el terreno conquistado un combate demostrativo, hasta que regresado el convoy pudiera ordenarse el repliegue.=

De este modo continuó el fuego sin incidentes notables; y a las seis ,próximamente de la tarde, recibido ya el aviso de que el convoy se había retirado, después de cumplida su misión, sin más novedad que algún fuego sostenido por el flanco amenazado y teniendo en cuenta además lo avanzado de la tarde envié órdenes a la línea de fuego para que se replegara a los Lavaderos,
apoyada en escalones colocados a retaguardia, en el fuego de las baterías, convenientemente emplazadas y en las fuerzas de Caballería disponibles colocadas al flanco derecho sobre la llanura.=

Mis Ayudantes y oficiales a las órdenes fueron enviados con instrucciones precisas para las fuerzas avanzadas, y dio principio al repliegue con el mayor orden demostrando la tropa el buen estado de
espíritu que la animaba.= El enemigo intentó en distintas ocasiones aproximarse a los escalones, al empezar estos su movimiento retrogado, y siempre fue duramente escramentado, rechazados con fuegos bien dirigidos la Artillería y los escalones de apoyo.= En el espacio que abarcaba mi vista todo se desarrollaba en prefecto orden y con regularidad completa. Sin embargo, algo ocurrió de importancia en la extrema izquierda, donde se encontraban el Teniente Coronel de Cazadores de
Figueras Don José Ibáñez Marín.

Este bravo e ilustrado Jefe honra el Arma de Infantería por su bien cimentada reputación Militar alcanzada en la campaña de Cuba, y por su incansable labor productora de trabajos profesionales y literarios conocidos dentro y fuera de España, fue duramente atacado en el momento de dejar
su posición, mantenida durante el día y bravamente, animando a sus cazadores, ya herido de dos balazos que le causaron instantáneamente la muerte. Con él cayeron otros valientes como el capitán Don José Fernández Márquez y varias clases y soldados de su compañía. Cuando el repliegue hubo terminado, ordené que las fuerzas que habían tomado parte en la acción se retiraran a su campamento, quedando en la posición de los Lavaderos ocupada aquel día, el Coronel D. Luís Arana con dos compañías de Cazadores de Barbastro reforzadas después por otras dos del mismo Batallón, y por una compañía de Ingenieros que procedió seguidamente a asegurarla con atrincheramientos.=

Con esto terminó la lucha encarnizada sostenida sin tregua en este día durante 14 horas, contra un enemigo numeroso y tenaz que ocupando las vertientes oriental y norte del macizo montañoso conocido con el nombre de “Gurugú” amenazaba a la vez el campo exterior de esta plaza y sus comunicaciones con las posiciones avanzadas ocupadas el 9 del actual. Si en ella no fue aquel desalojado definitivamente de sus puestos, lo que nunca pude proponerme, por no permitir las escasas fuerzas disponibles y la desfavorable condición del terreno, se consiguió al menos imponerle respeto puesto, que no obstante su acometividad bien probada, nada serio intentó en lo sucesivo con tan considerable reunión de fuerza contra la plaza, ni contra sus fuerzas avanzadas.=

Pero este resultado solo pudo ser obtenido a costa de sensibles pérdidas, siendo entre ellas de lamentar muy particularmente la del bizarro Coronel Álvarez Cabrera y del Teniente Coronel Ibáñez Marín, ya mencionados, y también la de los oficiales que así mismo han sido citados al relatar los distintos episodios de la acción así mismo como la del 2º Teniente de la Brigada Disciplinaria D. Alberto Molina, componiendo un total de dos Jefes, 8 oficiales, y 46 individuos de tropa muertos.

Fueron heridos el Comandante de Alfonso XII Don Ricardo La Canal, 4 capitanes, 6 Tenientes, 215 de tropa; y hubo además 8 oficiales y 19 de tropa contusos y 9 soldados desaparecidos.= El espíritu de todos los cuerpos se mantuvo siempre alto, no obstante las desfavorables condiciones en que la necesidad hizo que algunos de ellos fuesen empeñados, bien por acabar de desembarcar después de una molesta travesía o ya por haber tenido otros la mayoría de su fuerza prestando el servicio avanzado durante la noche en las posiciones exteriores y por haber tenido en general que marchar al combate sin comer.=

El calor del día y la falta de agua contribuyeron a hacer más fatigosa la lucha, dando ocasión a una brillante muestra de buen deseo y patriotismo ofrecida por muchos habitantes de esta plaza que acudieron a dar de beber bajo el fuego a los soldados y hasta se batieron a su lado algunos de ellos, resultando herido más de uno.= …..,hacer a V.E, calurosa recomendación del General 2º Jefe de este Gobierno Militar, por el acierto y pericia con que dirige el combate hasta cerca del medio día, en que tomé el mando, debiéndose a sus oportunas decisiones el que la superioridad numérica de los moros fuese contenida, primero, y rechazado después en cuantas ocasiones intentaron envolver
a nuestras fuerzas.

En mi cuartel Gral, todos se condujeron con decisión y entusiasmo, comunicando órdenes a la línea de fuego, y como más significativas debo citar al Teniente Coronel Morcillo, del Escuadrón de Melilla, que me acompañaba en este día, y al capitán del mismo Miguel Cabanellas, que primero a
las órdenes del General Real y después a las mías, estuvo infatigable demostrando valor e inteligencia en cuantas ocasiones tuvo ocasión de emplearle, siendo asi mismo digno de que se le cite particularmente mi Ayudante de campo capitán de Infantería Don Alberto Morris por su excelente comportamiento en todas las ocasiones y particularmente en este día.=

El Coronel Fernández Cuerda, recomendado por el General Real en el parte que me ha dirigido del período de la acción en que estuve presente, merece que haga de él mención especial por su
distinguido comportamiento durante todo el día, no limitando su acción al mando directo de las fuerzas presentes de su media Brigada, sino que se hizo cargo también de las inmediatas, dirigiéndolas con pericia.=

El Teniente Coronel de Cazadores de Estella Don Pedro Murcia secundó el mando en Jefe con gran celo y actividad, desde el Hipódromo, puesto que le estaba confiado, disponiendo el envío de refuerzos, municiones y elementos sanitarios.=

De las fuerzas que combatieron en las lomas de los Lavaderos y alturas próximas a Mezquita, merecen mención el Teniente Coronel de la Brigada Disciplinaria, Capitán de la misma Don Simón Serena y 1º Tenientes Don José Roig y Don Ricardo Carrasco, que durante todo el combate ocuparon los puestos de mayor peligro; del Regimiento de Melilla el capitán Don Teodoro Fernández Cuevas, el Comandante de Cazadores de Estella Don Gabriel Fernández Ampón y el capitán del mismo cuerpo Don José Montero Molino; el 1r Teniente de Caballería D. Jaime Tous, Capitán de la batería de Montaña de la plaza Don Carlos Sánchez astorfido y 1er Teniente D. Francisco Tudell, el capitán de Infantería D. Antonio Zegri, ayudante de campo del General Real, que contribuyó a rescatar al capitán Gil, herido, y varios cadáveres que despojaban los moros, y los Alumnos de Infantería D. Pedro y D. León del Real que se presentaron voluntariamente en el lugar del combate siendo empleados por aquel General como Ayudantes y para la conducción de municiones.=

En el combate reñido sobre las alturas de Sidi-Musa, que con el anterior puede considerarse constituyendo la acción general del día 23, a la cual sirvió de prólogo y motivo determinante se distinguieron además el Comandante de Cazadores de Alfonso XII Don Ricardo Lacanal, que siguiendo al Coronel en el 1er ataque a la posición enemiga, cayó herido al frente de sus compañías; el capitán de la de Melilla D. José Otegui, cuya compañía perdió tres oficiales, y el único de ella que resultó ileso, 1r Teniente Don Ramón Fontana, quien contribuyó con su presencia de ánimo a poner orden en la retirada, el capitán del mismo cuerpo Don José Miajas que acudió con su compañía desde la segunda caseta ayudando a la retirada y a recoger a los muertos y heridos y el 1r Teniente (E.R) Don Juan Román del Regimiento de África, que se hizo cargo del mando de su compañía por muerte del capitán y con los otros oficiales de la misma logró contener al enemigo, hasta retirar los muertos y heridos.

Contribuyó también notoriamente a esta operación el Comandante de Cazadores de Reus Don Joaquin Summers.= Acompaño a V.E, relación nominal de los individuos de tropa de todas clases que se distinguieron en la acción de que se trata, así como un cuadro demostrativo por cuerpos y clases de las bajas de cada especie sufridas y que ya quedan reunidas en el cuerpo de este parte.= Dios
guarde a V.E, muchos años.= Melilla 26 de julio de 1909.= Exmo. Sr.= José Marina Rubricado.= excmo Sr. Ministro de la Guerra.= Madrid.= Melilla 20 noviembre 1909.= Es copia.= El Coronel Jefe de E. Mayor.=Francisco Larrea.= Rubricado.= Hay un sello que dice Gobierno Militar de Melilla y Plazas Menores de África.= E. Mayor. Y para que conste se pone por diligencia que firma dicho Sr. Juez y yo el secretario certifico.= Firmas.

El Telegrama del Rif, 23 de julio de 1909


Sobre los combates el día 23 de julio de 1909, se escribiría en el periódico citado a la mañana siguiente día 24, bajo el título “…La jornada de ayer…”

“…Es de las que deben escribirse con letras de oro en el libro de la historia patria. Jefes y soldados, enardecidas sus almas por el entusiasmo, rivalizaron en sacrosanto ardor bélico para defender este pedazo de territorio español, en el cual tiene la patria puestas todas sus mejores intenciones, y que es segura garantía de que España ha de cubrirse de inmarcesible gloria por los caudillos que mandan los elementos defensivos y ofensivos, y por el entusiasmo patriótico de que estos están poseídos.

La audaz osadía del enemigo, intentando agredir a la Plaza de Melilla, precisaba un castigo ejemplar, y de imponérselo se encargaron las columnas del bravo General Del Real, del bizarro y heroico coronel Álvarez Cabrera y del valeroso teniente coronel Aizpuru, rechazando con bajas tan sensibles como numerosas al atrevido enemigo, al que fueron persiguiendo más allá de dos kilómetros, y evitando con tan temeraria persecución que la harka llegara a conseguir sus locos propósitos de penetrar en la plaza.

En el brillante y doloroso hecho de armas del día de ayer, tomaron parte activa y valerosa las fuerzas de Madrid, desembarcadas momentos antes, las cuales se dirigían al campo de operaciones dando vivas entusiastas a la Patria. Poco tiempo después, algunos de dichos soldados daban su sangre por la nación en que nacieron, demostrando con ello la sinceridad de sus vítores a la tierra
que adoran y que adoramos todos y que adoraremos mientras que en pechos españoles quede un aliento de vida y un sentimiento de amor patriótico.

Grande es la osadía del enemigo, pero mucho mayor es el valor arrojado y temerario del brazo armado nacional a quien tiene España confiados sus intereses y sus prestigios. Jornadas como las de ayer llenan del más legítimo orgullo el alma nacional, y depositan en nuestros corazones la seguridad más absoluta de que, a la postre, será nuestra la más hermosa victoria, que será la del heroísmo , la del progreso y la de la civilización.

¡Viva España! ¡Viva su invicto Ejército!...”

El relato oficial de los combates del día 23 de julio, apareció publicado en el diario “El Telegrama del Rif” de fecha 27 de julio de 1909, y con ese título, con las siguientes palabras (textual):

“…El Excmo. Sr. General en Jefe del Ejército de operaciones, ha dado cuenta al Excmo. Sr. Ministro de la Guerra, del combate del 23 en los siguientes términos:

Combate del 23. Primera fase, salió a media noche del Hipódromo una columna compuesta de seis compañías, una sección de artillería de Montaña para auxiliar las posiciones Sidi-Musa y segunda caseta. Llegó de madrugada a Sidi-Musa, atacó al enemigo y lo rechazó muriendo gloriosamente el ataque el coronel Cabrera que mandaba la columna, el capitán Fernando Fernández Cuevas del Regimiento de África y los tenientes Reyes y Labrador del de Melilla, tuvo además 13 heridos de tropa.

Segunda fase: al salir del Hipódromo la columna Cabrera se envió en su apoyo la Brigada Disciplinaria, dos compañías de África y una sección de artillería Montaña para ponerse en contacto con aquella al amanecer caso de hallarse cerca; numerosos grupos enemigos en proximidades límites rompieron fuego y formalizándose la acción salió el general Real con dos compañías Estella y
batería montada como refuerzo. Informado el general Marina de que fuego se sostenía tenazmente tan pronto desembarcó batallón Figueras marchó con dos compañías al mando de un Teniente Coronel tomando el mando de todas las fuerzas a las 9 de la mañana. Se desplegó una compañía de Figueras a la que dirigió el Teniente Coronel, no siendo necesario adoptar más disposiciones porque las tomadas por el general Real no podían ser más acertadas.

Tercera fase: Dominadas las primeras estribaciones del Gurugú no convenía avanzar más pues hubiera habido necesidad de ocupar frente demasiado extenso. Las fuerzas se sostuvieron en las posiciones conquistadas durante todo el día y antes de oscurecer ordenó el general Marina que se replegasen sobre los lavaderos de mineral que están en las inmediaciones de la Posada del Cabo Moreno; el repliegue se hizo con verdadera precisión por escalones apoyado por la artillería que bastó para contener al enemigo; sólo la extrema izquierda ocupada por una compañía de Figueras fue acosada por el enemigo a favor de unas chumberas; pero una reacción extensiva de dicha fuerza hizo huir a un grupo numeroso haciéndole catorce muertos recogidos en reconocimiento del día siguiente. En este combate ha muerto gloriosamente el teniente coronel Ibáñez Marín. Las bajas en las tres fases fueron unas 300 entre muertos y heridos. Todas las tropas cumplieron bien su deber. Las del enemigo debieron ser considerables a juzgar por las noticias que se reciben del campo pasando de los 100 muertos…”

Ascenso a primer teniente por méritos contraídos en combate


El 12 de agosto de 1909, “La Época”, daba la noticia que ascendían por los méritos contraídos en los combates de los días 9, 18, 20, 22, 23 y 27 de julio y 1 y 3 de agosto, al empleo superior inmediato los jefes y oficiales que se citaban entre los cuales, se hallaba el 2º teniente Fernández de Guevara y Mackenna. Los jefes y oficiales mentados eran:

Comandante D. Eduardo López Nuño Moreno , a teniente coronel. Pertenecía al Batallón de Cazadores de Las Navas. Fallecido en los combates del 27 de julio de 1909.
Comandante D. José Capapé Romero, a teniente coronel. Pertenecía al Batallón de Cazadores de Madrid. Fallecido en los combates del 27 de julio de 1909.
Comandante D. José Royo de Diego, a teniente coronel. Pertenecía a la Comandancia de Artillería de Melilla. Falleció en los combates del 18 de julio de 1909.
Capitán D. Ángel Melgar Mata, a comandante. Pertenecía al Batallón de Cazadores de Arapiles. Falleció en los combates del 27 de julio de 1909.
Capitán D. Enrique Navarro Ramírez de Arellano, a comandante. Pertenecía al Batallón de Cazadores de Arapiles. Falleció en los combates del 27 de julio de 1909.
Capitán D. Alberto Morris Biguel, a comandante. Era el Ayudante del general D. José Marina Vega. Falleció en los combates del 27 de julio de 1909.
Capitán D. Fernando Fernández de Cuevas y de Ramón, a comandante. Pertenecía al Regimiento de Infantería de África núm. 68. Falleció en los combates del 27 de julio de 1909.
Capitán D. Pedro de la Plaza y García Rivera, a comandante. Pertenecía al Batallón de Cazadores de Las Navas. Falleció en los combates del 27 de julio de 1909.
Capitán D. Laureano García de La Torre, a comandante. Pertenecía al Batallón de Cazadores de Barcelona. Falleció en combate el 1 de agosto de 1909.
Capitán D. Enrique Guiloche Bonet, a comandante. Pertenecía a la Comandancia de Artillería de Melilla. Falleció en los combates del 18 de julio de 1909.
Capitán D. Alfredo Rogers y Mathé, a comandante. Pertenecía al Primer Regimiento de Artillería de Montaña. Falleció en los combates del 20 de julio de 1909.
Primer teniente D. Eduardo López Salcedo, a capitán. Pertenecía a la Brigada Disciplinaria de Melilla. Falleció en los combates del 9 de julio de 1909.
Primer teniente D. Francisco Roca LLovet, a capitán. Pertenecía al Batallón de Cazadores de Mérida. Falleció en los combates del 22 de julio de 1909.
Primer teniente D. Joaquín Tourné Pérez Seoane, a capitán. Pertenecía al Batallón de Cazadores de Las Navas. Falleció en los combates del 27 de julio de 1909.
Primer teniente D. Armando Sojo Montagud, a capitán. Pertenecía al Batallón de Cazadores de Llerena. Falleció en los combates del 27 de julio de 1909.
Primer teniente (Escala de Reserva) D. Rafael de los Reyes Ortíz, a capitán. Pertenecía al Regimiento de Infantería de Melilla núm. 59. Falleció en los combates del 23 de julio de 1909.
Segundo teniente D. Isaac Labrador Gallardo, a primer teniente. Pertenecía al Regimiento de Infantería de Melilla núm. 59. Falleció en los combates del 23 de julio de 1909.
Segundo teniente D. José Fernández de Guevara y Mackenna, a primer teniente. Pertenecía al Regimiento de Infantería de Melilla núm. 59. Falleció en los combates del 23 de julio de 1909.
Segundo teniente D. José Ochoa Pérez, a primer teniente. Pertenecía al Batallón de Cazadores de Alfonso XII. Falleció en los combates del 23 de julio de 1909.
Segundo teniente D. Alberto Lozano Gisbert, a primer teniente. Pertenecía al Batallón de Cazadores de Llerena. Falleció en los combates del 27 de julio de 1909.
Segundo teniente D. Ángel Salcedo Ansó, a primer teniente. Pertenecía al Batallón de Cazadores de Llerena. Falleció en los combates del 27 de julio de 1909.
Segundo teniente D. Alberto Molina Galano, a primer teniente. Pertenecía a la Brigada Disciplinaria de Melilla. Falleció en los combates del 27 de julio de 1909.
Segundo teniente D. José Velarde Velarde, a primer teniente. Pertenecía al Batallón de Cazadores de Alfonso XII. Falleció en los combates del 3 de agosto de 1909.
Segundo teniente (Escala de Reserva) D. Antonio Pérez Prats o Prado, a primer teniente. Pertenecía al Batallón de Cazadores de Alfonso XII. Falleció en los combates del 23 de julio de 1909.
Segundo teniente (Escala de Reserva) D. Pedro Salvador Bilbao, a primer teniente. Pertenecía al Batallón de Cazadores de Arapiles. Fallecido en los combates del 27 de julio de 1909.
Segundo teniente (Escala de Reserva) D. Antonio Pellón Díez, a primer teniente. Pertenecía al Batallón de Cazadores de Las Navas. Fallecido en los combates del 27 de julio de 1909.

Solicitud de concesión de la Cruz Laureada de San Fernando

La solicitud de concesión de la Cruz Laureada de San Fernando para el 2º teniente de Infantería del Regimiento de Melilla núm. 59, fue hecha, por la propia madre de dicho oficial, doña Blanca Mackenna y Zaragoza. La instancia presentada el 12 de agosto de 1909, decía lo siguiente:

Excmo. Señor.

Doña Blanca Mackenna y Zaragoza, Viuda de Fernández de Guevara, vecina de esta Plaza y madre del 2º Teniente fallecido en el combate del día 23 de julio próximo pasado Don José Fernández de Guevara y Mackenna a V.E. con el debido respeto expone:

Que según los datos que ha podido adquirir referente a la muerte de su citado hijo, este apenas desplegada su Compañía recibió un balazo así como el Capitán que la mandaba y el Sargento de su Sección lo que motivó un momento de vacilación en las fuerzas, pero él herido y todo arengó y animó a su fuerza desde el suelo en que estaba por ser una herida grave y echándose encima varios moros entabló la lucha con ellos cuerpo a cuerpo, así como algunos soldados que estaban próximos recibiendo otra herida de arma blanca en el costado que le dejó sin vida y tratando el enemigo de llevarse su cadáver, al ir en auxilio de ésta Compañía la del Capitán Sr. Infantes del mismo Cuerpo tanto este Señor, como el 2º Teniente Don Augusto Rubio con su Sección impidieron que los moros se llevasen el cadáver y vieron a su lado el de otros soldados y el de varios moros. Es de notar también
que mi querido hijo iba enfermo pues desde que salió la Compañía del Cuartel hasta que llegaron al lugar del combate repetidas veces el Capitán de ella Don Gabriel Gil le invitó a que se retirase a los que él contestó que en momentos como aquellos de ningún modo lo hacia aún cuando se encontraba muy mal.

Creyendo la recurrente que el hecho citado es de los consignados como heroicos en el reglamento de la Real y Militar Orden de San Fernando.

A V.E. Suplica si a bien lo tiene dé las órdenes oportunas al objeto de que se forme juicio contradictorio para esclarecer si su ya citado hijo el 2º Teniente del Regimiento de Infª de Melilla núm. 59 José Fernández de Guevara y Mackenna tuviese derecho a la Cruz Laureada de San Fernando de 2ª clase por el hecho citado.

Gracia que no duda alcanzar de la reconocida bondad de V.E, cuya vida guarde Dios muchos años.

Melilla doce de agosto de mil novecientos nueve.

Excmo. Señor.

Blanca Mackenna Vdª de F. Guevara…”

Esta solicitud, fue aceptada a trámite, ordenándose la apertura de juicio contradictorio para esclarecer si el 2º teniente del Regimiento de Infantería de Melilla núm. 59, D. José Fernández de Guevara y Mackenna era merecedor de la Cruz.

Saludos :saluting-soldier: :saluting-soldier: :saluting-soldier:

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Marco Tulio Cicerón.

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Brasilla » 24 Feb 2018 22:26

Excmo. Sr. D. José FERNANDEZ DE GUEVARA y MACKENNA (Teniente de Infantería del Ejercito Español, Caballero Laureado ( II )


Orden de apertura de Juicio Contradictorio, para conceder al 2º teniente de Infantería D. José Fernández de Guevara i Mackenna, la Cruz Laureada de San Fernando.

Dicha orden, apareció publicada en prensa, de la forma siguiente (textual), según publicaba “La Correspondencia de España”, del 28 de agosto de 1909, que entre otros puntos, anunciaba la apertura del juicio contradictorio para la concesión de la Cruz Laureada de San Fernando, al segundo teniente de Infantería del Regimiento de Melilla núm. 59:

“…Orden General del Ejército del día 19 de agosto de 1909.

El Excmo. Sr. Comandante en jefe del ejército de operaciones, se ha servido disponer lo siguiente:

I). Para los efectos de esclarecer los derechos que pudieran tener a la cruz de San Fernando el segundo teniente de Infantería D. José Fernández de Guevara y Mackenna y sargento de la misma Arma Prudencio Alonso Alonso, , y a petición del Juez encargado de instruir los expedientes de juicio contradictorio solicitado, se publican a continuación los siguientes anuncios:

1º). D. Andrés Pérez de la Greda, comandante del Cuerpo de Estado Mayor, se halla instruyendo, por disposición del excelentísimo señor comandante en jefe del ejército de operaciones, el proceso prevenido en la ley de 18 de mayo de 1862, a D. José Fernández de Guevara y Mackenna, segundo teniente de Infantería que fué, a petición de su madre, la cual solicita se declare a su difunto hijo con derecho a la cruz de San Fernando de segunda clase por el mérito que contrajo el día 23 de julio último en el combate sostenido contra los moros, donde murió gloriosamente en el campo de batalla.

Sí algún individuo de la misma clase o superior a la del interesado tuviese que exponer algo a favor o en contra del derecho de la madre del interesado cree asistirle, podrá hacerlo por escrito o presentándose al juez instructor, según corresponda a su clase, dentro del término preciso de ocho días contados desde la publicación de este anuncio.

Lo que de O. de S.E. se hace saber en la general de este día para conocimiento..-El coronel jefe de E.M. Francisco J. Jordana…”

El Interrogatorio


El interrogatorio que se llevó a cabo para todos aquellos que en tiempo y forma debida quisieron alegar a favor de la concesión de la Cruz Laureada de San Fernando al 2º teniente Fernández de Guevara, constaba de una batería de preguntas, formuladas por el Instructor de dicho expediente, las cuales eran las siguientes:

- Sí conocía a Don José Fernández de Guevara y Mackenna segundo teniente que fue del Regimiento de Infantería de Melilla núm. 59.
- Si sabe haberse encontrado en el combate que se libró con los moros el día 23 de julio último en las estribaciones del Gurugú.
- Si tenía con él alguna relación favorable o contraria que le impidiese declarar en el juicio contradictorio que se sigue para obtener la Cruz de San Fernando de segunda clase.
- Si sabe como testigo o por referencia que Don José Fernández de Guevara acometiese algún hecho distinguido o heroico en dicho día y combate de los comprendidos en el título 3º artículo 25 y título 4º artículo 27 de los estatutos de la Real y Militar orden de San Fernando de 18 de mayo de mil ochocientos sesenta y dos. En caso afirmativo, ¿en cual de ellos le considera comprendido?.
- En que forma y paraje fue muerto el antedicho oficial .
- Fuerzas que el citado oficial tenía a sus órdenes.
- Situación y fuerza enemiga.
- Testigos que presenciaron el hecho.
- Otras alegaciones.

Los declarantes. Los hechos

D. Pedro del Real y Sánchez Paulete, general de brigada.
D. Narciso Villalón, primer teniente.
D. Ramón García, sargento de la misma sección del 2º teniente Fernández de Guevara.
D. Manuel Huertas García, cabo Banderín de la compañía del 2º teniente Fernández de Guevara.
D. Cristóbal Monsalbe, soldado de Infantería. Misma compañía y sección que el teniente Fernández de Guevara.
D. Vicente Fuentes, soldado de infantería. Misma compañía y sección que el teniente Fernández de Guevara.
D. Antonio Domenech, soldado de infantería. Misma compañía y sección que el teniente Fernández de Guevara.
D. Luís Tortosa, corneta. Misma compañía y sección que el teniente Fernández de Guevara.
D. Antonio Hernández Ballesteros, teniente de Infantería del Regimiento de Melilla núm. 59. Misma compañía que el teniente Fernández de Guevara.
D. Augusto Rubio Ulloa, teniente de Infantería del Regimiento de Melilla núm. 59. Misma compañía que el teniente Fernández de Guevara.

General de Brigada, Don Pedro del Real y Sánchez Paulete

1 de enero de 1910, Manifestó:

Conocer al teniente Fernández de Guevara, calificando su muerte de gloriosa. Saber que dicho oficial, se encontraba en los combates del día 23 de julio de 1909.
No tener relación favorable ni desfavorable con el citado oficial.
Dijo ser testigo presencial de ver al segundo teniente Fernández de Guevara,
mandar una de las secciones de la 2ª Compañía del 3r Batallón del Regimiento de Infantería de Melilla núm. 59.
Sobre los hechos, narró lo siguiente (textual):

“…Con su sección se mantuvo en el flanco izquierdo de la posición, batiéndose bizarramente y siendo la única fracción que se sostuvo en su puesto cuando las fuerzas de la Brigada Disciplinaria tuvieron que retirarse ante el vigoroso ataque del enemigo que se desbordaba por todas partes; que por referencias sé que el Teniente Guevara después de haber sido herido de gravedad, siguió al frente de su sección alentándola con su ejemplo y energía y que más tarde sufrió otras nuevas heridas, alguna de ellas de arma blanca, siendo la compañía a que pertenecía el Teniente Guevara la que tuvo mayor número de bajas, pues fueron diez los muertos y veintidós los heridos, entre aquellos el citado teniente y entre los heridos el capitán de la compañía fallecido después en el Hospital Militar…”

Afirmar que la conducta del teniente Fernández de Guevara fue heroica y que su comportamiento, se hallaba incluido en el caso 7º del artículo 27 del Reglamento de la orden de San Fernando.

Primer teniente, D. Narciso Villalón

10 de enero de 1910. Manifestó que el 2º teniente Fernández de Guevara, se encontraba al frente de la segunda sección de su compañía, durante el combate del día 23 de julio de 1909 en las faldas del Gurugú y que efectivamente, le conocía.

No tener ni relación favorable ni desfavorable, que le impidiese declarar en este juicio contradictorio.

Sobre si sabía, conocía, o había presenciado, los hechos protagonizados por el 2º teniente D. José Fernández de Guevara y Mackenna, los cuales y a petición, habían iniciado el expediente para el esclarecimiento de los mismos, manifestó saber

“…que encontrándose el teniente Guevara en fuego con su sección desplegada en guerrilla en el sitio en que el ataque del enemigo fue más enérgico vió que animaba a sus soldados con su ejemplo y que en el momento que el enemigo llegaba a asaltar la posición por áquel sitio y que el capitán de la compañía era herido, él poniéndose al frente de los suyos para contener y dominar la omentánea vacilación de la tropa producida por el efecto que le causaba las numerosas bajas de su sección, cuyas clases fueron muertas o heridas al mismo tiempo que el capitán de la compañía se sostuvo en su puesto hasta que fue herido al llegar al combate cuerpo a cuerpo…”

Sobre si conocía si al ser herido de gravedad el teniente Guevara, este continuó al frente de sus soldados hasta que nuevas heridas le ocasionaron la muerte, el primer teniente Villalón manifestó no haber presenciado dichos hechos ya que tuvo que asumir el mando de la compañía y organizarla después de las pérdidas sufridas de oficiales, clases y soldados y que no obstante supo, por noticias recibidas, que el teniente Guevara tenía una herida en el cuello de arma blanca.

Citó como testigos a unos oficiales que se hallaban más cerca que eran el teniente Hernández que mandaba la sección de reserva y al teniente Prado y que también era de la compañía el sargento Ramón García que pertenecía a la misma sección que el 2º teniente Fernández de Guevara. asimismo, citaba al cabo banderín de apellidos Huertas.

Afirmó que los hechos protagonizados por el 2º teniente Fernández de Guevara, estaban tipificados en el caso 7º del artículo 27 del Reglamento de la orden de San Fernando.

Sargento D. Ramón García, de la misma sección que el teniente Fernández de Guevara

16 de enero de 1910. Compareció dicho suboficial, manifestando que como testigo presencial sabía que hacía un cuarto de hora que se hallaba en fuego con su sección cuando se aproximó un grupo de moros por el ala izquierda con tendencia a envolver la guerrilla y a distancia de 50 metros.
El teniente Guevara en vista de ello, se puso al frente de la misma ordenando el ataque a la bayoneta, cosa que realizaron 14 ó 15 individuos no haciéndolo el resto de la sección en guerrilla
porque dada la configuración del terreno, no era posible que todos escucharan al teniente. En ese momento, el sargento D. Ramón García vio que el teniente Guevara estaba herido, haciéndoselo suponer la forma en que marchaba al frente de la guerrilla, observando que oscilaba de un lado a otro, pero manteniéndose al frente de la fuerza animándola y dando ejemplo de valor, consiguiendo que los moros retrocedieran y en el momento que esto se producía, el declarante caía herido no pudiendo ver nada más ya que se tuvo que retirar de la línea de fuego, habiendo escuchado no obstante a los soldados de la misma sección que en vista de haberse rehecho el enemigo y vuelto al ataque con gran ímpetu tuvieron que retroceder, quedando el teniente Guevara herido de gravedad, casi cadáver en el campo y en poder de los moros y según manifestaciones del teniente D ¿….gusto?
subió Ulloa su compañía, que era la 3ª del 3r Batallón siendo los que recogieron el cadáver del teniente Guevara.

Citó como testigos, al cabo D. Manuel Huertas García, al corneta D. Luís Tortosa y a los soldados D. Antonio Doménech y D. Cristóbal Monsalve.

Los hechos, fueron calificados por el sargento D. Ramón García, como comprendidos en el caso 7º del artículo 27 del Reglamento de la orden de San Fernando.


Cabo D. Manuel Huertas García, Banderín de la compañía del teniente Fernández de Guevara

18 de enero de 1910, comparecía ante el Juzgado que instruyó el expdiente para la práctica de las diligencias de esclarecimiento de hechos en el expediente instruído para la concesión de la Cruz de San Fernando de 2ª clase, al 2º teniente del Regimiento de Infantería de Melilla núm. 59, D. José Fernández de Guevara y Mackenna, manifestando que:

“…como testigo presencial sabe que el Teniente D. José Fernández de Guevara se encontró en el combate del día 23, que lo conocía por ser oficial de su compañía y que no tenía relación favorable o contraria que le impida declarar en este juicio…”

Sobre los hechos, manifestó que “…como testigo presencial sabe que el día veintitrés de Julio pasado estando su compañía por encima de los lavaderos el Teniente Coronel de la Brigada Disciplinaria le ordenó a su capitán que desplegara la primera sección de la compañía en guerrilla y todavía no había terminado de efectuar el despliegue de dicha sección cuando oyó que le dijo
“también la segunda” Que era la que mandaba el segundo Teniente D. José Fernández de Guevara, al poco rato de estar esta en guerrilla haciendo fuego vio caer al teniente Guevara herido, pues se echaba la mano a la cadera derecha y se le veía salir sangre y tan pronto cayó lo vio que se levantaba y andar unos cuantos pasos animando a la tropa hasta que la herida por lo visto era de mucha gravedad cuando volvió a caer y entonces rodilla en tierra oyó que decía “arriba hijos
míos, a ellos”, todo esto lo vio el declarante que era el banderín de la compañía a unos diez pasos del Teniente Guevara y en estos precisos momentos en que el Teniente animaba a sus fuerzas para el ataque fue cuando no vio más que el enemigo los rodeaba por todas partes obligando al declarante a emprender la retirada, que también se encontraba herido de gravedad y desde este momento no se dio cuenta de nada…”

No citó testigos, por no poder precisarlos pues el cabo D. Manuel Huertas, estuvo convaleciente de sus heridas durante tres meses, no recordando los nombres de nadie. Calificó los hechos como heroicos y comprendidos en el caso séptimo del artículo veintisiete del Reglamento de la orden de San Fernando.

Soldado de Infantería D. Cristóbal Monsalbe. Misma compañía y sección que el teniente Fernández de Guevara

20 de enero de 1910. Dijo conocerle por pertenecer a su sección. Fue testigo presencial de la asistencia del teniente Fernández de Guevara a los combates del 23 de julio de 1909. No tenía relación ni favorable ni desfavorable con su oficial para poder declarar en el juicio contradictorio que se estaba instruyendo.

Declaró que “…como testigo presencial sabe que el día 23 de Julio estando su compañía por encima de los Lavaderos el Teniente Coronel de la Brigada Disciplinaria le ordenó a su capitán que desplegara la primera sección de la compañía en guerrilla y no habían pasado cinco minutos cuando le dijo “también la segunda” inmediatamente el Teniente Guevara mandó desplegara por la izquierda al frente en guerrilla y haría unos diez minutos estaban haciendo fuego cuando vio que el Teniente Guevara se echaba mano al pecho, y como en este mismo momento los moros se echaban encima el Teniente Guevara con la mano en el pecho y saliéndole abundante sangre mandó a la bayoneta no pudiendo andar más de cuatro o cinco pasos pues cayó en tierra sin poder seguir, pero quedó rodilla en tierra animando a los soldados pues con voz apenas perceptible se le oía decir “arriba hijos míos” consiguiendo desalojar al enemigo de la posición que tenían, pero habiéndose corrido por el flanco izquierdo se vieron todos envueltos ordenando entonces el Tte. Coronel la retirada y tuvieron que hacerlo dejando con gran pesar del que declara el cadáver del Teniente Guevara en el campo, pues cuanto deja dicho lo presenció el declarante a unos dos pasos del Teniente…”

Todo y a su declaración, el Instructor preguntó al soldado D. Cristóbal Monsalbe si después de haber sido herido de gravedad el 2º teniente Fernández de Guevara continuó al frente de sus fuerzas alentándolas y si recibió nuevas heridas que le ocasionaran la muerte, a lo que el soldado contestó que después de ser herido anduvo el teniente Guevara cuatro o cinco pasos y luego quedó rodilla
en tierra y que no sabía si lo volvieron a herir pero cree que no, que la primera que recibió, fue la que le ocasionó la muerte.

Citó como testigos presenciales al soldado de primera D. Vicente Fuentes, al corneta D. Luís Tortosa y al soldado D. Antonio Doménech. Manifestó que los hechos, eran heroicos y comprendidos en el caso 7º del artículo 27 del Reglamento de la orden de San Fernando.

Soldado de Infantería D. Vicente Fuentes, de la misma compañía y sección del teniente Fernández de Guevara

21 de enero de 1910. Declaraba el soldado de Infantería D. Vicente Fuentes, de la 2ª Compañía, 2ª Sección del 3r Batallón del Regimiento de Melilla núm. 59, que era la que mandaba el 2º teniente Fernández de Guevara. Motivo por el cual conocía a su oficial, no tenía tampoco ni relación favorable ni desfavorable que le impidiera declarar en dicho juicio contradictorio y afirmó, que dicho 2º teniente, asistió a los combates del 23 de julio de 1909.

Manifestó como testigo presencial de los hechos que “…el día 23 de Julio estando su compañía por encima de los Lavaderos el Teniente Coronel de la Brigada Disciplinaria le ordenó a su capitán que desplegara la primera sección en guerrilla y al rato le ordenó que lo verificara también la segunda, el Teniente Guevara ordenó a su sección desplegar por la izquierda al frente en guerrilla y haría aproximadamente unos diez minutos que estaban haciendo fuego cuando vio que de pronto el Teniente Guevara se echaba mano al pecho que los soldados atacaban a la bayoneta siendo el declarante uno de ellos y que el Teniente anduvo al frente de la guerrilla unos cuatro o cinco pasos y enseguida cayó a tierra quedando de rodilla y aunque no se le oía lo que hablaba por los ademanes se comprendía que los alentaba, llegaron a desalojar al enemigo de la posición, pero
habiéndose corrido estos por el flanco izquierdo estaban amenazados de ser envueltos, ordenando entonces el Teniente Coronel la retirada como así lo verificaron teniendo que dejar el cadáver del Teniente Guevara en el campo pues ya la lucha se hizo cuerpo a cuerpo por estar completamente envuelto de moros…”

Se le preguntó también sobre si después de haber sido herido de gravedad el teniente Fernández de Guevara continuó al frente de sus soldados alentándoles con el ejemplo y recibió nuevas heridas que le ocasionaron la muerte, el soldado Fuentes, contestó que el teniente Guevara, anduvo cuatro o cinco pasos al frente de la guerrilla dando el ataque a la bayoneta y que creía que la herida que le
impidió continuar fue la que le ocasionó la muerte pues tenía la seguridad que si la herida recibida, aún siendo de gravedad no era de muerte hubiese seguido al frente de su sección, pues le constaba y haberlo visto (al teniente) que durante la marcha desde el cuartel al lugar del combate ir enfermo y que el capitán, en repetidas ocasiones le dijo que se volviera que estaba malo, contestándole a
dicho capitán que a su sección no la abandonaba sino muerto.


Consideró los hechos como los anteriores declarantes, y comprendidos en el mismo caso y artículo del Reglamento de la orden de San Fernando.

Soldado D. Antonio Domenech. Misma compañía y sección del teniente Fernández de Guevara

23 de enero de 1910. Declaraba el soldado de infantería, D. Antonio Domenech, el cual, pertenecía a la misma compañía y sección que el teniente Fernández de Guevara, motivo por el cual, manifestó conocerle y que además, fue testigo presencial de los hechos, cosa que corroboraba que el citado oficial, se hallaba el día 23 en los combates ya mencionados. A su vez, manifestó, no tener ni
ralción favorable ni desfavorable, que le impidiera declarar en el juicio contradictorio.

Referente a la narración de los hechos, dijo lo siguiente: “…el día 23 de Julio estando su compañía por encima de los Lavaderos ordenaron desplegara su sección en guerrilla y así lo verificó a las órdenes del teniente Don José Fernández de Guevara y en esta disposición siguieron avanzando y haciendo fuego y haría unos díes minutos estaban en esta disposición cuando vió que el teniente Guevara se echaba mano al pecho saliéndole abundante sangre y dando la voz de “a la bayoneta” se puso al frente de la sección y no pudo ver más por haber sido herido teniendo que retirarse de la línea de fuego…”.

Manifestó saber que después de haber sido herido de gravedad, el teniente Guevara continuó al frente de su fuerza, alentándola y animándola con el ejemplo, hasta que nuevas heridas le ocasionaron la muerte, hechos estos últimos que el soldado Doménech no presenció pero supo que anduvo tres o cuatro pasos.

Dijo que los hechos por el narrados, están comprendidos en el caso 7º del artículo 27 de “los hechos heroicos”.

Corneta D. Luís Tortosa, de la misma compañía y sección que el teniente Fernández de Guevara

El 31 de enero de 1910, se presentaba en el Juzgado donde se instruían las diligencias del Juicio Contradictorio para esclarecer si el teniente Don José Fernández de Guevara y Mackenna, era acreedor de la Cruz Laureada de San Fernando, el corneta de su compañía y, a la vez destinado en la misma sección que el citado oficial, D. Luís Tortosa, motivo por el cual manifestó conocerle y que
efectivamente y como testigo presencial, afirmó que el teniente Fernández de Guevara se hallaba en los combates del 23 de julio de 1909. Comunicó no tener ni relación favorable ni desfavorable con el dicho teniente.

Sobre como se desarrollaron los hechos, el corneta D. Luís Tortosa, manifestó en su declaración lo que a continuación se cita: “ que como testigo presencial sabe, pues precisamente estaba al lado del Teniente Guevara, que el día 23 de Julio estando su compañía por encima de los Lavaderos, el Teniente Coronel de la Brigada Disciplinaria ordenó a su capitán desplegara la primera sección en
guerrilla y apenas lo hubo verificado, dijo lo hiciera también la segunda, que era la que mandaba el Teniente Guevara y a la cual pertenecía el declarante, mandó el oficial desplegar en guerrilla y una vez verificado permanecieron en esta disposición y haciendo fuego como unos diez minutos, hasta que hirieron en el pecho al Teniente Guevara que echó mano a la herida y le salía abundante sangre, una vez ya herido y en vista de que los moros se echaban encima el Teniente se puso al frente de la sección y con su voz apenas perceptible mandó “a la bayoneta” no pudiendo andar más que tres o cuatro pasos en que cayó a tierra, quedando de rodillas y por señas les indicaba que siguieran avanzando como así lo verificaron los pocos que quedaban que serían unos trece o catorce consiguiendo desalojar al enemigo de la posición que tenían pero habiéndose corrido estos por
el flanco izquierdo de la sección se encontraba esta envuelta y con este motivo y el de haber ordenado la retirada tuvieron que hacerlo, dejando al Teniente en poder del enemigo con grave pesar del que declara pues todavía le quedaba vida…”

Ante la pregunta que hizo el Instructor sobre “…Si sabe que el teniente Guevara después de haber sido herido de gravedad continuó al frente de sus fuerza alentándola y recibió nuevas heridas que le ocasionaron la muerte…”, el corneta D. Luís Tortosa, contestó que: “…después de haber sido herido fue cuando ordenó el ataque a la bayoneta poniéndose al frente de la sección con una mano en el pecho y en la otra el sable, cuando ya la pérdida de sangre hizo que cayera al suelo, con el sable les indicaba que siguieran pues ya no podía hablar, y como quedó en poder del enemigo ha oído decir que tenía el cuello cortado de gumia y otro corte en el costado que seguramente esto sería lo que acabaría con su vida…”

El corneta Tortosa, manifestó que los hechos narrados, presenciados por él, estaban comprendidos en el caso séptimo de del artículo 27 de los hechos heroicos.

D. Antonio Hernández Ballesteros, teniente de Infantería del Regimiento de Infantería de Melilla. Misma compañía que el teniente Fernández de Guevara

Destacado en febrero de 1910, el teniente de Infantería D. Antonio Hernández Ballesteros, de 23 años, natural de San Fernando (Cádiz), y de estado civil casado, en el Peñón el 2 de junio de 1910, declaraba conocer al teniente D. José Fernández de Guevara por ser de su compañía y que el 23 de julio de 1909 se encontraba en el combate, formando en el flanco izquierdo, dijo también, no tener
ni relación favorable ni desfavorable que le impidiese declarar.

Dijo que con referencia a la calificación de los hechos y en su inclusión dentro del Reglamento de la Orden de San Fernando, que lo que sabía era por referencias puesto que en dicho combate se hallaba el declarante en el flanco derecho y ser la línea muy extensa por hallarse desplegadas tres compañías y que lo oído sobre los hechos protagonizados por el teniente Guevara, cree se hallaba
comprendido en los casos 3º del artículo 25 y en el 6º del artículo 27 del Reglamento de la Orden de San Fernando.

Manifestó también conocer por referencias , que el teniente Guevara cayó herido al frente de su sección hacía el barranco que existe al sureste de Agui-ben-Selah sobre el cerro llamado Colorado, es decir en el sitio aproximado donde había desplegado.

Dijo haber escuchado a los soldados del 2º teniente Fernández de Guevara, que este los animaba con su ejemplo y serenidad, resistiendo el empuje y evitando ser envuelto por su flanco izquierdo a pesar de lo duro del ataque por aquel lado que fue el más atacado y como en el momento de tratar el enemigo de envolverlos hubiese una vacilación instantánea por parte de la tropa, vacilación que motivó también las bajas del Sargento, los Cabos y gran parte de los soldados así como la del capitán de la Compañía que en vista de que el peligro aumentaba por aquel lado se unió a la guerrilla para animarla con su presencia el citado segundo teniente, con sus frases y su ejemplo, resistiendo de esa forma hasta que cayó herido en el asalto a los moros, herida causada por ellos sin duda por arma blanca y que aunque herido continuó la lucha cuerpo a cuerpo y que los soldados
suyos que quedaban no pudieron hacer por ayudarle hasta que recibió nuevas heridas y cayó.

Citó como testigos al teniente Villalón que estaba desplegado cerca de él y el Sargento Ramón García Pérez herido leve y todos los soldados que habían presenciado la acción.

D. Augusto Rubio Ulloa, teniente de Infantería, del Regimiento de Melilla núm. 59.Misma compañía que el teniente Fernández de Guevara

En El Peñón, el 14 de febrero de 1910, declaraba el teniente de Infantería Don Augusto Rubio Ulloa, de la misma compañía, dijo ser soltero y que conocía al teniente Fernández de Guevara con el que tenía amistad por haber pertenecido a la misma compañía durante un año.

Comunicó tener constancia de la asistencia del teniente Guevara a los combates del 23 de julio de 1909 por haberlo encontrado muerto en las lomas que existían frente al Hipódromo y que no tenía ninguna relación favorable ni desfavorable que le impidiese declarar en el Juicio Contradictorio.

Comunicó no haber sido testigo presencial de ningún hecho heroico ya que cuando llegó al lugar de los hechos lo hizo a las 8 de la mañana y el teniente Guevara, ya había fallecido y se encontraba entre bastantes muertos y heridos, tanto propios como enemigos, siendo no obstante el cadáver del teniente el más avanzado descontando al soldado de su Compañía José María Castro que se hallaba herido unos 50 metros más adelante.

Declaró que como tuvo el cadáver junto a él hasta las 4 de la tarde, observó que tenía un balazo en el pecho y otro balazo o corte de gumia en el cuello. Desconocía si una vez herido continuó caminando pero apuntó la posibilidad ya que tenía más de una herida. Que los hechos quizás podría explicarles mejor el teniente D. Narciso Villalón por hallarse desplegado cerca.

El Informe de conclusiones

El 12 de marzo de 1910, el Juez Instructor D. Andrés Pérez de la Greda, Comandante de Estado Mayor, elevaba al general D. José Marina Vega, el informe de conclusiones extraídas de las declaraciones tomadas a aquellos que quisieron declarar en el Juicio Contradictoria para la concesión de la Cruz Laureada de San Fernando, de segunda clase, al entonces ya primer teniente D. José Fernández de Guevara y Mackenna. Dicho informe, decía lo siguiente:


“…Excmo. Sr.

Don Andrés Pérez de La Greda Comandante del cuerpo de Estado Mayor del Ejército, Juez instructor del expediente de juicio contradictorio para la Cruz de San Fernando de segunda clase que se ha instruido a petición de la madre del que fue segundo teniente de Infantería Don José Fernández de Guevara y Mackenna por orden de V.E.,para averiguar si el citado oficial se hizo acreedor a la
mencionada condecoración en el combate sostenido en las alturas inmediatas al poblado de Mezquita el día veintitrés de julio de mil novecientos nueve.

- Visto el parte de la acción, folio ocho, del que resulta que estando la brigada disciplinaria a punto de agotar sus municiones y careciendo por el momento de medios para reponerla, dispuso el Gral. Real, que la segunda compañía del tercer Batallón del Regimiento Infantería de Melilla, relevara a una de las de la Brigada disciplinaria para que pudiera esta marchar a municionarse; el enemigo en aquel momento arreció sus fuegos y acometividad, siendo herido mortalmente el capitán Gil de dicha compañía, muerto el teniente de la misma Fernández de Guevara y forzadas nuestras posiciones con numerosas bajas en la tropa; trasmitiéndose el movimiento de retroceso de nuestra derecha a las otras armas y quedando una pieza de artillería volcada y en grave riesgo de ser tomada por el enemigo y que solo la citada compañía de Melilla no perdió por completo su posición y a su amparo se agruparon los Artilleros para no perder de vista la pieza, defendiéndola con el fuego de sus carabinas.

Examinadas las declaraciones de los testigos, manifiesta el Excmo. Sr. General de brigada Don Pedro del Real, folio quince, que mandó el hecho de armas de referencia, hasta que llegó al lugar de la lucha el Excmo. Sr. General Gobernador de la Plaza Don José Marina Vega, que la sección del teniente Fernández de Guevara fue la única fracción que se sostuvo en su puesto cuando se retiraron las fuerzas de la brigada disciplinaria, y que el teniente dicho, después de haber sido herido de gravedad siguió al frente de su sección alentándola con su energía y ejemplo, recibiendo después nuevas heridas, algunas de arma blanca, siendo la compañía del capitán Gil la que tuvo mayor número de bajas, diez muertos y veintidós heridos.

El teniente Villalón, que declara como testigo presencial de la primera parte del episodio en que fue muerto el teniente Fernández de Guevara, folio diez y seis, manifiesta que este, rehaciendo sus fuerzas que tuvieron un momento de vacilación, al ver hacer muertos o heridos a su capitán y a la mayoría de las clases, se puso al frente de su sección y se lanzó a la bayoneta sobre el enemigo, siendo entonces herido gravemente, sin poder precisar más detalles por haber tenido el declarante que tomar el mando de la compañía, aunque por referencia sabe que el Teniente Fernández de Guevara tenía en el cuello una herida de arma blanca.

En la declaración del teniente Don Augusto Rubio, folio treinta y siete, se hace constar que el cadáver del Teniente Fernández de Guevara, era el más avanzado a excepción de un soldado que estaba herido algo más a vanguardia del punto en que aquel se encontraba, y que el cuerpo del mencionado oficial presentaba una herida en el pecho y otra de arma blanca en el cuello.

El Teniente Don Antonio Hernández dice en su declaración “folio veintinueve” que por referencia sabe que el Teniente Fernández de Guevara se unió a la guerrilla para animarla con su ejemplo, siendo herido y continuando después la lucha cuerpo a cuerpo.

El sargento Ramón García en su declaración, “folio diez y siete” dice que el Teniente Fernández de Guevara fue herido cuando atacaba a la bayoneta con catorce o quince hombres de su sección, haciendo retroceder a los moros que los envolvían, continuando al frente de sus fuerzas después de la herida, y que no pudo ver más por haber caído herido también el declarante.

Los soldados Manuel Huertas, Cristóbal Monsalbe, Vicente Fuentes, Antonio Domenech y corneta Luís Tortosa, todos testigos presenciales e inmediatos del hecho, en sus declaraciones de los “folios diez y ocho al veintidós inclusive” afirman todos con algunas diferencias de detalle que el Teniente Don José Fernández de Guevara después de ser herido de gravedad, se mantuvo al frente de su sección, animándola con el ejemplo, la voz y el ademán.

El Juez que suscribe entiende que el teniente de Infantería Don José Fernández de Guevara está comprendido en los casos sexto y séptimo del artículo veintisiete de la Ley.

Melilla doce de Marzo de mil novecientos diez.

Firmado Andrés Pérez de la Greda…”

Este informe, fue elevado al Auditor del Ejército que lo encontró favorable y este, a su vez, lo elevó al Consejo Superior de Guerra y Marina. El comportamiento en los combates del 23 de julio de 1909 del 2º teniente de Infantería del Regimiento de Melilla núm. 59, fue calificado de heroico. El 4 de
julio de 1910, el Consejo Superior de Guerra y Marina, falló a favor de la concesión de la Cruz Laureada de San Fernando de 2ª clase y, posteriormente, fue elevado al Rey D. Alfonso XIII para su firma.

Concesión de la Cruz Laureda de San Fernando


Siglo Futuro, publicaba el 28 de agosto de 1910, la noticia siguiente, relativa a la concesión de la Cruz Laureada de San Fernando al teniente Don José Fernández de Guevara y Mackenna (textual).

“…La Cruz de San Fernando.

El Diario Oficial del Ministerio de la Guerra publicó ayer las dos siguientes órdenes:

Visto el expediente de juicio contradictorio instruido para esclarecer si el segundo teniente de Infantería D. José Fernández de Guevara y Mackenna se hizo acreedor de la cruz de la Orden de San Fernando por su comportamiento en el combate del 23 de Julio del año último en las estribaciones del Gurugú; resultando que el citado oficial, formando parte de una de las compañías del regimiento de infantería de Melilla, marchó desde los Lavaderos a las lomas de Mezquita para relevar a otra de la brigada disciplinaria, a la cual se le habían agotado las municiones; que en el momento de ocupada la posición cayó muerto el capitán Gil, de su compañía, y fue herido el segundo teniente Fernández de Guevara, al propio tiempo que los moros arreciaban el ataque, sufriendo además la compañía numerosas bajas; que no obstante la herida sufrida por el teniente
Guevara este resistió la acometida del enemigo, ordenando a su sección atacar a la bayoneta, alentándola con su ejemplo, cayendo muerto al poco tiempo de recibir una nueva herida; y considerando que los hechos realizados por el segundo teniente D. José Fernández de Guevara y Mackenna son de los comprendidos en el caso 7 del art. 27 de la ley de 18 de mayo de 1862, el rey, (Q.D.G), por resolución de 23 del actual, de acuerdo por lo informado por el Consejo Superior
de Guerra y Marina, ha tenido a bien concederle la cruz de segunda clase de la Orden de San Fernando, con la pensión anual de 1.000 pesetas, de la cual podrán disfrutar las personas a quienes se refiere el art. 11 de la citada ley…

La otra persona a quien concedían la Cruz Laureada de San Fernando, era al capellán militar D. Jacinto Martínez Verdasco, por el combate del 30 de septiembre de 1909 del Zoco El Jemis de Beni-bu-Ifrur.

Los heridos, el 23 de julio de 1909, entre otros:

Comandante D. Ricardo Lacanal, ingresado en el Hospital con herida en el muslo izquierdo.
Capitán D. Mariano Sánchez Lacorte, ingresado en el Hospital con herida en la mano izquierda.
Capitán D. Francisco Borrero, ingresado en el Hospital, con herida en el muslo derecho y fractura de hueso.
Capitán D. Gabriel Gil, ingresado en el Hospital, con herida en el pecho, presentando orificios de entrada y salida en la región axilar y, en la mano izquierda.
Primer teniente, D. José Sánchez Prats, ingresado en el Hospital, con herida en el pie derecho, penetrando en la articulación de la pierna.
El oficial (primer teniente), D. Alberto Molina Galano, ingresado en el Hospital, con herida en el torax.
El oficial, D. Fernando Huero, ingresado en el Hospital, con herida en la muñeca izquierda.
El oficial D. Luís Carbonell, ingresado en el Hospital, con herida en la rodilla derecha.
El oficial D. Antonio Pérez, ingresado en el Hospital, con herida en la región abdominal.
El oficial (segundo teniente),D. José Ochoa, ingresado en el Hospital, con herida en el vientre.
El oficial D. Carlos Suárez, ingresado en el Hospital, con herida en el vientre.

Los fallecidos en combate el 23 de julio de 1909

Junto al 2º teniente del Regimiento de Infantería de Melilla núm. 59, hallaron también la muerte en el campo de batalla, entre otros, los jefes y oficiales que fueron:

El coronel D. Venancio Álvarez Cabrera y de Nevares.
El teniente coronel jefe del Batallón de Cazadores de Figueras núm. 6, D. José Ibáñez Marín.
El capitán del Regimiento de Infantería de África núm. 68, D. Fernando Fernández de Cuevas y de Ramón.
El primer teniente del Regimiento de Infantería de Melilla núm. 59, D. Rafael de los Reyes Ortiz.
El segundo teniente D. Isaac Labrador Gallardo..
El teniente (segundo teniente de la Escala de Reserva), D. Antonio Pérez Prats.

El entierro del 2º teniente de Infantería D. José Fernández de Guevara y Mackenna

Los restos del segundo teniente de Infantería, del Regimiento de Melilla núm. 59, recibieron sepultura junto a otros militares caídos en la jornada del día 23 de julio de 1909, en el cementerio de Melilla. La nota publicada anunciando tal evento en las páginas del diario “El Telegrama del Rif” del domingo 25 de julio de 1909, lo dieron a conocer en la forma siguiente, bajo el título “…El entierro de los héroes…”:

“…A las diez de la mañana de ayer se verificó el fúnebre acto de inhumar los cadáveres del coronel Álvarez Cabrera, teniente coronel Ibáñez Marín, capitán Cuevas (D. Fernando) y tenientes Fernández de Guevara (don José), Reyes (don Rafael), Labrador y Pérez Prats y los de las clases y soldados muertos heroicamente en los combates de anteayer.

El duelo iba formado por los generales Balbás, coronel de caballería Urrutia, teniente coronel de infantería Álvarez Puch, comandante de infantería López Irisarri y comandante de artillería Sr. Barbaza. Detrás iba numeroso público.

Los cadáveres de los Jefes y Oficiales fueron inhumados en el Panteón, y al serlo el del teniente coronel Ibáñez Marín, las dos compañías de su batallón de Figueras que habían rendido a los héroes los honores de ordenanza, quisieron desfilar por delante del cadáver de su querido jefe y así lo hicieron, colocada la bandera a la cabeza del féretro.

Muchos soldados de Figueras besaron el rostro del bizarro e ilustre teniente coronel, que presentaba varias heridas. Terminado el desfile, de entre los simpáticos cazadores salieron voces de ¡Viva España!, al Ejército, a Figueras y de gloria a nuestro teniente coronel. El acto resultó verdaderamente conmovedor.

La gloria que con su envidiable muerte supieron alcanzar los héroes enterrados, será eterna o inmarcesible…”

Saludos :saluting-soldier: :saluting-soldier: :saluting-soldier:
Si ignoras lo que pasó antes de que nacieras, siempre serás un niño.
Marco Tulio Cicerón.

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Brasilla » 25 Feb 2018 00:13

Excmo. Sr. D. Fernando FERNANDEZ CUEVAS y DE RAMON ( Capitan de Infanteria del Ejercito Español, Caballero Laureado) ( I )


El capitán D. Fernando Fernández de Cuevas y de Ramón, tenía dos facetas, militar y escritor, poeta. Fue como Garcilaso de la Vega, D. José Cadalso, D José Ibáñez Marín, Álvarez Cabrera y, tantos otros que combinaron la pluma con la espada y fallecieron en el cumplimiento del deber.

Nació en La Habana (Cuba), el 16 de noviembre de 1876, siendo hijo de D. Teodoro Fernández de Cuevas Bustinduy, teniente coronel de Ingenieros, fallecido al poco de nacer su hijo Fernando, y de Doña Clotilde de Ramón Fleytas.

Siguiendo la tradición militar de la familia, su hermano mayor, D. Teodoro Fernández de Cuevas de Ramón, también era militar. Fernando Fernández de Cuevas, ingresa en la Academia Militar, el 26 de agosto de 1892 junto a su hermano Teodoro. Ambos, habían estudiado en el Colegio Preparatorio Militar de Granada.

Cursaron sus estudios en primer lugar en la Academia General Militar hasta su disolución, debida a las reformas del general López Domínguez, un año más tarde. Al disolverse esta, pasa a la Academia de Infantería en junio de 1893. De ahí, pasaron a la Academia de Infantería de donde tras superar el plan de estudios de la misma, alcanza el empleo de segundo teniente el 21 de marzo de 1895.

Primeros destinos serán, el Regimiento de Infantería de León núm. 38, el Batallón de San Fernando núm. 11 y, el Batallón de Ciudad Rodrigo núm. 7.
A finales de agosto de 1896, ingresa en la Escuela Superior de Guerra de donde el 15 de octubre y por un comentario, causó baja a petición propia, solicitando ser destinado al Batallón de Cazadores Expedicionarios de Filipinas núm. 7, de reciente creación. Con dicho batallón, embarcó en el vapor “León XIII”, arribando a Manila el 11 de diciembre de 1896.
Durante la primera mitad del año 1897, el segundo teniente de Infantería D. Fernando Fernández de Cuevas y Ramón, se halla continuamente en campaña. Junto a su batallón, participa en los combates de Palay, San Pedro Macatí, Hacienda de Galitrán, ataque a las trincheras de Imis, lugar donde ejerce el mando de su compañía, la toma de San Francisco de Malabón y pueblo de El Rosario, a las órdenes de distintos jefes de columna, entre ellos el entonces coronel D. Salvador Arizón y del comandante D. Fernando Carbó.

En junio de 1897, debe de abandonar la lucha en la guerra hispano americana e ingresar en el Hospital de Manila, por sufrir de males típicos de los países tropicales, de hecho, el parte médico presentaba como diagnosis el 28 de junio de dicho año, palidez general de la piel, inapetencia, debilidad muy marcada y pulso pequeño y débil. Debía de retornar a España de forma definitiva, motivo por el cual, se le concedieron 6 meses de licencia por enfermo. Embarcó en el vapor “San Ignacio de Loyola”, llegando al puerto de Barcelona, el 16 de agosto de 1897 y de allí, se trasladó a Madrid.

En el mes de julio había ascendido a primer teniente por antigüedad, y el 21 de septiembre, también había obtenido el mismo empleo por méritos de guerra, permutándosele este, por una Cruz de María Cristina. (La Cruz de primera clase de María Cristina, no de forma formal pero si moral, equivalía a un ascenso por méritos de campaña).

En el mes de enero de 1898, se encuentra destinado en la Zona de Reclutas núm. 57 y en el Regimiento de Baleares núm. 41, regimiento al que no se llegó a incorporar por haber obtenido un nuevo destino en el también Regimiento de Infantería de Saboya de guarnición en Madrid.

Entre los meses de junio-julio de 1899, se incorpora el Regimiento de Soria el cual, estaba de guarnición en Sevilla, ciudad de la que parte en octubre de ese mismo año con destino a Huelva y, formar parte del cordón sanitario en la frontera portuguesa, por haber estallado en el país luso, una epidemia de peste bubónica.

En 1900, regreso al Batallón de Ciudad Rodrigo núm. 7, destino en el que asciende a capitán de infantería el 30 agosto de 1902 siendo destinado al Regimiento de Melilla núm. 2. En el mes de febrero, se hallaba destacado en Barcelona por sucesos revolucionarios.

Al siguiente año, el 13 de agosto de 1903, encontrándose de guarnición en Melilla y las Chafarinas, contrae matrimonio con Doña Mercedes Pérez López Bago, de familia militar, unión de la cual, nacerán tres niñas. En las noticias militares del diario madrileño “La Correspondencia de España”, del viernes 12 de diciembre de 1902, se le concedía licencia para casarse. Su hermano Teodoro, casó con la hermana de Mercedes, Dolores Pérez López-Bago, que a la vez, eran primas del entonces primer teniente D. José Riquelme López-Bago. El matrimonio celebrado entre Fernando y Mercedes, animó a Teodoro, destinado en el Regimiento de Infantería de Asturias núm. 31 de guarnición en Madrid, a solicitar destino en Melilla,

En septiembre de 1903, se disolvió su batallón y pasó a formar parte del Regimiento de Alcántara núm. 58, de reciente creación en Barcelona, destino en el que sólo permanecerá 4 meses ya que en enero de 1905, le es concedida otra licencia por enfermedad en Huelva, al recaer en la enfermedad que le apartó de la Campaña de Filipinas en 1897.

En destinos burocráticos en Huelva hasta enero de 1907 en que de nuevo en Melilla, se incorporó al Regimiento de Infantería de África núm. 68, lugar en el que estará hasta su muerte en combate. En 1908, al mando de su compañía, participa en la toma de La Restinga de Melilla, dando protección en la retirada de la mehalla Imperial. En junio de ese año, participa en la ocupación de Cabo de Agua, lugar donde queda destacado hasta el 9 de julio de 1909, en el momento que los moros atacan a los obreros del ferrocarril minero. A la mañana siguiente, día 10 de julio, el capitán D. Fernando Fernández de Cuevas, regresa a Melilla.

Permanece en Sidi Ahmed del 12 al 17 de julio y el 22 de ese mes, sale del campamento del Hipódromo con la columna del coronel D. Venancio Álvarez Cabrera de Nevares, encontrando la muerte en combate en los aduares de Iguemarien, durante el combate de Sidi Musa, el día 23 de julio de 1909. Fernando Fernández de Cuevas y de Ramón, mandaba una de las compañías del Regimiento de Infantería Africa núm. 68 que salieron con Álvarez Cabrera la noche del 23 de julio. Ya en el ataque, cuando el entonces coronel D. Venancio Álvarez Cabrera, enardeciendo a la tropa, lanzó el grito de “”¡El que sea español y tenga…,arrestos que me siga!”, el primero en seguirle fue el capitán D. Fernando Fernández de Cuevas. Ambos perderían la vida aquella jornada.

El capitán del Regimiento de Infantería de África núm. 68, D. Fernando Fernández de Cuevas y de Ramón, dejaba viuda y tres niñas, Mercedes de 5 años, Clotilde con menos de 2 y, Lucrecia de 7 meses.

Motivo por el cual el capitán D. Fernando Fernández Cuevas, dejó la Escuela Superior de Guerra en 1896

En una entrevista mantenida con su esposa, Doña Mercedes Pérez López Bayo, años después de su muerte, contó al capitán D. Rafael de las Casas de la Vega, lo explicaba con las siguientes palabras:

“…Y, por fin, el triunfo. Fernando ingresa con buen número después de una brillante oposición(1). Sobre el uniforme del joven teniente luce la escarapela que le acredita como alumno del centro superior de estudios de nuestro ejército. Para doña Clotilde, la madre, es casi un éxito personal: -Si apenas tiene veinte años y ya-…
-¿Sabe usted?- Un compañero, envidioso sin duda de su éxito, que le vio en plena calle Alcalá, le dijo a Fernando que lo que quería era no sortear para Filipinas. Y entonces Fernando se quitó el “huevo frito” (2), renunció al curso y se fue voluntario a Filipinas…”
(1). (refiriéndose a la Escuela Superior de Guerra).
(2). (En argot militar, distintivo de los alumnos y en la actualidad del profesorado de centros militares para referirse a las escarapelas).

Bautismo de fuego, del Regimiento de Infantería de África núm. 68. Combates del 9 de julio de 1909

El Regimiento de África núm. 68, fue uno de los que desde Melilla, partió el 9 de julio de 1909 hacia la zona de Sidi Musa, en compañía de otras tropas, formando parte del contingente militar formado después de tener noticia de la agresión sufrida por los obreros que trabajaban en la construcción del ferrocarril minero. De hecho, las primeras compañías en partir desde el campamento del Hipódromo, fueron 2 de dicho Regimiento que sin demora y al mando del teniente coronel D. Enrique Baños Pérez,. Dichas compañías, fueron la 1ª bajo el mando del capitán D. Avelino Martínez Gregori y los tenientes D. Nicanor Soria Ossorio y D. Enrique Gómez y la 3ª, bajo el mando de los tenientes D. José Valera Golpe y D. Ángel Soria.

De dicho Regimiento, también partieron las cuatro compañías que se hallaban disponibles en esos momentos en su acuartelamiento de la plaza. Esas, acudieron junto con:

- Dos compañías de la Brigada Disciplinaria.
- Dos secciones del escuadrón de Caballería, estos dando protección y escolta a los convoyes.
- La Batería de Montaña.

Esta fuerza, partió rápidamente desde Melilla al campamento del Hipódromo, ubicado a un Kilómetro y medio de la plaza. Habían salido sin impedimenta. En este campamento, se hallaba el general Del Real, el cual preparaba un convoy de agua, avituallamiento y munición y, ante las fuerzas que acudían a dicho punto, organizó las fuerzas que llegaban.

Los primeros en partir, fueron 2 compañías del Regimiento de Melilla núm. 59, la Batería Montada, la sección de Plasencia de Montaña, una batería de Artillería de la plaza, una sección de Ingenieros, una sección de Administración Militar y, la ambulancia sanitaria a lomo.

Al llegar a su destino, las compañías, desplegaron entre la 1ª y 2ª casetas del ferrocarril minero, puntos en los que comenzaron las hostilidades y recibiendo el Regimiento de África núm. 68, su “bautismo de fuego”.

Una vez desplegados, se dio orden de avance. A la derecha, la 4ª compañía del 2º batallón, mandada por el capitán D. José de Celis, a la izquierda, la 3ª compañía del mismo batallón, bajo las órdenes del capitán Sr. López de Haro, a continuación la 3ª compañía del 1r batallón al mando de los tenientes Sr. Valera y D. Ángel Soria y la 1ª compañía del 1r batallón, al mando del capitán D. Avelino Martín.

Las tropas, con sus mandos al frente, fueron recibidas con nutrido fuego por parte de los kabileños, apostados en las agrestes alturas que defendían su casi inaccesible posición que todo y que el fuego de las tropas españolas era certero, hubo necesidad de conquistarla a la bayoneta, desalojando a los moros que la ocupaban. El avance español, fue protegido por fuego artillero.

Al coronarse la posición, se observó gran cantidad de moros muertos y por lo visto, se habían retirado muchos más, siendo protegida para este fin la morisma por la orografía del terreno, cosa que indujo a pensar que el enemigo, había sufrido muchísimas bajas. Tomada esta primera posición, se continuó avanzando a una segunda ubicada en la misma loma, llamada Egmarcet, en el Gurugú, las compañías del 2º batallón hasta una meseta en que se pasó noche.

Las compañías que habían quedado en reserva, avanzaron por orden del general D. José Marina Vega, hasta el lugar donde se hallaba este y se lanzaron hacía la posición en las alturas de Sidi-Iriquag-Anquarah, tomándola a la bayoneta. Estas compañías, la 3ª y la 4ª del 3r batallón del Regimiento de Infantería de África núm. 68, iban mandadas por los capitanes Sres. Maquieira y López Ochoa respectivamente.

Sobre el comportamiento de estas fuerzas durante el combate, tanto de los soldados, como del servicio médico y, incluso el gesto humanitario del 1r teniente Sr. Fernández Toscano, escribiría N. Rodríguez de Celis en “La Correspondencia de España”, de 24 de julio de 1909, lo siguiente (textual):

Los soldados

“…El ejemplo de disciplina en el fuego dado por las fuerzas del Regimiento de África es superior a todo encomio, y merece singularísima alabanza, por ser el combate del día 9 su bautismo de sangre. Los soldados que lo constituyen, a pesar de llevar muy poco tiempo en filas, llegaron a sus respectivas posiciones sin disparar más que cuando sus oficiales se lo mandaban, trepando por los riscos y saltando por entre los breñales con el fusil en el seguro bajo el vivísimo fuego de la fusilería rifeña, que no quitaba la serenidad ni el ánimo a nuestros infantes.

La excelente dirección de los fuegos lo demuestra el número de muertos encontrados sobre el terreno, ascendiendo a 20 en la primera posición tomada, sin que ene esta cifra esté incluida la que representan los que los enemigos retiraron en su huída.

Entre los muertos se encontró al encarnizado enemigo de España, rebelde que ha ejecutado muchos actos criminales contra nuestros compatriotas, Mohatar Ben Alfar, cabo de Beni Bu Ifrur, que tenía cinco balazos en el pecho y dos en la cara, todos de máuser…”

Los servicios médicos

“…El servicio sanitario de la línea de fuego, a cargo del médico Sr. Serret, se llevó a cabo con tanto orden y celo tan recomendable, que cuantos heridos cayeron en los combates , eran recogidos y enviados inmediatamente, trasladándoles después al puesto de socorro.

Una mora que bajaba por una de las laderas andaba fatigosa. Venía herida, y fue puesta a cubierto todo lo posible del fuego enemigo por el coronel Axó y el Ayudante Cantorné, siendo curada por el médico Serret, al cual, la infeliz mujer, daba las gracias con invocaciones a Allah por el bien que recibía de unas manos que ella creía antes poco generosas para los moros.

El médico procedió al reconocimiento e identificación de cadáveres, acompañado por algunos indígenas. Fueron identificados los siguientes: Mezzián El Gomari y Mohamed Hamed de Mazzuza; El Gitano de Beni Bu Ifrur, Mohataf Ben Alfar, de la misma kábila; Mohamed Ben Amar, de Barraca, Mohamed Ben Arabi, de Settut, y otros varios de menos importancia.

Por la noche vivaqueó la fuerza en las proximidades de la cresta del Gurugú, sin haber bebido agua ni comido sino fiambre desde la hora en que salió de la plaza…”

Un rasgo humanitario

“Un incidente muy interesante acaeció el día 10 en la posición ocupada por la compañía que manda el capitán D. José de Celis. El 1r teniente Sr. Fernández Toscano se hallaba haciendo un reconocimiento. De improviso oye unos gemidos que parecen salir de entre unas peñas, se acerca, busca y al cabo encuentra acurrucadito entre ellas a un niño de unos cuatro años, que cubre sus carnes con una camisa moruna llena de jirones.

El teniente Fernández Toscano toma en sus brazos al niño abandonado y lo lleva al vivac donde es recibido con alegría.
La infeliz criaturita se vio sorprendida por el encarnizado combate en el lugar en que fue hallada, y medio muerta de terror se cobijó en el asilo natural que le ofrecían las piedras; entre ellas pasó todo el día y toda la noche, y si el simpático oficial no acierta a encontrarlo, quizás hubiera perecido de hambre y de miedo.

El hallazgo cae muy bien entre los bravos, que por serlo tienen corazón sencillo y generoso, se e atiende, ,se le acaricia, se le da de comer, y el niño sonríe y simpatiza con los militares.

A las pocas horas llega una mora del aduar cercano, que ha pasado el día y la noche en busca de su hijo. En cuanto le vé, corre a tomarle en sus brazos; pero el chiquillo al verse separado de sus protectores, rompe a llorar como protestando de que le hayan abandonar a la fuerza tan noble y generosa compañía.

La madre, conmovida en aquel momento da las gracias y se aleja con su hijo en busca del misérrimo hogar, de la desmantelada choza, en donde tal vez el rencor y la traición hagan olvidar la nobilísima conducta de los soldados españoles.

Poco antes e había presentado en la posición el teniente de Ingenieros Sr. Carcaño, con una sección de zapadores, fuerza que, después de haber tomado parte muy activa en la fortificación del cerro El Muley Mohamed, donde se halla el campamento del general Marina, procedió a fortificar esta, auxiliada por los soldados de Infantería. A media tarde quedaron cubiertos los fuertes más importantes de la posición, pues se temía por confidencias, ser atacados por los kabileños de Beni Sidel.

Este ha sido pues, el glorioso bautismo de sangre del Regimiento de Africa . núm. 68, en el que figuran jefes y oficiales que en otras campañas han dado gallardas muestras de valor y de sacrificio…N. Rodríguez de Celis.

Relato del combate del día 23 de julio en el que murió el capitán de Infantería D. Fernando Fernández de Cuevas y de Ramón

Bajo el título, “Relato interesante”, (Por correo), “Los últimos combates.-Saludos al Rey.-Una carta del Roghi.-Los moros confidentes.”, se daba a conocer el combate del 23 de julio de 1909, ocurrido en los alrededores de Sidi Musa y que costó la vida entre otros al capitán Fernández Cuevas, el cual alentaba ya herido, a sus soldados de palabra, revólver en la mano. Mientras, su hermano D. Teodoro Fernández de Cuevas y de Ramón, luchaba en los mismo combates en las filas del regimiento de Infantería de Melilla. Dicho relato, narrado por el periodista de “La Correspondencia de España”, Rodríguez de Celis, decía (textual):

“…Esta noche hemos tenido una sorpresa. A las doce ha caído la luna y el enemigo no la ha despedido, como de costumbre, disparando sus fusiles contra nuestras tropas.

Ibase haciendo ya un hábito entre los que nos hallamos en Melilla el oír descargas de fusilería durante toda la noche, hostilizando el enemigo a nuestros soldados con irritante tenacidad, sin que una sola vez se presente cara a cara y pecho a pecho. Con su cobarde e infame táctica, deslizándose como reptiles a favor de las sombras de la noche, arrastrando sus cuerpos por entre chumberas, matorrales y breñas, llegan hasta nuestras avanzadas y disparan aleves contra la confiada tropa española, que gusta luchar siempre cara a cara, sin calcular nunca ni el número ni el empuje de los adversarios.

Se pueden citar muchos episodios de esta índole en los pocos días que llevamos de campaña. El día 20 un solo rifeño hizo 14 bajas en una compañía del regimiento de África, que hacia la descubierta. Nuestros soldados avanzaban, y a cada diez metros un disparo tumbaba a un hombre, sin que durante media hora pudieran ver, ni menos acometer a quien los hacía. Una casualidad proporcionó ocasión a nuestros infantes de dar con el morito habilidoso y traidor, encontrándole materialmente envuelto entre piedras. Reconocido minuciosamente el terreno, pudo tenerse la certidumbre de que sólo era él quien de modo tan villano asesinaba a la fuerza que hacía el servicio de descubierta.
En las últimas jornadas, el ardimiento y el sacrificio de nuestras tropas ha sido extraordinario; sin dormir y sin comer apenas, los simpáticos combatientes han demostrado que no les arredran ni las privaciones ni el salvaje acometimiento del enemigo.

El Regimiento de África, con su valiente y caballeroso coronel D. Ignacio Axó, ha tomado brillante participación en las operaciones, demostrando que la selecta oficialidad y los animosos soldados que la constituyen son dignos subordinados de su bizarro jefe, que no descansa un momento desde que comenzaron los combates.

Las compañías de los capitanes Ariza, de Celis, Otegui y la del heroico Fernando Cuevas han realizado actos de imponderables valor y sacrificio.

El ayudante García Cantorne escoltando convoyes, al mando de sus soldados, ha demostrado igualmente su valor y serenidad.
Del regimiento de Melilla sólo puede hablarse con alabanza. En las jornadas del 18, 20 y 23, sus oficiales realizaron con verdadero heroísmo hechos que serán páginas gloriosas en la historia del brillante conjunto. Los capitanes López Ochoa, Marina, que ha demostrado ser hijo de su bizarro padre en valor y serenidad; Miaja, Infante, Teodoro Fernández Cuevas, en el que la claridad de entendimiento se hermana con el indomable arrojo del soldado, han enaltecido una vez más el nombre de la Infantería española.

El bravo capitán Gil, herido gravemente tres veces durante el combate del día 23, sin que se preocupase para nada de su estado ante el peligro que corrían sus soldados, es un ejemplo más de heroísmo. Fernando Fernández de Cuevas pertenecía también a este bizarro regimiento.

El valiente coronel Álvarez Cabrera había dado una alta prueba de desprecio a las balas enemigas, y Cuevas le seguía hasta donde su bizarro jefe hubiera llegado. Una bala dejó sin caudillo a aquel puñado de valientes y el capitán Cuevas, como poseído del vértigo del avance, gritaba a sus soldados: -¡Adelante muchachos!-.

El enemigo diez veces superior en número a aquella fuerza, hacía fuego por descargas. Un cabo se acerca al capitán Cuevas y le dice: -¡Han matado al coronel!-. El héroe contesta: -Nos han mandado avanzar y debemos obedecerle ahora como le obedecíamos antes. ¡Adelante muchachos!-.

Del barranco salía una oleada de fuego, envolviendo una lluvia de balas, que parecían dibujar el contorno del heroico capitán. De improviso se siente herido, un soldado se le acerca para auxiliarle; pero Cuevas con el revólver en la mano derecha, avanza haciendo fuego, mientras grita con entusiasmo: -¡Adelante, siempre adelante!-. Otro balazo, y no se detiene hasta que un tercero casi a quemarropa, le hace caer pesadamente en brazos de sus soldados.

Los tenientes Labrador, Alberto Molina, herido también en el combate del día 9, y otros muchos, han ofrecido y dado la vida por la patria sin vacilar un punto, siguiendo el lema de su regimiento: -¡Siempre Adelante!-

El Disciplinario. ¿Quién habrá de los valientes jefes y oficiales de la brigada disciplinaria sin entusiasmo, sin caluroso elogio?. El bizarro Aizpuru, todos sus capitanes y oficiales han guiado a los del disciplinario que en todo momento pelean con ardimiento y heroísmo incomparables.

El día 23, a las cinco de la mañana, las compañías mandadas por los capitanes Nieto y Serena, rompen el fuego contra numerosos y nutridos grupos de moros, que ocupan unas lomas que nuestros bravos deben tomar. El enemigo no cesa de hacer fuego. A las siete de la mañana a consecuencia del fuego constante que se viene haciendo, escasean las municiones.
Aizpuru manda al teniente Carranco que marche al Hipódromo, en donde se provee de ellas.

El enemigo se percata de la terrible situación de las compañías disciplinarias, abandona las trincheras y acomete con terrible coraje a los bravos soldados, que resisten con serenidad y heroísmo, sufriendo muchas bajas. Entonces es cuando el capitán Gil, de Melilla, acude en auxilio de sus compañeros, avanzando con denuedo. Al llegar el teniente Carranco, nuestras fuerzas se ven obligadas a replegarse, constantemente batidas por el nutrido fuego de los kabileños. Aizpuru con energía suprema, reorganiza a los disciplinarios y manda cargar a la bayoneta, coronando las alturas.

En esta acción recibieron heridas gravísimas el capitán Gil, el teniente Alberto Molina, y el médico Moreno, que se portó valerosamente. Igualmente el teniente Sánchez Prats, el sargento Blanquer y el cabo Martínez son bajas en las filas, víctimas de graves heridas de bala.

Del escuadrón de Caballería que manda el valiente teniente coronel D. Daniel Morcillo debo hablar con el elogio que merecen los hechos de armas en que ha tenido valiosa participación. Cien veces cruzaron las guerrillas bajo un fuego mortífero el comandante Fajardo, capitanes Cabanellas y Sánchez Lacorte y los tenientes Ibarreta, Tous, Morales, Angosto, Villarino y del Río. Las secciones no descansaron un momento, siempre dispuestas, a toda hora en disposición de contener a los rifeños, sin que el cansancio ni el fuego pusiera en los animosos jefes, oficiales y soldados el menor asomo de contrariedad, trabajando de día y de noche; este modelo de escuadrones es admirable por su resistencia y por su heroísmo. El capitán Lacorte, no obstante hallarse herido, continua en su puesto de honor.

La Artillería no ha cesado de prestar su eficacísima colaboración en las operaciones. Los tiros precisos y contínuos detuvieron en muchas ocasiones el avance del enemigo.

El Cuerpo de Administración Militar y el de Sanidad, sólo alabanzas justísimas merecen. Centuplicándose, siempre en los sitios de peligro, merecen que la Patria tenga en cuenta sus servicios valiosísimos…”

Saludos :saluting-soldier: :saluting-soldier: :saluting-soldier:
Si ignoras lo que pasó antes de que nacieras, siempre serás un niño.
Marco Tulio Cicerón.

Brasilla
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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Brasilla » 25 Feb 2018 00:46

Excmo. Sr. D. Fernando FERNANDEZ CUEVAS y DE RAMON (Capitán de Infantería del Ejercito Español, Caballero Laureado) ( II )



“Dejadme y seguid combatiendo” El capitán D. Fernando Fernández de Cuevas y de Ramón, ha caído

En 1969, en la recopilación hecha sobre las Campañas de Marruecos entre 1909 y 1927 y más concretamente en la parte relativa al primer mes de la misma, y en la que el capitán D. Fernando Fernández de Cuevas fallece en los combates alrededor de Sidi Musa el 23 de dicho mes en el aduar de Iguemarien, su gesta al tomar el mando de los soldados en el asalto, tras la muerte del coronel D. Venancio Álvarez Cabrera de Nevares, quedó recogida en la forma textual que a continuación se cita y que apareció publicada en el fascículo núm. 2 de la coleccións facscímil “España en sus héroes”, núm. 2, titulado “Hogueras en el Gurugú.

“…En el flanco derecho, la 1ª compañía es la más adelantada del tercer batallón. A la orden del capitán Fernández de Cuevas, avanza bajo el fuego de los moros hasta unos 200 metros de aquellas casas del poblado de Iguemarien, rodeadas de chumberas, desde las que los kabileños disparan a placer. El tiroteo se extiende a lo largo de toda la línea. Poco a poco, los cazadores se va sintiendo indefensos frente a los certeros tiradores, bien protegidos en su posición dominante. De continuar así, parece imposible llegar al asalto.

La momentánea superioridad del enemigo sólo podría ceder en un ataque a la bayoneta. En los combates del día 9 se había comprobado que los españoles, aún con inferioridad numérica, lograba éxitos gracias a la preparación artillera y al asalto general al arma blanca. En el ataque a Iguemarien, el problema aumentaba por la falta de artillería, pero si el poblado se conquistaba, la nueva posición seria base de partida para atacar Ait Aixa, en la que, reorganizada lo columna, reuniendo todas las compañías, incluso las expedicionarias de Cazadores de Barcelona, y apoyados por el fuego de la artillería que quedó en Sidi-Musa, las posibilidades iban a ser considerables.

Álvarez Cabrera ordenó a la compañía de Fernández Cuevas dar el asalto y el capitán manda calar los machetes. -¡África nunca se queda atrás!-. Era la consigna de combate de los soldados de África al lanzarse al asalto. Fernández de Cuevas, como siempre, llega con los primeros a Iguemarien, mientras la sección del teniente Román por la derecha, la de Jiménez en el centro y la de Mayorga a la izquierda, acaban de desalojar de las casas a los rifeños, que, perseguidos por el fuego, ceden el campo y se retiran al otro lado del barranco.

La primera parte de la operación del coronel Álvarez Cabrera está cumplida. Ahora, desde allí, emprenderán el ataque definitivo, en cuanto se reúnan las fuerzas disponibles. Pero la inferioridad numérica de los españoles sigue notándose. En la posición conquistada, los hombres de Fernández de Cuevas reciben un diluvio de proyectiles. Frente a ellos, el perfil de la loma de Ait Aixa, el próximo objetivo, se ha convertido en un avispero de excelentes tiradores, que hace peligroso el menor movimiento.

El fuego rifeño lame de enfilada su pequeña loma dirigido desde la izquierda, desde las posiciones que la 2ª compañía del 2º batallón de Melilla no ha podido conquistar. Más allá, al mismo costado, por las estribaciones del pico de Kol-la, un nutrido tiroteo se ensaña sobre los escasos efectivos de la 1ª del 3º de África, la de Fernández de Cuevas. Sus bajas ya son numerosas y con ello la situación vuelve a agravarse por momentos.

Los moros, conscientes de su dominio, inician un ataque contra Iguemarien, aprovechando las zonas ocultas del terreno, pero las certeras descargas de los españoles cortan radicalmente el ataque. Algunos cadáveres de los atacantes, tendidos junto a las piedras, son como una seria advertencia a quienes intentase proseguir. Pese a ello, reforzado, aún intenta el enemigo recuperar la posición y se lanza en masa sobre la pequeña loma desde el fondo del barranco. Se produce un momento difícil y un grupo de cabileños penetra en la posición. Fernández Cuevas sale, se adelanta y extiende un brazo en dirección al adversario. Es una orden, un ejemplo, un impulso. Su compañía le sigue.

El teniente don José Jiménez Bernal, con la sección del centro, cerca del capitán, encuentra raro un movimiento de éste, como encogiéndose, tras el cual vacila. Jiménez calla por no alarmar a la tropa, pero se da cuenta que han herido al capitán. Luego rectifica: No, Fernández de Cuevas sigue andando y animando a su gente con el gesto.

El teniente don Enrique Mayorga Otazola, con su sección a la izquierda de la guerrilla, va pendiente de los movimientos del capitán y ha observado también su contracción extraña, como dolorosa. Minutos después le ve caer a pocos pasos de él: -¡Pronto cabo! ¡Los camilleros!. Salta el teniente en auxilio del capitán. Ya están con él tres hombres de su sección. Le taponan la herida con una compresa. Mayorga se dirige al cabo: -Retiradle, muchachos. En seguida: Al puerto de socorro-. Pero el capitán le corta en seco: -¡Dejadme!-.-Mi capitán: Cuando uno está herido, hay que evacuarlo-. –Aunque esté herido, dejadme y seguid combatiendo-. Su tono es de orden tajante. No admite más réplicas. Mayorga, sintiéndose obligado a obedecer, se vuelve con sus hombres.

La compañía diezmada, continúa en sus posiciones. Jiménez, cerca del capitán, oye aún animar a los soldados con la voz y el duro ejemplo de avanzar herido.

Poco después, un nuevo asalto enemigo pone la posición en grave aprieto. El número de asaltantes es aún mayor, y su fuego desde puntos bien elegidos, cae seguro sobre los defensores, inmovilizándoles en su posición.

Nadie vio más al capitán Fernández de Cuevas entonces, pero su cuerpo se halló más delante de donde cayó herido. A duras penas había avanzado aún unos pasos, aunque parecía imposible que pudiese mantenerse en pie, con la pérdida de sangre sufrida, la que marcaba el reguero. Unos disparos a bocajarro acabaron definitivamente con él. El capitán Fernández de Cuevas quedaba en Iguemarien como un ejemplo de heroísmo. Sucumbió derecho, como había vivido siempre, en el campo del honor. Tenía treinta y dos años, dejaba una joven esposa viuda y tres niñas huérfanas.

El teniente don Juan Román Jaime, de la escala de reserva,s e hizo cargo de la compañía, por ser el más antiguo. Ordenó a Mayorga recoger el cadáver de su capitán. Tenía las heridas rodeadas por las quemaduras propias del disparo a bocajarro. Lo evacuaron a Sidi-Musa…”

Nota de prensa, sobre el fallecimiento del capitán D. Fernando Fernández de Cuevas y de Ramón

La noticia de la muerte del capitán de Infantería Fernández de Cuevas, hermano de otro oficial del regimiento de Infantería de Melilla, que también combatía en esta Campaña de 1909, D. Teodoro Fernández de Cuevas y de Ramón, era una persona muy conocida en Melilla tanto por su carácter como por su faceta de escritor y poeta, fue dada a conocer entre otros periódicos, en “La Correspondencia de España”,de la forma que sigue a continuación, bajo el título “El Capitán Cuevas” (textual):

“…Otra de las muertes que ha causado aquí profunda sensación es la del capitán D. Fernando Fernández Cuevas.

Vivía aquí ( Melilla ) desde hace algunos años, estaba casado y con hijos. Hace dos días estuve besando a su hija, una preciosa niña de pocos años, de cuya belleza todos los de aquí hacen continuas alabanzas. El pobre Cuevas adoraba en ella, y cuando me la enseñó, me decía: -Verá usted que chiquitina tengo. Es la alegría de la casa-.
Ahora la pobre niña si se dará cuenta de la inmensa desgracia que sobre ella pesa, y no verá más a aquel padre cariñoso que tanto la adoraba.

El pobre capitán Cuevas era popular en Melilla por su genio alegre y expansivo. Fue un escritor culto y poeta inspirado, siendo autor de algunos himnos patrióticos destinados a enardecer es espirítu de los soldados.

Era hermano de otro bizarro capitán del regimiento de Melilla, D. Teodoro Fernández Cuevas, que también ha luchado valientemente en estos sucesos, y al que, como sabeis todos, queremos en la casa de “La Correspondencia de España” como si fuese nuestro compañero.

Los dos hermanos se hallaban luchando bravamente frente al enemigo; ha caído Fernando, quedando Teodoro, para que el apellido Cuevas quede grabado en el inmortal sitio reservado a los héroes…”

Ascenso a comandante del capitán Fernández Cuevas

Como recompensa a los méritos observados y contraídos en combate, concretamente los correspondientes a los días 9, 18, 20, 22, 23 y 27 de julio y, el 1 y 3 de agosto de 1909, el Rey, ascendía al empleo inmediato superior a los siguientes jefes y oficiales entre otros, definiendo el comportamiento de los mismos como “extraordinarios méritos y bizarro comportamiento” y que habían muerto en el combate. Dichos ascensos, fueron dados en Madrid el 11 de agosto de 1909. Dicha noticia publicada en “La Correspondencia de España” del 13 de agosto de 1909, iba firmada por el periodista Linares.

Una reliquia para el museo de Infantería de Toledo

El enviado de “La Correspondencia de España”, Sr. Rodríguez de Celis, explicaba en una de sus notas y mediante telegrama, a su redacción en Madrid, que con motivo del fallecimiento en acción de guerra y en homenaje al capitán D. Fernando Fernández de Cuevas y de Ramón, el Director del Museo de Infantería de Toledo, pidió por escrito, mediante una carta dirigida a D. Teodoro Fernández de Cuevas y de Ramón, hermano del fallecido capitán, que le enviase a título de “reliquia gloriosa” alguno de los objetos de uso militar que pertenecieron al malogrado Fernando. La reliquia que se mandó, fue el revólver de Fernández de Cuevas, el cual, se hallaba destrozado y estaba manchado por la sangre del capitán.

Capitán D. Fernando Fernández de Cuevas y de Ramón. El estudioso y escritor

D. Fernando Fernández de Cuevas, ya en la Academia Militar de Toledo, dada su afición al estudio, destacó en el escalafón, por encima de su hermano Teodoro. Tiempo más tarde aunque por los motivos ya indicados al principio, dejó la Escuela Superior de Guerra para partir hacia las Filipinas. Su propia madre, comentó al ingresar su hijo a dicho Centro de Estudios, la juventud de su hijo.
Sus escritos, iban orientados hacia la milicia, de hecho, era autor de himnos patrióticos destinados a ensalzar el ánimo de los soldados.

Era autor, entre otros, del Himno de su propio regimiento, el Regimiento de Infantería de África núm. 68. Dicho himno, llevaba por letra:

AFRICA 68
Himno del Regimiento.
Contraseña…,por mi Patria quiero morir.

A mi Patria, fiel, defenderla siempre juré;
a ella con placer, todo lo sacrificaré;
de su historia un hecho glorioso, deseo escribir:
que mi dicha es vivir,
para siempre pensar,
por la bandera luchar
hasta morir.

A mi Patria, fiel, defenderla siempre juré;
a ella con placer, todo lo sacrificaré;
la sagrada emblema, concentra todo mi amor;
ella me da valor
para siempre pensar
que por ella he de luchar
y por su honor.

De España a tanta gloria,
África quiere contribuir;
viviendo en la memoria
del que su historia
inmaculada, llegue a oir.

De nuestro Regimiento
es la consigna siempre avanzar;
y en la alta cima al viento
nuestra bandera contemplar.

A la cima correr
a la cima llegar,
Por la Patria luchar
Para vencer.


Fernando Fernández de Cuevas y de Ramón.

“No olvidéis si al campo vais
do se disputa el honor
que es de la sangre el color
del banderín que llevais;
no olvidar que os obligais
a defenderlo con saña,
tiene el color de la entraña
que el valor da corazón,
y lo ostenta el pabellón
más noble, el de nuestra España”

Fernando Fernández de Cuevas y de Ramón.
Fue autor también de una memoria, corregida por él mismo en la cual, en la tapa impreso se podía leer:

“…Regimiento de Infantería África Número 68. Memoria. Suscrita y leída por el Capitán D. Fernando F. de Cuevas, con motivo de la Revista de Inspección pasada a este Cuerpo según R.O. de 15 de marzo de 1907…” De su puño y letra, figuraba la anotación “Corregida”.

Dicha memoria, se describía al rifeño, señalando que las apariencias engañaban y que sus características, eran determinadas, citaba el tipo de armamento del que disponía el enemigo y que tipo de infantería y caballería usaba, la táctica rifeña y otras consideraciones. Aconsejaba como debía de ser el equipo del soldado en combate, haciendo especial hincapié en el vestido y la capacidad que este pudiera tener de confundirse con el tipo de terreno en la zona (la importancia del enmascaramiento), el rifeño al parecer lo tenía con sus vestiduras y se confundía más fácilmente con el terreno que el español, aconsejaba como tenía que ser el equipo del soldado,.

En este punto, hablaba de un morral para llevar lo imprescindible y una dotación de 200 cartuchos, ¿sería este el antecedente de la mochila de combate actual (muda, agua, dotación de seguridad y ropa de repuesto entre otras cosas). Manifestaba que aprovechando la ventaja que en el ejército suponen la instrucción, la organización y la disciplina, se podía combatir como el moro pero teniendo en cuenta lo anterior y, sin olvidar la importancia del avituallamiento de la fuerza, el congraciar con la población de la zona es un factor importante de cara al mismo pero sin caer en la debilidad, la política en territorio ocupado, debía de servir el referente francés.

Se cita también a la columna española como unidad volante y la composición de la misma, pertrechos y la exclusión de Administración Militar en estas columnas de combate, por no ser útiles en el combate. Cita como enfrentarse al enemigo, el uso de la ametralladora y que no se puede establecer en la forma de ataque al enemigo, regla fija por ser cada ataque de forma distinta, la importancia del despliegue y vuelve a hacer una vez más mención, al aprovechamiento del terreno, etc… Esta memoria.,decía lo siguiente (textual).

“…Especialidad de la guerra en Marruecos teniendo en cuenta las condiciones del ejército enemigo.
Nadie como el filósofo Tomás Hobbes, nos definió más clara y terminantemente lo que la raza berberisca es, y a nadie mejor que a nuestros más próximos vecinos, puede aplicárseles ésta definición sin temor a equivocarse. “El hombre vive en un estado semejante a las bestias; cada cual puede hacer lo que quiera, nada es bueno ni es malo, nada puede decirse que es justo ni injusto, porque nadie tiene derecho. Solo hay fuerza luchando unos contra otros”. Claro está que el resultado es la plena anarquía.

Esto realmente nos pinta el rifeño de cuerpo entero, pero no era necesaria esta opinión para formarnos idea de su modo de ser, basta con que no hubiéramos fijado en los que a diario se presentan a nuestra vista, los vemos corpulentos, de un aspec o de robustez que asombra, musculatura desarrollada y sus ojos llenos de vida denotan un estado de fortaleza digna de mejor empleo; las apariencias engañan, el rifeño es inactivo, sus alardes de fuerza y gallardía sucumben a la primera intimación formal, son fanfarrones y su hipócrita manera de ser los caracteriza de tal modo que no es difícil conocerles desde los primeros instantes.

Son audaces, pero su audacia la emplean cuando el peligro no se presenta claro ante sus ojos, en este caso, procuran aprovechar las ocasiones de huir de él. Un fanatismo especial les hace desconocer la realidad de los hechos y entonces solamente ponen a consumo su audacia o característica (estas dos últimas palabras, parecen tachadas y se ha añadido a mano encima reconocida audacia) reconocida audacia. Están dotados de un espíritu avariento; el dinero es su ídolo, por él sacrifican hasta la familia; la sagacidad, la avaricia y la hipocresía son sus características.

Escasos y muy deficientes son os medios de guerra que pudieran utilizarse si a ella llegásemos, su instrucción es nula; carecen de dirección y en cuanto a armas combatientes solo en realidad disponen de Infantería y Caballería; o por mejor decir, de Infantería y de Infantería montada. El armamento en su mayor parte no es moderno, es casi todo de antiguo sistema, si bien es en verdad que en la actualidad y aumentando de día en día, lo poseen de los sistemas Mauser, Winchester, Lebel y Krotpascheck; abunda el Remington.

Su táctica aunque algo, ha adelantado poco desde los tiempos antiguos. Suelen presentarse en extensa línea, desbordando los flancos para arrollar los del contrario, son codiciosos en la persecución, fieros y sanguinarios, pero si son rechazados, debido a su carencia de solidez y cohesión abandonan el campo precipitadamente, reuniéndose de nuevo, bien para emboscarse, bien para aprovechar el desorden del enemigo en su avance y cargarles con ímpetu sobre sus flancos o retaguardia; pero mal aprovechado este sistema de guerra, debido a su defecto de constitución, resulta esta una táctica desordenada de guerrilla y no solo por lo expuesto dejan de dar el valor que debieran a sus posiciones adquiridas, si que también por su desconocimiento del arte de la guerra.

Para sus defensas han adelantado algo, aunque poco también, en la cuestión de atrincheramiento, pero no prácticos en el modo de aprovechar el terreno, no es fácil que eligieran posiciones tales que nos fuera excesivamente difícil el ataque y ocupación; de aquí que adolezcan de gravísimos defectos y que el valor de ellos sea solo relativo; bien es verdad que hemos dicho que no suelen demostrar gran interés en su conservación.

Terminadas las consideraciones sobre el Ejército enemigo y antes de entrar de lleno en la esencia de este tema, algo hemos de decir con relación al equipo y vestuario de nuestros soldados. Dado que el clima de este país es a veces excesivamente caluroso y enervante, y teniendo en cuenta las condiciones de visualidad, debe procurarse que el soldado lleve dentro de lo necesario, la menor cantidad posible de peso pues además hay que tener en cuenta la fatiga que produce operar en terrenos tan accidentados.

El traje debe procurarse sea gris oscuro o parecido al kaki llevando cubre-cabeza y polainas el mismo color, aprovechando de este modo el ejemplo que por intuición ellos nos dán con el color de sus vestidos y chilabas, que se asemejan y confunden con los terrenos calizos y arcillosos, prototipos de los de esta tierra.

Las prendas del equipo que debieran llevarse son: el correage cubano que aún existe en nuestro Regimiento y que por su gran capacidades muy conveniente, pero conservando su color avellana; un morral pequeño en el que se colocara lo extrictamente necesario de ropay de este modo se conseguiría llevar entre ambas prendas un total de dotación de doscientos cartuchos; podría llevarse un par de alpargatas de repuesto y es muy de tener en cuenta que el máximun de peso que debiera de soportar cada individuo seria de quince a veinte kilos.

Por las condiciones y modo de guerrear de nuestro enemigo, por la dificultad de luchar en terreno extraño que tenemos que conquistar palmo a palmo y dado que nuestro supuesto, constituiría una guerra útil-comercial, sacamos en consecuencia, que el sistema que debemos empelar es el suyo perfeccionado, aprovechando las ventajas que nos da la organización, la superioridad física y moral, el armamento y la disciplina del Ejército, así como los medios de aprovisionamiento que si seria dificultoso para nosotros no había de serlo menos para ellos, dado lo expuesto anteriormente; y buen ejemplo de ello tenemos a la vista con lucha que en la actualidad sostienen; pasando dos ejércitos días y días sin avanzar uno ni otro, debido a la escasez de vituallas, que casi exclusivamente adquieren por vía marítima; no debe sin embargo dejar de tenerse en cuenta por esto, lo que puede aprovecharse del terreno que se conquiste, así como tampoco, que es de grandísima importancia en este caso atraer al enemigo, que residente en el país adquirido es más tenaz y más fuerte que el que con la armas lucha; la atracción por medio del buen trato, y el buen sentido del Jefe director, harán mucho más en pro de nuestros propósitos que nuestras armas pudieran hacer, así que si no conseguíamos el completo abastecimiento de nuestro ejército, al menos lo lograríamos en parte, y muy particularmente en lo que a la adquisición de reses se refiere; asunto de verdadera importancia en todo caso, pero de mucha más en la que tratamos.

Aprovechando en lo que a organización de nuestro ejército se refiere, lo que del suyo nos puede ser útil, entendemos que aquel debe operar en columnas compuestas en general de una batallón de cuatro o seis compañías como máximo, una sección de caballería compuesta por treinta o treinta y cinco caballos, dos piezas de artillería (para cuyos transportes seria como dijimos muy útil emplear el camello) ocho o diez individuos del cuerpo de sanidad militar y cuatro hombres del cuerpo de ingenieros con el material necesario de telégrafos. Aparte el servicio de las acémilas necesarias para estas unidades yendo con dos o tres cargas de municiones, una por compañía, y una con útiles de campaña. La administración militar, juzgamos que no debe acompañar, por innecesaria, a estas clases de columnas; el soldado, ya incluído en el total de peso que ha de resistir, llevará raciones para dos días, y medios de condimentación.

En los ataques de su caballería, la serenidad nos hará destrozársela, utilizando para conseguirlo el fuego a discreción primero y más tarde contra las grandes masas el fuego por descargas; de este modo haremos poco fructífero el empleo de este arma, por su parte, en el combate. Es de notar que en este caso pudieran utilizarse con gran ventaja las ametralladoras, acompañando para ello una a cada columna volante.

En nuestro ataque el objetivo será siempre el centro como punto más débil, sin que nos obstinemos rutinariamente en este sistema, dando lugar con ello a que pudieran envolvernos; esto es solo una advertencia de carácter general, pues como en todo caso no puede darse regla fija y constante; para cada uno, el problema a resolver será distinto , el terreno, el número y cuantos factores entran en el combate determinaran el medio más adecuado en cada caso.

La tropa debe estar perfectamente instruída especialmente en los despliegues que en muchas ocasiones serán momentáneos que no dará lugar a utilizar la desfilada; irán a la guerrilla desde todas las formaciones y deben estar acostumbradas a desplegar directamente sobre su frente, utilizando un medio parecido al que nos enseñaba la anterior táctica, sirviendo como ejes los hombres centrales o los colcados al costado opuesto a áquel en que deba efectuarse el despliegue.

Los intervalos han de ser grandes y aunque parezca un absurdo que estando amenazados constantemente con la presencia de la caballería enemiga, pueda existir tan poca cohesión en la primera línea, hay que tener en cuenta la estructura general del terreno, además de que las reservas han de estar prontas a acudir al centro y a las alas en cualquier instante y para ello próximas, cubiertas y a retaguardia de dichos centro y extremos.

Para las marchas la guerrilla las efectuará, bien individualmente a lo que deben acostumbrarse los soldados, cubriéndose con todos los accidentes del terreno, bien en desfilada por ser más descubierto convenga así efectuarlo, pero procurando siempre utilizar el primer sistema. Las reservas irán por secciones; y por el flanco, prefiriendo la formación de a dos a la de a cuatro, que nos ofrece la ventaja, de que además de presentar menos blanco al enemigo y ser más rápido el despliegue se adapta más al sistema de marcha en terrenos muy quebrados sin dejar de ser una formación de orden cerrado.

La Artillería obrará con relativa independencia , y para ello exceptuando el caso de un paso obligado en que las circunstancias harán que la mayor parte de las veces tenga que descubrirse; deberán colocarse en baterías a cubierto, haciendo fuego solamente sobre las grandes masas y en los casos que estas se presenten, hasta que una vez conocida su posición por ele enemigo se retirará eligiendo otras desde donde pueda batirlos; para ello el jefe le dará una autonomía especial, marcándole solo en los casos que juzgue procedentes, la fuerza que deba sufrir su fuego, y tan solo instrucciones generales.

Respecto a la Caballería, dado su escaso número, su servicio será exclusivamente el de exploración y enlace, en el que tendrá especial cuidado por ser de grandísima importancia en ésta clase de guerra; harto conocidas son las reglas para esta clase de servicio. No he de dejar de expresar después de anotados los anteriores conceptos y a fin de que no se confundan las especies, que si bien la política de atracción es importantísima, no debe llevarse al punto que rayemos en una demostración de debilidad que nos sería perniciosa, dando lugar a nuestro desprestigio, por lo que estamos muy lejos de recomendarlo. La justicia debe imperar en nuestros espíritus uniendo los alardes de cariño y afección a los de severidad en caso necesario, y castigando con mano dura todo aquello que pudiese menoscabar nuestro prestigio o reducir en lo más mínimo nuestra relativa seguridad; repito que nuestra política debe aproximarse en lo que sea posible a la de Francia.

Fernando Fernández de Cuevas y de Ramón…”

Epílogo
El 4 de diciembre de 1979 se procedió en el Cementerio Municipal de Melilla a la exhumación y traslado a la Península de los restos mortales del capitán Fernando Fernández de Cuevas.


Saludos :saluting-soldier: :saluting-soldier: :saluting-soldier:
Si ignoras lo que pasó antes de que nacieras, siempre serás un niño.
Marco Tulio Cicerón.

Brasilla
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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Brasilla » 25 Feb 2018 01:26

Excmo. Sr. D. Rafael DE LOS REYES ORTIZ ( Teniente de Infantería del Ejercito Español, Caballero Laureado)


Entre la oficialidad del Regimiento de Infantería de Melilla núm. 59, encontramos a un teniente que habiéndose alistado en el Ejército como educando de corneta, tras 21 años de servicio entre la península, Cuba y finalmente Melilla, halló la muerte al frente de sus hombres en los combates del 23 de julio de 1909, mientras mandaba una de las secciones de su regimiento, bajo las órdenes del coronel de Infantería D. Venancio Álvarez Cabrera de Nevares. Dicho oficial, era el primer teniente D. Rafael de los Reyes Ortiz, el cual, por los méritos contraídos en los combates del 23 de julio, fue condecorado con la Cruz Laureada de San Fernando y, ascendido a capitán. Tenía 38 años.

Nació el 31 de marzo de 1871, en Antequera (Málaga), siendo hijo de D. Manuel de los Reyes y de doña Concepción Ortiz Mora. Con 17 años, en 1888, se presentó voluntario en el Batallón de Cazadores de Cuba núm. 17, de guarnición en Málaga. siendo alistado como educando de corneta.

Destino en la península

Se distinguió en su comportamiento y espíritu militar, detalles que no pasaron inadvertidos al mando, ya que cinco meses después de su ingreso, ascendía a cabo por elección. Al año de haber ingresado en filas, concretamente en mayo de 1889, era ya cabo primero y, antes de finalizar ese año, conseguía el ascenso a sargento el 19 de diciembre de 1889. En agosto, había solicitado ser destinado a Filipinas.

Pasó cinco años de guarnición en Málaga y el 7 de octubre de 1893, salió con su batallón para Melilla. A los veinte días de haber llegado, el sargento De Los Reyes, desplegaba en guerrilla junto a su pelotón, entre los fuertes de San Francisco y de Cabrerizas Altas. Donde combatió, a las órdenes del general Margallo.

En Melilla por primera vez

Al comandante de su batallón, D. Buenaventura de Mora, formando parte de las fuerzas del general Monroy, se le encomienda llevar un convoy a Cabrerizas Altas y Rostrogordo, en la cual participa el entonces sargento D. Rafael de los Reyes Ortíz, entrando de nuevo en combate con los moros que los hostiliza constantemente. En ambos puntos, De Los Reyes, sostiene escaramuzas con los mismos.

Rumbo a Cuba

En 1894, pasa destinado a Córdoba como fuerza de guarnición, lugar donde estará hasta el 22 de noviembre de de 1895, momento en el que formando parte de los Cazadores de Cataluña núm. 1, embarca hacia Cuba en el buque “Buenos Aires”, arribando a dicha isla el 7 de diciembre en Carbarián (Santa Clara).

El 9 de enero de 1896, su unidad se incorpora a la columna del general D. José Oliver. En ella, De Los Reyes combate a los insurrectos y sus fuerzas, enfrentándose a Rego, Máximo Gómez y Antonio Maceo en los combates de Minas Bajas hasta Las Lomas y, de California a Cartagena del Alva, tras el paso del río Manicaragua, el ingenio Cantabria y el Potrero de Alberich.

Por los méritos contraídos y el comportamiento observado en los combates, es condecorado con la Cruz Roja del Mérito Militar.

Durante todo el año, prosiguen en mayor o menor intesidad los combates contra los rebeldes cubanos, hasta Santo Domingo, donde duran las operaciones y tras una breve pausa, combate en El callejón, entre Diamante y Josefa.

Defiende un convoy que va destinado a los fuertes de Loma Cruz y Manajanaba, en las Lomas del Cascajar y Farallón y, el 15 de febrero, se enfrenta con la partida de Quintín Banderas en Potrerillas. El sargento De Los Reyes, combate hasta que pasa destinado como escribiente provisional a La Habana.

25 de octubre de 1896, D. Rafael de los Reyes Ortíz, asciende a 2º teniente de la escala de la reserva. Tiene 25 años. En 1897, se incorpora en Palos (Habana) al Regimiento de Almansa núm. 18. En él, actúa en las operaciones que dirige el general D. Valeriano Weyler. Se distingue en Tamapita y Vista Hermosa.

Por los méritos contraídos y el comportamiento observado en el combate, en las Lomas del Grillo, encuadrado en la columna del general Aguilera, es condecorado con otra Cruz del Mérito Militar.
En julio de 1897, el 2º teniente De Los Reyes, manda el destacamento de Río seco, del que marcha a Nueva Paz y, en febrero de 1898, presta servicios de campaña y en la defensa de Nuevitas (Puerto Príncipe). De ahí, ya regresará a España.

En noviembre de 1898, desembarca en Barcelona y de ahí, parte con dos meses de permiso a su tierra, a Antequera.

Entre la oficialidad del Regimiento de Infantería de Melilla núm. 59, encontramos a un teniente que habiéndose alistado en el Ejército como educando de corneta, tras 21 años de servicio entre la península, Cuba y finalmente Melilla, halló la muerte al frente de sus hombres en los combates del 23 de julio de 1909, mientras mandaba una de las secciones de su regimiento, bajo las órdenes del coronel de Infantería D. Venancio Álvarez Cabrera de Nevares. Dicho oficial, era el primer teniente D. Rafael de los Reyes Ortiz, el cual, por los méritos contraídos en los combates del 23 de julio, fue condecorado con la Cruz Laureada de San Fernando y, ascendido a capitán. Tenía 38 años.

Nació el 31 de marzo de 1871, en Antequera (Málaga), siendo hijo de D. Manuel de los Reyes y de doña Concepción Ortiz Mora. Con 17 años, en 1888, se presentó voluntario en el Batallón de Cazadores de Cuba núm. 17, de guarnición en Málaga. siendo alistado como educando de corneta.

Destino en la península

Se distinguió en su comportamiento y espíritu militar, detalles que no pasaron inadvertidos al mando, ya que cinco meses después de su ingreso, ascendía a cabo por elección. Al año de haber ingresado en filas, concretamente en mayo de 1889, era ya cabo primero y, antes de finalizar ese año, conseguía el ascenso a sargento el 19 de diciembre de 1889. En agosto, había solicitado ser destinado a Filipinas.

Pasó cinco años de guarnición en Málaga y el 7 de octubre de 1893, salió con su batallón para Melilla. A los veinte días de haber llegado, el sargento De Los Reyes, desplegaba en guerrilla junto a su pelotón, entre los fuertes de San Francisco y de Cabrerizas Altas. Donde combatió, a las órdenes del general Margallo.

En Melilla por primera vez

Al comandante de su batallón, D. Buenaventura de Mora, formando parte de las fuerzas del general Monroy, se le encomienda llevar un convoy a Cabrerizas Altas y Rostrogordo, en la cual participa el entonces sargento D. Rafael de los Reyes Ortíz, entrando de nuevo en combate con los moros que los hostiliza constantemente. En ambos puntos, De Los Reyes, sostiene escaramuzas con los mismos.

Rumbo a Cuba

En 1894, pasa destinado a Córdoba como fuerza de guarnición, lugar donde estará hasta el 22 de noviembre de de 1895, momento en el que formando parte de los Cazadores de Cataluña núm. 1, embarca hacia Cuba en el buque “Buenos Aires”, arribando a dicha isla el 7 de diciembre en Carbarián (Santa Clara).

El 9 de enero de 1896, su unidad se incorpora a la columna del general D. José Oliver. En ella, De Los Reyes combate a los insurrectos y sus fuerzas, enfrentándose a Rego, Máximo Gómez y Antonio Maceo en los combates de Minas Bajas hasta Las Lomas y, de California a Cartagena del Alva, tras el paso del río Manicaragua, el ingenio Cantabria y el Potrero de Alberich.

Por los méritos contraídos y el comportamiento observado en los combates, es condecorado con la Cruz Roja del Mérito Militar.

Durante todo el año, prosiguen en mayor o menor intesidad los combates contra los rebeldes cubanos, hasta Santo Domingo, donde duran las operaciones y tras una breve pausa, combate en El callejón, entre Diamante y Josefa.

Defiende un convoy que va destinado a los fuertes de Loma Cruz y Manajanaba, en las Lomas del Cascajar y Farallón y, el 15 de febrero, se enfrenta con la partida de Quintín Banderas en Potrerillas. El sargento De Los Reyes, combate hasta que pasa destinado como escribiente provisional a La Habana.

25 de octubre de 1896, D. Rafael de los Reyes Ortíz, asciende a 2º teniente de la escala de la reserva. Tiene 25 años. En 1897, se incorpora en Palos (Habana) al Regimiento de Almansa núm. 18. En él, actúa en las operaciones que dirige el general D. Valeriano Weyler. Se distingue en Tamapita y Vista Hermosa.

Por los méritos contraídos y el comportamiento observado en el combate, en las Lomas del Grillo, encuadrado en la columna del general Aguilera, es condecorado con otra Cruz del Mérito Militar.
En julio de 1897, el 2º teniente De Los Reyes, manda el destacamento de Río seco, del que marcha a Nueva Paz y, en febrero de 1898, presta servicios de campaña y en la defensa de Nuevitas (Puerto Príncipe). De ahí, ya regresará a España.

Regreso a España

En noviembre de 1898, desembarca en Barcelona y de ahí, parte con dos meses de permiso a su tierra, a Antequera.
En marzo de 1899, pasa destinado al Regimiento de la Reserva núm. 69, de guarnición en Málaga, capital en la que conoce a la que será su esposa y con la que contraerá matrimonio, el 23 de octubre de 1900, doña Concepción Ruano Borrego.

En Málaga y Jaén, ocupa destinos burocráticos durante 5 años, hasta que en febrero de 1906, pasa destinado al Regimiento de Extremadura, destino en el que su estancia, será muy breve dado que en septiembre, pasa destinado al Regimiento de Melilla núm.59.

De nuevo en Melilla

En el Regimiento de Melilla núm. 69, el 28 de octubre de 1906, asciende a primer teniente de Infantería de la escala de la reserva. Hasta 1909, participa en los hechos de armas en los que toma parte su regimiento, distinguiéndose en los combates del 9 y los del 23 de julio de 1909.

La noche del 22 de julio de 1909, en los combates que tuvieron lugar con los rifeños en las estribaciones del Monte Gurugú, el primer teniente de Infantería, D. Rafael de Los Reyes Ortíz, al mando de una sección de su regimentó (Melilla núm. 59), formando parte de la columna mandada por el coronel D. Venancio Álvarez Cabrera, llegando a la posición de Sidi Musa ya amaneciendo el día 23, trabose combate con los moros parapetados en las laderas del Gurugú. Álvarez Cabrera, dejó parte de su fuerza en dicha posición, avanzando con el resto y en la cual, iba el primer teniente De Los Reyes.

Se consiguió desalojar a los rifeños de donde se encontraban y asegurar las nuevas posiciones rechazando, los contraataques de los moros. Durante el avance, el primer teniente De Los Reyes, fue herido en el pecho pero aún y así, consiguió seguir avanzando y animando a sus hombres con gestos dando ejemplo, hasta que se desplomó. Cuando llegaron los sanitarios aún le quedaba un hilo de vida, expirando al ser acomodado en las hangarillas para ser evacuado.

Por los méritos observados y su comportamiento en el combate, fue ascendido a capitán y condecorado con la más alta condecoración otorgada en tiempo de guerra, la Cruz Laureada de San Fernando. Tenía 38 años y atrás, quedaban 21 años de servicio en la milicia, de los cuales, trece los desempeñó como oficial.

La gesta del primer teniente Rafael de los Reyes Ortiz

La columna que mandaba el coronel D. Venancio Álvarez Cabrera el dia 23 de julio de 1909, después de haber dejado parte de sus fuerzas en Sidi-Musa, estaba compuesta por compañías y secciones de diferentes regimientos, siendo una de ellas a la segunda compañía del segundo batallón del Regimiento de Infantería de Melilla núm. 59, marchando esta en el flanco izquierdo de dicha columna. En esta, iba encuadrado el teniente de los Reyes Ortiz.

La segunda compañía del batallón del Regimiento de Melilla, iba mandada por el capitán de la misma arma, D. José Otegui Rodríguez, un vasco de 33 años, experimentado en el combate y con temple. Este, había ordenado desplegar al frente en guerrilla.

A la derecha, desplegó la segunda sección la cual, iba mandada por el primer teniente D. Ramón Fontana Lacasa, el cual, mantenía contacto con las compañías del Regimiento de Infantería de África núm. 68.
Por la izquierda, la primera sección, iba mandada por el teniente D. Rafael de los Reyes Ortiz. Tras de ellos, marchaba junto al capitán Otegui Rodríguez, la tercera sección, al mando del teniente D. Isaac Labrador Gallardo.

Inicialmente, el avance es rápido, bajo la cobertura de las compañías del Regimiento de África núm. 68, el conjunto de las cuales, va dejando cada vez más atrás la posición de Sidi-Musa.

El ataque de la columna del coronel Álvarez Cabrera, dependía del apoyo que le pudiera dar la segunda compañía del Regimiento de Melilla núm. 59, a las órdenes del capitán Otegui Rodríguez ya que mientras avanzaban las de África 68 iban siendo batidas por fuego de flanco rifeño. El éxito inicial de estas últimas, comenzaba a ser comprometido debido a los disparos enemigos ya citados. Jugaba en este avance, un papel muy importante la sección del primer teniente de los Reyes Ortiz.

El capitán Otegui Rodríguez, recibió mientras avanzaba una pequeña nota escrita a lápiz y, rubricada, enviada por el coronel Álvarez Cabrera, en la cual decía: “…correrse hacia la izquierda y atacar por ese flanco haciendo fuego…”, era la sección del teniente de los Reyes, la que cubría ese flanco pues, del factor sorpresa y la rapidez dependía el que los moros reaccionaran.

Con este movimiento, cada vez más lejos de Sidi-Musa, la compañía del capitán Otegui, va distanciándose del resto de la columna. La sección del teniente de los Reyes, se separa de las demás. Enfrente, sobre un reborde del hondo barranco, hay un aduar rodeado de chumberas y desde el cual se recibía fuego enemigo.

Ante esta situación, el capitán Otegui, da orden a la 1ª sección, mandada por el teniente de los Reyes de desalojarlas. La sección del teniente Labrador, la tercera, tiene la misión de cubrir y proteger a la primera. El desalojo era vital, dado que si se conseguía echar de ahí al enemigo, se podría proseguir el avance del resto de la columna. Por el contrario, si no se conseguía, la situación se agravaría para los españoles. Era una “ratonera” de la cual, se había de romper el flanco más peligroso.

El teniente de los Reyes, ante las órdenes recibidas, levantó su sable y seguido del cabo Olivares, este oyendo la voz de su oficial sobre el ruido de las descargas de fusilería. Escucha dar la orden de cambio de frente a la sección y, mientras unos avanzan, los otros cubren con sus descargas el avance sobre el aduar rodeado de chumberas.

Los soldados, van tras el oficial, la escuadra del cabo Olivares es la primera en continuar la marcha, sin esperar la orden oportuna del sargento que también avanza. En una de las descargas, y en posición “cuerpo a tierra”, se oye la voz de un soldado, es la del infante Calderón, que avisa de la presencia rifeña parapetada detrás de las chumberas y cercas.

Cuatro rifeños, intentan sorprender a los españoles pero, no lo consiguen dado que los que se llevan la sorpresa, son ellos, el teniente de los Reyes, sacó a uno de ellos a punta de sable de detrás de unas piedras. El rifeño, aunque herido se abalanza sobre el teniente y este, con su revólver le hace saltar de un disparo. Los otros tres también murieron por los disparos de la guerrilla.

Aún así, el enemigo estaba bien parapetado y guarecido, arreciando su fuego sobre la fuerza española, motivo por el cual, el teniente de los Reyes, ordenó cargar a la bayoneta. El soldado Caparrós, en el momento que se lanzaban hacia las piedras donde se protegían los moros, vio al teniente de los Reyes titubear y se dirige hacia su oficial, preguntándole a otro soldado apellidado Gómez ¿qué era los que le pasaba al teniente?, este le contestó: “…le acaban de pegar un tiro…” El teniente se había llevado la mano al pecho y en unos breves instantes, y observó que le brotaba sangre. Aún y así, sin detenerse, ordenó hacer fuego por descargas pero esta orden, apenas la escuchó la escuadra del cabo Olivares. El teniente, continuaba animando a sus hombres, ahora más con el gesto que con la voz.

El soldado Caparrós decía: “…Va chorreando sangre y ha avanzado al menos treinta pasos…” Gómez aseguraba que habían sido más de cuarenta. El teniente de los Reyes, cayó en ese momento al suelo y Gómez, dirigiéndose a calderón le dijo: “…Mira Calderón, la pérdida de sangre ha podido con él…”. En ese momento, el cabo Olivares llamó a los camilleros que lo colocaron inconsciente en la camilla pero vivo, fue entonces cuando murió.

Se hizo cargo de la sección el sargento D. Carlos Rodríguez Gómez, el cual cayó de un disparo en la cabeza junto a cuatro de sus hombres. Los moros, viendo el destrozo que están produciendo entre las filas españolas, se lanzaron al ataque desbordándoles por ambos flancos, los soldados sin clases ni oficiales, se batieron cuerpo a cuerpo.

Otegui, ordena al teniente Labrador acuda en refuerzo de dicha fuerza y que lo haga a la bayoneta. El fuego arreciaba y el teniente Labrador junto al sargento D. Manuel Alberola y seis soldados más, cayeron muertos. Avisado el teniente Fontana de la muerte del teniente de los Reyes, acudió a tomar el mando de la sección de este. Reunió a los supervivientes y coordinó sus esfuerzos. Los momentos más tensos, habían pasado todo y que el peligro, aún se cernía por la izquierda ya que ese flanco, aún estaba en manos morunas. La jornada concluyó finalmente exitosa para la fuerza española.

De los oficiales solo resultaron ilesos el capitán Otegui y el teniente Fontana. La compañía del capitán Infantes, que estaba en el Hipódromo, realizó actos verdaderamente heroicos. El teniente Abad fue herido en la oreja por un moro, con quien luchó cuerpo a cuerpo, logrando desarmarle y rematarlo de un culatazo.

La concesión de la Cruz Laureada de San Fernando

Por los méritos contraídos en el combate del día 23 de julio de 1909 y que costó entre otros muchos la vida al primer teniente de Infantería D. Rafael de los Reyes Ortíz, fue, a petición de doña Concepción Ruano Borrego, su viuda, la concesión de la más alta condecoración habida en tiempo de guerra, la Cruz Laureada de San Fernando. La noticia de dicha petición, fue dada a conocer en la siguiente forma en el periódico madrileño “La Época”, del día 9 de agosto de 1909 (textual).

“…La Cruz de San Fernando. En el “Telegrama del Rif se publica la órden de la plaza de Melilla mandando abrir juicio contradictorio para la concesión de la cruz de San Fernando a los jefes y oficiales siguientes: (entre otros), Don Rafael de los Reyes Ortiz, primer teniente que fue de Infantería, a petición de su viuda, la cual solicita se le declare a su difunto con derecho a la cruz de San Fernando de segunda clase, por el mérito que contrajo el día 23 de julio último en el combate sostenido con los moros en las estribaciones del monte Gurugú, en cuyo combate fue herido de gravedad, continuando en su puesto, hasta que momentos después por otra herida recibida en lucha cuerpo a cuerpo, falleció en el mismo campo de acción…”

Expediente favorable a la concesión de la Cruz Laureada de San Fernando

La resolución al expediente iniciado con la apertura de juicio contradictorio, a instancias de la esposa del primer teniente de Infantería D. Rafael de Los Reyes Ortiz, para la concesión de la Cruz Laureada de San Fernando, decía así (textual):

“…Visto el expediente de juicio contradictorio instruido con el objeto de esclarecer si el primer teniente de Infantería don Rafael de los Reyes Ortiz se hizo acreedor a la cruz de San Fernando por su comportamiento en el combate del día 23 de julio del año último en las estribaciones del Gurugú;…

…,el referido oficial, perteneciente a una compañía del regimiento de Infantería de Melilla, salió de esta plaza la noche del 22 del expresado mes, formando parte de la columna mandada por el coronel Álvarez Cabrera, llegando a la posición de Sidi-Musa al amanecer del 23 y trabando combate con los moros parapetados en las estribaciones del Gurugú; dicho coronel, dejando parte de sus fuerzas en la posición de Sidi-Musa, avanzó con la restante, de la que formaba parte el teniente Reyes, consiguiendo desalojar al enemigo y hacerse fuerte en los puntos ocupados, rechazando las acometidas de aquel; durante este avance fue gravemente herido el teniente Reyes, continuando no obstante el ataque, mandando fuego por descarga y animando a su tropa con el ejemplo y con la voz hasta que poco después cayó muerto por consecuencia de la herida recibida;…
…,los hechos realizados por el primer teniente don Rafael de los Reyes Ortiz se hallan comprendidos en el caso 7º del artículo 27 de la ley de 18 de mayo de 1862, el Rey…
…,ha tenido a bien conceder al expresado oficial la cruz de segunda clase de San Fernando…


Madrid, 30 de agosto de 1910.

Aznar.

(Diario Oficial núm. 189).

De hecho, en el periódico “El Imparcial” de fecha 5 de septiembre de 1910, se daba a conocer a la opinión pública, en “Notas Militares” y bajo el título “…La Cruz Laureada, dos hechos heroicos…”, la concesión de dicha condecoración al ya capitán de Infantería de la Escala de Reserva, D. Rafael de los Reyes Ortiz. Dicha noticia publicada, decía lo siguiente bajos los títulos ya expuestos:

“…El Diario Oficial ha publicado las siguientes órdenes:

Visto el expediente de juicio contradictorio, instruido con objeto de esclarecer si el primer teniente de Infantería D. Rafael de los Reyes Ortiz se hizo acreedor a la cruz de San Fernando por su comportamiento en el combate del 23 de Julio del año último en las estribaciones del Gurugú; resultando que el referido oficial, perteneciente a una compañía del regimiento de Infantería de Melilla, salió de esta plaza a noche del 22 del expresado mes, formando parte de la columna mandada por el coronel Álvarez Cabrera, llegando a la posición de Sidi-Musa al amanecer del 23 y trabando combate con los moros parapetados en las laderas del Gurugú; que dicho coronel, dejando parte de su fuerza en la posición de Sidi-Musa, avanzó con la restante, de la que formaba parte el teniente Reyes, consiguiendo desalojar al enemigo y hacerse fuerte en los puntos ocupados, rechazando las acometidas de aquel; que durante este avance fue gravemente herido el teniente Reyes, continuando, no obstante, el ataque, mandando fuego por descargas y animando a su tropa con el ejemplo y con su voz hasta que poco después cayó muerto por consecuencia de la herida recibida; considerando que los hechos realizados por el primer teniente de Infantería D. Rafael de los Reyes Ortiz se hallan comprendidos en el caso 7º del artículo 27 de la ley de 18 de mayo de 1862, el Rey (q.D.g), de acuerdo con lo informado por el Consejo Supremo de Guerra y Marina, y por resolución del 25 del actual, ha tenido a bien conceder al expresado oficial la cruz de segunda clase de San Fernando, con la pensión anual de 1.000 pesetas, que podrán disfrutar las personas de su familia a quien se refiere el artículo 11 de la mencionada ley…”

Saludos :saluting-soldier: :saluting-soldier: :saluting-soldier:
Si ignoras lo que pasó antes de que nacieras, siempre serás un niño.
Marco Tulio Cicerón.


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