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La incidencia de la escopeta en la FCS

Publicado en Actualidad. Por Redacción Armas
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En nuestro país hay casi tres millones de armas legales, el 75% de ellas son escopetas, fundamentalmente de caza. Esto implica que la mayoría de las intervenciones policiales con armas de fuego tengan como protagonista una escopeta.

En el ámbito rural y como lógica consecuencia de estar en un país con una gran tradición cinegética la proliferación de escopetas de caza implica un riesgo, de que puedan ser utilizadas de forma ilegal por marginales o desequilibrados y la prueba evidente la tenemos tirando de hemeroteca:

- La masacre de Puerto Hurraco, tristemente conocida, con 9 muertos y doce heridos. 1990.

- Guardia Civil de la U.E.I. herido por un hombre atrincherado en su casa con dos escopetas. Lliria (Valencia). 2006

- Camionero aficionado a la caza mata a un hombre en Vilafamés (Castellón) 2011.

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Así podemos detallar cientos de casos ocurridos en nuestro país, lo que nos da sobrada cuenta de la peligrosidad de este tipo de armas, en manos no adecuadas. Personalmente puedo referir en primera persona una intervención en la que comprobé el efecto psicológico que genera una escopeta cuando te encañona a corta distancia:

Sierra de Cardeña, primavera de 1996. En esa época me encontraba destinado en el entonces servicio de Patrulla Todo Terreno de la Guardia Civil, (actual SEPRONA). A la caída de la tarde se escucha un disparo en uno de los cotos de caza mayor que estábamos patrullando. Hablamos de una actividad, furtivismo de carne, que se practicaba por gran cantidad de personas y que tenía como finalidad conseguir el sustento de muchas familias en la zona de Córdoba. Junto a una Ley de Caza que contemplaba estos actos como delitos con su consiguiente detención y puesta a disposición judicial, se generó una situación de alto riesgo al sumar componentes como armas, alimento familiar, graves consecuencias legales y pocas salidas laborales.

Aquella tarde, como tantas otras, decidimos localizar al autor de los disparos y tras montar un punto de control paramos un vehículo, un Seat 1430, con un solo ocupante pero que cuando registramos se localizaron tres fundas de escopetas. Para evitar alguna responsabilidad en los posibles actos que, seguramente, se habían cometido, el conductor decide colaborar con la patrulla y dos de nosotros nos montamos en la parte trasera del 124 y con la noche como escenario empezamos a recorrer caminos en busca de los tres cómplices furtivos.

Unos kilómetros después, en una curva del camino nos sorprende un disparo de escopeta a muy corta distancia que hace que el vehículo se detenga y nosotros nos agachemos bruscamente. Esta maniobra no pasa desapercibida para los cazadores que cuando se estaban acercando al vehículo emprenden la carrera y vuelven a introducirse entre la jara. Viendo que es casi medianoche -entonces los servicios no eran de ocho horas- decidimos alejarnos un poco del lugar y tras una corta parada, me bajé del vehículo y mi compañero continuó con el conductor en busca del otro miembro de la patrulla y el Land Rover. La idea era localizar, a pié, a los furtivos y poder detenerlos.

Sé que a esta parte del relato más de uno se estará preguntado la necesidad de complicarnos la vida de esta forma, a día de hoy, treinta años después Yo también me lo planteo, pero eran otros tiempos, otra mentalidad y un sentimiento del deber exageradamente asumido.

Después de deambular por la zona durante un rato y sin más iluminación que la que la luna me proporciona, escucho una tos entre la maleza. Siguiendo el rastro sonoro de resfriado de aquel pobre hombre, llego a gatas, a la parte superior de una loma y oculto tras la jara puedo ver y escuchar a los tres colegas que refieren la incidencia, asegurando uno haber visto a dos personas en la parte posterior del coche y que no podrían ser otros que agentes de la Guardia Civil.

En ese momento la distancia entre furtivos y guardia no es superior a cuatro metros y se complica cuando uno de ellos, el que tosía, decide buscar un punto más resguardado porque tiene frío. Aquí me encontré en la necesidad de incorporarme para evitar que me pisara y dar el consabido “ALTO A LA GUARDIA CIVIL”, lógicamente la reacción del primero de ellos fue asustarse y sin mediar palabra tirar de la corredera de la escopeta y plantármela a medio metro de la cara. Yo imbuido de mis poderes sobrenaturales, opté por montar mi reglamentaria Star Bm, de 9mm y plantarla en su línea de mira.

EUGENIO 1

Estoy de acuerdo con lo que estáis pensando, pero en mi defensa diré que tenía 26 años, venía del Grupo Antiterrorista y el sentido del riesgo no lo tenía muy delimitado.

Os puedo garantizar que de aquella escena mi mente sólo recuerda un dato: UN AGUJERO NEGRO del que esperaba ver, en cualquier momento, salir una llamarada.
Esta anécdota sirva para demostrar, desde mi punto de vista, lo que he querido trasmitir en este artículo:
• La escopeta como arma policial tiene muchas ventajas
• El acceso a este tipo de armas es muy fácil y existen gran cantidad de ellas.
• La capacidad intimidatoria es tremenda, tanto para bien como para mal.

Y como colofón decir que la mejor manera de conocer nuestra profesión es entrenando, formándonos y dedicando todo aquello a lo que nos comprometimos cuando tomamos cargo o juramos bandera y a modo de sugerencia, para aquellos que tienen la responsabilidad de dotarnos de medios, que se preocupen de sus hombres, de sus ciudadanos e inviertan en prevención y seguridad para no gastar en responsabilidad.

P.D. Por si alguien quiere saber cómo terminó la historia, el 9 mm ganó a las postas, aquél pobre hombre terminó detenido y Yo he podido contarlo.

La escopeta en la vida de un agente de la ley

Vista la enorme cantidad y diversidad de escopetas que existen en nuestro país, prestaremos especial atención a una variante que nos afecta tanto como ciudadanos (por la seguridad o inseguridad que pueden generar); como policía, por la operatividad y auto-protección: la escopeta táctica o policial.

Para abordar este tema vamos a entrar en la polémica cuestión que trata la discriminación, en cuanto al uso de material por parte de las diferentes Policías de España.

Si partimos del principio de que las diferentes leyes, decretos y disposiciones, tanto del ámbito internacional como nacional, hablan de policías, sin hacer distinciones en cuanto a dependencias o color de uniformidades. Desde la Declaración de los Derechos Humanos de la ONU, la Resolución 690 de la Asamblea General del Consejo de Europa de 1979, así como numerosas leyes y decretos en España, cuando se refieren a la figura del policía, hacen mención a Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, y muy concretamente el reglamento de Armas incluso determina qué: “Cada Cuerpo se regirá por una normativa especial dictada a efecto para la adquisición, tenencia y uso de armas…”. Visto esto es cuando debemos plantearnos ¿Cuál es el interés en que policía local no disponga de armas largas?

A pesar de vivir en un país garantista y legalista, caemos con frecuencia en dos graves pecados:

• La prepotencia
• La ignorancia

Cuando nos peleamos con la administración por temas de licencias, tasas, multas, etc., normalmente nos encontramos bastante desamparados y todos hemos tenido que sufrir la impotencia de ceder a las reiteradas negativas y desplantes del funcionario de turno, que amparado tras su ventanilla nos despide con el consabido “Vuelva Usted mañana” haciendo actual la obra de Mariano José de Larra editada a principios del siglo XIX.

El problema toma tintas más dramáticas cuando lo que perseguimos es que otro funcionario, en este caso uniformado, tenga a bien conceder a otros uniformados la capacidad de portas herramientas de las que pueda depender la vida humana. Ante este dilema me cuesta decidirme entre los dos pecados descritos y por mi propia tranquilidad optaré por creer que es por el segundo.

EUGENIO 4

¿Por qué la escopeta?

Diseñada para cargar uno o varios proyectiles (conocidos vulgarmente como postas o perdigones), la escopeta tiene esa peculiaridad de poder efectuar un fuego denso lo que le dota de sus principales ventajas sobre otras armas de mano:

• Una gran facilidad de acierto
• Capacidad de abatir a varios enemigos a la vez
• Gran poder de parada
• Pérdida de velocidad, lo que le confiere una baja letalidad a una distancia a partir de 50 m.
• Poco riesgo de sobrepenetración

A las anteriores características se le ha de sumar su gran impacto psicológico, puesto que son armas policiales de una apariencia intimidatoria y disuasiva.

En las escopetas se utiliza un sistema basado en “el peso” y refleja la cantidad de esferas iguales que se pueden obtener de una libra de plomo y cuyo diámetro coincide con el interior del cañón. Esto implica que a menos esferas mayor calibre y viceversa. Por ejemplo, el calibre 12 significa que se pueden obtener 12 esferas de plomo de una libra y 70 sería la longitud del cartucho en milímetros.

Un error común es asimilar la escopeta como el arma primaria dedicada a la caza que portaban nuestros mayores, este concepto implica la creencia de que es un arma fácil de usar, sin embargo es una herramienta complicada y necesita más instrucción que la pistola o un rifle y si a esto añadimos su alta capacidad de provocar graves heridas a corta distancia, nos hace plantearnos seriamente la necesidad de su entrenamiento. Otro aspecto, muy a tener en cuenta, es la posibilidad que tienen estas armas de disparar cartuchos de muy diversas características y efectos. En la realidad esto supone una ventaja en cuanto a su versatibilidad, puesto que adapta nuestra capacidad de reacción proporcionalmente al tipo de agresión recibida, o simplemente como aspecto disuasorio, el problema surge de la amplia gama de municiones de las que se puede disponer. Distinguiendo entre letales o no letales y la probabilidad de usar ambas con un mismo arma.

Tal vez sería adecuado disponer de armas diferenciadas en cuanto a forma o colores, de alta distinción y así poder evitar accidentes al municionar con cargas diferentes a las que se pretendía y de esta forma generar daños no esperados.
De lo anterior se desprende la premisa inicial, es decir la necesidad de dotar al operador de este tipo de armas de una adecuada y continua instrucción de calidad.

Situación internacional

A nivel de cuerpos estatales se dispone de armas largas susceptibles de ser usadas en condiciones de igualdad con las que utilizan los terroristas, el problema surge de la capacidad de reacción de cuerpos policiales de índole local ante la posible intervención en este tipo de incidentes, ante este supuesto es cuando debemos plantearnos la necesidad de dotar a estas unidades de armas y medios para su protección y la de los ciudadanos.

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