Carta abierta al secretario de Estado de Seguridad acerca de la Ley Orgánica de Protección de la Seguridad Ciudadana

Carta abierta al secretario de Estado de Seguridad acerca de la Ley Orgánica de Protección de la Seguridad Ciudadana

Mundo Armas
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Estimado Señor Francisco Martínez Vázquez:

Le escribo esta carta abierta patidifuso aún por sus palabras en el programa radiofónico “La Mañana”, de la COPE, donde le hicieron una grata entrevista en su calidad de secretario de Estado de Seguridad.

Creo que tenía usted tres difíciles misiones que cumplir en 15 minutos de programación: la primera, explicar que la Ley Orgánica de Protección de la Seguridad Ciudadana no es la “Ley Mordaza” que ha pintado la Oposición y algunos sectores profesionales para emplearla como arma arrojadiza en eso que ustedes llaman “el juego político”; la segunda, que es una ley tan garantista como proporcional a la gravedad de los delitos cometidos; y la tercera, enviar un rotundo mensaje de confianza en las instituciones asegurando que la tranquilidad en torno al terrorismo, las armas, los explosivos y otras cosas de matar está garantizada.

Quizá presionado por la escasez de tiempo se montó usted un batiburrillo mezclando la pólvora, la dinamita, los terroristas, las armas y los punteros láser.
No se lo reprocho; he trabajado en radio y sé lo dificilísimo que es eso de comunicar por ese medio. Siempre salía del locutorio pensando que me había dejado algo en el tintero, que había dicho algo innecesario y que algunos de los datos eran inconexos e incorrectos. Justo lo que le ocurrió a usted, vaya.
Así, soltó aquello de: “Fíjese por ejemplo, la lucha contra el terrorismo yihadista; es que la Ley Orgánica de Protección de la Seguridad Ciudadana es la base legal de todo el régimen jurídico de armas y explosivos. Por lo tanto, si queremos tener un régimen que nos proteja frente a posibles desviaciones ilegítimas de armas y explosivos...”

armas terrorismo ley organica seguridadSeñor secretario, ¿puede decirme desde qué lugar legal desvía un yihadista las armas para sus crímenes si no es fallando estrepitosamente en la vigilancia los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado? ¿Puede decirme en qué le afecta la normativa a los terroristas?

Mire Señor Martínez, aquí, cada vez que un delincuente o un grupo organizado de ultraloquesea hace una barrabasada, renovamos el reglamento haciéndolo más restrictivo con el resultado de que el único que se siente acorralado es el ciudadano que cumple con la ley mientras puede. Como mi carta va de armas, si quiere, nos tomamos un café y le cuento cómo y por qué a veces no se puede cumplir el Reglamento de Armas ni queriendo (le aseguro que estaría encantado de tener un intercambio de puntos de vista que imagino ameno).

Sus palabras sobre las armas y explosivos no me sorprendieron porque estoy acostumbrado a que las autoridades no tengan ni pajolera idea de qué va esto; pero no sólo las autoridades políticas que al fin y al cabo no están obligadas a saber de todo sino, al menos, a estar bien asesoradas. El problema es ese precisamente, que quienes les asesoran –para nuestro estupor– parecen desconocer la realidad de las armas en España.

Antaño ya se articuló un restrictivo reglamento de armas a sabiendas de que eso es lo único que se podía hacer para establecer mecanismos de control. Eso y el celo en el “in vigilando”, claro está.
O sea, que quienes elaboraron la primera normativa eran suficientemente inteligentes como para darse cuenta de que el reglamento no es más que un sistema paliativo que intenta tapar todos los agujeros a pesar de lo cual se le colarán las ratas y por tanto afectará únicamente a quienes quieran estar dentro de la legalidad certificando que fulano o mengano se han sometido o que en un momento puntual se han salido de ella, con dolo o sin él, y han sido castigados.

Con el paso del tiempo, los siguientes en llegar –entre ellos usted– menos reflexivos o menos conocedores de la realidad, relacionan bobaliconamente la restricción reglamentaria con la contención del delito, ignorando sobre quien recaen los efectos de un reglamento restrictivo (perdóneme, pero es que es así).
Seguro que por eso afirmó usted poniéndose muy seriamente creíble que “una de las cuestiones que nos hace un país seguro frente a la amenaza terrorista es tener un régimen muy, digamos, garantista –no se atrevió a decir restrictivo– en cuanto al manejo de armas, explosivos, cartuchería y artículos pirotécnicos”.

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¡Hombreeee Señor Martínez, puedo entender que está usted obligado a dar una imagen de seguridad, porque para eso es el secretario de Estado de SEGURIDAD y no de inseguridad; así que tendrá que transmitir el típico mensaje de “tranquilos, lo tengo todo controlado”; aunque sepa de sobra que mañana va un “lobo solitario” de esos díscolos, con la mala costumbre de no tener en regla los papeles de su Kalashnikov, y se la lía parda.

No contento con no darse cuenta de la distancia entre la realidad y la extraña utopía que plantea, según la cual la ley es una traba para los criminales –en mi opinión una burrada– lo remata impostando la voz para decir que “la norma que regula eso y que le da base legal es la Ley Orgánica de Protección de la Seguridad Ciudadana, que por supuesto establece sanciones muy graves o muy duras como no podía ser de otra manera; estamos hablando del manejo de armas”.
Ante tamaña declaración, a estas horas tienen que estar los criminales con una tembladera que ríase usted del síndrome de las vacas locas. Y es que los yihadistas, fanáticos, terroristas del IRA, de ETA, del GRAPO, de los Comandos Autónomos Anticapitalistas o del independentismo corso, desequilibrados mentales y traficantes de droga han estado siempre muy agobiados a la hora de pasar la revista de sus armas y explosivos en la intervención de armas de la Guardia Civil, sabe? ¡Y ahora con la nueva ley, ya no le digo!

Los tontos que tragamos con no poder tener en casa más que medio kilo de pólvora a precio de oro para recargar nuestros cartuchos perdiceros, los que tenemos un armero de seguridad para nuestros “hierros”, los que encontramos en las armas arte o historia o sencillamente los que nos contentamos con hacerle agujeros a un cartón, seguiremos sometiéndonos a todas esas churriguerescas exigencias contradictorias, confusas, equivocadas, pacatas, e irrealizables que ustedes van sacándose del cerebro a golpe de delito y que para los criminales sencillamente NO EXISTEN.

¡Claro que sí! Legislemos! No vaya a ser que luego nos culpen de desidia. Que parezca al menos que hacemos algo.
Vale; pero la próxima vez que legisle tenga usted presente que el Reglamento de Armas y Explosivos no es que afecte en mucho o en poco a quienes emplean las armas para actos criminales; es que ni les afecta ni va con ellos... Sobre todo mientras no sean detenidos y sometidos a su régimen sancionador.

Por otra parte, repasada la nueva ley me parece que para este viaje no hacían falta alforjas, pues buena parte de lo legislado no es nuevo y por supuesto no responde a sus sentenciosas declaraciones sobre las armas y explosivos.
Digo yo que antes de esta ley, si a un tío con turbante y hasta con txapela o cachirulo le encontraban un fusil de asalto en el coche, lo detenían. Me temo que la nueva ley, igual que la anterior, servirá también de excusa para detener al cazador que vuelva de noche de una espera al jabalí o de un largo viaje desde uno de los escasos polígonos de tiro de España que le permiten tirar al blanco a 300 metros.

¡Ea! ¡Con Dios!

Santiago Fernandez Cascante, redactor de armas.es

 

Ley Orgánica 4/2015, de 30 de marzo, de protección de la seguridad ciudadana.
Artículo 18. Comprobaciones y registros en lugares públicos.
1. Los agentes de la autoridad podrán practicar las comprobaciones en las personas, bienes y vehículos que sean necesarias para impedir que en las vías, lugares y establecimientos públicos se porten o utilicen ilegalmente armas, explosivos, sustancias peligrosas u otros objetos, instrumentos o medios que generen un riesgo potencialmente grave para las personas, susceptibles de ser utilizados para la comisión de un delito o alterar la seguridad ciudadana, cuando tengan indicios de su eventual presencia en dichos lugares, procediendo, en su caso, a su intervención. A tal fin, los ciudadanos tienen el deber de colaborar y no obstaculizar la labor de los agentes de la autoridad en el ejercicio de sus funciones.
2. Los agentes de la autoridad podrán proceder a la ocupación temporal de cualesquiera objetos, instrumentos o medios de agresión, incluso de las armas que se porten con licencia, permiso o autorización si se estima necesario, con objeto de prevenir la comisión de cualquier delito, o cuando exista peligro para la seguridad de las personas o de los bienes.
Artículo 21. Medidas de seguridad extraordinarias.
Las autoridades competentes podrán acordar, como medidas de seguridad extraordinarias, el cierre o desalojo de locales o establecimientos, la prohibición del paso, la evacuación de inmuebles o espacios públicos debidamente acotados, o el depósito de explosivos u otras sustancias susceptibles de ser empleadas como tales, en situaciones de emergencia que las hagan imprescindibles y durante el tiempo estrictamente necesario para garantizar la seguridad ciudadana. Dichas medidas podrán adoptarse por los agentes de la autoridad si la urgencia de la situación lo hiciera imprescindible, incluso mediante órdenes verbales.
A los efectos de este artículo, se entiende por emergencia aquella situación de riesgo sobrevenida por un evento que pone en peligro inminente a personas o bienes y exige una actuación rápida por parte de la autoridad o de sus agentes para evitarla o mitigar sus efectos.
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