La leyenda de Wild Bill Hickok: las circunstancias que rodean un duelo a vida o muerte siguen siendo las mismas

La leyenda de Wild Bill Hickok: las circunstancias que rodean un duelo a vida o muerte siguen siendo las mismas

Mundo Armas
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Uno de los personajes más famosos de la era del Salvaje Oeste norteamericano fue Wild Bill Hickok. Un recorrido por su historia nos demuestra que las circunstancias que rodean un duelo a vida o muerte hoy en día siguen siendo las mismas.

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Retrato de Wild Bill Hickock

Uno de los personajes más famosos de la era del Salvaje Oeste norteamericano fue, sin duda, Wild Bill Hickok. Nuestro personaje fue conocido por ser Agente de la Ley en varias localidades, aunque cuando consiguió el empleo de Comisario en Albilene (Kansas) fue cuando obtuvo más fama en la profesión. El Estado de Kansas era un área geográfica muy peligrosa en esa época, quizás, como todas las áreas de la denominada “La Frontera”. Hickok también atesoró fama a través de otros trabajos. Colaboró en el espectáculo internacional de Bufalo Bill (en el siglo XIX era considerado el espectáculo más grande del mundo), el cual consistía en realizar exhibiciones que demostraban al público el estilo de vida del Oeste “salvaje”. Así pues, se mostraban los modos y las formas de montar a caballo, lanzamientos de cuchillo, lanzas y flechas. Los disparos rápidos y precisos con armas de fuego (tiro de exhibición) a pie firme y a caballo, eran parte muy importante del show, así como las exhibiciones de desenfunde de revólveres y demás habilidades con el arma en la mano.

En esa etapa de su vida, Hickok conoció a Juanita “Calamidad” (Calamity Jane), con la que, al parecer, tuvo un affaire. Se dice desde entonces ella vivió siempre enamorada de nuestro personaje. Como todos saben, Juanita era una excelente tiradora de exhibición, tanto con armas largas como cortas. Por cierto, aunque falleció en el siglo XX, su cuerpo descansa en una tumba junto a la de W. B. Hichok.

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Armas del Far West

Conductor de diligencias, cazador y explorador del ejército, son otros de los empleos que tuvo el protagonista de este artículo, el cual, era también aficionado al juego y a los duelos, aficiones en las que cosechó sonados triunfos y gran fama. Precisamente, fue un duelo, el 21 de julio de 1865, en Springfield, (Missouri) donde, con total seguridad, nació la fama y la leyenda de Hickok. El mortal encuentro fue contra Davis K. Tutt. Muy sucintamente vamos a conocer ese caso. Merece la pena. El motivo fue una deuda económica, si bien, Tutt llevaba tiempo ofendiendo públicamente a Hickok. Cabe destacar que Hickok aún no era agente de la Ley. Se dedicaba al juego. Finalmente, las ofensas que Hickok recibía, lo sacaron de sí. Se produjo un duelo clásico de la época. En la plaza principal de Springfield y a unos 65 metros de distancia, ambos contrincantes se situaron frente a frente. Según testigos presenciales, y otros referenciales, solo se oyó un disparo, pero todos coinciden en que antes del “estampido” Hickok y Tutt habían desenfundado sus revólveres. La cuestión es que Tutt recibió un disparo en el pecho y Wild Bill no fue alcanzado por ningún proyectil.

Aún sonando un solo disparo, el revólver de Tutt tenía una recámara vacía: solo tenía vaina la recámara correspondiente al último disparo. Con total seguridad, Davis Tutt erró el disparo contra su rival. Tomen nota: Tutt gozaba de gran fama como tirador de precisión. Se sabe que Hickok apoyó el cañón de su Colt Navy mod.1851 calibre .36 en su antebrazo débil, consiguiendo lo que esperaba: un disparo preciso a una distancia “interesante”. También es sabido que por aquella época, y en ocasiones, usaba un revólver Colt Dragon calibre .44 y un S&W nº2 calibre .32. 

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Hickok en la portada de un libro

El Coronel y articulista de prensa George Ward Nichols, semanas después del juicio en el que derivó el resultado del duelo, (Hickok fue detenido y procesado, pero declarado inocente por aplicación de Legítima Defensa) inició una serie de entrevistas que fueron publicadas. Ahí, casi con total seguridad, nació el mito. Según se cuenta, como duelista tuvo grandes éxitos y causó bastantes bajas. Parece ser que él no solía ser el primero en desenfundar. Hickok confiaba tanto en la velocidad de su desenfunde y en su precisión de tiro que esperaba a que su adversario extrajera primero el arma. A veces, incluso dejaba que su rival efectuara el primer disparo. Con ello conseguía que los siempre curiosos ciudadanos, fueran testigos fieles y ocasionales de que él disparaba en defensa propia. De ese modo, eludía las posibles responsabilidades judiciales. Tuvo siempre mucha suerte. Sus adversarios, aún siendo los primeros en disparar, siempre fallaban, (quizás les imponía estar frente a tan mítico personaje y eso les hacía perder el control) y antes de que ellos mismos se dieran cuenta… ya habían sido abatidos por los revólveres de Hickok. Merece la pena reseñar que casi siempre portaba dos revólveres. Tomen nota otra vez.

Cuando trabajó para el ejército acumuló tras de sí un buen número de historias que le otorgaban numerosas bajas en combate contra los indios y los mexicanos. No todas las bajas que rodeaban a estas leyendas fueron bajas contrastadas, pero desde luego, se sabe que muchas de las cifras fueron reales. Pues bien, este personaje tan habituado a las armas en una época en la que quien que no fuera el mejor moría, fue, como antes decía, Comisario en Albilene. Solo ocupó el puesto durante 8 meses, y en ese tiempo parece que abatió, en defensa de la Ley, a muy pocas personas; cuando acabó su contrato como Jefe de Policía solo había abatido a cinco contrincantes. Pero debido a su demostrada habilidad en el manejo de las armas, (revólveres) y a la velocidad de su desenfunde, su reputación y fama ganaban al número de bajas que realmente había causado. Así fue alimentándose la leyenda.

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Revólver Colt Navy M1851

Él presumía de haber matado a más de cien hombres a lo largo de su vida, pero a día de hoy, y con estudios muy detallados, se cree que en toda su vida no llegó a treinta abatidos confirmados. La prensa del momento y los novelistas alimentaban la imaginación de sus lectores, atribuyendo a Hickok, y a otros “ases” del momento, cientos de muertes. Tanto es así que a nuestros días nos llegan conceptos equivocados y exagerados de lo que de verdad ocurría en esas violentas ciudades. Nuestro personaje está en el elenco de las diez personas más mortales de la historia. Existe publicada una obra literaria que lleva por título: “Los 10 Hombres más Mortíferos de la Historia”, y Hickok está entre ellos. Parece que el último malhechor al que abatió mientras era Agente de la Ley, se le enfrentó a solo tres metros de distancia. El 5 de octubre de 1871, según consta, el Comisario le ordenó a un vaquero que tirara sus armas al suelo (estaba prohibido portar armas en la ciudad) pero el vaquero, lejos de obedecer la legítima orden “policial”, le disparó dos veces. El primero de sus disparos alcanzó el faldón del abrigo de Bill, no causándole heridas, impactando el segundo disparo en el suelo, justo entre los pies de nuestro Comisario. Antes de que hubiera desaparecido el “estampido” del segundo disparo de su atacante, Hickok le disparó, certeramente, dos veces en el vientre, causando graves heridas al vaquero. Pocos días después, como consecuencia de las heridas, falleció.

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Reproducción del asesinato de Hickok

Mientras se producía el enfrentamiento, en el lugar se reunieron un buen número de amigos del “problemático” cowboy, quienes insultaban y gritaban al Comisario. Parece que eso, al agente, no le hizo perder la concentración durante el enfrentamiento. Pero entre la poca iluminación existente en el lugar, la tensión, los nervios y el estrés posterior al enfrentamiento, (seguro que él controlaba en parte el estrés, pero la capacidad cognitiva se deteriora siempre. Siempre) Hickok no identificó la sombra de la persona que, revólver en mano, se le aproximaba por uno de sus flancos. Quien producía la sombra fue abatido de dos rápidos disparos. Lamentablemente, este segundo abatido era uno de los mejores amigos del Comisario. Ese amigo, el agente Mike Willians, solo trataba de llegar hasta Hickok para apoyarlo y darle protección y seguridad mientras abandonaban el escenario del encuentro armado. Desde ese día, Hickok no fue el mismo.


deadwoodWild Bill Hickok no fue el que más contrincantes mató. No fue el que más enfrentamientos mantuvo en esa época. Él solo fue uno más. Pero he querido usarlo como ejemplo porque es un personaje conocido por todos, no solo por su faceta de hombre de armas y de la ley, sino por otras facetas, sobre todo la de colaborador en el espectáculo más conocido de su época. Además, Hickok se salía del perfil de agente de la ley del momento. Él era educado en su hablar, pausado en sus movimientos y cortés con los ciudadanos, a veces hasta con los delincuentes. Se sabe que el Comisario era una persona odiada por unos y envidiada por otros. Sufrió continuas amenazas de muerte. Merece la pena destacar que la prensa, en una ocasión, lo dio por muerto, siendo el propio Hickok quien contactó con los autores de la noticia para decirles que aún estaba vivo.

Hickok siempre tomaba precauciones. Nunca se sentaba dando la espalda a las puertas de los lugares en los que se encontraba. Iba armado siempre, ocultando a veces su revólver bajo el abrigo. Por cierto, en una ocasión recortó el cañón de una de sus armas y modificó su abrigo para poder disparar desde debajo del mismo. Nunca entraba en zonas oscuras o poco iluminadas y tampoco era “amigo” de entrar en callejones. En fin, tomaba precauciones y se mantenía alerta. Pese a ello, al final murió por un disparo en la nuca y a quemarropa. La muerte le llegó mientras jugaba a las cartas y dando la espalda a la entrada del establecimiento. Quizás fue la primera vez que rompía esa norma de seguridad. Su asesino le disparó con un Colt del calibre .45, y lo hizo casi desde la calle. Algunos dijeron que lo asesinaron desde el mismo umbral de la puerta del salón de juegos. Cuando Hickok se desplomó, y cayó al suelo, en sus manos tenía las cartas de la que había sido su última partida de póker: doble pareja de ases y ochos negros. Desde ese día, y hasta hoy, a esa jugada se le llama “la mano del muerto”.

farwestEn los Juzgados del Condado de Deadwood, (Dakota del Sur) apareció en la década de los años cuarenta del siglo XX, una carta que escribió el mismísimo Hickok. Esta epístola no llegó jamás a su destino, ya que nuestro personaje fue asesinado antes de pasar por la oficina de correos para remitirla. La misiva era la respuesta de Hickok a un admirador y seguidor de sus acciones, el cual le había preguntado, entre otras cosas: ¿Cómo llegó a matar usted a tantos hombres?, ¿qué técnicas de tiro usó usted Sr. Hickok? Lo que no se puede saber es si preguntaba por un caso concreto o por todas las víctimas de Wild Bill. En cualquier caso, esta fue la respuesta textual: “…Levanté mi mano a la altura de los ojos, como si estuviera apuntando con el dedo, y disparé”. Y ahora, -como instructor de tiro defensivo que soy- digo yo: ¿Hay algo más natural e instintivo que eso? Cualquiera de nosotros, incluso un niño (con varios años de edad) controla y coordina, sin entrenamiento específico previo, los movimientos de su ojo y su dedo, y apunta con el dedo índice a cualquier objeto sin demora alguna de tiempo. Para ello, instintivamente el ser humano, desde que nace, va aprendiendo a hacerlo. Siendo un bebé no se consigue, pero a los pocos meses, todo niño sin problemas psicomotrices y de coordinación es capaz de ir ganando calidad en estas coordinaciones físico-oculares.

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La mano del muerto

El arma no es más que una prolongación imaginaria de ese dedo. Si un tipo como Hickok sobrevivió en esa turbulenta época a duelos, enfrentamientos como “particular” y a encuentros armados como agente defensor de la Ley, y usaba algo tan instintivo y tan natural… es que eso funciona. En esa época no se diseñaron técnicas complicadas, con un pie ahí, el otro aquí, este brazo para delante, el otro para atrás. NO. Señores, lo sencillo y natural, y cuanto más sencillo mejor, es lo que funciona en situaciones reales de enfrentamiento con extremo estrés.

Conclusiones extraídas:
1º. El enfrentamiento policial, en esa época, como hoy, ya se daba a muy cortas distancias. Anteriormente se ha dejado expuesto un caso concreto, pero son muchos los que se pueden rescatar de las memorias y biografías de las viejas leyendas del Far West. Otro ejemplo, digno de un artículo, es el archifamoso suceso de OK Corral con los hermanos Earp y unos pistoleros muy conflictivos. Aunque lo de Tombstone fue quizás más personal que profesional, no deja de ser un encuentro armado a muy corta distancia.

2º. Pese a la escasísima distancia del enfrentamiento narrado, hubo disparos que se fallaron. El vaquero que disparó a Hickok los efectuó muy bajos, y eso que ya sabemos que en esa época la gente estaba muy habituada a tirar por diversión y en situaciones reales; en fin, que tenían gran hábito y destreza en el manejo de las armas. Pero al final, en los enfrentamientos reales, cuando te disparan y te juegas la vida… las cosas cambian mucho y se fallan disparos que parecían imposibles de errarse. De todos modos, el vaquero estaba beodo.

3º. Incluso un profesional de las armas en esa época (casi todos tenían experiencias reales en enfrentamientos y un buen manejo de sus armas) puede entrar en tal situación de estrés “descontrolado”, que su visión se vea afectada y entre de lleno en el llamado Efecto Túnel. Además, también sufrirá la falta de control y de capacidad cognitiva. Hickok la sufrió cuando abatió a su amigo.

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Bill Hickok sentado frente a la puerta

4º. Podemos ver que Hickok, en esa acción abatió a dos personas de forma muy rápida y eficaz, con dos disparos a cada uno. No se limitó a efectuar un disparo, y eso que estaba seguro de que lo colocaría en la zona deseada. El Comisario aseguró sus blancos con dos súbitos disparos. Es lo que hoy llamamos “doble tap”.

5º. Muy ilustrativa y aclaratoria es la misiva hallada en los Juzgado del Condado de Deadwood. Lo sencillo, lo natural y lo de fácil asimilación, es lo que mejor funciona en situaciones de estrés y tensión extrema.

6º. Hickok, tras dar muerte al vaquero, recibió muchas amenazas de muerte, por ello modificó y adaptó su equipo, buscando la máxima eficacia en su uso. Recortó el cañón de una de sus armas y diseñó un sistema de sujeción para usar el arma desde dentro del abrigo. En pocas palabras: adoptó nuevas técnicas y tácticas para sobrevivir. Por cierto, aunque poseía varias armas (como hemos visto anteriormente), sus preferidas siempre fueron los Colt Navy 1851.

7º. El estado de alerta permanente le mantuvo vivo más tiempo, aunque finalmente la muerte le llegara por descuidar la retaguardia durante aquella fatídica partida de cartas.



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