Ernesto Pérez Vera: “Para saber qué siente un policía, hay que preguntar a quienes han pasado por el trascendental episodio de sobrevivir matando”

Ernesto Pérez Vera: “Para saber qué siente un policía, hay que preguntar a quienes han pasado por el trascendental episodio de sobrevivir matando”

Policial
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portada libro linea fuego hoErnesto Pérez Vera sabe de lo que habla. Este agente de Policía Local e instructor de tiro policial logró sobrevivir a un durísimo enfrentamiento que le dejó importantes secuelas, tanto físicas como psicológicas. Habitual colaborador

ernesto perez veraEl principal autor de la obra, el agente de policía Ernesto Pérez VeraErnesto Pérez Vera sabe de lo que habla. Este agente de Policía Local e instructor de tiro policial logró sobrevivir a un durísimo enfrentamiento que le dejó importantes secuelas, tanto físicas como psicológicas. Habitual colaborador de nuestro medio de comunicación, el agente Pérez Vera presenta este mes de mayo su tercer libro: “En la línea de fuego: La realidad de los enfrentamientos armados”, escrito en colaboración con el psicólogo Fernando Pérez Pacho. Con ellos hemos hablado en exclusiva sobre el contenido de este interesante libro, editado por el Grupo Anaya y que ya está a la venta en las principales librerías de España.

Esta es tu tercera obra editada, después de “Una mirada desde la Verja: Policías en La Roca (1830-2011)”, y el libro electrónico “Con vocación de servicio: armas cortas reglamentarias”. ¿Qué supone para ti enfrentarte a tu tercer proyecto literario?

E. P. V.: Este proyecto supone un paso firme y decidido en el campo de la literatura profesional. Lo anterior fue, o ha sido, una aventura que no resultó nada mal. No obstante, los fallos que pude haber cometido en esos dos libros, errores en cualquier sentido, creo que esta vez no existen. Después de publicar casi 200 artículos y dos libros, estoy intentado aprender a escribir. Me llena de orgullo y satisfacción, que diría aquel, el hecho de que Tecnos, la veterana editorial del importantísimo Grupo Editorial Anaya, se haya hecho cargo de esta obra. Tras ser leída por el director, éste me dijo cosas muy gratificantes. No sé si se las dirá a todos los autores, pero a mí me satisfizo.

¿Cómo y cuándo surgió la idea de publicar este nuevo libro “En la línea de fuego: La realidad de los enfrentamientos armados”?

E. P. V.: La idea nació durante una conversación con Fernando Pérez Pacho, quien es coautor de la obra. Él es psicólogo clínico. Una persona muy estudiosa de su rama profesional. Resulta que ambos gestionamos sendos espacios en la Red en los que colgamos nuestras ideas, reflexiones y artículos. Él sobre psicología, y yo de temas policiales. Pues resulta que nos leíamos mutuamente ya que, a veces, yo publico en mi blog artículos referidos a conductas, reacciones y comportamientos humanos ante situaciones comprometedoras para la seguridad. Naturalmente, siempre que toco estos asuntos lo hago con miras policiales. Así las cosas, Fernando y yo estuvimos un tiempo escribiéndonos correos electrónicos para aclararnos qué pensábamos uno y otro de tal o cual asunto policial-conductual. Al final nos conocimos en persona durante un viaje que él hizo a mi provincia, a Cádiz, con motivo de un curso que iba a impartir sobre control del estrés. Durante una tarde de charla fue él quien me dijo que pensara en algún proyecto en el que pudiésemos aunar nuestras ideas y esfuerzos. ¡Voila!, ese proyecto se llama, dos años después, “En la línea de fuego”. En la introducción de la obra aclaro más detalles de cómo se gestó la idea.

¿Qué vamos a encontrar en esta nueva obra que no hayamos leído ya en tus frecuentes artículos publicados periódicamente en revistas especializadas?

portada libro linea fuegoPortada del nuevo libro "En la línea de fuego"E. P. V.: Mucho y bueno. Yo siempre escribo desde la máxima objetividad que me ofrecen mis particulares experiencias como policía de calle, instructor y aficionado al tiro, las armas y a la cartuchería. Aficiones, más bien pasiones, que cultivo desde que era un niño. Pero ahora doy un paso más y me voy, como dije antes de la mano de Fernando, a beber agua de la fuente más fresca. Agua cristalina y pura. Nada de milongas. Si quieres saber qué pasa, qué se siente, qué se puede hacer y cómo se reacciona ante una situación que pone en jaque la vida de un policía, pregunta a quienes han pasado por el trascendental episodio de sobrevivir matando. Eso hemos hecho. Hemos entrevistado ampliamente a veintisiete policías españoles de todos los cuerpos de seguridad. Incluso algún agente privado se ha sentado con nosotros y ha desnudado su alma. De aquí salen veintidós desgarradores capítulos.

Contamos con incidentes en los que hirieron gravemente a los protagonistas, algunos de los cuales pudieron defenderse. A veces mataron a sus particulares homicidas, en ocasiones los hirieron y otras veces fallaron sus disparos. Algunos ni se defendieron. A muchos agentes los agredieron con armas blancas, pero también con fusiles de asalto, escopetas, revólveres, pistolas, etc. Este libro va a gustar mucho a muchos.


En esta ocasión, te aventuras en la redacción de este libro con un nuevo compañero de viaje: el psicólogo Fernando Pérez Pacho. ¿Cuál ha sido la aportación de este especialista en psicología policial al resultado final de la obra?

E. P. V.: La aportación de Fernando es fundamental para que “En la línea de fuego” se vea y entienda como un trabajo avalado científicamente. Aunque su parte escrita es menos extensa que la que yo desarrollo, su punto de vista sobre todo lo que yo firmo es la clave de la obra. Cada capítulo se compone de tres partes claramente diferenciadas. La primera es la exposición del suceso. La trama. Seguidamente viene el apartado en el que yo, como instructor y superviviente de una experiencia vital en la que tuve que disparar contra una persona, analizo y opino sobre cada extremo controvertido que el protagonista nos expone para el desarrollo de la primera parte. Significar que para redactar algunos capítulos ha sido entrevistado más de un interviniente, veintisiete en total para contar veintidós incidentes. Y finalmente es Fernando quien cierra cada capítulo con su visión científico-psicológica sobre cada una de las respuestas y reacciones dadas a conocer anteriormente. Destacar que en la narración de los casos se ofrecen párrafos en primera persona, manifestaciones textuales de los protagonistas.
trasera libro linea fuegoCubierta trasera con la sinopsis del libro

Uno de tus artículos que más debate y polémica ha suscitado en los últimos tiempos ha sido el que hace referencia al concepto psicológico de “miedo insuperable”. ¿En qué medida afectan estos conceptos al trabajo diario de un agente de seguridad?

E. P. V.: En nuestro trabajo hay muchos miedos y ese es uno de ellos, solo que éste afortunadamente no es conocido por todos. Aquí se nos mete mucho susto desde diferentes ámbitos. Antes de entrar en lo que me preguntas, deja que te diga que tenemos más miedo a responder defensivamente a un ataque que a las lesiones que nos puedan ocasionar en el curso de esa misma agresión. Pavor a que nos denuncien, más todavía si se hace uso del arma de fuego, se dispare o no. En las academias se suele inculcar la idea de que sacar el arma de la funda siempre genera problemas y que disparar es la llave del ostracismo profesional. En vez de inculcarse cosas positivas y reales, se inoculan mitos y se crean tabúes y leyendas urbanas que se transmiten de promoción en  promoción y generación en generación.

Respecto al miedo insuperable que nuestro ordenamiento jurídico recoge como una de las causas eximentes de la responsabilidad penal, sí, sin duda existe y se presenta muchas veces. Otra cosa es poder acreditarlo ante la autoridad judicial. Unos actúan de una forma y otros reaccionan no actuando ante el mismo agente estresante. La gente se congela. Se bloquea. ¿Todos? No, claro que todos no, pero sí muchos. Ese bloqueo puede durar breves instantes, los suficientes para que ocurra de todo. En el libro veremos muchos momentos así. Momentos reales que hicieron sangrar de verdad, aunque la narración pueda parecer, a veces, propia de una obra literaria creativa. Ahora bien, aunque esto le corresponde a Fernando, yo diría que todos estamos expuestos al bloqueo emocional. Todos. Eso sí, a mayor nivel de mentalización y entrenamiento menos dudará la reacción pasiva o de negación de lo que ante nosotros pueda estar aconteciendo. Veremos que incluso los funcionarios más entrenados, los de las unidades especiales de asalto, pueden pasar por momentos de incertidumbre en el pleno instante de verse apuntados o sentirse disparados. La naturaleza se impone, esto es algo que se podrá constatar a lo largo de todas las páginas del libro.

¿Dirías por tanto que la mente del profesional de la seguridad también se puede, o se debe entrenar? ¿Cómo?

E. P. V.: Sin duda. Claro que sí. La mentalización es fundamental. Esto no debería responderlo yo, sino mi socio literario, pero yo diría rotundamente que sí. Me preguntas que cómo se hace eso. No sabría de qué modo argumentarlo científicamente, pues esto se escapa de mi campo, pero sé que todos tenemos experiencias de la infancia que pueden dejarnos claro que esto se puede lograr. Si a un cachorro humano le dices durante sus primeros diez años de vida que no sirve para una cosa y que tal cosa no podrá hacerla jamás, seguramente no la hará nunca. Puede que en la edad madura se plantee si sí o si no y lo intente, pero seguramente siempre lo procurará con temor. Pero si al mismo cachorro le haces creer que lo puede todo y que siempre podrá hacer esto y aquello, lo intentará. Si lo intenta ya estará más cerca de conseguirlo que si no lo intenta. Hablamos de cosas viables, lógicamente. ¿Cómo es posible que haya policías que me digan que ellos no son capaces de sacar el arma de la funda y mucho menos disparar a alguien? ¡Por Dios!, sé de gente que lleva el arma sin munición. Pero por el contrario conozco a otros tantos, y esto ya es harina de otro costal, que sin haber pegado un tiro a una silueta en su vida y sin saber manejar el arma, aseguran que cuando un atracador se les ponga delante disparándoles le van a meter tres tiros en la cabeza. Como he dicho, esto es otro asunto, esto es lo que yo llamo toreo de salón, una postura que abunda en demasía. Ignorantes atrevidos de boquilla: barato e inocuo. Lenguaraces.

Seguramente, muchos profesionales de la seguridad pública y privada pensarán que en España apenas hay enfrentamientos armados, que eso son cosas de Estados Unidos y otros países con mayor índice de delincuencia. ¿Cuál sería tu respuesta para ellos?

linea fuego protagonistasLas siglas de todos los protagonistas del libroE. P. V.:  Respuesta: sacar el arma de la funda es, a todas luces, usar el arma. Cuando me dicen que en España el arma se usa poco durante el servicio yo digo que no. Si durante una intervención desenfundas en prevención o para conminar al contrario, estás usando legalmente el arma aunque finalmente no dispares. Dicho esto, en muchas intervenciones se producen descargas involuntarias por mala praxis. Accidentes. Tiros que se escapan. Mal uso derivado de una peor instrucción. De esto no escapa ningún cuerpo. Repito, ninguno. No sé de dónde saca la gente la idea de que en tal o cual cuerpo el adiestramiento es exquisito en todo, principalmente en tema de armas y tiro.

Sobre si los malos nos disparan mucho, bueno, por suerte no tanto como en Estados Unidos y en las películas. Pero sí que hay situaciones con tiros, claro que las hay. Muchas intervenciones no trascienden porque no desembocan en fallecimientos. Las que más se dan en nuestra tierra son, desde mi punto de vista, las que enfrentan a personas provistas de objetos punzantes, cortantes o contundentes con agentes de policía dotados de armas de fuego. De esto hay mucho. Muchísimo diría yo. Eso sí, nuevo debate: ¿existe proporcionalidad en la respuesta de “fuego contra filo”? Naturalmente que existe. Pues claro que sí, ¡faltaría más! Lo que hay que estar es a cada caso. Esto da para artículos e incluso tesis varias. El lector podrá encontrar más de un capítulo del libro desarrollando situaciones reales con respuestas policiales frente a machetes y cuchillos de cocina. Varios policías sangraron por no disparar y quienes sí abrieron fuego evitaron, con ello, graves lesiones.


Llevas ya muchos años dedicados a la publicación de contenido especializado sobre la realidad de la formación y el entrenamiento policial. ¿Crees que nuestras fuerzas y cuerpos de seguridad han evolucionado en esta materia durante estos años?

E. P. V.: Sí. Estoy seguro de que hemos evolucionado mucho. Ahora bien, estos pasos firmes en la dirección correcta se han visto más a niveles personales de los integrantes de las fuerzas que a niveles oficiales. La gente está despertando y mucha de ella no se queda anclada en los casi siempre insulsos y arcaicos métodos y sistemas de instrucción reglamentados en las instituciones. Aun así, si en un ámbito profesional veo un claro salto hacia delante es en el local. Los cuerpos de Policía Local son, desde mi punto de vista, los que están cogiendo el toro por los cuernos. Pero claro, si bien es correcto que muchos están avanzando acertadamente, la mayoría todavía permanece dentro de la caverna en todos los sentidos, no solo en tiro. Hablo de mentalidad policial y no municipal. Los del dentro del colectivo me entenderán perfectamente. Un dato: tenemos dos cuerpos estatales, cuatro autonómicos (no cuentan las unidades adscritas del Cuerpo Nacional de Policía a cinco comunidades autónomas) y sobre 1.700 cuerpos locales, y cada uno es de una leche.

Un caso especialmente llamativo es el del empleo de cartuchos de arma corta, dotados con proyectiles expansivos. Me refiero a los de punta hueca o similares. Que nadie venga a decirme todavía que los semiblindados son expansivos y muy eficaces. Ya no cuela, por más que sigan vendiendo así el producto en muchos sitios. Pues bien, mientras en los cuerpos del Estado, esto es Cuerpo Nacional de Policía y Guardia Civil, se dota a los agentes de munición blindada o semiblindada, en los cuerpos municipales son cada día más los funcionarios que consumen en sus horas de servicio cartuchos de gran calidad, que ofrecen saludables ventajas sobre los tradicionalmente usados en la mayoría de las fuerzas. Que los de punta hueca son más apropiados que los otros queda patente al saberse que en los dos cuerpos del Estado se dota de esa cartuchería a los integrantes de sus unidades de asalto más punteras: Grupo Especial de Operaciones (GEO) y Unidad Especial de Intervención (UEI).

libro linea fuegoPáginas interiores del libroPrecisamente la Guardia Urbana de Barcelona (Policía Local) acaba de adquirir munición de este tipo para sus funcionarios, concretamente la EMB de Fiocchi. Pero aunque parezca que solamente grandes cuerpos locales están tomando estas sabias decisiones, no es así. Por mencionar algunos casos, puedo asegurar que plantillas municipales como la de Algeciras (Cádiz), Alcázar de San Juan (Ciudad Real), Tomares (Sevilla), Leganés (Madrid) o Albaida del Aljarafe (Sevilla) emplean acertadamente munición expansiva de gran calidad. Me honro en poder decir que algunos de los cuerpos referidos, y otros muchos más, solicitaron mi asesoramiento en este sentido. Otros están a punto de cerrar sus pedidos.

Si hablamos de líneas de fuego, de enfrentamientos armados, y además lo hacemos en un medio especializado como éste, ¿cuál sería para ti el equipo armamentístico básico que tendría que tener todo profesional de las fuerzas del orden en su trabajo diario?

E. P. V.: En cuanto al armamento, tengo que decir que no creo que existan ya muchos policías españoles dotados de pistolas obsoletas, aunque sé que en determinados cuerpos locales todavía gastan viejos revólveres y en algunos destinos de la Guardia Civil se emplean aún pistolas con treinta años, de simple acción y de ocho cartuchos de capacidad. Pero pese a todo, son cifras nimias frente a los totales. Las grandes masas policiales tienen ya asignadas armas modernas y de gran calidad. La cuestión no es qué marca o modelo portar. La verdadera cuestión es: ¿entrenamos mucho y bien? ¿Acaso mal y poco? Yo creo más en la segunda cuestión-duda. Da igual que llevemos una pistola HK P30, una Glock 17, una Sig P228 o un revólver Llama Martial con tres décadas. Lo importante es saber usar lo que se porta. Saber sacarle partido. En la obra veremos cómo policías armados con pistolas y revólveres se enfrentan y vencen a sujetos provistos de armas de mayor potencia de fuego (escopetas y fusiles de asalto). Unos ganan por suerte, aunque también por saber responder, y otros logran la victoria gracias al adiestramiento y a la fortuna, porque el factor suerte siempre está presente.

Dicho esto, sin duda soy partidario de unos modelos de pistolas más que de otros. Mis armas siempre han sido Glock y Sig Sauer. Hasta hace poco tiempo confiaba mi seguridad a una Glock 26, aunque durante el servicio empleaba, desde el año 2000, una HK USP Compact. De todas las Sig que he tenido, que han sido la 232, 239, 228, 226 y Pro 2009 C, la 228 y la 232 son las que más me han satisfecho. La 228 era de dotación en mi época de escolta. Actualmente “paseo” una Glock 17.

Urge dotar a todas las unidades de seguridad ciudadana de chalecos de protección balística para el mayor número de agentes posible. Pero tal vez sea tan importante como lo anterior mentalizar a los policías y mandos de que usar el chaleco no es cosa de friqui ni de fantasma. Hay que modificar tantos pensamientos y desterrar tantas falsas ideas, que sería mejor cambiar todo el sistema formativo en este campo. Asignaturas pendientes: chalecos, entrenamiento serio y comprometido y reciclaje de los instructores de tiro.

Se debate mucho sobre la idoneidad de que todos los agentes lleven siempre, sin distinción del cuerpo al que pertenezcan, armas largas en los coches de servicio. Bueno, sí, vale, ¿pero entrenarán con ellas para ser eficaces, seguros y resolutivos? Me temo que no. Por tanto, abogo por entrenar mucho y bien con las armas cortas de dotación hasta buscar la cercanía con la exquisitez. Al fin y al cabo son las que diariamente más usamos (quienes siguen en activo). Lo otro, lo de las escopetas, mejor lo dejamos para cuando aprobemos la otra asignatura. Sé de cuerpos locales que han invertido en armas largas y material complementario para las mismas. Mucho dinero gastado para no usarlas nunca, ni tan siquiera en la galería de tiro. Opino que esos miles de euros hubiesen sido mejor aprovechados en la adquisición de munición de pistola para entrenar a los mismos agentes. Hablo de cuerpos que no entrenan nunca con pistola. Aunque la gente se quede a cuadros con esto que voy a decir, lo diré: existen cientos de cuerpos locales que no se ejercitan nunca en el uso de sus armas. En otras fuerzas no locales, aun existiendo planes anuales de reciclaje, muchos agentes eluden entrenar sin que nadie se lo exija.


Por último Ernesto, seguro que muchos de nuestros lectores ya están deseando tener tu libro en sus manos. ¿A partir de cuándo y dónde lo pueden conseguir?

libro linea fuego dedicatoriaDedicatoria personal del autorE. P. V.: “En la línea de fuego: la realidad de los enfrentamientos armados” ya está a la venta. Desde el día 15 de este mes de mayo, el libro se podrá comprar en todas las librerías del país. Además, a Latinoamérica se surtirá bajo pedido de alguna librería o tienda especializada que tenga interés en distribuirlo en aquel continente. Esta gran difusión es posible gracias al sistema de distribución de la editorial Tecnos, que no hay que olvidar que estamos hablando del Grupo Anaya. Hay previstos varios actos de presentación. La “premier” tendrá lugar el 21 de mayo en la Academia de Policía de Ávila, donde junto a ambos autores se sentará nuestro presentador José Mª de Vicente Toribio, inspector jefe del Cuerpo Nacional de Policía, veterano profesor de tiro y armamento en aquel centro de formación y consumado escritor. José María ha recibido diez premios literarios en prosa y poesía, el primero de ellos a los doce años de edad. Tiene publicados cinco libros.

Después de Ávila tenemos previstos más actos para dar a conocer la obra al público: Valencia (29 de mayo), Sevilla y Algeciras. En Valencia se encargará de la presentación José Riera Cardo, policía local de la plaza, gran instructor de tiro y licenciado en Psicología. En Sevilla será Pedro Pablo Domínguez Prieto el orador responsable del acto. Pedro es un viejo amigo mío gran aficionado al tiro y a las armas, ex escolta privado destacado en Navarra y País Vasco y licenciado en Criminología. Y en Algeciras, mi tierra, presentará Luis Romero Bartumeus, buen amigo licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense y máster en Seguridad y Defensa por la Universidad Nacional de Educación a Distancia. Esta presentación se llevará a cabo en la sede de la Asociación Cultural Alcultura.


Hablemos ahora con el coautor Fernando Pérez Pacho. ¿Cuándo y por qué empezó a interesarse por la psicología policial?

F. P. P.: Hace unos 20 años, aproximadamente. Cuando trabajaba con enfermos mentales crónicos, un inspector de la Policía Local me comentó las dificultades que en ocasiones experimentaban los agentes cuando tenían que resolver un conflicto en el que se encontraba involucrada una persona con esquizofrenia, trastorno bipolar, etc. Le propuse entonces la posibilidad de impartirles un curso sobre cómo intervenir en estos casos. La iniciativa funcionó muy bien. Aquella formación se fue extendiendo, luego vinieron otros retos... y hasta hoy.

Dentro del terreno psicológico, ¿qué particularidades o condiciones especiales afectan a la conducta diaria del agente de servicio?

perez pachoEl coautor del libro, el psicólogo Fernando Pérez PachoF. P. P.: Hablando en sentido muy general (y, lógicamente, teniendo en cuenta las especificidades de cada cuerpo) están, por un lado, las condiciones propias del policía en el desempeño de su actividad profesional propiamente dicha y, por otro, las particularidades y condiciones singulares que vive el agente diariamente en sus dependencias del Cuerpo. Está plenamente constatado que las fuentes de estrés más intensas para el policía se encuentran “dentro” de la comisaría o cuartel, y no en la calle. Sistemas de liderazgo y mando inadecuados, la relación con los compañeros, el sistema de turnos, las asignaciones de servicios, etc., son algunas de las condiciones de trabajo del funcionario que pueden afectar a su conducta diaria durante el servicio. Los policías tampoco pueden abstenerse de los problemas cotidianos que afectan a la mayoría de los mortales: separaciones matrimoniales, problemas de autoestima, inseguridad, problemas emocionales, falta de  preparación, etc. Podríamos decir que el agente de policía dispone de las habilidades técnicas (o las va adquiriendo a lo largo de su quehacer profesional) para hacer frente a las contingencias profesionales, mientras que en la comisaría —fuera de la calle— debe resolver situaciones para las que no tiene preparación, para las que necesita habilidades no técnicas y que tienen que ver con la sobrecarga emocional (estrés, ansiedad, rabia, ira...) por las condiciones que he mencionado antes.


¿En qué medida diría que el factor psicológico puede ser determinante para salir airoso de un enfrentamiento armado?

F. P. P.: Una experiencia tan especial como la que supone un enfrentamiento armado va a demandar del organismo (cuerpo y mente) todos los recursos de que pueda disponer. Lo que aquí se juega es la supervivencia, y nuestro cuerpo está preparado al 100% para tratar de mantenerse vivo. Cualquier respuesta defensiva ante un ataque se realiza casi "sin pensar". Pensar demasiado en una situación del alto riesgo, dudar, puede resultar fatal. Por eso venimos “de serie” provistos de una serie de recursos innatos de defensa para la supervivencia que se ponen en funcionamiento sin apenas ser conscientes de ello. El cerebro identifica un peligro y automáticamente dispara un paquete de respuestas fisiológicas (aumento de la tasa cardiaca, tensión muscular, incremento en la frecuencia de la respiración, etc.) que son innatas y que nos ayudan a afrontar el peligro, ya sea alejándonos de él, atacando, o defendiéndonos. Pero cuando la amenaza sobrepasa la capacidad de la persona para gestionar adecuadamente ese peligro, el sujeto puede paralizarse quedando su integridad vital en riesgo. Los recursos psicológicos son aquí de enorme importancia, ya que el agente puede estar evaluando de forma incorrecta la situación a la que se enfrenta. Por ejemplo, una buena parte de los policías que entrevistamos manifestaron que la primera emoción que experimentaron al encontrarse en medio de un enfrentamiento armado fue de sorpresa, de que aquello no era real y que no les podía estar ocurriendo a ellos. Depende de cómo se gestionen psicológicamente estos pensamientos y emociones, por ejemplo, el resultado será uno u otro. Unos segundos de duda pueden significar la diferencia entre la vida y la muerte.

A la hora de resolver un enfrentamiento armado, ¿existe suficiente preparación o capacitación psicológica entre los miembros de nuestras fuerzas del orden?

F. P. P.: Solo puedo hablar partiendo de los policías que hemos entrevistado y los agentes con los que he hablado durante todos estos años, sin pretender generalizar a todo el territorio español. La respuesta es NO. El entrenamiento policial no es el mismo en todas partes. Hay lugares en donde se da una importancia capital a los aspectos psicológicos en el entrenamiento, mientras que en otros apenas se pasa por encima de ellos de forma tangencial. Específicamente en relación a los enfrentamientos armados, la mayoría de los agentes que hemos entrevistado no habían recibido preparación o adiestramiento psicológico alguno. Existe la creencia de que el policía, per se, ya está cualificado para sacar su arma y disparar contra otras personas si las circunstancias así lo demandan. Es decir, que por el hecho de ser agente del orden “debería” disponer del valor y la mentalización necesaria para responder con eficacia y sin dudarlo en un enfrentamiento armado. Los agentes carecen de información sobre los cambios fisiológicos y psicológicos que se producen bajo estas circunstancias extremas y lo que pueden hacer para hacerles frente. Tampoco se les enseña a aceptar y normalizar las emociones que experimentan, como tener miedo, algo perfectamente normal cuando alguien te está disparando o simplemente representando una amenaza. El miedo puede ser un aliado magnífico si sabemos entenderlo.

¿Qué le empujó a participar en la redacción de este libro junto a Ernesto Pérez Vera?, ¿de qué forma valoraría su aportación?

F. P. P.: Conocí a Ernesto a través de nuestros respectivos blogs. Desde el principio, su manera de enfocar el trabajo y la forma de plasmarlo por escrito (tenéis que saber que es algo hiperactivo) me parecieron impresionantes. Su propia experiencia en enfrentamientos armados (ha sobrevivido a un ataque muy grave) nos llevó a plantear la posibilidad de ayudar a los policías que habían pasado por esta situación y padecían secuelas emocionales. Una cosa llevó a la otra, y aprovechando un viaje a Jerez que hice para impartir un curso, quedamos para conocernos. Hablamos. Conectamos en seguida y..., bueno, el resultado lo tienes ahora entre las manos. Ernesto ha cargado con la mayor parte del trabajo y siempre te está dando ideas. Cualquiera que quiera trabajar con Ernesto en algún proyecto debe tener muy claro que es como una mosca cojonera, je je. Mantiene un ritmo de trabajo difícil de seguir, pero muy estimulante. Espero que mi aportación esté a la altura de la suya. He intentado aportar una faceta, la psicológica, no demasiado explorada en este campo. También he procurado, y esto es muy importante para mí, que los policías que han pasado por esta dura experiencia y han quedado afectados, puedan encontrar un espejo en el que reflejarse y unos profesionales que les puedan orientar.

¿Qué mensaje pretende difundir con esta obra entre el público lector que se dedica profesionalmente al sector de la seguridad?

F. P. P.: Creo que el mensaje que subyace a toda la obra es que debemos preparar mejor a nuestros policías y personal de seguridad en general, ante la posibilidad de sufrir un encuentro armado. Hoy en día disponemos de mucha experiencia e información para planificar el adiestramiento de una manera realista y coherente con lo que realmente ocurre en estas situaciones y cómo lo vive el policía. Es fundamental conjugar la preparación táctica/técnica y la mental/psicológica para que el adiestramiento alcance los resultados óptimos esperados. Además, debemos extender esta preparación para todo lo que ocurre después del enfrentamiento armado. Muchos agentes intensifican su malestar tras el incidente por la actitud de compañeros y mandos que son incapaces de comprender o valorar adecuadamente la experiencia vivida por el superviviente.




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