Disparos de interior: Técnicas de tiro desde el asiento de nuestro vehículo

Disparos de interior: Técnicas de tiro desde el asiento de nuestro vehículo

Policial
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disparos_vehiculo_hoSolemos hablar sobre los disparos que los policías hacemos a pie firme, contra personas que igualmente permanecen erguidos mientras suponen un riesgo grave. Pero lo que no se plantea tanta gente es la posibilidad contraria: que nosotros estemos dentro del coche y nuestro atacante en el exterior.
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El autor simulando un posible disparo desde el interior de su vehículo
Solemos hablar, escribir y especular sobre los disparos que los policías hacemos a pie firme, contra personas que igualmente permanecen erguidos mientras suponen un riesgo grave. Incluso nos planteamos situaciones contra hostiles que permanecen en el interior de vehículos. Sabemos que si el malo está dentro de un coche no blindado y desde fuera debemos dispararle… podremos fácilmente hacer blanco en él. Pero lo que no se plantea tanta gente es la posibilidad contraria: que nosotros estemos dentro del coche y nuestro atacante en el exterior. Pasa. Ocurre con frecuencia. En España no han sido pocos los policías (guardias civiles incluidos) y militares ametrallados desde escasos metros cuando se encontraban en el interior de vehículos, bien como conductores bien como pasajeros.

Digno de mención es el caso ocurrido el 18 de noviembre de 1994, en la localidad vizcaína de Larrebezúa. Aquel día, por la tarde (sobre las 18:00 horas), el sargento de Infantería J.L.C. fue emboscado por un comando de la banda terrorista ETA. El suboficial circulaba con su vehículo cuando en un cruce se le aproximaron dos sujetos, a pie, que abrieron fuego contra su vehículo. El militar, que portaba una pistola, respondió con celeridad al fuego y repelió el ataque desde dentro del automóvil. Además de evitar una muerte segura (el ataque se efectuó con subfusiles), hirió a uno de sus atacantes y puso en fuga al resto. No obstante, el sargento fue herido en un brazo por un único proyectil. Como consecuencia de la respuesta del acometido, los asaltantes huyeron del lugar en un turismo tras detener su marcha pistola en mano.

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Los disparos desde el interior de un vehículo se dan con más frecuencia de lo que se piensa
Más tarde, en Lejúa (misma provincia), dos patrullas de la Ertzaintza (Policía Autónoma Vasca) le cortaron el paso, produciéndose un enfrentamiento entre ambas partes. Curioso: uno de los etarras disparó contra los policías desde dentro del coche, si bien después lo abandonó y continúo la refriega. Un agente resultó herido de gravedad por dos impactos, y un terrorista murió y otro resultó herido.

Sería muy sencillo pensar que del mismo modo que desde fuera para adentro podemos hacer sangre, del mismo modo se podrá hacer a la inversa. En cierto modo es cierto, pero seguramente existan matices diferenciadores. El primero matiz puede ser el hecho de que el 99% de los profesionales armados de este país entrenamos  (que se salve el que pueda) desde posiciones estables o estáticas, de pie firme. Pocos, muy pocos, entrenamos reglamentariamente ejercicios en el interior de vehículos. Si acaso alguno lo hace es porque acude a cursos privados, o emplea su ingenio en busca de una mayor calidad en el manejo de situaciones potenciales. Algunos instructores, contraviniendo las normas internas de sus instituciones, incluyen sillas u otros asientos en las prácticas de tiro. En estos casos, los muebles son situados en la línea de tiro, frente a la de blancos, a distancia no superior a 5 metros (normalmente con la línea de blancos en un flanco). La idea es sencilla: simular que el tirador se halla, por ejemplo, en el interior de su coche policial, cuando es acometido de modo tal que requiere hacer fuego.

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Test realizado desde el interior de un vehículo y a través de la luna parabrisas
El funcionario de policía no debe tener miedo a efectuar disparos en tales circunstancias, pero es frecuente que ante planteamientos de esta índole algunos policías cuestionen su eficacia (nunca lo han entrenado o visto hacer). Muchos no saben que los proyectiles de nuestras armas perforan lesivamente las puertas y cristales de los coches convencionales. Quienes hayan realizado pruebas o fuesen testigos de ellas, saben de la facilidad con la que una bala (bala es sinónimo lingüístico de proyectil, aunque no resulte el más técnico) de 9mm Parabellum atraviesa un coche de lado a lado, de puerta a puerta.

Las posibilidades de verse en una situación adversa dentro de un vehículo son muchas. El ataque podría provenir desde cualquier lado o ángulo: detrás, delante o cualquier de los flancos. Aunque la energía de los proyectiles podría verse mermada tras fracturar chapas y principalmente cristales, es más que posible que conserven suficiente capacidad lesiva y letal, incluso si tras invadir el espacio interior del automóvil tuviesen que perforar los asientos, hasta llegar a los ocupantes. A la inversa ocurrirá lo mismo: el agente tiene que conocer que sus balas podrían salir del mismo modo hacia el exterior.

El 26 de mayo de 2005, en Olivella, Barcelona, una pareja de guardias civiles pasó por ello. Durante una persecución policial sobre dos vehículos sospechosos, tuvieron que hacer fuego con sus pistolas desde el interior del su coche patrulla. Los perseguidos les dispararon con armas de los calibres .38 Especial y 9 m/m Parabellum, entrando varios proyectiles por la luna delantera. Los funcionarios, por premura, devolvieron los disparos también a través del parabrisas de su coche. Ningún agente resultó lesionado, pero sí un delincuente (fue detenido días después).

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Vehículo oficial del CNP con impactos de bala
Los cristales y lunas parabrisas de los coches son lo bastante resistentes como para producir una buena desaceleración a los proyectiles. Aun así, casi siempre podrían llegar a producir lesiones graves. Si a estos niveles hay una barrera especialmente resistente es la luna delantera, laminada a día de hoy en cualquier vehículo moderno. Pero incluso estas superficies vidriosas podrían ser perfectamente perforadas en ambos sentidos (de dentro a fuera y viceversa). La mayor parte de las lunas delanteras también propician desvíos en las trayectorias iniciadas en la boca de fuego, e incluso rebotes según el ángulo de impacto, especialmente si el disparo se realiza desde el exterior (la luna presenta abombamiento en toda la extensión de su superficie, así como inclinación respecto al piso).

De cuantos proyectiles he experimentado en disparos directos a parabrisas (luna de un BMW, disparada de fuera a dentro), solamente uno reflejó un resultado menos grave en cuanto a interpretación de potenciales lesiones a producir. Me refiero a las puntas frangibles (emplee dos marcas diferentes). Aquellas balas perdieron aproximadamente el 50% de su masa en el impacto (se desintegró la parte delantera), pero el resto del proyectil penetró el cristal laminado y consiguió perforar el cuerpo que simulaba ser una persona (garrafa con 25 litros de agua). Estos proyectiles  están construidos y diseñados para desintegrarse, convirtiéndose en polvo, tras el impacto en superficies muy duras. Todo el cuerpo del proyectil suele ser una mezcla de partículas compactadas de polímeros, mezcladas con otras de cobre, tungsteno, nylon u otros materiales sintéticos. En cuerpos blandos, como puertas de coches u órganos humanos, actúan igual que los proyectiles convencionales. Solamente se desintegran completamente, cumpliendo así la misión de su diseño, si impactan en ángulo de 90 grados, o similar (superficies muy duras).

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Para conductores profesionales (escoltas), una funda como esta puede ser una buena solución
También está verificado que cuando el proyectil cruza el cristal en dirección fuera a dentro, proyecta numerosas y minúsculas partículas de vidrio en la dirección de tiro, pudiendo perfectamente afectar estos cristales a la visión de cuantas personas se encuentren dentro del habitáculo (lesiones oculares, al margen de las directas que pudiera producir el propio proyectil).

Cómo disparar desde mi asiento
Pero bueno, ya me he enrollado más de lo debido con el asunto balístico. Vamos a ver ahora si realmente es tan fácil responder con fuego, sentado en el interior de un coche. Algunos quizá crean que es tan sencillo como cuando se está de pie, pero yo no lo veo igual. Si ya de por sí no estamos debidamente entrenamos y mentalizados para disparar a otro ser humano a pie firme (así es como siempre se entrena), menos todavía lo estamos para replicar desde la segura posición de sentando en el interior del coche patrulla (particular también). Sabiendo como se sabe que los tiempos de respuesta en bipedestación son excesivos en la mayoría de policías (detección de la amenaza, desenfunde y disparo), estos rangos aumentarán cuando se encuentren sentados en sus incómodos coches de servicio. Si además se hace uso del cinturón de seguridad, la cosa se complica más aún (se suele emplear el cinturón en persecuciones de cierta duración y peligrosidad y también en viajes de escoltas).

Acceder al arma desde la posición de sentado suele ser más laborioso y lento que si se parte desde una posición estable de pie firme. Si a ello sumamos el tiempo de recamarar un cartucho para dejar lista la pistola (caso de no portar el arma en Condición 2), los tiempos se “disparan”,  nunca mejor dicho. Muchos aspectos han de ser considerados en este terreno: tipo de funda pistolera empleada, posición que se ocupa en el interior del vehículo y como se dijo en párrafos anteriores, la formación y mentalización que se posea.

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La funda de un conductor debe ser segura, cómoda y, sobre todo, que facilite el desenfunde
El modelo y ubicación de la pistolera es fundamental siempre, más aún en estos supuestos. Cuando se trabaja con uniforme, el arma irá siempre en una funda exterior, pero todas las fundas no son iguales y encima la gente siempre busca la más cómoda (otros la más barata). Casi todos los policías optan por una pistolera cómoda y no por una segura, menos todavía por una realmente apropiada para el desempeño concreto de su servicio. El material que para un agente de operaciones especiales es ideal, no necesariamente lo debe ser para un funcionario que patrulla en motocicleta o en un coche de espacio reducido (esto último está relacionado con la propia envergadura del agente).

Todos coincidirán conmigo en que las fundas pistoleras de pernera están de moda. Esta funda es ideal para los operativitos de unidades que usan frecuentemente arnés de rapel, chaleco táctico exterior de protección balística, etcétera. En esos casos un arma situada en la cintura será casi siempre un engorro: el arnés y el propio chaleco impedirán el oportuno acceso al arma, y ambas piezas tácticas dejarán de ser totalmente eficaces (con algunos chalecos, las armas situadas en la cadera suelen quedar ocultas e inaccesibles). Por ello nacieron las fundas de pernera, hace más de 30 años. Sin embargo, vemos a policías convencionales portando sus pistolas en este tipo de fundas. Lo mismo la lleva el motorista que el police man de un coche. Creo que en los dos casos no se tienen en cuenta las consideraciones operativas, sino las estéticas. No puedo negar que otorgan un aspecto muy táctico y operativo al usuario, pero no son las más oportunas para un guardia de la porra.

La pernera no es la solución

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El arma debe estar a mano siempre que intuyamos una situación de peligro
Las perneras difícilmente van a permitir un agarre y desenfunde natural en posición de sentado. Es imposible. En esos casos la pistola siempre se encontrará con la empuñadura en posición perpendicular al suelo, lo que impedirá ser asida correctamente en situación de emergencia. Peor todavía: los mecanismos de apertura de la funda (casi siempre serán modernas fundas antihurto) serán inaccesibles para los dedos de la mano fuerte. Lo tendrá más fácil el acompañante de un vehículo turismo, que el conductor. Ambos deberían hacer un leve giro o movimiento con la extremidad a la que va anclada el arma, pero el volante dificultará la tarea a quien maneja el auto. Algo más. El respaldo del asiento reducirá el recorrido del brazo fuerte, impidiendo la extracción completa de la pistola. Se puede, pero no es natural. Pruébenlo. Después imaginen tener que hacerlo rápidamente, cuando ya están siendo atacados, precisando de fuego inmediato de réplica. Si se es motorista, peor aún. Los funcionarios del coche podrían llevar abiertos, por seguridad y celeridad, los sistemas de retención de la pistolera. De este modo ganarían un poco de tiempo táctico, al acudir a una llamada de emergencia. Si en estas circunstancias se sufriera un accidente o se realizara un movimiento brusco dentro del coche, el arma podría caer al piso (dentro del auto, quizá en el propio asiento). Para el motorista eso sería la hecatombe, podría quedar desarmado. Por tanto, no sería recomendable que este tipo de patrulleros llevasen abierta la funda (no recomiendo en sí la propia pernera para el patrullero convencional). Si la pistolera poseyese sistema de retención pasiva, sí se podrían llevar desconectados los demás sistemas (no recomendable para el motorista).

Sí, lo sé, existen cordones de seguridad (lanyards) que mantienen el arma enganchada al cinturón, en casos de desarme accidental por caída. Pero es que tampoco estoy por recomendar este complemento a los policías de a pie. Diariamente veo como muchos de mis compañeros se van quedando enganchados por los rincones. Algunos, advertidos de que un día se quedarán pillados en un picaporte, asiento, cinturón de seguridad, etc., en el peor momento, hacen filigranas para que su lanyard no quede visible y así tratar de impedir quedar colgados. Lo empeoran: cuando desenfundan para elevar el arma a la altura de la cara para apuntar o encarar, el arma no llega. El cordón se queda corto dado que se oculta por el contorno de la cintura, cual recorrido caprichoso por entremedio del resto de accesorios. He visto que muchos utilizan una funda rígida ASP vacía (la del bastón) para que parte del lanyard quede dentro, e impedir enganches accidentales. Esto no suele permitir que el arma pueda alcanzar cierta altura con el brazo fuerte extendido. Los cordones de seguridad para armas están destinados a otro tipo de funciones o destinos, como por ejemplo tripulaciones de lanchas o helicópteros (la razón es obvia). Por cierto, a más de un oficial británico lo asfixiaron con el cordón del revólver durante la Segunda Guerra Mundial: lo llevaban sujeto al cuelo… Seguramente también habrá ocurrido en otros conflictos y con combatientes de otras naciones (la Guardia Civil también lo llevó al cuello).

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Disparando desde el interior de un vehículo en un programa de formación en Estados Unidos
Dentro de un automóvil, las pistoleras convencionales de cintura casi siempre dejarán el arma a mano. Pero ahora… a ver qué funda se usa y dónde se coloca, pues aunque el medio sea moderno, algunos siguen buscando la comodidad y se sitúan el arma en inaccesibles puntos del contorno de su cintura. Muchas fundas riñoneras de cuero se siguen viendo ahí, en los lumbares (donde se ubican los riñones, de ahí el nombre —es obvio pero algunos no lo saben—). Si al menos solo se usaran en servicios de paisano, vale, pero es que muchos uniformados abusan de esto para estar más cómodos en los asientos de los coches patrulla. Personalmente, creo que la colocación del arma en los lumbares (algunos la llevan entre ambos riñones. En la columna) solo sirve para ganar ocultación y discreción, amén de nula accesibilidad al arma para efectuar con eficacia un disparo de emergencia. Como norma general, las pistoleras que obligan a que el arma quede inclinada  —no paralela a la pierna—, dificultan el agarre y desenfunde seguro y natural. El problema se acrecienta si además están fijadas excesivamente altas, respecto a la cadera. En nuestro país son masivamente entregadas fundas reglamentarias que obligan a portar el arma con una inclinación de hasta en 45º de ángulo hacía atrás (boca de fuego hacia atrás). En tal situación es totalmente imposible empuñar el arma de modo natural, a no ser que se adquiera una inclinación del cuerpo muy exagerada hacia delante (estando de pie); cosa imposible de hacer en el interior de un coche (sentado). Algunos estudios consideran que el ángulo de inclinación máximo debe estar entre 20 y 25º.

Cuando se visten ropas de paisano hay que recurrir a otros fundamentos. Ya sea en horas ajenas al trabajo o prestando servicio en unidades que no visten uniforme, la forma de llevar el arma no es un asunto baladí. Tener una pistola bajo la ropa o en una bolsa, no siempre es garantía de seguridad real, aunque sí subjetiva: toda persona armada cree estar protegida. Si fuera del vehículo y en posición erguida el arma ya permanecerá oculta bajo varias prendas de vestir, y esto de por sí supone una traba al desenfunde de emergencia, si encima se está sentado dentro del pequeño habitáculo de un coche… shungo, que decimos en mi tierra. Peor será si la funda posee broches de cierre.

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Simulando un asalto a un vehículo
La gente cree que cualquier cosa vale para llevar dentro el arma. Algunos piensan que una bolsa de piel enganchada al cinturón servirá. La mayoría no ve en la funda más que un contenedor o recipiente, pero hay que ir y ver más allá. La pistolera destinada a servicios no uniformados debe permitir portar el arma con comodidad y discreción, pero no por ello hay que enterrar la operatividad. También en estos casos es necesario que el arma quede a la mano del usuario. Los tres aspectos son conjugables: comodidad, discreción y accesibilidad. La seguridad también ha de contemplarse en este segmento de fundas y servicios, pero no es el aspecto al que más atención hay que prestarle. Cuando una persona trabaja de paisano, el arma, de por sí, no está a la vista de terceros. Esto ya es una ventaja en cuando a seguridad frente al arrebato o hurto. Para colmo estará bajo una o más prendas de vestir, cuando no en una bolsa bandolera o de cintura, cerrada con cremalleras u otros medios. Esto es ya, por sí solo, una barrera o medida de seguridad. Por ello, no siempre será necesario que las fundas empleadas para trabajos de paisano posean varios niveles de retención. Soy partidario de pistoleras con sistema único de retención pasiva. Poner barreras al desenfunde de emergencia cuando ya hay que apartar prendas de vestir, puede ser un peligroso contratiempo.

Si la funda es de las llamadas interiores —aquellas que obligan al arma a ir entre el cuerpo y la cinturilla del pantalón—, el sistema de retención de broche se hace prescindible… casi que sobra. El arma quedará relativamente bien retenida entre el cuerpo y el propio pantalón. Si esta pistolera está confeccionada con nylon o cuero no rígido, quedará excesivamente inaccesible cuando se pretenda devolver el arma a su interior. En estos casos la funda se cerrará sobre sí misma, obligando al tirador a usar la mano débil para abrir con los dedos la “boca” de la funda, e incluso tendrá que meter barriga. Una vez medio abierta la funda, el arma podrá  ir introduciéndose poco a poco, pero nunca será una devolución rápida. Sentado en un coche es sumamente complicado hacer todo esto.

Ahora bien, tanto si se está de uniforme como de paisano y se hacen muchas horas de servicio al volante (escolta conductor, conducciones de presos en viajes largos, esperas, vigilancias, etc.), puede que otro tipo de funda sea más cómoda, práctica y operativa. Las sobaqueras y tobilleras, siempre colocadas en el lado contrario al de la mano fuerte (los diestros en parte izquierda), podrían ser oportunas. Además de llevar la cadera o cintura más relajada durante las largas horas de conducción, la accesibilidad del arma se antoja más rápida y sencilla. Personalmente he llevado dos fundas a la par, estando solamente una ocupada por el arma: en la cintura funda interior de material plástico (kydex) y en el tobillo otra con sistema único de retención pasiva. Durante algunos viajes (conducción) llevaba la pistola en la pierna, y una cuando iba a descender la pasaba a la funda de cintura. Con el cinturón de seguridad colocado, siendo conductor, es más rápido y natural desenfundar desde el tobillo que desde la cadera. También para estas mismas situaciones se presenta como una forma más natural y cómoda la modalidad de arma cruzada en la cintura (cross draw). Esto implica que el arma vaya fijada en el lado contrario al de la mano fuerte. Su ubicación podría ser desde la cresta iliaca hasta la zona inguinal. En cualquier caso, la empuñadura se localiza en dirección al centro del cuerpo. Del mismo modo que puedo aconsejarla para estas situaciones, no pienso lo mismo para casos de porte mayormente a pie firme.

Personaliza tu vehículo
Una buena idea es customizar el vehículo, en el sentido de colocar fundas en un par de lugares estratégicos, próximos al asiento del tirador. Esto será más apropiado y aconsejable si se es conductor. Al margen de portar la funda en la cintura, no vendría mal tener otra siempre (vacía para colocar ahí el arma) anclada en un lateral del asiento propio o bajo el volante. Esto permitirá al piloto manejar el vehículo con cierta soltura, mientras el arma siempre está a mano, incluso si el cinturón de seguridad va activado. Llevando desocupada la funda de la cadera, antes de descender del automóvil la pistola podría pasar en un plis-plas a su sitio.

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Coche tiroteado en EEUU / kcrg.com
En situaciones sospechosas detectadas desde el interior del coche, no es descabellado desenfundar el arma y colocarla bajo el muslo con la empuñadura hacia fuera (fácil y rápido acceso). Esto tiene dos inconvenientes, y es que si el arma llevara un cartucho en la recámara y los mecanismos de disparo activados en simple acción,  se podría dar la rocambolesca circunstancia de disparo involuntario en caso de colisión de tráfico o caída del arma. Para ello, en el interior del guardamonte tendría que introducirse accidentalmente algún objeto que hiciera de palanca. No es improbable, ni fácil, pero factible... por ello lo denomino rocambolesco. El segundo contratiempo también se podría dar si el vehículo colisionara, y es que el arma podría ser proyectada fuera del alcance del usuario, bien bajo el asiento del coche, entre los pedales o incluso fuera del automóvil si la puerta estuviese abierta en el instante del choque. Esto último ya pasó en el sonado y archiestudiado tiroteo de Miami, el 11 de abril de 1986 (Miami Shootout). En aquella ocasión, el agente del FBI Richard Manauzzi extrajo su revólver de la funda y lo colocó entre sus piernas al aproximarse al auto de los dos sospechosos a los que seguía. Ante el inminente tiroteo que estaba a punto de iniciarse, Manauzzi quiso tener su arma más a mano, pero se produjo una colisión contra el coche de los dos atracadores justo cuando el federal abría su puerta para descender. Perdió el arma durante los casi 5 minutos que duró el enfrentamiento. A otro funcionario, iniciada la refriega, le paso lo mismo (agente John Hanlon). Murieron 2 agentes, los 2 ladrones de bancos y 5 funcionarios resultaron gravemente heridos. Se cree que fueron consumidos sobre 145 cartuchos entre ambas partes (dato que crea controversia), pero Manauzzi fue el único actuante que no pudo disparar…

Aunque existe cierta versión en contra del informe médico forense firmado por Joe Davis, jefe del servicio médico legal: William Matix, uno de los delincuentes, presentaba los tímpanos reventados, además de 6 impactos de bala. Davis sostuvo que la lesión del aparato auditivo se produjo cuando su compinche disparó dentro del habitáculo del coche, con un fusil de asalto del calibre 5,56 m/m (.223 Rem), acción llevada a cabo justo ante su rostro. Esto podría sugerir que, de tener que disparar en estas condiciones, tanto con armas largas como cortas, en la medida de lo posible habría que tener esto en consideración. Ver vídeo: www.youtube.com/watch?v=WlSCE88UhyA

En la recién estrenada película policiaca “Sin tregua” (End of Watch), del director David Ayer (también guionista del film), hemos podido ver cómo uno de los agentes del Los Angeles Police Department (LAPD) desenfundaba su pistola dentro del coche patrulla y la dirigía hacia el exterior, desde detrás de la puerta del coche, mientras conversaba con un traficante. Destacar que las escenas referidas a tiroteos o balaceras, así como en general las de manejo de armas y despliegues tácticos, están magníficamente planteadas y planificadas. Por cierto, en otra escena a un agente le disparan desde dentro de un coche, durante la identificación del conductor.

Para concluir. No solo es potencialmente viable tener que disparar desde dentro del coche, sino que hay que promover el entrenamiento en tales circunstancias. Pero igual que es factible hacerlo, poseer la funda apropiada siempre aportará un plus, una ventaja. Nosotros portamos armas, no las transportamos, en cuyo caso serviría incluso una caja de zapatos.


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