Test balístico casero: rebotes y transferencia de energía (Iª parte)

Test balístico casero: rebotes y transferencia de energía (Iª parte)

Policial
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cartucho_action1_geco_hoErnesto Pérez Vera nos desvela en este artículo las conclusiones obtenidas en un test balístico casero realizado con diferentes tipos de proyectiles: SeCa, FMJ, punta hueca... No te pierdas los resultados.
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Bidón repleto de agua sobre el que se efectuaron los disparos
Hace algún tiempo redacté un artículo sobre mis experiencias balísticas con gelatina, y en él dejé plasmadas las evidentes conclusiones que aquellas pruebas pusieron al descubierto. Usando una pistola semiautomática del calibre 9mm Parabellum, se dispararon cartuchos montados con una gran variedad de proyectiles policiales. A grosso modo, esto es lo que se pudo comprobar sobre la gelatina: que los proyectiles convencionales de plomo, semi-blindados y blindados sobrepenetraron en exceso y no transfirieron suficiente energía como para ser considerados eficaces en la provocación de heridas de entidad mayor. Sin ser un proyectil convencional, el Frangible tampoco transfirió mucha energía a la gelatina, y también sobrepenetró en exceso.

Por contra, los cartuchos montados con proyectiles deformables o expansivos, como los de Punta Hueca o similares, no penetraron tanto como los convencionales, sólo lo justo, y además se deformaron tras el impacto. Con la modificación de su forma, aumentaron su sección, y con ello consiguieron una mayor transferencia de energía en la gelatina. Con estos resultados se producen canales superiores en las heridas. Esos canales son los conocidos como cavidades permanentes y temporales (las cavidades temporales quizás merezcan un matiz aparte). En la gelatina se pueden estudiar y ver, muy claramente, las cavidades permanentes. También se puede medir el recorrido total, e interno, que el proyectil alcanza en el cuerpo impactado (en este caso gelatina). Por cierto, lo ideal es, según los estudios científicos del FBI, 28 centímetros en un cuerpo humano.

01_cuerpoComo la gelatina tiene un coste económico muy elevado para un particular, requiere de mucha labor en su preparación, y además el cuerpo humano al nacer es agua en un 75% aproximadamente, decidí, sin mucha parafernalia científica – por no decir ninguna-, disparar sobre agua estancada en un bidón. Más casero imposible. Lógicamente, hay que salvar muchas diferencias: el cuerpo humano es, en la edad adulta, agua en un 60% (menos que al nacer), pero ese agua no permanece estancada en puntos concretos de la anatomía. Las células humanas son las principales portadoras y conservadoras de ese agua (agua intracelular).  El resto del agua es la extracelular, pues baña a todos los tejidos y circula por la sangre.

En una finca privada se dispuso de los medios materiales “científicos” necesarios para realizar el test: un bidón de 200 litros de capacidad, el agua y una plataforma elevada tres metros sobre el suelo. Desde la altura que daba un muro, se dispararon contra el agua numerosos cartuchos diseñados para uso policial. Para evitar la fractura del fondo del bidón, en el hipotético caso de que algún proyectil estuviera “sobre alimentado”, se colocó en el interior del mismo, y en el fondo, una plancha de acero que pudiera detener a los proyectiles excesivamente “animados”.


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La prueba balística se realizón con esta pistola Glock 26 del calibre 9x19mm
La prueba se efectuó en “V3” (distancia de 3 metros entre el agua y la boca de fuego). El arma empleada fue una pistola Glock 26, y el elenco de munición utilizado fue el siguiente: Fiocchi Black Mamba 100 grains; Geco Action-1 de 84 grains; SeCa 99 grains de Ruag; Fiocchi EMB 92 grains; Semiblindado Sellier & Bellot 124 grains; Frangible Greenshield Simunition 82 grains; Fiocchi ZP 100 grains; Blindada de Santa Bárbara 116 grains; Remington Disintegrator con proyectil Jacketed 100 grains; Remington Golden Saber 147 grains; y otras puntas huecas recargadas de Hornady y Winchester, ambas pertenecientes a la serie XTP 124 grains de sus respectivas firmas.

La prueba iba a demostrar lo que yo ya conocía: los proyectiles convencionales no se deformarían, y algunos alcanzarían, con cierta velocidad, el fondo del barril. Eso sí, tras el golpe final no presentarían deformación, si acaso muy leve. Y lo ya previsto se cumplió. Los proyectiles blindados de Santa Bárbara no se deformaron prácticamente nada, y seguramente, lo poco que lo hicieron, fue tras golpear en la placa de acero que se hallaba en el fondo del bidón. Las puntas Fiocchi Zero Pollution, las ZP, no se deformaron nada en absoluto. Las Frangibles de Simunition quedaron intactas, no se perdió ni un “grano”. La semiblindada de S&B se deformó levemente, señal de que pudo, como la blindada, tocar el fondo de acero con cierta velocidad. El caso de esta última punta y de la blindada evidencian sobrepenetración: los proyectiles tocaron, con suficiente velocidad, el fondo de acero del enorme bidón de 200 litros de agua.   

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Cartuchos GECO Action-1
El tema de la sobrepenetración debería tenerse más en cuenta por las instituciones con carta en estos temas. Las puntas que son capaces de traspasar objetivos y mantener energía para alcanzar otros son muy peligrosas. Entre los proyectiles convencionales, el rey del peligro y el riesgo de daños colaterales por sobrepenetración, es el blindado o FMJ. Es precisamente el que más se usa entre los agentes policiales, en unos casos a nivel privado y en otros a nivel oficial de dotación. A la mente se me viene el triste suceso acaecido en diciembre del año 2006 en la Academia de la Guardia Civil de Baeza. Un profesor de tiro, por accidente, disparó un proyectil blindado contra uno de sus compañeros docentes, y ese proyectil, tras cruzar el tórax del agente, alcanzó de lleno el corazón de un alumno. Con mucha seguridad, me atrevo a decir que otros proyectiles nunca hubieran llegado a tanto. El suceso lo protagonizó una bala blindada del calibre 9 mm Parabellum. Por cierto, tras eso, y seguidamente al incidente, al mismo instructor se le “escapó” otro disparo que hirió en el pie, de modo leve, a otro alumno. En resumen: un herido leve, otro muy grave y otro fallecido, y los dos últimos por una misma bala…

Continuamos con la exposición del trabajo hidráulico. Los proyectiles expansivos, entre ellos los de punta hueca, no solo acabaron completamente abiertos en el fondo del bidón, sino que, al impactar con el agua, siempre desalojaron cierta cantidad de líquido. Esto último, el desalojo de agua tras el impacto, es algo que no se consiguió con las puntas convencionales, pues éstas no salpicaban prácticamente agua, por tanto, no transferían energía en buena o gran cantidad. Todos estos proyectiles quedaron expandidos totalmente.

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Proyectiles EMB recuperados
Fueron especialmente “brutales”, por el desalojo masivo de agua, los impactos de los SeCa, Geco Action-1, Golden Saber, Desintegrator, y Fiocchi EMB. Me sorprendió mucho el resultado alcanzado por los cartuchos italianos Black Mamba. Estos cartuchos de Fiocchi se abrieron completamente, quedando como una moneda aplastada pese a que, en principio, su estructura no presentaba un aspecto expansivo. Impactaron con energía en la placa de acero que se situaba en el fondo del bidón y dejaron marcado el impacto. El cuerpo de este proyectil está construido con una mezcla de zinc y de cobre, y al ser de peso muy liviano impactaba a una gran velocidad y con muchísima energía. Del proyectil Desintegrator solo fue recuperada la camisa o envuelta metálica, su contenido pulverulento se “perdió” en el líquido, pero también desalojó mucha cantidad de agua en el impacto.

Creo que a nadie se le escapa que si un proyectil alcanza casi el doble de su diámetro, de modo homogéneo tras el impacto y sin perder masa, producirá heridas de mayor entidad que aquellas puntas que no se deforman al impactar, a iguales distancias y en el mismo tipo de objetivo. Eso sí, aquí, al tratarse de líquido y disparándose en posición vertical, no se puede saber en qué punto se hubiera detenido el proyectil en su recorrido total. Y es que por pura inercia y ley de la gravedad, todos los proyectiles terminaban apilados en el fondo del bidón. Tampoco podremos saber en qué momento comienzan a expandirse las puntas deformables. Pero bueno, esto es lo que es, una prueba “casera” que seguro hace pensar a más de un usuario. 

¿Y qué pasa con los rebotes?

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Proyectiles frangibles
Otro factor relacionado con el comportamiento de los proyectiles es el tema de los rebotes. Sobre una plancha de acero impenetrable por su enorme grosor, disparé, también con una Glock 26, varios tipos de proyectiles: SeCa, ZP (Zero Pollution de Fiocchi), Frangible y FMJ (blindado). La distancia de tiro fue de 3 metros. El resultado de cada disparo fue distinto según el ángulo de incidencia del proyectil sobre el cuerpo metálico. Cuando se disparó en un ángulo aproximado de 90º, la punta SeCa se deformó completamente sin perder masa alguna. El proyectil fue localizado en el suelo, y justo debajo del punto de impacto. Cuando se probó con la frangible, nada se pudo recuperar en estado sólido, pues la punta se pulverizó por completo. La punta ZP, que según Fiocchi posee cierta propiedad frangible, se descompuso en pequeños trozos de camisa y estaño (su núcleo es de ese material). Los pequeños fragmentos que quedaron de la ZP, en mi opinión, pueden ser lesivos, pero no letales. No es, para nada, frangible. Creo que los pequeños fragmentos de la ZP podrían producir, en el sistema ocular, lesiones graves o muy graves. Estos fragmentos quedaron esparcidos ante la zona de impacto, pero justo debajo de ella.

Por último, del FMJ o blindado no fue localizado fragmento alguno de la punta. Seguramente se descompuso en pequeños y medianos fragmentos de plomo y latón, pero no fue posible localizar nada. Los fragmentos, muy probablemente, se confundieron con el entorno del escenario en el que se realizó la prueba. Lo dicho, todo es casero…

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Proyectiles blindados
Cuando disparamos en un ángulo de impacto de entre 45º y 60º, contra la misma superficie metálica y a la misma distancia, se consiguió el resultado esperado: todos los proyectiles rebotaron, incluido el frangible. Todas estas puntas fueron a detenerse contra la misma zona de un talud de barro. En mi opinión, esos proyectiles poseían capacidad lesiva letal. Estas balas, incluso las frangibles, fueron recuperadas achaflanadas pero conservando toda su masa.

Con munición FMJ de las marcas Santa Bárbara, Fiocchi y Remington, y con cartuchos SeCa, disparé también contra bloques de hormigón que tenían una capa de cemento enfoscado. Para esta prueba, la distancia fue de 5 metros, y el resultado acabó siendo, a groso modo, el esperado: las puntas FMJ rebotaban contra el enfoscado de cemento, sin que el proyectil perdiera masa, quedando el proyectil totalmente deformado de un modo muy homogéneo. Sin embrago, cuando el enfoscado se caía (por la fuerza de los sucesivos impactos) y quedaba al descubierto el bloque de hormigón “desnudo”, la punta FMJ siempre penetraba la primera “pared” del bloque. En este segundo caso, el proyectil, tras atravesar los granos de hormigón, se descomponía en camisa y núcleo de plomo, perdiendo gran parte de su masa.

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Proyectiles recuperados en el fondo del bidón donde se realizó el test balístico
En las mismas circunstancias se usó munición suiza SeCa del Grupo Ruag, siendo su resultado casi idéntico al caso de la munición blindada FMJ. ¿Qué se desprende de esta observación? Pues muy sencillo: que la punta SeCa, como difunde su fabricante, ante cuerpos “blandos” como el humano, transfiere mucha energía mediante la deformación controlada y homogénea de su punta. Sin embargo, ante cuerpos duros como el acero o el hormigón, se comporta como un proyectil blindado, es decir, que se “entaca” y tira “palante”…

Para finalizar, decir que el proyecto de Real Decreto del nuevo Reglamento de Armas, que con seguridad será aprobado tal cual se presenta en el borrador, prohíbe el uso, tenencia, compraventa y publicidad de los cartuchos que montan proyectiles expansivos, así como los simples proyectiles, siempre que sean destinados a armas cortas para particulares. Ahora, lamentablemente, se amplía la prohibición. El Reglamento de Armas aprobado por RD 137/1993 (en vigor aún, pero por poco tiempo) prohíbe lo mismo que el borrador al que se hace referencia, pero solo si se trata de proyectiles de Punta Hueca (que poseen una oquedad física en la cabeza y que administrativa y burocráticamente posean esa catalogación ministerial) y de proyectiles Dum-dum (modificados artesanalmente para que expandan por encima de previsto)

Hasta ahora se escapaban de la “quema”, si se poseía habilidad burocrática, los proyectiles “no huecos” que, por su configuración o composición, expanden tras el impacto en superficies o cuerpos blandos. Ahora no, ahora esos también son defenestrados al abismo. Una pena. Parece que los asesores de los redactores de las normas no se van a enterar nunca. Las puntas expansivas (sean puntas huecas o no) sobrepenetran menos, reducen en cierto grado el riesgo de rebote, y sobre todo, casi siempre, con menos impactos sobre una persona se pueden producir “fueras de combate” en menor tiempo. Esto último reducirá el número de disparos que tengan que recibir los tipos a los que nos veamos obligados a disparar.

Por último, y para acabar, quiero dar las gracias públicamente a mi amigo F. Acosta, pues sin su bidón, su agua y su finca, no hubiera podido disfrutar de este “experimento”. También es de justicia mencionar a Eugenio M. Fernández Aguilar, profesor de física y entusiasta de su profesión. Eugenio deseaba estar presente en la pruebas, pero no fue posible, aún así, ha seguido el trabajo antes de su publicación. El profesor administra un buen blog sobre física: www.cienciaxxi.com



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