Entrenamiento o Diversión: ¿Qué buscamos en el mercado de los cursos privados de formación para policías?

Entrenamiento o Diversión: ¿Qué buscamos en el mercado de los cursos privados de formación para policías?

Policial
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escenario_enfrentamiento_hoCada día son más las ofertas privadas a las que los agentes de seguridad pública y privada pueden optar en aras, a priori, de una mejor y más completa formación profesional. Pero, ¿esos alumnos buscan la formación o buscan espectacularidad?
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Simulando el escenario de un enfrentamiento
Cada día son más las ofertas privadas a las que los agentes de seguridad pública y privada pueden optar en aras, a priori, de una mejor y más completa formación profesional. Así, en este amplio “mercado” formativo encontramos cursos de tiro policial y tiro táctico, de entradas tácticas y dinámicas en inmuebles, de francotirador -sniper, de escolta, y hasta de escolta de alto nivel de protección. Hasta ahí, y más aún, en lo que respecta a tiro y armas. Pero también, en otro sector profesional y táctico existe una variada oferta. Me refiero al tema de defensa personal “a mano libre” y con defensas convencionales o extensibles, así como su extensión a los engrilletamientos, judo verbal y demás vertientes. Afortunadamente, muchos profesionales por fin han “despertado” y se han dado cuenta de que la formación oficial recibida en sus organizaciones policiales es insuficiente. En determinados campos y en algunos cuerpos, al decir que la formación es insuficiente, quizás esté siendo excesivamente generoso.

Dicho lo anterior, llego a un punto crítico y de reflexión: ¿Es apropiada y de calidad suficiente toda esa oferta de cursos existente en nuestro entorno?, ¿eligen siempre acertadamente los cursillistas?, ¿buscan todos los alumnos la formación o buscan espectacularidad, diplomas, fotografías y videos de película? Lógicamente, hay de todo, y por eso trataré este tema desde mi perspectiva de policía en activo y ex-escolta privado, con experiencia real de servicio. Mi opinión se funda en lo que veo “desde mi ventana”, pero también se fundamenta en lo que muchos compañeros me trasladan desde distintos cuerpos y unidades.

Orígenes de los formadores
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Joaquín Hernández, instructor de tiro policial
Existen excelentes profesionales en el seno de las fuerzas del orden que ejercen como docentes en sus organizaciones, y que son igualmente sobresalientes transmisores de sus conocimientos y experiencias. Aunque también hay casos de personas que, amparadas en una supuesta capacidad y formación por ser miembros de las FYCS o de las FAS, o por ser deportistas de elite, o ambas circunstancias a la par, imparten cursos de materias como el tiro policial o de supervivencia con armas. A estos dos grupos de formadores creo que se puede añadir otro grupo, quizás en auge o al alza. Me refiero a otros que siendo, o no siendo, agentes de cuerpos policiales o militares, y por el hecho de ostentar diplomas que les acreditan para determinadas tareas, dan un paso al frente y se dedican a impartir clases o cursos privados. Muchas veces, estos “docentes” no conocen o no dominan el tema, aún llevando años ostentando el diploma que, en teoría, les cualifica como especialistas en esas materias.

En España tenemos a muchos profesores que además de ser profesionales de las FYCS o FAS, poseen una experiencia y formación muy alta, cuando no, experiencias reales en enfrentamientos armados. Algunos de ellos son tan valorados que ejercen como profesores en Academias Policiales dependientes de las Administraciones públicas. Muchos de estos profesionales, saben que no solo basta con entrenar lo que hace años le enseñaron en el curso de Monitor o de Instructor del Cuerpo, y por ello se dedican a desarrollar o conocer técnicas nuevas que mejoren las capacidades de respuesta y de supervivencia ante encuentros armados reales. Otras veces, estos profesionales y docentes se preocupan de verificar si las técnicas, tanto propias como ajenas, funcionan en situaciones reales y de estrés, y en consecuencia modifican o adaptan sus programas de formación y los de las unidades o cuerpos de los que dependen. Para ello, estudian los enfrentamientos armados y las circunstancias que los rodean, obteniendo unos datos que a la postre serán usados para mejorar la formación que imparten. Estos instructores podríamos clasificarlos dentro del primer grupo mencionado anteriormente.

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El agente y deportista Eduardo de Cobos
En el otro sector o grupo de formadores, encontramos a los que también son profesionales de las armas y además son deportistas destacados, o simplemente son tiradores deportivos de cierto nivel. En este grupo también tenemos en nuestro país a muy destacados personajes. Gozamos de la existencia en nuestro entorno profesional de agentes de todos los cuerpos que además de ser afamados y destacadísimos tiradores de recorrido de tiro policial e IPSC, incluso a nivel mundial, son conocedores de la realidad del enfrentamiento armado y de su entrenamiento. Cuando un tirador deportivo de alto nivel es capaz de diferenciar entre el tiro deportivo y el de supervivencia, suele poseer una doble visión del empleo del arma. Por ello, y gracias a que consiguen diferenciar un “tiro, de otro tiro”, serán como norma general muy buenos transmisores de conocimientos y unos buenos formadores en general. Normalmente, los profesores que proceden del mundo del tiro deportivo y que también son agentes policiales, poseen una especial capacidad y habilidad en el manejo del arma. Con el punto de vista táctico acertado, esas habilidades otorgarán especiales posibilidades de supervivencia ante un encuentro real armado.

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Un agente debe saber enfrentarse a este tipo de situaciones
Otras personas se dedican a impartir clases o cursos sin ser profesionales de las FYCS, eso sí, quizás sean muy buenos conocedores del tiro deportivo y de las armas en general. Éstos casi siempre tendrán grandes habilidades en el manejo de armas y seguramente serán muy certeros en sus disparos, tanto si proceden de modalidades dinámicas del tiro deportivo como si lo hacen de modalidades de precisión. Sabrán expresar y mostrar técnicas muy funcionales para ganar puntos en las competiciones. Pero seguramente, al no ser portadores de un arma “pegada al cuerpo”, no podrán comprender lo que se siente cuando se extrae el arma de la funda ante un atacante armado en un mercado y rodeado de personas, algunas de ellas, casi con total seguridad, hostiles. Si un experto tirador deportivo no ha vivido, sentido y comprendido este tipo de situaciones, no podrá transmitir al alumno determinados aspectos que pueden ser decisivos y primordiales para la supervivencia. Incluso aunque tenga muy entrenadas las técnicas de supervivencia, no será igual haberlas entrenado sin que la mente se haya “hecho” a ellas, para que en su momento y llegado el caso, pueda usarlas realmente fuera de la cancha de tiro. Para mí, la mentalización es fundamental, tanto o más como el buen entrenamiento “físico de la técnica”.

Por último, llegamos a aqullos que siendo, o no siendo, agentes profesionales de las FYCS, y únicamente amparados en un diploma o acreditación, se dedican a impartir clases. Dentro de este grupo encontramos a quienes, tras obtener el diploma de Instructor años atrás, no han entrenado nunca. Si acaso, “han jugado” a dar unos tiritos con los amigos y compañeros, o han entrenado exclusivamente de modo deportivo. Pero aún así, sin pasión ni compromiso por el tema, imparten cursos en sus plantillas o unidades, cuando no también para “la calle”. Ellos, casi siempre son desconocedores de los nuevos puntos de vista de los entrenamientos profesionales y de la realidad de los enfrentamientos. De esto último, son totalmente desconocedores. Dentro de estos últimos encontramos, y cada día más, a algunos “atrevidos”. Hablo ahora de esos que, aún habiendo obtenido hace poco tiempo la acreditación o diploma de Instructor de Tiro, y sin “culturilla” en el tema, o sin experiencia y sin compromiso con la cuestión, se dedican a “enseñar”. Lo triste es que los alumnos de esos noveles profesores muchas veces creen que tras la formación recibida de ese tipo de instructores, ya lo han visto todo, y por tanto todo lo que se proponga desde otros instructores… será sobrante.

La “gran mentira”
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Distancia real de enfrentamiento
El motivo de escribir este artículo no es otro que poner de manifiesto mi preocupación tras mantener una reciente conversación con dos policías. Esos funcionarios, tras decirme que eran instructores y que impartían clases y cursos, entablaron conmigo una conversación profesional de cierta profundidad. En un momento dado, y hablando de calibres de armas y de capacidades lesivas, llegó el “derrumbe” de la conversación. Mis interlocutores no sabían, ni por asomo, de donde venía la denominación de calibre .38 Especial, .357 Magnum o .22Long Rifle. De esos dos agentes y “profesores de tiro”, uno de ellos reconocía que no tenía la más remota idea de la procedencia de esas cifras, según él cifras numéricamente muy altas o elevadas. Este mismo agente admitía que tales cifras no debían hacer referencias a milímetros, pues, por lógica serían calibres con tamaños no propios de armas de puño. El otro funcionario, y supuesto especialista, creía que se hablaba de milímetros al referirse a los famosos .38, .22 o .357, y admitía no haberse planteado jamás nada contrario a esa errónea creencia suya. Cuando yo, estupefacto por lo que oía, les dije a los dos policías que me parecía un despropósito el hecho de que estuvieran impartiendo clases privadas y oficiales en sus unidades, ambos me dijeron que el saber de cartuchería o balística no era necesario para enseñar a disparar en situaciones de defensa. Esa respuesta puede ser cierta. Aún así, seguí mostrando mi estupor por el brutal desconocimiento de algo que, para mí, es fundamental a la hora de impartir clases de calidad y, sobretodo, clases con seriedad.

Conozco el caso de un funcionario policial que lleva 20 años ejerciendo como instructor de tiro en su plantilla, y que además ha sido profesor de Tiro Policial en centros oficiales de formación. Tras varios minutos de conversación con él, pronuncié el nombre de Jeff Cooper, momento en el que mi interlocutor dijo: “¿ese quién es?, me suena” (creía que era un actor de cine). Por cierto, esta misma persona, al calibre .45 ACP le llama 45 milímetros ACP. Hay que ser serios. Ser instructor no es solo poseer un diploma que lo acredita. En todo caso, el que tiene la acreditación será una persona con la posibilidad administrativa de ejercer esas funciones, pero solo eso. ¡Acaso todos los que tienen permiso de conducir son expertos conductores!

¿Espectáculo o calidad?
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El instructor español Samuel Ríos en un stage de IPSC
Algunos confunden la espectacularidad con la calidad y la necesidad. Que los alumnos de un curso utilicen fusiles de asalto o subfusiles, y se atavíen con pasamontañas, no implica necesariamente que se obtenga calidad formativa. Es más, quizás en ese tipo de cursos se impartan enseñanzas dirigidas a un sector profesional que casi nunca acude en busca de esa formación. No suelo ver coherencia entre las técnicas que se enseñan y los desempeños profesionales de los cursillistas. La mayor parte de profesionales españoles que acuden a cursos de tiro policial/táctico policial o de protección VIP, son agentes privados y públicos que sólo emplean armas cortas en su trabajo. Por ello, siempre veo desacertado el “consumo” de tiempo, esfuerzo y dinero en entrenar técnicas y ejercicios que sólo tienen aplicación en supuestos que muy difícilmente se van a presentar. Me refiero entrenar asaltos con rehenes en buques o aviones, máxime cuando para ello se emplean armas largas automáticas que nunca se tendrán en el quehacer diario. Ningún agente policial convencional o vigilante privado/escolta de los que acude a estos cursos, se verá jamás en esas situaciones, tampoco con armas largas.

Sería más acertado trabajar en binomios o por equipos de hasta 4 agentes, en búsqueda de sospechosos que se encuentren cometiendo delitos “comunes” en lugares cerrados. Todos hemos tenido que entrar muchas veces en establecimientos, viviendas o naves industriales que, a altas horas de la madrugada, por ejemplo, han sido violentadas para cometer un robo. Esto es algo muy habitual pero entraña un enorme riesgo. Esto sí que debe ser entrenado con seriedad. Estas tareas pasan por el empleo de las herramientas de uso diario de los cursillistas, esto es: el arma corta, la defensa y la linterna. Estos casos tan frecuentes pueden “darse la vuelta” y convertirse en situaciones extremadamente complejas, pero será en ese momento cuando todo profesional deberá conocer a todos los niveles su límite.

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El tirador español Juan Carlos Jaime
En este sector es frecuente ver publicidad de cursos de alta protección VIP/Ejecutivos. No sé si todos son como los que conozco por directa y cercana referencia, espero que no. Éstos que comento son impartidos por personas que jamás han trabajado de escolta. Eso sí, suelen poseer diplomas de cursos de escolta por doquier, pero con nula experiencia profesional en esa rama de la seguridad. Para colmo, los cursos se alejan, nuevamente, de la realidad. Se hacen prácticas de protección de personas con equipos de 5 agentes protectores o más. Cuando todos los cursillistas, en el mejor de los casos, trabajarán de escolta solos o con otro agente de apoyo como máximo. Por tanto, se practican técnicas de nula aplicación real en sus vidas profesionales. Nunca entenderé como alguien que no sabe desmontar correctamente su arma y no sabe cuántos seguros tiene ni cómo funcionan, es capaz de gastar dinero en algo que no va a utilizar nunca. ¿Será que la gente busca nada más que el diploma y la experiencia de hacer cosas divertidas de las que hablar después a los amigos?, ¿será que algunos instructores sólo ven negocio en este tema? Calidad o espectacularidad… ¿qué se busca en algunos de estos cursos privados?


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