Mercenarios del siglo XXI: en el corazón de la nueva guerra

Mercenarios del siglo XXI: en el corazón de la nueva guerra

Militar
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Mercenarios del siglo XXI: en el corazón de la nueva guerra
Combatir por dinero. Esta es la esencia del mercenario, una figura bélica que ha vuelto a cobrar protagonismo en el siglo XXI. Sus orígenes son tan antiguos que se remontan a la histórica civilización egipcia, aunque la etapa de mayor esplendor de los mercenarios tuvo lugar a partir de 1960.
Mercenarios del siglo XXI: en el corazón de la nueva guerra
R. F. (armas.es) (04/08/2008)
Contratistas de seguridad
Combatir por dinero. Esta es la esencia del mercenario, una figura bélica que ha vuelto a cobrar protagonismo en el siglo XXI. Sus orígenes son tan antiguos que se remontan a la histórica civilización egipcia, aunque la etapa de mayor esplendor de los mercenarios tuvo lugar a partir de 1960. En aquella época, los soldados de fortuna invadieron masivamente numerosas regiones del continente africano, buscando una forma diferente de ganarse la vida y luchando casi exclusivamente por dinero. Posteriormente, la actividad mercenaria decayó notablemente con respecto a los años anteriores, a excepción del episodio de la antigua Yugoslavia, donde los mercenarios volvieron a ser protagonistas. Ahora, en pleno 2008, el soldado de fortuna vuelve a estar más de moda que nunca. Y es que los conocidos como “contratistas" copan cada día la actualidad internacional por sus intervenciones en los actuales conflictos armados.

Armor Group International, Kroll Securtity, Task International, o Global Risk son sólo algunas de las empresas privadas que actualmente están moviendo el mercado de los mercenarios. Sin embargo, entre todas ellas hay una que goza de mayor notoriedad y protagonismo en todo el mundo. Nos referimos a la estadounidense Blackwater, una empresa de reciente creación (1997), cuya popularidad creció como la espuma cuando en el año 2004 un equipo formado por cuatro de sus empleados fue asesinado brutalmente en la región iraquí de Faluya. Las imágenes de esos mercenarios asesinados dieron la vuelta al mundo y el nombre de Blackwater comenzó a sonar con más fuerza en la sociedad internacional. Tanto es así, que a día de hoy la firma Blackwater se ha convertido en una de las empresas más importantes y famosas de Estados Unidos. Una empresa que pertenece al conglomerado conocido como PMC (Private Military Companies).

Contratistas en pleno trabajo
Estas PMC o compañías militares de propiedad privada son las que actualmente gestionan la selección, formación y preparación de los mercenarios del siglo XXI. Como toda empresa privada, las PMC tienen sus propios empleados, en este caso denominados contratistas (“contractors" en inglés), que desempeñan un trabajo en una zona de conflicto a un precio realmente elevado. En este sentido, los salarios de los contratistas pueden alcanzar en algunos casos los 1.000 dólares diarios, una cifra muy apetitosa para un soldado de fortuna. Ahora bien, ¿está este salario absolutamente justificado?, ¿qué trabajos realizan los empleados de estas compañías para cobrar sueldos tan altos?

Las tareas que desarrollan estos nuevos mercenarios desplegados en zonas de conflicto son muy variadas. No sólo se dedican al combate puro y duro, sino que sus funciones van más allá. Por ejemplo, la actividad principal de muchos de ellos es la custodia y vigilancia de personalidades, el acompañamiento de altos cargos, el control de la seguridad de determinadas instalaciones, o simplemente la vigilancia de empresas o corporaciones privadas ubicadas en territorio hostil. Otros se preocupan de cuestiones logísticas, como por ejemplo el suministro de armas y material para el combate, y finalmente, los grupos más destacados se dedican efectivamente a “hacer la guerra". Dentro de este amplio concepto entran todas aquellas actividades propias de los ejércitos regulares, además de otros trabajos sucios más relacionados con la labor mercenaria: interrogatorios, incursiones en terreno enemigo, emboscadas, etc.

Blackwater y el resto de compañías privadas desplegadas en Irak representan la más pura privatización de la guerra. Y es que detrás de toda esta nueva proliferación de soldados de fortuna se hallan unos intereses estrictamente económicos. Es la rentabilidad bélica elevada a su máxima potencia. Esto se debe a que para un Estado resulta mucho más barato contratar (de ahí el término anteriormente mencionado de contratistas) los servicios de estas empresas para intervenir en una guerra, que destinar recursos y fondos de su erario público. Por poner un ejemplo, un empleado de una empresa privada inmerso en una guerra no se considera un soldado regular, por lo que si es capturado, no se le aplican las “leyes de la guerra". Esto significa que no puede ser repatriado (ya que no lucha en nombre de ningún país), y lo que es peor aún, puede ser condenado a muerte si la legislación del país donde ha sido capturado así lo establece. Por tanto, en el caso hipotético de una posible muerte, la responsabilidad sólo recae en la empresa privada que le tenía contratado, por lo que el Estado no tiene que hacer frente a una indemnización de por vida para sus familiares. En resumen, el ahorro para el gobierno de turno parece evidente.

Llegados a este punto, es completamente necesario hacer un pequeño inciso. Y es que hay que diferenciar muy bien entre la figura del mercenario y la del legionario. Este último es un soldado que, para ganarse la vida, decide enrolarse en las filas del ejército de un país distinto al suyo. El ejemplo más conocido de este tipo de soldados es la Legión francesa, una unidad militar que durante muchos años se ha nutrido de hombres que no eran franceses pero que luchaban en nombre y representación del país galo. Esta condición les diferencia notablemente de lo que entendemos por mercenarios, puesto que como hemos visto anteriormente, éstos no luchan enrolados en la disciplina de ningún ejército ni por tanto representan a las fuerzas armadas de ninguna nación.

Un reciente estudio elaborado por el ex general del ejército estadounidense David M. Madox, pone de manifiesto que en territorio iraquí hay prácticamente el mismo número de soldados del US ARMY que de empleados de estas compañías militares privadas. Sin embargo, aún conociendo estas duras condiciones laborales, donde cada día que pasa te juegas tu pellejo, ¿por qué los mercenarios deciden formar parte de estas empresas privadas?, ¿por qué las prefieren a los ejércitos regulares? Básicamente, por dos razones: la primera e inevitable, es la jugosa compensación económica. Y es que en unos pocos meses alistado en estas compañías, el mercenario puede conseguir todo el salario anual de un soldado regular. La segunda razón tiene que ver con una simple cuestión de oportunidades. En este sentido, los mercenarios suelen enfrentarse a ejércitos o grupos revolucionarios poco entrenados y mal preparados a nivel táctico y armamentístico. Esto da una ventaja considerable a los soldados de fortuna, generalmente formados e instruidos en tácticas militares y con una dilatada experiencia en situaciones de combate real. Por tanto, la oportunidad de regresar a casa sano y salvo y con la cuenta bancaria llena de ceros resulta muy apetecible.

Cultura mercenaria
Revista "Soldier of Fortune"
La bibliografía y el material audiovisual relacionado con el mundo de los mercenarios es muy extenso. Sobre la figura del soldado de fortuna se han escrito ríos de tinta y se han filmado numerosas películas. Incluso, en los años 80 apareció una revista estadounidense denominada “Soldier of fortune" con contenidos específicos sobre estos populares guerreros. En concreto, en los primeros números de esta legendaria publicación se anunciaban los propios mercenarios para poder ser reclutados e intervenir en operaciones que tenían lugar principalmente en suelo africano.

También en papel, aunque en formato de novela, el autor Frederick Forsyth, supo construir en la inolvidable “Los perros de la guerra" una historia ambientada en los años 60-70 con un grupo de mercenarios como protagonistas, y cuya misión era derrocar al dictador de una región africana que guardaba intereses comerciales para una gran compañía británica. En los últimos años, y sobre todo como consecuencia de la guerra de Irak y Afganistán, el tema de los mercenarios ha vuelto a la palestra de la actividad cultural. Es el caso por ejemplo del libro “Mercenarios: guerreros del imperio", del escritor argentino Daniel Pereyra. En sus páginas, Pereyra incide en el poder creciente de las compañías militares privadas, capaces de crear ejércitos a la carta, y que han sustituido a los tradicionales grupos de mercenarios que anteriormente se reclutaban de forma casi espontánea.
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