El "Sturmgeschütz": el cañón de asalto de la Alemania Nazi (I)

El "Sturmgeschütz": el cañón de asalto de la Alemania Nazi (I)

Militar
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El "Sturmgeschütz", también conocido como "StuG", es una de las armas más importantes de la Segunda Guerra Mundial. La aparición de este cañón de asalto en el campo de batalla resultó clave para que la Alemania Nazi pudiera desarrollar su táctica de guerra relámpago.
El “Sturmgeschütz": el cañón de asalto de la Alemania Nazi (I)
IVAN-HK 10/01/2007
El “Sturmgeschütz", también conocido como “StuG", es una de las armas más importantes de la Segunda Guerra Mundial. La aparición de este cañón de asalto en el campo de batalla resultó clave para que la Alemania Nazi pudiera desarrollar su táctica de guerra relámpago. Un arma que posteriormente sería imitada por el resto de ejércitos envueltos en el mayor conflicto bélico del siglo XX.

Carro de combate de la Segunda Guerra Mundial
El ejército alemán de los años 30 era moderno y efectivo, y se basaba en la experiencia obtenida en la Primera Guerra Mundial. Tras esta fallida experiencia quedó claro, entre otras muchas cosas, que la infantería era la que debía tomar las posiciones, si bien no lo podía hacer sola. Para llevar a buen puerto esta misión había que apoyar a la unidad de infantería con tantas armas como fuera posible, por lo que tanto la aviación como la artillería representaban una pieza clave en este objetivo. Además, para reafirmar esta estrategia de apoyo surgieron nuevas armas, entre las que destaca el tanque, y nuevas técnicas de combate, como la “Blitzkrieg" (la guerra relámpago).

Después de que la aviación redujese los puntos fuertes y las fuerzas acorazadas penetrasen por un punto para posteriormente rodear al enemigo, la infantería se encargaba de lo que vulgarmente podemos llamar “colocar la bandera" (como todavía pasa en el siglo XXI). Después de los primeros golpes de aviación y tanques, se rodeaba al enemigo y se impedía que llegasen refuerzos, ya sea destruyéndolos o aislándolos. Después proseguía el avance hacia el próximo objetivo. Mientras tanto, la infantería se encargaba de las pequeñas bolsas de resistencia que no habían sido destruidas, y es aquí donde surge la necesidad del arma que en este artículo analizamos.

Pero volvamos a los orígenes. En los años 30 del siglo XX, la infantería alemana había mejorado mucho su poder de fuego respecto a la Primera Guerra Mundial (ahora disponía de armamento automático completamente portátil). Sin embargo, todavía no podía hablarse de autonomía total respecto al armamento pesado, ya que dependía de la llamada “artillería de asalto" o “artillera de infantería", una versión mejorada de la artillería de asalto que participó en la Gran Guerra. Generalmente, eran unos cañones que podíamos clasificar de ligeros o, como mucho, semipesados. Estos cañones resultaban muy necesarios para reducir los grupos de enemigos que con toda seguridad se encontraban en posiciones defensivas de cierta entidad.

Al mismo tiempo, resultaba evidente que para acabar con las últimas bolsas de resistencia hacia falta el poder de esta artillería. Y la artillería de asalto que acompañaba a la infantería hasta la primera línea del frente era un arma suficientemente potente, aunque vulnerable debido a su poca movilidad y, sobre todo, a su falta de protección. Cuando necesitaba cambiar de posición se convertía en un proceso lento y el arma quedaba muy vulnerable de cara al fuego enemigo. Además, llegar a primera línea a tiempo para poder intervenir sin quedar atascada por el camino resultaba muy difícil. Lo mismo que mover estas armas por terrenos blandos o irregulares era una situación a veces imposible (de hecho, en la Primera Guerra Mundial sucedió muchas veces). Por ello, el Alto Mando Alemán diseñó el Carro Blindado o Carro de Combate que visto con otros ojos no era más que un cañón de infantería blindado.

Así, cuando en 1935 Alemania se preparaba para la Segunda Guerra Mundial, y seguramente con la “Blitzkrieg" ya en mente, se volvió a plantear el problema de la artillería de asalto. Los tanques eran un arma en sí misma y no un apoyo de infantería, ya que se estaban creando las nuevas unidades de elite, conocidas como divisiones “Panzer" y todos los tanques disponibles iban en ellas. Con las tácticas de la “Blitzkrieg" se necesitaban grandes cantidades de tanques para romper frentes, contraataques rápidos, movimientos envolventes…

En este contexto prebélico hay que tener en cuenta que los ejércitos rivales de Alemania (Francia, Reino Unido y la URSS) tenían una estrategia muy diferente, basada en proporcionar tanques a la infantería para su autoprotección. Por tanto, no sería de extrañar que los generales alemanes de infantería se indignaran al verse en seria desventaja. Y las tácticas alemanas propuestas seguramente no podían perder el tiempo apoyando al soldado de a pie.

Por todo ello, la infantería alemana de mediados de los 30 no quería verse “sola" atacando las bolsas de resistencia. A medida que las teorías de la “Blitzkrieg" se perfeccionaban, el Alto Mando Alemán y los Generales Guderian, Manstein y Kleist (principales teóricos de la “Blitzkrieg") eran cada vez más conscientes de que para explotar al máximo la efectividad de la guerra móvil había que dotar de movilidad a las unidades de artillería e infantería. De esta necesidad surgieron los semiorugas y el cañón de asalto (vehículos completamente nuevos).

Los primeros pasos
Precisamente, fue el General Erich von Manstein el que insistió en la necesidad de construir un vehículo con artillería para apoyo de infantería y que fuera blindado. Nació así el concepto del “Sturmgeschütz" o Cañón de asalto (más conocido como StuG). Este cañón vio la luz con la condición de que no dispusiera de una torre para reducir costes, a pesar de estar completamente blindado por su condición de apoyo directo. El motivo es que si se hubiera construido un cañón de apoyo a la infantería autopropulsado con torre habría sido un tanque más y el objetivo inicial no se hubiera cumplido. Así que la creación de cañones de asalto fue fruto de una disputa interna entre altos mandos alemanes, especialmente entre los creadores de las nuevas unidades “Panzer".

El General Manstein presentó el año 1936 una propuesta táctica de empleo de cañones de asalto (“Sturmartillerie") con la que, entre otras cosas, pretendía asignar 6 baterías de 6 cañones cada una a todas las divisiones de infantería. La primera orden de creación del nuevo vehículo data del 15 de junio del 1936. El “In 4" (Inspectorado de Artillería) autorizó al Departamento de Órdenes del Ejército (“Heeres Waffenamt") el diseño de un arma de apoyo para la infantería blindada con capacidad antitanque, el cual debía cumplir con las siguientes especificaciones:

-Debía ir equipado con un cañón de calibre 75mm (calibre mínimo para armas de apoyo).
-Rotación del cañón superior a 30° (ángulo de tiro).
-Elevación que permitiera alcances de al menos 6.000 metros (era un arma de apoyo cercano pero también debía ser capaz de atacar a una distancia prudencial).
-Capacidad de penetración de 40mm a 500m (uso posible como antitanque).
-Protección de blindaje en toda la estructura (al ser de apoyo cercano posiblemente podría recibir fuego directo enemigo, por lo que el blindaje frontal en un ángulo de 30° debía ser capaz de rechazar munición antitanque de 20mm.).
-Parte superior abierta (mejor visibilidad).
-Altura total no superior a la de un hombre (capacidad de ocultación entre otras unidades)

El Departamento de Órdenes asignó un contrato para el diseño del chasis y la superestructura a la firma Daimler-Benz y para el cañón a la firma Krupp. Daimler-Benz utilizó para este desarrollo el chasis del PzKpfw III que estaba en proceso de construcción, mientras que Krupp inició el diseño del "7.5cm Geschütz L/24".

Posteriormente, también se hicieron pruebas con los Panzer I para crear el nuevo StuG, pero en 1937 se seleccionó el Pz III con un cañón de 75mm. Los primeros cinco vehículos de prueba (“Versuchsserie") fueron terminados en 1938, siendo usados para mejorar el diseño inicial (era un arma nueva) y para estudiar la doctrina táctica básica de su empleo. Sin embargo, debido a su superestructura poco blindada, estos vehículos nunca fueron usados en combate, siendo empleados únicamente para entrenamiento hasta 1941. La parte superior del vehículo estaba totalmente abierta, pues se consideraba que permitía ventajas de tipo táctico como una mayor visibilidad y una respuesta rápida en la selección de objetivos. Sin embargo, en 1939 se tomo la decisión de contar con una superestructura cerrada, aduciendo cambios en las tácticas de combate. Uno de sus defectos era que el cañón sólo tenia un ángulo de 10º en horizontal, lo que suponía que todo el vehículo debía moverse para apuntar hacia otro objetivo.

El Alto Mando Alemán se opuso a su construcción en masa hasta que comenzó la Segunda Guerra Mundial. Por este motivo, la infantería germana no pudo disponer de los cañones de asalto hasta 1940 (coincidiendo con la invasión de Francia). La intención inicial era llegar a abastecer con un batallón de cañones de asalto a cada división, pero los acontecimientos de 1939 cambiaron los planes y de hecho nunca se llegó a alcanzar esa cantidad.

Finalmente, el 28 de marzo de 1940 se asignó al vehiculo el nombre oficial de “Sturmgeschütz" o “StuG" (cañón de asalto) con el cual se lo conocería hasta el final de la guerra. Los cañones de asalto autopropulsados dieron a la infantería alemana una ventaja importante durante los primeros años del conflicto, incitando a sus enemigos a construir armas similares.
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