Caza de jabalíes: una emocionante batida entre maizales

Caza de jabalíes: una emocionante batida entre maizales

Caza
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Caza de jabalíes: una emocionante batida entre maizales
La caza de jabalíes es una de las actividades cinegéticas más extendidas en España. En batida, en esperas, al paso... cualquier opción es válida para dar caza a estos escurridizos animales.
Caza de jabalíes: una emocionante batida entre maizales
Domingo Sipiera (23/07/2008)
Domingo por la mañana. Estamos en el mes de julio y las cosas no pueden pintar mejor para un grupo de cazadores de jabalí como el nuestro. En las últimas semanas, una manada de jabalíes ha tomado unos campos de maíz y su dueño, ante los daños ocasionados, ha solicitado realizar una batida. Por supuesto, en esta batida queda prohibido disparar a rayones y a hembras seguidas de crías, como todas las veces que se hacen batidas de este tipo.

Esperando a que aparezcan los jabalíes
Por la mañana cargamos los trastos en el coche, vigilamos de que no se quede nada, y enganchamos el remolque para ir a buscar a los perros. Llegamos a las perreras y los animales parece que ya saben a dónde van. Con los perros cargados y todo preparado, nos dirigimos al punto de reunión, que no es otro que el bar de la glorieta donde nos espera David.

David es un cazador de caza menor a quien he convencido para que se venga con nosotros. Y como le gusta andar, además vendrá al resaque. Una vez todos reunidos, nos dirigimos hacia los campos de maíz para ver cómo colocamos los puestos y demás. Decidimos que lo mejor, debido a la orografía del terreno, será poner los puestos de espaldas al maíz y tirar a bicho pasado. Sin más, salen los esperadores hacia los puestos y nosotros con los perros nos quedamos preparando los trastos para adentrarnos en el maíz. Comenzamos por el campo más extenso, aunque con las líneas bien marcadas, por lo que pensamos que no tendremos problemas para batirlo entero.

Una vez se da el aviso de que todos los puestos están colocados, nos dirigimos hacia allí y soltamos los perros. Como alma que lleva el diablo, los canes se adentran en el maíz, lo que hace presagiar una muy buena mañana. Pero conforme pasa el tiempo, nos damos cuenta de que, si bien es cierto que el campo está muy tomado, también es verdad que está muy limpio por dentro, y yo soy de la opinión de que un guarro se queda en cualquier sitio, pero si hay maleza mucho mejor. Los perros trabajan incansables pero pasan los minutos y de momento nada de nada. A las 2 horas decidimos recoger los perros e intercambiar impresiones.

Preparando la suelta de los perros
Unos piensan que es mejor dejar a los perros y otros que no, pero como llevamos almuerzo y parece que no aprieta mucho el calor (aún son las 9 de la mañana), les digo que se pongan a almorzar mientras yo me voy a dar una vuelta por los otros maíces a ver qué veo. Y el panorama que me encuentro es desolador. Es como si supieran que íbamos a venir, lo que me lleva a pensar que estos animales tienen un sexto sentido. Hasta que al pasar un campo un poco más apartado vemos un restregón en un charco de agua, miramos los rastros y efectivamente se adentran hacia el maíz. Cuando se lo comunicamos al resto, decidimos poner los puestos y soltar de nuevo.

Segundo intento
Soltamos los perros cuando los puestos de caza están todos colocados y comenzamos a batir el maíz. De nuevo, los perros entran como tiros pero siguen sin dar con los bichos. Cuando llevamos ya un buen rato dentro del maíz, decidimos acercarnos a una zona con bastante broza. “Esta me gusta", le dije a David. “Si están, están aquí fijo". De repente, uno de los sabuesos comienza a ladrar, y de pronto se calla. Escuchamos atentamente y al poco tiempo de nuevo vuelve a chillar, “ojo" le grito a David, “que los tiene parados". Al grito del sabueso se unen los del resto de los perros y al poco tiempo llegan los podencos marcando a parado lo que parece una piara de jabalíes.

Cuando nos estamos acercando comienza la persecución por dentro del maíz. Es una sensación indescriptible, es como estar en una jungla donde todo se mueve y los gritos de los perros ponen la música de suspense que hace falta. Buscamos un sitio alto y nos acomodamos para ver toda la película y vemos cómo aparecen carreras en todas las direcciones. Por lo menos, llevan 4 o 5 jabalíes y así los dejamos, dando el aviso a los puestos de que una piara se ha levantado.

Primer plano del jabalí que cazó el compañero
Pasa el rato y salimos del maíz para ver qué ha pasado, ya que en los puestos no han tirado. Nos comentan que era una hembra con sus pequeños y que les han dejado pasar. Van regresando los perros y le digo a David que no me resisto a que las huellas del gordo que hemos visto no esté dentro del maíz. De este modo, ya que teníamos que volver al coche, le sugerí pasar por una zona que nos dejamos sin batir.

Nada más arrancar por esta zona, los perros vuelven a ir muy fuertes y comienzan de nuevo los ladridos. Han dado de nuevo con los cochinos, pero esta vez parece que es uno solo y se dirige hacia nosotros. El maíz tiembla y los ladridos suenan cada vez más cerca. De repente, “pum", un disparo al lado mío miro y veo que David se está quitando la escopeta de la cara. “¿Qué ha pasado?", le pregunto. Y me dice que ha visto un jabalí pasar, le ha disparado y cree que no lo ha tocado. Vamos al tiro y vemos que hay sangre. “Pues vaya, sí que lo has tocado" le digo, mientras los perros en su acoso nos van rebasando. Y de repente de nuevo ladridos, esta vez en parado. Y comienza una batalla a muerte entre los perros y el marrano.

Le digo a David que debemos ir juntos y que se ponga detrás de mí, pero cuando llegamos la batalla ya estaba decidida. El jabalí agoniza en el suelo y los perros lo tienen dominado. Saco mi cuchillo de remate y acabo con el sufrimiento del animal. Tras las felicitaciones y el repaso al estado de los perros, comprobamos que efectivamente el guarro es grande. Sacamos al jabalí del maíz y de nuevo recibimos las felicitaciones del grupo. Para acabar este estupendo día, entre risas nos preguntamos a quién le toca pagar la cerveza. Ah, a David vaya…
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