Relatos Cinegéticos (I): la caza de la paloma y otros consejos generales

Relatos Cinegéticos (I): la caza de la paloma y otros consejos generales

Caza
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Relatos Cinegéticos (I): la caza de la paloma y otros consejos generales
Relato cinegético basado en la caza de la paloma torcaz migratoria. Estos relatos de caza constituyen un apoyo importante para los cazadores y para todos aquellos que estén interesados en el apasionante mundo de la práctica cinegética.
Relatos Cinegéticos (I): la caza de la paloma y otros consejos generales
lusi1 25/04/2007
Clásica escopeta paralela Grulla
Al final de la década de los años 70, adquirimos un chalet en la localidad madrileña de San Martín de Valdeiglesias, un lugar pintoresco con abúndate vegetación de coníferas, encinar, monte bajo y grandes extensiones de terreno dedicadas al cultivo de la vid y el olivo. El término municipal es grande. Tiene una extensión aproximada, si no recuerdo mal, de más de 20.000 hectáreas, y es excelente para la caza si la gestión cinegética que se practica se lo permite. No obstante, también tiene venados y es abundante en jabalí, donde se suele conseguir algún extraordinario “macareno" con buen peso y una muy buena boca. Tomo inicialmente como referencia esta localidad porque, al igual que en algunas otras zonas o regiones de España, fue un verdadero paraíso para las aves migratorias y mantengo la esperanza de que lo vuelva a ser.

Con la caza menor prácticamente inexistente, me centraba en la caza de la paloma torcaz migratoria en los pasos allí tradicionales. Siempre recordaré que por aquellos días de los Santos el paso era sencillamente extraordinario. Los bandos se sucedían uno detrás de otro con precisión casi cronométrica, cada 2 ó 3 minutos y así sucesivamente durante varios días.

En las jornadas de mayor claridad no resultaba nada sencillo derribarlas, pues cogían altura con gran facilidad, pero si amanecía nublado o con un ligero viento favorable, completar una excelente percha era prácticamente inevitable. Por mi parte, un par de docenas a lo sumo y a casa. Este solía ser mi cupo. Entiendo, pues, que si tiene que ser la administración la que le imponga al cazador la cantidad de piezas que tiene que cazar, mal vamos.

La prudencia y la ética del cazador deben de impedirle masacrar la fauna, especialmente la salvaje. En este sentido, recuerdo tiradas con cimbel en prestigiosas fincas toledanas de más de 200 palomas diarias por puesto, abatidas con el único fin de satisfacer un dudoso ego del individuo, unido al beneplácito de la orgánica y a un “prestigio" de la finca. Finalmente, las palomas terminaban por pudrirse en el rincón de una casa de campo.

Hoy, por desgracia, toda esta abundancia está prácticamente acabada. En las mejores fechas del antiguo paso, puedes estar todo el día y apenas consigues ver un par de mediocres bandos. Creo, sin embargo, que esta especie tiene mas posibilidades de supervivencia y de recuperación dada su gran adaptabilidad a los espacios, parques y jardines urbanos.

Para los menos expertos, siempre recomiendo no tirar nunca a la paloma migratoria en bandos hasta que ésta no ha sobrepasado ligeramente su vertical. Por dos razones fundamentales: siempre hay que dejar cumplir a la caza, sea la modalidad que sea. Sólo así es posible obtener los mejores resultados. Para conseguirlo, ayuda mucho y es muy recomendable conocer los hábitos del animal. La segunda razón es para no disparar sobre el bando. Si lo haces de esta forma, rompes la formación del vuelo de las aves y el bando se dispersa precipitando su huida. De esta forma impides, entre otras cosas, que tus compañeros puedan también tirar. Por este motivo, es mejor centrarse en la última paloma y correr bien la mano, es decir, no interrumpir el recorrido al apretar el gatillo. De lo contrario, dejarás los tiros traseros.

Por otra parte, la preparación del cazador no sólo tiene que ser física, sino también mental. Si uno no se autocontrola acaba precipitándose. Y este es uno de los factores que ocasionan más fallos y más riesgos hacia los demás. No es infrecuente ver cómo un cazador, ante la impetuosa salida de una perdiz, por ejemplo, el primer tiro que “sale" lo realiza sin control alguno, y mucho antes de que la cantonera del arma llegue al hombro. A esto hay que añadir que seguramente llevaba el dedo en el gatillo, cosa que no debe hacerse jamás, porque si tropiezas o te resbalas, lo normal es hacer un esfuerzo con las manos para impedir la caída por lo que se puede producir u disparo fortuito e incontrolado.

También se oye con frecuencia decir: “¡yeee, llevas la escopeta como si fuera una escoba!" En este sentido, es muy importante tener soltura con el arma. Se trata de tu herramienta de trabajo, por lo que aunque a veces es difícil hacerlo con más frecuencia, pretender coger el arma sólo 3 ó 4 días al año y salir al campo a pegar tiros, con el vano propósito de tener éxito, es una ingenuidad. Entrénate, pues todo es cuestión de esfuerzo, y uno sólo se hace maestro por la práctica de su uso.

Elección del arma y la munición
En cuanto a las armas y municiones, poco más se puede decir que no esté dicho ya. Mi experiencia personal en los pasos es tirar con full-choque, pues normalmente se tira bastante lejos. Lo hago con cartuchos de 36 gms, de 6ª, incluso 5ª. Es cierto que con cargas Magnum se pueden obtener buenos resultados, pero no hay que dejarse influenciar por esto.

Lo más importante es la precisión del disparo. Como veremos en el próximo relato, si eres sensible al culatazo, y con algunas cargas todo el mundo lo es, se pierde precisión y rapidez en la repetición del tiro. Calibres como el 20 o el olvidado y magnifico 16, son también efectivos y con retrocesos mucho más tolerables. Recordad que el alcance efectivo de un cartucho de 24 gramos es el mismo que uno de 40 gms, sólo que la rociada es más densa. Por lo tanto, la cuestión final está en el arma y en el manejo de los choques.

Conviene pues, prestar atención a los cartuchos. No todos los fabricantes son iguales, por lo que en principio interesa desperdiciar unos cuantos, abriéndolos, para ver la calidad de sus componentes, la pólvora, el taco, los perdigones… su buen estado determinará el resultado de su rendimiento. También conviene disparar algunos cartuchos sobre blancos para verificar igualmente los plomeos y los alcances efectivos de los distintos choques, cargas y perdigones. De esta forma, seleccionaremos la munición que más nos convenga.

Por último, respecto al arma, ésta no tiene por qué ser una obra de arte, ni tampoco demasiado antigua. Hace ya algunos años, un conocido compró una muy renombrada, carísima y preciosa arma de segunda mano con incrustaciones en oro y más de 60 años de antigüedad. Fue de caza y disparó con cartuchos reforzados. El resultado fue desastroso: casi se vuela la cara con un perrillo. Normalmente, los cartuchos de hoy en día, en general soportan presiones mayores que las de antes y la tecnología es implacable. Los aceros actuales tienen poco o nada que ver con los que se fabricaban años atrás y mucho menos lo tendrán con los que se fabriquen mañana, por lo que tenemos que extremar los cuidados cuando disparemos con esas bonitas armas antiguas. Lo más recomendable es buscar cartuchería apropiada y fabricada específicamente para ellas.
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