Últimos días de la Legión en Irak

Últimos días de la Legión en Irak

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Tras algo más de cinco meses de misión, los legionarios españoles dejarán un importante legado fruto de su trabajo y sacrificio, que ha servido para afianzar el prestigio de España con su participación en la coalición internacional contra el terrorismo yihadista (Daesh. El lema de la Oficina de Comunicación de la Misión, “Nadie dijo que fuera a ser fácil”, podría ser ampliable al resto del contingente, ya que recoge perfectamente lo que ha sido la vida durante estos últimos meses, para el grupo de militares que ha abierto la participación de España en la Operación “Inherent Resolve”, liderada por Estados Unidos y en la que se integran un importante número de países de la comunidad internacional.

Atrás queda aquel veintitrés de febrero en el que con un sencillo, pero emotivo acto, se izó por primera vez la enseña nacional y, aún más atrás, aquel nueve de febrero en el que los militares españoles vivieron su primer amanecer en Besmayah, tras un vuelo nocturno y casi de combate, en helicópteros “Chinook” estadounidenses.

Ya desde los inicios y nada más llegar a Besmayah, el coronel Julio Salom, Jefe del contingente español desplegado en Iraq, reflejaba en unas declaraciones lo que iba a ser una constante en las relaciones con el ejército iraquí al que había que instruir: “La actitud de los soldados iraquíes de la base hacia nosotros no puede ser mejor y la sensación de seguridad es muy buena... Ahora toca empezar a trabajar”. Y dicho y hecho...

Durante aquellos primeros días de vida dura y llena de carencias y necesidades, los militares españoles sacaron a relucir su entrega y su capacidad de trabajo, haciendo gala de las tradicionales virtudes militares y haciéndose dignos sucesores de aquellas gloriosas unidades que creara Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, de quien la base española en Besmayah recibe su nombre, coincidiendo con el V Aniversario de su muerte.

De aquellas primeras semanas se recuerda la implicación de todos y cada uno por sacar adelante la tarea encomendada. Mientras los ingenieros de la Unidad de Apoyo al Despliegue se afanaban por convertir unas precarias y ruinosas instalaciones abandonadas, en algo medianamente habitable, la Unidad de Protección no escatimaba esfuerzos a la hora de garantizar la seguridad cuando la infraestructura del recinto aún no ofrecía ninguna.

Y en cuanto a la labor a desarrollar, la principal, para la que se desplegó en Besmayah, el adiestramiento de soldados iraquíes, los instructores de La Legión supieron ver desde el primer momento la transcendencia de su misión y “manos a la obra” y “predicando con el ejemplo”, a los pocos días se ganaron el respeto y admiración, no sólo de los soldados iraquíes a los que instruían, sino también de los contingentes del resto de países participantes en la coalición internacional.

Pero aquello tan solo era el principio... Primero colaborando con los instructores estadounidenses de la 82º División Aerotransportada en el adiestramiento de la Brigada 75 iraquí y después, desde el trece de marzo, liderando el entrenamiento en el campo de adiestramiento militar iraquí de Besmayah, el reconocimiento internacional llegó con el adiestramiento de la Brigada 92, la primera Unidad iraquí en la que los estadounidenses no habían liderado su adiestramiento y que se equipó con moderno material y armamento americano, dado su alto nivel de instrucción.

La graduación de la Brigada 92 y, por tanto, el final de su adiestramiento y, con ello, la certificación de que la Unidad ya estaba dispuesta y preparada para entrar en combate, llegó el diecinueve de junio con una gran ceremonia y un amplio soporte informativo, lanzando un mensaje de esperanza para aquellos que viven bajo la barbarie o la amenaza del Daesh. A partir de ese momento el prestigio y el “buen hacer” de los adiestradores de La Legión, ha despertado el interés de las otras naciones participantes y ha hecho que el modelo de entrenamiento español, incidiendo en la cohesión y promoviendo la voluntad de vencer de los militares iraquíes, sea seguido en otros centros de adiestramiento de la coalición internacional, liderado por distintos países participantes en la Operación “Inherent Resolve”.

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El Espíritu de la Misión

Una misión tan atípica y difícil como ésta, en la que las condiciones de vida y de trabajo podrían haber dado al traste con las expectativas de éxito de cualquier otro contingente de otro país, ha servido para sacar a relucir las virtudes y capacidad de los militares españoles para sobreponerse a la dificultad y saber sacar el mayor rendimiento a los medios de los que se dispone, aunque éstos sean escasos.

Por muy duras que vengan las cosas, siempre hay cualidades que ayudan a solventar cualquier situación, por adversa que ésta sea. Por eso la amistad, el compañerismo, la solidaridad, el espíritu de sacrificio, el patriotismo y el sentido del humor que han mantenido en todo momento los legionarios españoles, han servido para hermanar a todo el colectivo y, “como una piña”, juntos superar cualquier dificultad. De esta forma el contingente desplegado en Besmayah ha ido superando poco a poco y celebrando cosas tan cotidianas como la primera ducha, la primera pieza de fruta, la primera comida caliente, el momento en el que se dejó de dormir en el suelo, el primer teléfono con línea para hablar con la familia, etc.

Así, con pequeños logros cotidianos, la Base Gran Capitán, en apenas cinco meses, ha pasado de ser un lugar inhóspito a convertirse en una base moderna que, entre sus instalaciones, alberga gimnasio, tienda, locutorio de internet y teléfono, cantina, capilla y, desde hace tan sólo unos días, un flamante estudio de radio, donado por Radio Nacional de España, que emite ininterrumpidamente la programación convencional de RNE y que también puede emitir programación producida por el propio contingente, proyecto pionero dentro de la misiones internacionales españolas.

También es digno de destacar iniciativas destinadas a mejorar el entorno, como el pintado en la denominada Plaza de España de la Base Gran Capitán, de todos los escudos de las provincias españolas, además de Ceuta y Melilla... O la acción solidaria realizada por los militares españoles recaudando fondos económicos, mediante un bingo semanal, para comprarle una pierna ortopédica a un soldado iraquí, víctima de un atentado suicida con un chaleco-bomba.

En el recuerdo de la Misión también quedarán la emotiva Procesión de Semana Santa, la representación teatral y adaptada, de la obra “El Blocao de la Muerte”, o el estreno del “Festival de la Canción de Besmayah”, actividades que gozaron de una alta participación y que fueron disfrutadas por todos, ayudando a superar con alegría aquellos instantes en los que la nostalgia por estar lejos de casa y de los seres queridos, pudieran afectar al ánimo.

El relevo

A lo largo de la semana que ahora se inicia, los legionarios irán pasando el testigo a los paracaidistas en los diferentes cometidos y tareas. La Unidad de Adiestradores, la Unidad de Protección, la Unidad Logística, la Plana Mayor o el Equipo de Apoyo al Mando, cambiaran las caras de su personal...

Se irán los legionarios de Iraq y llegarán los paracaidistas que, seguro, mejorarán la labor realizada por La Legión. Pero, por mucho tiempo que transcurra, lo que siempre permanecerá en el alma y en recuerdo de los soldados iraquíes, será la semilla del “buen soldado” que un día plantaron en sus corazones unos soldados venidos de España que, de cuando en cuando, cantaban una emotiva canción titulada “El Novio de la Muerte”.

Vía: EMAD.MDE.ES

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