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Caza y religión

Publicado por en en Caza
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Prometo que en la próxima hablaré de animales, armas, municiones o complementos; pero este artículo me lo estaba pidiendo el cuerpo al rondar fechas en las que se venera a nuestros santos cazadores.

 

Declararme laicista sería tanto como que una liebre se declarase leporista o un águila, rapacista. Hay declaraciones que sobran por obvias y que en sí mismas no están en contra de nada ni de nadie. Pero sería absurdo ignorar que mi forma de entender la vida, la ética y hasta la economía están cargadas de idiosincrasia cristiana. Negarlo sería intentar ser quien no soy en realidad porque, como decía Ortega y Gasset –que también escribió mucho de caza–, "Yo soy yo y mis circunstancias", lo que explica este capítulo del blog.

 

Siendo la cultura española de tan recia y tan rancia tradición católica, no puedo pasar por alto la relación de la religión con la caza (o al revés).

¿Que son mundos paralelos? Sí, pero a veces se tocan porque como es sabido, aunque no vivimos en teocracia, tenemos oraciones para las situaciones de la vida más variadas, incluida la caza.

 

Resultan pintorescos los ejemplos espirituales en que caza y religión se dan la mano, pero también los ejemplos materiales tienen su miga. Nada más palpable, sólido y absolutamente cierto que la figura enjuta de Don Ángel recortándose en el monte de Cárcar (Navarra): sotana sacudida por el viento hasta los mismos tomillos, tubos igualmente negros asomando tras la boina y una perdiz que cuchichea en el balcón de la casa parroquial.

A los del norte que tenemos cierta edad estas imágenes nos resultan conocidas, como también lo será una oración a la Virgen de la Cabeza para los monteros del Sur.

 

Pero esto que cuento es de anteayer. La relación entre caza y religión es ancestral hasta la noche de los tiempos. No necesito recordar los ritos del hombre paleolítico; y es que la caza es la primera religión del hombre desde que éste es tal, bien fuera el Australopitecus, el Homo hábilis o el Homo Erectus (¡venga, no seáis malpensados que en cuanto os hablan de erecciones...!)

 

Rito del hombre primitivo para celebrar el éxito de la caza, recrearlo y ganar el favor de los dioses o la naturaleza para futuras cacerías (dibujo de la revista Life, año 1970)

 

– ¡Pero hombre! Esto son religiones incipientes y no hay un cazador al que podamos considerar directamente relacionado con ese ente al que llamamos Dios– diréis vosotros.

– ¿Qué no? La Biblia nos habla en el Génesis de Nemrod, "el osado cazador ante los ojos de Jehová"... Que por cierto, luego le salió rana y al parecer la montó buena con la Torre de Babel y tal. Algunos dicen que cuando lo de la torre, el gran cazador estaba fuera dándole unas manitas a los leones y que no tuvo nada que ver con lo de aquel edificio que tanto me recuerda a los modernos rascacielos. Después de tanto tiempo, vaya usted a saber.

 

Imágenes de Nemrod cazando leones, talladas en una piedra mesopotámica

 

Volviendo al presente, el  20 de septiembre (se me ha ido la cosa unos días) se celebró San Eustaquio (el que lo celebrara).

Era éste un fulano que servía como general destacado a las órdenes del emperador Trajano bajo el nombre de Plácidus. Se convirtió un día en el que yendo de caza se le acercó un grupo de venados entre los que destacaba uno con un fulgurante crucifijo entre sus enormes cuernos; mientras, oyó una voz que le reprochaba que anduviera por ahí hecho un vendecristos, le auguró una muerte martirizado y lo trajo a mandamiento.

¡Vaya! ¡para un bicho bueno que entra a tiro, le cortan a uno el rollo!

Bautizado como Eustaquio al convertirse, es hoy considerado uno de los santos auxiliadores y patrón de los cazadores. También sirve para rezarle cuando estás en aprietos y para situaciones familiares difíciles (al loro los que tengáis hijos en la edad del pavo, esposas algo incontinentes con la Visa Oro o hijas huyendo hacia el amor libre con un perroflauta).

 

Esto del ciervo y del crucifijo seguro que os suena.

– ¡Claro hombre, si esa imagen es la de la etiqueta del licor Jagermeister!

 

 

– ¡Si serás borracho!... Yo me refiero al símbolo de San Huberto, que por cierto, vino siglos después de lo de San Eustaquio.

San Huberto de Lieja era un pijillo que vivió a caballo (nunca mejor dicho) entre los siglos VII y VIII que se pasaba el día dándole matraca a los macarenos que hozaban alrededor del castillo de su papá. Cosa que no le reprocho en absoluto porque yo hubiera hecho exactamente lo mismo.

Se casó pero su esposa murió de parto y eso le llevó a encerrarse más aún en la caza (qué raro, no?). Un Viernes Santo que iba él a caballo y con los perros dando mal a los pobres cerdosos, la providencia le llevó a una capilla que en el bosque de Las Ardenas celebraba oficio religioso con las puertas abiertas de par en par. Se conoce que el cura le sermoneó (como corresponde) pero él, que no estaba para hostias, dicho sea con todo el respeto y nunca más a cuento, espoleó su caballo y se fue a lo suyo como pensando "¡el monte llenito de rastro y me voy a quedar yo a los gori-goris! ¡ya ya!".

Pero mira por dónde, ese día le pasó poco más o menos lo que a su antecesor Eustaquio y el ciervo crucífero lo mandó derechito a un convento a vivir austera y cabalmente, que ya iba siendo hora.

Por cierto, que tengo idea de ir a venerar sus restos a la abadía benedictina de Andain y me da que una vez allí se me va a poner el pelo pollo (qué le vamos a hacer; a otros les pasa con la Esperanza de Triana, que guapa es un rato pero que no me mueve a mi la Fe).

 

Aparición del ciervo crucífero a San Huberto, según una tabla de Rubens y Brueghel

 

San Huberto es considerado el patrón de los cazadores europeos; pero como España "is different" y sobre todo "independet" tenemos a la Virgen de la Cabeza que, la verdad, no sé muy bien de dónde le viene ser patrona de los monteros –agradecería me ilustraran al respecto– salvo porque fue ocultada a los moros en las altas peñas de Sierra Morena, lugar que evoca cinegética con sólo nombrarlo. También es bien seguro que mientras estuvo de tapadillo algún venado y algún cochinete le echarían un aliento cálido para que no pasara frío en las noches de invierno.

 

Habréis observado que me había olvidado mencionar a Diana Cazadora (Artemisa en la cultura griega). Uppss! Como se entere, me da que la próxima temporada no toco ni pluma ni pelo; pues estas diosas vírgenes están buenas de caerse de espaldas, pero gastan mala uva a paladas. Espero que San Huberto lo compense de manera oportuna.

 

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Con el pudor que produce hablar de uno mismo me limitaré a decir que el primer recuerdo de mi vida es la lercha de caza de mi padre que apenas podía arrastrar por el pasillo de casa, con una liebre más grande que yo y algunos pájaros en los que encontraba cosas fascinantes desde el pico hasta las patas. Tengo la única certeza de pertenecer a una familia con antepasados cazadores desde que se tiene memoria de ellos. Está claro que tengo "el gen de la caza" y mi mayor orgullo es mi hijo, que también parece tenerlo y mejora mis pasos con igual gusto por la naturaleza y sus moradores. Estudié Ingeniería Técnica Forestal en la Politécnica de Madrid; pero abandoné aquello por otros intereses. A mis 45 años, para sobrevivir, ejerzo de editor autónomo y periodista con la mayor dignidad que permite esta profesión. He sido colaborador ocasional en revistas como "Caza y Pesca" o "Trofeo Pesca" y actualmente soy corresponsal de RNE y Europa Press en una pequeña ciudad del noroeste español
ARMAS.ES me ofrece ahora un espacio blog junto a unos compañeros que me superan en experiencia, lo cual es un honor, un placer y también una responsabilidad.
"La baña y el rascadero" es el único título posible para el espacio de un viejo jabalí. Un espacio en el que relajarse pero en el que un jabalí viejo deja entrever sus virtudes y sus defectos a través de sus marcas. Así, junto a los comentarios de "baña" (bien serenos o bien intrascendentes y placenteros) los habrá de "rascadero", por aquello de sacudirse algunos "parásitos" que siempre resultan molestos.

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