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Pequeños entrenadores de caza

Publicado por en en Caza
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En el armero de muchos cazadores, junto a las armas mayores, suele descansar un rifle "benjamín" que merece más protagonismo del que tiene por una utilidad que a veces nos pasa desapercibida.

 

Me refiero a los pequeños rifles de percusión anular, léase calibres 22 y 17 {addthis off}

que los aficionados a las armas, además de cazadores, adquirimos las más de las veces por capricho y con intención de retarnos concentrando agujeros en las dianas del campo de tiro o hacer "plincking" en el polígono, sin tener en cuenta su utilidad como entrenador de cazadores con distintos grados de experiencia y como "mentor" para cazadores bisoños. 

 

Estas aplicaciones que se pueden dar tanto para tiro de rececho como de montería, batida o gancho, pueden ser útiles también, si no para explicar por qué fallé esa o aquella pieza, sí para darse cuenta de que en determinadas circunstancias hacer un disparo certero es algo más difícil de lo que parece o que al menos hay algunas posibilidades de fallar disparos donde no parecía haber ninguna 

Contando con la presencia de un compañero experimentado que nos observe mientras tiramos, la práctica puede servir también para detectar "vicios" de tirador.

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A nadie se le escapa el hecho de que no es posible reproducir las condiciones exactas que se dan en un lance de caza; pero podemos aproximarlas más o menos o incluso conformarnos con que el entrenamiento que proporciona el "chiquitín" esté unos pasos por detrás de la realidad sin perder el encanto y la utilidad de un ensayo.

Todo depende de nuestro nivel de exigencia, pues para simular el disparo a un sarrio tras trepar el mayo de Acherito, nos basta con salir a la calle, batir el récord de la milla para poner el corazón a toda máquina y que el pulso nos tiemble como un flan antes de echar mano al rifle y apuntar al supuesto ungulado haciendo el pino-puente... O sea, que se puede hacer el "gilipichi" cuanto se quiera para acercarnos a la realidad; sobre todo si no nos importa que el resto de usuarios del campo de tiro nos mire como las vacas cuando ven pasar el tren.

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No es menos cierto que en esa aproximación a la realidad, un paso más hacia lo ideal sería emplear munición real; pero no vivimos precisamente en un país que se caracterice por la disponibilidad de campos de tiro adaptados al disparo en simulación de caza, ni de libre acceso y por supuesto, el precio de la munición no es tampoco el de otros países llamémosles "civilizados" como para andar soltando 30 ó 40 disparos alegremente... Ni todos los hombros y armas lo soportarían. Aquí es donde encontramos la primera utilidad de las municiones pequeñas y especialmente la del 22 LR toda vez que, por ejemplo, las del 17 HMR y las del 22 magnum son algo más onerosas.

Además, ensayando el disparo de rececho, lo más habitual será que trabajemos a menos metros de los que en una situación real median entre pieza y cazador. Por eso también es bueno que la rasante de la munición de entrenamiento no sea muy buena. De esa manera reproducimos a escala tanto la distancia como las rasantes.

 

El caso es que un buen día me dije "vamos a ver qué pasa cuando tiro rápido a diferentes distancias". Imprimí la misma imagen de un jabalí y eché mano al riflecito.

Si no se dispone de un campo largo podemos simular tres distintas distancias a la pieza empleando tres aumentos distintos en el visor sobre otras tantas imágenes del mismo tamaño, o emplear los mismos aumentos imprimiendo tres imágenes en otros tantos tamaños distintos.

 

Claro, la simulación de un disparo rápido sobre bicho a la carrera precisa un sistema de mover la diana del que no dispongo. Con blanco quieto, utilizando un rifle semiautomático la cosa no tendría secreto: apuntas al bicho y vas apretando el gatillo sin menearte hasta que vacíes el cargador. 

Eso no tiene gracia ni se aproxima a la celeridad que exige la situación real, así que será el accionamiento de un rifle de cerrojo el que aproxime la cadencia de tiro a la realidad para simular los retrasos por retroceso y toma de puntos.

 b2ap3_thumbnail_diojabali.jpg

Sí, ya sé; esta propuesta es "friki", infantil, simple como el mecanismo de un chupete... pero oye, esto es lo que hay para una aburrida tarde de febrero por ejemplo y puede ayudar a una forma de tirar más suelta y precisa.

 

En las tres imágenes sucesivas se observa la práctica de disparo marcando un tiempo limitado para obligar a tirar "con prisa".

 

En la primera vemos como a pesar de ser un disparo sencillo a unos 30 metros, hay al menos un disparo que no hubiera abatido la pieza, dejándola herida... ¿Cómo pude fallar eso? 

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En la segunda práctica, que simula unos 75 metros, vemos un disparo que ni siquiera hace blanco y otros do o tres que hubieran dado sangre pero que hubieran precisado un intenso pisteo sin garantías de cobro.

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En la tercera tirada, con una idealización a más de 100 metros, las concentraciones desaparecen, con un disparo que no toca cuerpo, otro que deja a nuestro jabalí condenado a no tener descendencia, un tercero que empanza y otros dos que hieren de forma insuficiente para frenar la carrera.  {addthis off}

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Con el pudor que produce hablar de uno mismo me limitaré a decir que el primer recuerdo de mi vida es la lercha de caza de mi padre que apenas podía arrastrar por el pasillo de casa, con una liebre más grande que yo y algunos pájaros en los que encontraba cosas fascinantes desde el pico hasta las patas. Tengo la única certeza de pertenecer a una familia con antepasados cazadores desde que se tiene memoria de ellos. Está claro que tengo "el gen de la caza" y mi mayor orgullo es mi hijo, que también parece tenerlo y mejora mis pasos con igual gusto por la naturaleza y sus moradores. Estudié Ingeniería Técnica Forestal en la Politécnica de Madrid; pero abandoné aquello por otros intereses. A mis 45 años, para sobrevivir, ejerzo de editor autónomo y periodista con la mayor dignidad que permite esta profesión. He sido colaborador ocasional en revistas como "Caza y Pesca" o "Trofeo Pesca" y actualmente soy corresponsal de RNE y Europa Press en una pequeña ciudad del noroeste español
ARMAS.ES me ofrece ahora un espacio blog junto a unos compañeros que me superan en experiencia, lo cual es un honor, un placer y también una responsabilidad.
"La baña y el rascadero" es el único título posible para el espacio de un viejo jabalí. Un espacio en el que relajarse pero en el que un jabalí viejo deja entrever sus virtudes y sus defectos a través de sus marcas. Así, junto a los comentarios de "baña" (bien serenos o bien intrascendentes y placenteros) los habrá de "rascadero", por aquello de sacudirse algunos "parásitos" que siempre resultan molestos.
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