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¡Corre amigo, corre! (Métodos directos y superrápidos para poner a cero y ajustar el visor)

Publicado por en en Caza
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Lo malo que tiene inventar el cóctel molotov a los 13 años es que, aparte de chamuscar el patio de casa y tener que irte a la cama sin cenar, aparece un aguafiestas y te descubre que ESO ya estaba inventado.

 

Esa desgracia se repitió cuando algunos años más tarde "descubrí" el método directo para poner a tiro un visor; si bien gracias a que esto me ocurrió más crecidito, tuve el pesquis suficiente para intuir que alguna lumbrera se me habría adelantado en un par de siglos. Este será el segundo asunto que trate... No lo del pesquis ni lo de inventar, sino lo del centrado rápido.

Reconozco que el otro "método directo" que expongo hoy no es invención mía, ni se me hubiera ocurrido practicarlo. Me refiero a la puesta a cero del visor por la vía rápida, que me parece de lo más ingenioso y con el que comenzaré en lo que constituye una guía básica de ajuste rápido del visor.

             

 

Y es que, como bien sabía el tío más bestia de mi clase, los métodos directos y sin complicaciones son los más sencillos para alcanzar rápidamente el fin que se persigue. Así, cuando "el Cigu" perdió las llaves de su viejo 850, en vez de entretenerse en buscarlas o en sacar, pelar y combinar contactos de cables para hacer un puente, le metió un destornillador así de gordo en el bombín del contacto, lo giró y a correr. Era un genio "el Cigu", una mente preclara encerrada en una cabeza dura como el casco de un dragaminas que al parecer sólo yo sabía apreciar. Pero vamos "al turrón", que ya me estoy yendo.

 

Cuando recibimos un visor ignoramos si sus torretas están "a cero"; es decir, no tenemos certeza de que la retícula se encuentre exactamente centrada con respecto a su eje y lo más probable es que esté orientada hacia una dirección indeterminada tanto en altura como en deriva.

Doy por hecho que todo el mundo sabe que la retícula de un visor como Dios manda no se desplaza dentro del tubo sino que se orienta basculando su bastidor en altura y deriva.

              

 

Para buscar ese ansiado cero que nos facilite un comienzo para la "puesta a tiro", el método más empleado consiste en girar los mandos de las torretas hasta uno de sus topes y después rotarlas hacia el lado contrario click a click contando las fracciones que hay hasta el tope opuesto. Si hemos contado 280 clicks, SUPONEMOS que el cero se encuentra en el punto medio; es decir, en los 140 clicks contados desde uno de los topes.

 

¡Pero esto es un peñazo inmenso! Y además ¿qué ocurre si nuestras torretas no tienen clicks sino que giran sin fracciones? En cualquier caso, nada nos garantiza que el punto medio de los clicks o del giro de las torretas coincida con el punto en el que la retícula está completamente recta; porque quien sabe si desde el cero real las torretas tienen más recorrido hacia un lado que hacia el otro.

 

EL MÉTODO "ESPEJO"

El método directo y fácil para poner a cero el visor no será exactíiiiiisimo, pero se aproximará muchíiiiiisimo; es el "método espejo"

Se procede así. Cogemos el visor, nos vamos al cuarto de baño y apoyamos la campana o tubo del visor contra el espejo. Si miramos a su través veremos una imagen oscura (ya que al estar el objetivo tapado por el espejo no entra luz por la parte delantera sino por el ocular) pero será suficiente para apreciar si el visor está a cero. 

            

 

– ¿Cómo y por qué? 

– Pues muy fácil: si ves dos retículas es porque ésta se encuentra orientada en alguna dirección y por lo tanto estás viendo la retícula real y el reflejo de ella que te devuelve el espejo.

 

            

 

             

 

Si por el contrario ves una sola retícula es porque se encuentra totalmente recta y por tanto la retícula y su imagen reflejada coinciden en el eje longitudinal y en todos sus planos (la retícula real tapa su propio reflejo).

En consecuencia, la cosa es fácil; para que el visor esté a cero, moveremos las torretas hasta que veamos una única cruz o retícula.

 

              

 

Para que esto sea así es condición "sine qua non" que la campana o tubo del visor sea recta. Lógicamente los visores con la campana sesgada no podrán ponerse a cero con este método salvo que se les encaje un tubo recto en la campana para que el eje longitudinal del visor quede a 90º con respecto al plano del espejo.

 

           

 

Como podéis imaginar para esta puesta a cero no necesitamos un espejo de baño; nos bastará con usar en un lugar bien iluminado cualquier espejo que tenga al menos el tamaño de la campana... Las señoras suelen llevar uno de esos espejos pequeños; pero está feo andar rebuscando en sus bolsos, sobre todo si en la otra mano llevas un rifle con visor... Te pueden tomar por atracador o incluso mucho peor... Por cazador (a ver si se me pilla la ironía).  

Lo del espejo pequeño tiene la ventaja de que puedes buscar el cero con el visor montado en el rifle, por lo que es útil para aquellos que no llevan anillas desmontables.

 

EL MÉTODO "DESPLAZAR AL AGUJERO"

Como decía antes, el ajuste del visor por método directo es de lo más chusco que uno puede contemplar y a pesar de no echar mano de medidas ni cálculos, es técnica pura pues se basa en el principio fundamental que rige cualquier ajuste; un principio que resulta de perogrullo: no es el disparo el que aproximamos al lugar al que apunta el visor (cosa imposible sin torcer el cañón); sino que llevamos la retícula del visor al punto en el que impacta el proyectil. O sea, que lo que hacemos es casar el punto hacia el que apunta el visor con el punto en el que impacta la bala, de forma que una vez casados ambos permanecerán relacionados.

 

Basándonos en esto, la cosa es sencillísima. Basta con disponer de una diana, un buen apoyo y un ayudante que hará de operador de torretas –llámese cuñado, hijo, parienta o "churri"– al que después pagaremos sus servicios de forma proporcionada y oportuna según el caso.

Bien apoyado sobre una base que nos garantice la máxima inmovilidad posible del rifle, quitaremos los tapones de las torretas y efectuaremos un disparo (y en su caso un segundo disparo de forma que la extrema proximidad entre los dos impactos garantice que no hemos cometido errores al disparar).

Después, seguiremos apuntando a nuestro objetivo y SIN MOVER EL RIFLE, daremos instrucciones para que nuestro ayudante actúe cuidadosamente sobre las torretas de tal forma que lleve la cruz al agujero hecho por la bala... Así de fácil.

 

Como en Youtube hay imágenes hasta del Dalai Lama bailando la Konga, me he ido para allá seguro de encontrar un vídeo que ilustrara este método directo (así me ahorro las fotos) y os pongo esta dirección en la que se aprecia perfectamente lo que explico.

www.youtube.com/watch?v=TiOpQY2ORo4

 

En este punto cabe recordar al ayudante del tirador que la cruz se moverá al contrario de lo que indican las torretas; es decir, si queremos que la retícula baje, tendremos que girarla en dirección "UP" y viceversa. Lo mismo regirá para la torreta lateral o de deriva. No explicaré el porqué de este efecto dado que es tema conocido por personas con una mínima experiencia y sobre todo porque ya lo expliqué en el capítulo dedicado al colimador óptico.

 

Lógicamente este método directo se complicará más cuanto más distante al blanco queramos hacer el ajuste o menos aumentos tengamos en el visor. O sea, que es válido siempre y cuando apreciemos a través del visor el impacto de las balas. Para que esto sea más sencillo podremos ayudarnos de dianas marcadoras.

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Con el pudor que produce hablar de uno mismo me limitaré a decir que el primer recuerdo de mi vida es la lercha de caza de mi padre que apenas podía arrastrar por el pasillo de casa, con una liebre más grande que yo y algunos pájaros en los que encontraba cosas fascinantes desde el pico hasta las patas. Tengo la única certeza de pertenecer a una familia con antepasados cazadores desde que se tiene memoria de ellos. Está claro que tengo "el gen de la caza" y mi mayor orgullo es mi hijo, que también parece tenerlo y mejora mis pasos con igual gusto por la naturaleza y sus moradores. Estudié Ingeniería Técnica Forestal en la Politécnica de Madrid; pero abandoné aquello por otros intereses. A mis 45 años, para sobrevivir, ejerzo de editor autónomo y periodista con la mayor dignidad que permite esta profesión. He sido colaborador ocasional en revistas como "Caza y Pesca" o "Trofeo Pesca" y actualmente soy corresponsal de RNE y Europa Press en una pequeña ciudad del noroeste español
ARMAS.ES me ofrece ahora un espacio blog junto a unos compañeros que me superan en experiencia, lo cual es un honor, un placer y también una responsabilidad.
"La baña y el rascadero" es el único título posible para el espacio de un viejo jabalí. Un espacio en el que relajarse pero en el que un jabalí viejo deja entrever sus virtudes y sus defectos a través de sus marcas. Así, junto a los comentarios de "baña" (bien serenos o bien intrascendentes y placenteros) los habrá de "rascadero", por aquello de sacudirse algunos "parásitos" que siempre resultan molestos.
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