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¿Cómo nos ven los animales? (una orientación para camuflarse en la caza)

Publicado por en en Caza
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A menudo se habla del camuflaje en armas y complementos de caza, pero raramente se analiza qué es lo que las especies cinegéticas pueden ver. La obligación del uso de chaleco de alta visibilidad en algunas comunidades o el empleo de prendas de color rojo en algunos países suscita dudas a algunos cazadores; sin embargo para un correcto camuflaje hay detalles menos evidentes que son mucho más importantes.

Es característica de todo cazador pasar inadvertido para sus presas, cuando no atraerlas, cosa extensible al hombre que remeda a los depredadores grandes y pequeños en su forma de mimetizar con el entorno mediante vestimentas y complementos de camuflaje.

Los dibujos crípticos y las coloraciones que imitan al entorno definen la ropa de caza (y militar) que no intenta otra cosa que tratar de hacernos pasar inadvertidos a los ojos de nuestras presas. Sin embargo habría que saber primero cómo ven aquellos para los que pretendemos pasar desapercibidos; no vaya a ser que nos creamos invisibles y sin embargo aparezcamos a sus ojos con más luces que una feria.

Cualquiera dirá que eso es fácilmente evitable con prendas de tonalidades oscuras y naturales; afirmación básicamente cierta pero hay que tener cuidado no sólo con el color sino también con la naturaleza de los tejidos y otros varios detalles... La cosa tiene truco, como veremos más adelante.

 

A poco reflexivos que seamos, nos daremos cuenta de que hay aves brillantemente coloreadas y que esto no ocurre en los mamíferos no superiores y más especialmente en los ungulados (ciervos, jabalíes, antílopes, búfalos...). 

Si a continuación somos deductivos podremos pensar acertadamente que las aves tienen llamativos plumajes precisamente porque son visibles a sus propios ojos y en cambio los ungulados son mayoritariamente pardos, marrones, grises y ocasionalmente moteados o rayados... No hay nada más operativo que la naturaleza y sería del todo inoperante que un ciervo fuera de un intenso color rojo y verde, por ejemplo, ya que son tonos que no percibe tan vívidamente. En este punto quizá esté confundiendo la causa con el efecto y lo que ocurra puede ser que los ungulados hayan evolucionado hacia una visión dicroica (de dos colores) y tenue por serle más necesario distinguir el movimiento (de sus depredadores) que el color.

 

En base a esto empezaré por distinguir dos grandes tipos de percepción visual en las piezas de caza: la de las aves y la de los mamíferos.

No entraré a analizar otros sentidos, como el olfato y el oído, de cuya agudeza ha podido tener constancia cualquier cazador mínimamente experimentado que además sabe cómo contrarrestarlos.

Ni que decir tiene que cualquier animal ve los brillos con la misma intensidad que nosotros y por tanto los metales anodizados o pintados de camuflaje son un buen aliado... El reloj estará mejor oculto o en el bolsillo que haciendo el efecto "bola de discoteca" sobre nuestra muñeca. Lo mismo rige para visores, prismáticos y gafas; aunque esto último sea imprescindible, en ocasiones se pueden emplear sobre las lentes unos filtros de color que pueden reducir en algo los reflejos.

 

CÓMO NOS VEN LAS AVES

Lo de la vista de las aves es de triple salto mortal con patada a luna, sobre todo en pájaros de presa, pero también en las aves cinegéticas. Sus ojos suelen ser proporcionalmente muy grandes, lo que queda patente en su cráneo desnudo.

 Es de común conocimiento que el poder de ampliación de sus ojos es mayor que el nuestro, pero no es ni con mucho la más notable de sus funciones pues además de una mayor agudeza visual, tienen una mejor percepción general del movimiento y el color. 

 

Su posición habitualmente elevada sobre nosotros les da una ventaja añadida desde la cual además distinguen la sombra dispersa y fragmentada de un árbol, de la sombra "maciza" del cazador. Ojo a este asunto, porque a veces aun ocultos por un buen camuflaje podemos ser detectados por este detalle.

 

Algunas aves disponen de dos zonas de visión, una ampliada en el centro y otra que equivaldría a la nuestra en el área perimetral de su campo de visión. Así, pueden vernos desde bastante distancia; otra cosa es que se fijen en nosotros o no. Tanto es así que los cazadores hemos experimentado alguna vez cómo una paloma se nos echa encima sin que vea nuestros movimientos por muy ostensibles que sean. Esto es especialmente notable cuando se va a posar cerca de nosotros y seguramente está tan concentrada en el punto en el ha de detener su vuelo que ni siquiera nos ve aunque estemos a dos metros escasos de la rama que ha elegido.

 

Por otra parte, nosotros podemos seguir el vuelo de un pájaro hasta que sólo sea un punto, siempre que se recorte sobre el cielo. Si está lejos, cuando desciende bajo la línea del horizonte, dejamos de verlo. En cambio muchas aves podrían seguir viéndolo pues al parecer disponen de unas partículas en la retina que les ayudan a discriminar formas oscuras sobre fondos oscuros mediante un contorneo de las siluetas.

Además, la definición con la que perciben las aves también es mucho mayor. En términos modernos diríamos que tienen más píxeles en su retina y por tanto las formas aparecen nítidas.

  

Definición en las retinas de un hombre y de un ave.

 

Hay que tener en cuenta estos detalles a la hora de ocultarnos en un puesto de pasa de migratorias, por ejemplo. De ahí también la importancia de contrarrestar en lo posible estas dos ventajas empleando estampados de dibujos complejos –con los que sea más difícil distinguir dónde termina el paisaje natural y dónde empieza el camuflaje– y también pegarnos a un fondo, lo que nos hará menos visibles que permanecer como una figura exenta en medio de un espacio vacío más o menos grande aunque éste sea exactamente del mismo color que vestimos.

 

El campo de visión es otra de las diferencias pero no entre aves y hombres, sino entre animales depredadores y animales presa cualquiera que sea su especie. Un tigre tiene los ojos al frente y un ciervo los tiene a ambos lados del cráneo. Por continuar con el mundo ornitológico, es fácil darse cuenta de que un halcón tiene los dos ojos en el mismo plano ofreciéndole una amplia visión estereoscópica y por tanto tridimensional que le ayuda a calcular las distancias; sin embargo tiene una gran área ciega. En cambio un ave que debe defenderse del ataque de otras o de depredadores terrestres, tiene un ojo a cada lado de la cabeza para abarcar más campo visual y ponerla rápidamente en alerta, sin que el cálculo de la distancia importe demasiado; no al menos más allá de la línea visual que marca su pico, puesto que para comer, posarse o mantenerse a distancia de seguridad de lo que tiene delante sí que necesita calcular distancias.

Tenemos que poner atención por tanto al campo visual de las aves que queremos cazar pues su zona de visión ciega es muy estrecha (está en la zona posterior de su cabeza) o sencillamente no existe.

                                    

La becada es un ejemplo extremo de campo visual con unos ojos situados en centros opuestos del cráneo pueden ver un campo de 360º aunque con una visión binocular muy estrecha.

 

La utilidad de la visión estereoscópica para calcular distancias la podemos experimentar nosotros mismos: cogemos un bolígrafo en vertical , cerramos los ojos y abriendo sólo uno, tratamos de tocar la punta del bolígrafo... Lo más probable es que nos quedemos cortos, cosa que no ocurrirá con los dos ojos abiertos.

 

Otra ventaja con la que cuentan nuestras emplumadas amigas es que pueden ver nítidas las imágenes que nosotros vemos movidas. Los objetos que se mueven a gran velocidad son mal percibidos por el ojo humano, pero las aves pueden ver como en una grabación de vídeo hecha con gran velocidad de obturación. Esto lógicamente no lo emplean tanto por ver nítidos los objetos que se mueven a gran velocidad, sino para ver nítidos los objetos que permanecen quietos mientras ellas se mueven. De esta forma pueden, por ejemplo, pasar en vuelo rasante sin perder detalle de lo que hay en el suelo.

Así, un ave que pasa a gran velocidad muy cerca de nosotros nos puede ver perfectamente como repetidamente fotografiados.

 

También minimizar los contrastes de color es importante tanto más si tenemos el Sol de frente. En estas condiciones, incluso con nuestra proporcionalmente escasa agudeza visual podemos ver cómo el rostro de un compañero situado en un puesto vecino es perfectamente visible en la distancia entre colores más oscuros que absorben la luz. 

 

Es en la visión cromática dónde las aves tienen una sustancial diferencia con nuestra percepción óptica. Recientes investigaciones han determinado que en su retina además de las células "bastón", que distinguen la luz de la oscuridad (blanco y negro), tienen varios tipos de células "cono", que distinguen los colores.

El hombre tiene tres tipos distintos de conos que son sensibles a tres colores básicos, rojo, azul y verde, con los que se componen los demás colores que puede ver desde el rojo, en un extremo del espectro visible, al violeta en el otro extremo. Las aves además poseen un cuarto tipo de conos que captan longitudes de onda correspondientes a una gama de colores ultravioleta (más allá del violeta) y algunos creen que incluso una pequeña porción de infrarrojos que por cierto sí perciben los mosquitos y los mamíferos voladores murciélagos vampiro por obvias razones prácticas. 

Las aves ven por tanto más colores que nosotros y al parecer los colores ultravioletas son muy vívidos. 

Se ha descubierto por ejemplo que la orina de los ratones –que dejan continuamente como señal olfativa para sus congéneres– refleja una radiación ultravioleta que lógicamente brilla con más intensidad donde el rastro es más reciente. Las rapaces utilizan este rastro para localizarlos con facilidad a pesar de su pequeño tamaño y su ubicación entre la maleza. 

 

Nosotros podemos reconocer aquellos objetos que reflejan los colores ultravioletas mediante "luz negra". Es ese neón tan frecuente en las discotecas y en las lámparas empleadas para verificar la autenticidad de los billetes de curso legal. Bajo su radiación ultravioleta, los colores de ese espectro se nos hacen visibles de forma que ciertos tejidos y tintas refulgen intensamente blancos (el gintónic también adquiere un color muy interesante... No penséis mal, no es por el exceso de alcohol en la copa o en el cuerpo, pues es la tónica la que refleja esta radiación).

 

Es lógico pensar que nuestras vestimentas, aun coloreadas en ultravioleta, no serán muy visibles en un entorno general que también contiene colores ultravioleta; pero ocurre que la distribución de este espectro en la ropa suele estar ligada a determinadas fibras que componen visibles formas geométricas.

Ojo a esto porque una vestimenta críptica se puede echar a perder, por ejemplo, por los cordones de unas botas que brillan con un color intensamente ultravioleta.

 

Sería bueno que todos los fabricantes de ropa de camuflaje dispusieran de una prueba de laboratorio con lámparas de "luz negra" pues gracias a ella pude darme cuenta de que uno de mis jerseis de caza tenía una urdimbre en la que unas hebras brillaban como un semáforo en tres franjas horizontales... Quizá por eso las palomas y zorzales viraban antes de entrar en mi puesto.

 

CÓMO NOS VEN LOS MAMÍFEROS

Lo de los mamíferos es otra canción. 

Si los mamíferos superiores disponemos de tres tipos de conos y las aves de cuatro; los conejos, liebres,  jabalíes, ciervos, corzos, etc., parece que disponen sólo de dos tipos de conos.

Durante un tiempo se creyó que sencillamente veían en blanco y negro con escala de grises (como en cualquier viejo televisor de blanco y negro).

Posteriormente se estableció como principio de aplicación general que los mamíferos perciben colores pero de forma más tenue; algo así como si en el televisor actuáramos sobre el mando del color reduciéndolo hasta un 10-15% 

Se ha especulado también con la posibilidad de que la visión dicroica (dos colores) de los mamíferos no superiores se asemejara a la de algunas personas con anomalías en la captación de color que no pueden identificar el rojo y el verde como colores distintos o los confunden con el azul.

Lo último que me ha llegado por boca de un amigo veterinario, que siguió un cursillo en el que se abordaba este asunto, es que al parecer los ungulados en efecto no distinguen algunos colores básicos, sin embargo el que mejor captan es el rojo, que aprecian sin embargo muy desvahído y sin la intensidad con que nuestros ojos lo aprecian.

                                      

Imagen diferenciada blanco y negro/color tal como se creía hace años que ven los mamíferos no superiores.

 

¿Qué efecto tiene por tanto vestir un chaleco rojo de alta visibilidad en una cacería?

Como he dicho antes, una cosa es lo que se puede ver y otra lo que se ve. Una mancha uniformemente roja, por intenso que sea su color, no será muy apreciable por un animal que no lo distingue con claridad y más aún en un cazador semioculto en un bosque, siempre y cuando no se mueva.

Tanto menos visibles son las prendas de camuflaje en distintos tonos de rojo distribuido en manchas de gamas que se alternan.

                                   

 

Importante asunto, pues los mamíferos que son objeto de caza están más preparados para captar la variación de la intensidad de la luz que el color. Esa variación de intensidad es precisamente el efecto que produce un objeto en movimiento, así que la inmovilidad es más decisiva que el color.

  

Izda.: el escudete blanco de un corzo resulta muy visible para sus congéneres que captan con facilidad su movimiento rápido como una señal de alarma cuando un ejemplar sale huyendo.

Dcha.: Siempre que las condiciones lo permitan procuraremos aproximarnos lo más posible a un árbol pero manteniendo nuestra visibilidad.

 

En este sentido siempre me ha llamado la atención la actitud de los cazadores de batida en comparación con los de monterías. Es curioso que los primeros reduzcan sus movimientos al mínimo imprescindible para no congelarse en el fondo de un barranco de umbría en pleno invierno y sin embargo muchos monteros no pongan el más mínimo cuidado en mantener una actitud de inmovilidad, señalando la pieza o apuntándola cuando aun está lejos o incluso moviéndose algo en el puesto para seguir su recorrido. 

Aquí se puede aducir una vez más la diferencia entre lo que se puede ver y lo que se ve, pues un animal presionado por una rehala cercana pondrá más atención en lo que le amenaza por detrás que en lo que tiene por delante.

 

 

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Con el pudor que produce hablar de uno mismo me limitaré a decir que el primer recuerdo de mi vida es la lercha de caza de mi padre que apenas podía arrastrar por el pasillo de casa, con una liebre más grande que yo y algunos pájaros en los que encontraba cosas fascinantes desde el pico hasta las patas. Tengo la única certeza de pertenecer a una familia con antepasados cazadores desde que se tiene memoria de ellos. Está claro que tengo "el gen de la caza" y mi mayor orgullo es mi hijo, que también parece tenerlo y mejora mis pasos con igual gusto por la naturaleza y sus moradores. Estudié Ingeniería Técnica Forestal en la Politécnica de Madrid; pero abandoné aquello por otros intereses. A mis 45 años, para sobrevivir, ejerzo de editor autónomo y periodista con la mayor dignidad que permite esta profesión. He sido colaborador ocasional en revistas como "Caza y Pesca" o "Trofeo Pesca" y actualmente soy corresponsal de RNE y Europa Press en una pequeña ciudad del noroeste español
ARMAS.ES me ofrece ahora un espacio blog junto a unos compañeros que me superan en experiencia, lo cual es un honor, un placer y también una responsabilidad.
"La baña y el rascadero" es el único título posible para el espacio de un viejo jabalí. Un espacio en el que relajarse pero en el que un jabalí viejo deja entrever sus virtudes y sus defectos a través de sus marcas. Así, junto a los comentarios de "baña" (bien serenos o bien intrascendentes y placenteros) los habrá de "rascadero", por aquello de sacudirse algunos "parásitos" que siempre resultan molestos.
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