Sturmgewehr 44 (Stg-44): el padre de los fusiles de asalto (I)

Sturmgewehr 44 (Stg-44): el padre de los fusiles de asalto (I)

Armas militares
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Sturmgewehr 44 (Stg 44): el padre de los fusiles de asalto (I)
El Sturmgewehr 44 fue el arma ligera más importante de la Segunda Guerra Mundial y la que consiguió cambiar el curso de la historia, al dar pie al nacimiento de una nueva categoría armamentística: el fusil de asalto.
Sturmgewehr 44 (Stg-44): el padre de los fusiles de asalto (I)
IVAN-HK 30/05/2007
El Sturmgewehr 44 fue el arma ligera más importante de la Segunda Guerra Mundial y la que consiguió cambiar el curso de la historia, al dar pie al nacimiento de una nueva categoría armamentística: el fusil de asalto. Sin embargo, al comienzo de su desarrollo, encontró obstáculos del alto mando alemán, especialmente del propio Adolf Hitler.

Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial todavía se empleaba el mismo tipo de armamento ligero que se usó en la Gran Guerra, es decir, todavía era protagonista el fusil de repetición manual, a pesar de que en el anterior conflicto ya había mostrado algunas limitaciones. Sus principales defectos eran una escasa cadencia de tiro, unos elevados costes y tiempos de fabricación, así como una potencia desmesurada en la munición utilizada. Entre sus ventajas estaban su elevada precisión y su largo alcance.

Estas carencias apuntadas en la Primera Guerra Mundial volvieron a ponerse de manifiesto antes del estallido de la Segunda. Concretamente, en la Guerra Civil Española, donde quedó demostrado que había que aumentar la potencia de fuego de las unidades de infantería. En principio, parecía que el subfusil y las ametralladoras ocuparían esa deficiencia. Así, la ametralladora rusa Degtyarev fue un ejemplo de mejora de la potencia de fuego, así como el BAR.

Fusiles Automat Federov
Un intento fallido: el Automat Federov
El poco éxito del Automat Federov (1916) al menos contribuyó al asentamiento de los conceptos o caminos a seguir en este campo. Tenía una longitud de 1.040mm y un peso de 4,4 kilos, cargador separable para 25 cartuchos y selector de tiro en modo ráfaga. Su gran lunar fue el calibre elegido, que no era otro que el Arisaka 6,5mm, el menos potente de los fusiles de la época. En la práctica, es decir, en la guerra de trincheras, se mostró como un fusil frágil y propenso a las interrupciones. Además, el calibre japonés no era precisamente el favorito de los rusos. Se construyeron unas 10.000 unidades.

Segundo intento: “armas de apoyo"

Las experiencias obtenidas en la Primera Guerra Mundial marcaron la acuciante necesidad de aumentar la potencia de fuego individual. En Alemania lo hicieron con su MP-38, que más tarde gestó el MP 40, pero era bien sabido que más allá de los 50 metros (a lo sumo hasta 100) perdían casi por completo su efectividad. Por ello, se era reacio a abandonar los clásicos rifles de cerrojo: Enfields, Mauser 98, y demás variantes. Estas armas tenían un alcance efectivo superior a los 500 metros, aunque la velocidad de disparo era claramente inferior comparada con la de los subfusiles.

Ahora bien, saturar una zona de fuego con precisión y velocidad entre los 100 y los 500 metros era muy difícil. Es terreno se convertía en una especie de “tierra de nadie". Para superar este inconveniente, el ingenio de los proyectistas dio como resultado numerosos fusiles ametralladores, ametralladoras medias, etc. Todas con el mismo inconveniente: su elevado peso. Para conseguir más potencia de fuego había que pasar obligatoriamente por la creación de automatismos, pero los técnicos siempre se topaban con la dificultad de la potencia del cartucho disparado, que generaba un excesivo retroceso incluso para el tiro semiautomático y por sus dimensiones creaba armas pesadas y poco manejables (el mejor ejemplo de ello es el BREN). Esto ya se tenía claro una vez finalizada la Gran Guerra, pero la crisis de los años 30, unida al hecho de tener grandes stocks de armas de cerrojo con su respectiva munición, impedía crear algo realmente nuevo. También hay que tener en cuenta las trabas burocráticas que impedían a técnicos y militares innovar. Los soldados del 39 iban prácticamente con las mismas armas de sus padres en el 14, pero les acompañaban BAR, BREN, MG-34…

Fusil semiautomático M1 Garand
Tercer intento: el fusil semiautomático
A mediados de la década de los 30, la tendencia de un cartucho de potencia intermedia empezaba a cuajar en diferentes sectores, pero era especialmente en Alemania, con los intentos de sus Wunder-Waffen (armas prodigiosas) impuestos por el III Reich, donde más se trabajaba. Sobre todo, se trabajaba en cartuchos de potencia intermedia para cubrir con más efectividad esos “100 y 500 metros". En Estados Unidos también hicieron sus pruebas con su calibre .276, aplicado al posterior Garand y al Pedersen. Pero sólo la Alemania Nazi siguió adelante con estos estudios. Era como si todo el planeta se preguntase para qué crear un fusil con un alcance de 500 metros si se podía tener uno de 800.

Una solución parcial pasaba por el fusil semiautomático. Algunos ejércitos, como el de Estados Unidos (el Garand es adoptado en 1936) y parcialmente el de la Unión Soviética (el Simonov entra en servicio en 1936 y el SVT se adopta el 1938), incorporaron a sus filas fusiles semiautomáticos, aunque su escasa fiabilidad en combate limitaba su uso, a excepción del caso americano. Además, después de la Primera Guerra Mundial todas las naciones estaban muy desgastadas material y humanamente, por lo que prepararse para más conflictos no era prioritario. El Reino Unido se centró en el mantenimiento de sus colonias y Francia adoptó una postura defensiva (línea Maginot)… todas siguieron una línea similar excepto la nación resentida y humillada por el tratado de Versalles: Alemania.

Cuarto intento: fusión de arma y cartucho

El Waffen Amt (Departamento de Armas del Ejército) alemán continuó con sus estudios, y además estableció unas condiciones para la creación de un fusil semiautomático. Sin especificar el tipo de calibre, requerían una ametralladora o carabina (o carabina-ametralladora) con selector de tiro en ráfaga y modo semiautomático, cadencia entre 360 y 450 disparos por minuto, precisión hasta los 400 metros (mínimo), peso similar al arma reglamentaria K98 (o menor), protección al polvo, fiabilidad bajo diferentes condiciones climáticas, y lo más importante, que pudiera dispararse a ráfagas en movimiento.

Con estas disposiciones se sentaron las bases de lo que hoy entendemos como un fusil de asalto. En este sentido, cualquier arma, independientemente de su capacidad de carga o calibre, si no la podemos disparar de forma controlable en movimiento no es un fusil de asalto. Esto pasa seguramente por la incorporación de un pistolete adecuado, un calibre intermedio y los automatismos necesarios.

Estalla la II GM
Despiece del Stg-44
Alemania se preparaba para la guerra, así que tenía claro cuáles eran las directrices de su “futuro próximo". Por ello, numerosas empresas habían comenzado a estudiar, a petición del Heeres Waffenamt Wa Prüf (oficina del ejército alemán encargada de las armas), el uso de cartuchos de potencia intermedia que se pudieran utilizar en un nuevo fusil capaz de realizar incluso el tiro a ráfaga. Entre las empresas que estudiaban nuevos cartuchos estaba “R.W.S.", que en 1934 presentó su 8,15x46mm; “Geco", que realizó el 7,9x40,5mm en 1935, “Winter", que preparó el 7,9x 36,5mm en el mismo año, y finalmente “Polte de Magdeburgo", quien en 1938 lanzó su 7,92x30mm, punto de partida del cartucho sobre el que se trabajaría más adelante.

Este nuevo cartucho requería un arma nueva: Haenel Waffen y Fahrradfabrik de Suhl recibieron en 1938 un contrato para la realización de un arma destinada a utilizar el nuevo cartucho de Polte de Magdeburgo. Incluso Carl Walther de Zella Mehlis, a título privado, presentó su prototipo, y eso a pesar de estar diseñando el que sería el fusil semiautomático G-41. El arma de la primera empresa fue diseñada por el conocido Hugo Schmeisser (diseñador de la MP-18), con la colaboración de una compañía especializada en la estampación de láminas metálicas, la Meezwerke de Franckfurt. Mientras que el arma presentada por la segunda empresa fue el fusil semiautomático GA 115. Hitler, quien como en todas las cosas de la Alemania del III Reich siempre tenía la ultima palabra, nunca vio con buenos ojos estos estudios, decantándose siempre por la opción de mejorar los subfusiles (Machinen-Pistolen).

Fusil Tokarev SVT modelo de 1940
Fusil alemán Gewehr 43
A partir de 1939 Alemania ya no tenía demasiado tiempo para experimentos, y hasta el año 1941 todo fueron “éxitos". Por tanto, en la mente de muchos alemanes se instaló la popular idea de: “¿para qué tocar algo que ya funciona?" Los frentes se fueron ampliando y tenían a casi toda Europa bajo su yugo, camino de la URSS y con un pie en Inglaterra. Con este panorama, la producción de sus armas para la Blitzkrieg fue masiva: MG34, MP 40, P38…y el fusil K98, claro.

Sin embargo, el encuentro con el nuevo enemigo ruso fue crucial. Los alemanes probaron en sus propias carnes el combate urbano y vieron que los enemigos tenían otras armas. El fusil semiautomático M1938 Tokarev SVT fue adoptado por la URSS en 1938 para sustituir al problemático Simonov 1936. El SVT 38 tampoco logró cumplir los requisitos exigibles a un arma de servicio, por lo que se mejoró con el modelo 1940, aunque también con poco éxito. Sin embargo, frente al K98 ponía en seria desventaja a los germanos. De hecho, el SVT sirvió como fuente de inspiración al ejército nazi para crear su Gewehr 43, y además con este fusil se usaba el mismo calibre del K98, el MG42 y el MG34.

Gestación del fusil y del cartucho
La imperiosa necesidad de contar con un arma de gran capacidad de fuego y perfectamente controlable no podía pasar por disponer de un cartucho de potencia intermedia. Polte de Magdeburgo, a partir de su 7,92x30mm, evolucionó hasta la creación del calibre 7,92x33 en 1941. Este nuevo 7,92 era simplemente una versión recortada del 7,92x57mm. La carga de pólvora se redujo a la mitad (1,58 g) y el peso del proyectil se situaba entre 7,9-8,1 g, frente a los 11,55-12,8 g de su predecesor. Además, su fuerza de retroceso era prácticamente la mitad. Nacía así el 7,92 Kurz.

La munición del 7.92x57mm posibilitaba un alcance teórico enorme, del orden de 1.000 metros, aunque en la práctica difícilmente se excedían los 400 metros. Por ello, se la podía considerar un desperdicio de potencia, además de imposibilitar un tiro en ráfaga mínimamente controlable (caso comprobable con el FG 42). Mientras que el uso de munición de dimensiones más reducidas, además de proporcionar un gran ahorro de materia prima (doblemente importante en guerra), incrementaba su portabilidad.

Fusil de asalto alemán Stg-44
Problemas “burocráticos"
Esta arma y sus cartuchos fueron expresamente prohibidos por el propio Hitler, quien no veía factible sustituir las armas con alcance de más de 500 metros. El Stg 44 tenía como máximo alcance efectivo los 400-500. Esto, evidenciaba a Hitler de su incorrecto o nulo asesoramiento en temas militares, y por otro lado, crear dos municiones del 7,92 era peligroso en la situación en que estaban, pues el rendimiento de las fábricas podría ser excesivamente bajo. Y es que Alemania tenía toda su producción repartida entre el 9mm Parabellum y el 7,92x57mm, por lo que el proyecto “Machinen Karabiner" estaba destinado al fracaso. Después de presentar las nuevas armas con distintos calibres a los normalmente usados, los técnicos modificaron su nombre clave por el de “Machine Pistolen" (con las siglas MP). De esa manera, podrían seguir con su estudio y desarrollo. El proyecto final fue presentado en el verano de 1942 bajo el nombre de “Machinen Karabinen b" (Mkb).
(continuará)
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