El mundo de la escopeta (III): La semiautomática, ¿realmente adaptada a nuestros montes?

El mundo de la escopeta (III): La semiautomática, ¿realmente adaptada a nuestros montes?

Arma larga
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El mundo de la escopeta (III): La semiautomática, ¿realmente adaptada a nuestros montes?
Desde hace unos años, las escopetas semiautomáticas se abren paso de manera imparable en el mercado armamentístico. Pensadas en un principio para unos fines muy específicos, es común verlas hoy en el campo tanto de caza como de tiro. Pero, ¿realmente se merecen este éxito?
El mundo de la escopeta (III): La semiautomática, ¿realmente adaptada a nuestros montes?
Alejandro Morelli Garcia (Sicarius) (30/04/2009)
Desde hace unos años, las escopetas semiautomáticas se abren paso de manera imparable en el mercado armamentístico. Pensadas en un principio para unos fines muy específicos, es común verlas hoy en el campo tanto de caza como de tiro. Pero, ¿realmente se merecen este éxito?

En 1902 Browning crea la primera escopeta de ciclo semiautomático fiable. Su sistema de accionamiento era el que se conoce como “de largo retroceso del cañón", que puede parecer similar al de corredera, ya que el cargador y la pieza elevadora de cartuchos funcionan de igual forma, pero cuya similitud es sólo superficial. En el fondo hay grandes diferencias.

Distintos modelos de escopetas semiautomáticas
Este sistema se basa en que durante el avance de la munición por el cañón no hay retroceso. Pero cuando los plomos salen del cañón, la presión que queda en el fondo hace que el culote empuje todo el conjunto hacia atrás y tanto el cañón como el cierre retrocedan. Aproximadamente a los dos tercios del recorrido, la energía consumida es tanta que el cañón se agota y se detiene; el cierre, entretanto, debido a su menor peso, continúa hasta el tope trasero donde se realiza la expulsión; el cañón, por su parte, ha vuelto a su posición inicial a merced de la acción del muelle recuperador. Justamente esto determina que en algunos sitios se conozca a este método como el “sistema de muelles o resortes". Al volver hacia adelante, el cañón descubre el elevador con un nuevo cartucho que el cierre se encarga de arrastrar hacia el interior de la recámara. La percusión ya está montada y el arma lista para efectuar un nuevo disparo con sólo apretar el gatillo.

Este sistema fue usado durante aproximadamente medio siglo sin cambiar nada. Entonces, nuevamente la casa Winchester anunció su modelo 50 que en realidad quedó puesto a punto en 1954 (52 años después que la inmediatamente anterior). Esta escopeta buscaba rebajar el retroceso en el hombro producido por el retroceso del cañón. Para ello, separó la recámara del resto y sólo esta parte era la que retrocedía junto con el bloque de cierre. Pero surgió un problema con el que no se contaba; el plomo de los perdigones y la combustión de la pólvora ensuciaban mucho el exterior de la recámara, deteniendo el funcionamiento después de una determinada cantidad de disparos.

La escopeta semiautomática es apta para la caza menor
Pero volviendo un momento al sistema de largo retroceso o de muelles, hay que decir que no ha quedado obsoleto y todavía hoy se fabrican armas con él (algunas de muy buena calidad, como la Browning modelo A5) aunque, en rigor, debido al costo de producción de estas armas y la calidad de materiales que requieren, no ha habido escopetas mediocres realizadas con este sistema.

La inercia de masas
Más adelante, se desarrolló un sistema semiautomático tan efectivo que actualmente es uno de los más usados: se trata del sistema por inercia de masas. Para retardar la apertura del cierre hasta que las presiones descienden, se interpone un muelle que, junto al peso y la inercia del cerrojo, retrasan un momento la apertura. Momento fugaz pero suficiente para que cuando se desplaza el cierre, el ciclo se produzca sin inconvenientes. Por otra parte, el muelle se comprime más cuanto mayor sea la potencia del cartucho; de esta forma se pueden disparar todo tipo de cargas, desde muy suaves hasta magnum, sin que se produzcan fallos de alimentación ni encasquillamientos.

En 1955 la marca High Standard fabricó una escopeta que aprovechaba los gases de la combustión para desbloquear el cerrojo. Es decir, lo que todos conocemos como toma de gases. Esto consiste en tomar una pequeña parte de la presión generada por los gases de la combustión en el cañón y dirigirla hacia atrás, a través de un tubo dentro de la chimaza (es la parte inferior delantera de la escopeta donde se apoya la mano izquierda para un diestro, comúnmente mal denominada guardamanos).

Una pareja de cazadores tratando de abatir algún pato
Este sistema no era ninguna novedad, ya que era el usado en los fusiles semiautomáticos y automáticos. Sin embargo, su uso en escopetas era toda una novedad e inconveniente, ya que los cartuchos de la época no usaban taco, con lo que frecuentemente en el orificio de la toma de gases se colaba algún perdigón. Esto producía fallos de alimentación y hacía que el arma se quedara inutilizada hasta que se retiraba el “tapón".

El sistema era bueno y los cartuchos empezaron a usar taco, provocando que al eliminar el contacto del plomo con el cañón se obstruyera. Y así es como resurgió este sistema. Tanto, que hoy en día cualquier escopeta semiautomática trabaja con uno de los sistemas descritos, siendo el de gases el que gana terreno día a día. Aunque también tiene su inconveniente: obliga a disponer de mecanismos muy robustos que en las armas con recámara para cartuchos magnum acusan mucho el retroceso. Por ello, actualmente se han realizado avances en el sentido de lograr que funcionen tanto con carga suave como potente. La solución ha sido la incorporación de una válvula autorregulable en la toma de gases que le otorga un accionamiento similar al de la apertura retardada por inercia de masas. De esta forma, independientemente de la carga del cartucho, se puede usar un cerrojo con menos masa que pega menos.

Escopeta semiautomática Beretta en acabado camuflaje
Hay dos tipos de válvula autorregulable: una que toma toda la presión, para luego liberar la sobrante; y otra que a medida que acciona va aliviando cada vez más cantidad. Entre las primeras, se encuentra la de la italiana Beretta, que al abrirse descubre unas ranuras en la parte inferior de la chimaza por donde comunica al exterior aliviando la presión excedente. Entre las del segundo tipo, un buen ejemplo puede ser la de accionamiento progresivo de Remington en Estados Unidos.

Escopetas en evolución
Actualmente, las semiautomáticas están en evolución, integrando novedades como el sistema para retirar manualmente el cartucho de la recámara sin que ésta se vea alimentada por otro desde el cargador. Esta posibilidad se denomina en Europa “cut-off" y en América se le conoce generalmente como “safe-unload". Definitivamente, una semiautomática actual guarda ya poco que ver con una de aquellas primeras. Mientras en Europa se utilizaban escopetas yuxtapuestas de equilibrio y configuración ideales para la caza de campo; en Estados Unidos se hizo patente la necesidad de escopetas para tirar a unos gansos salvajes que efectuaban su pasada a una altura jamás vista antes. Esto permitía matar en el monte enormes pavos tan sigilosos como un rebeco y, sobre todo, para las bulliciosas modalidades de tiro en clubes y recintos cerrados. Para estas modalidades donde el tiro era más de precisión que de habilidad, y donde la forma de tirar se asemejaba más a la de un rifle que a la de una escopeta a tenazón, resultaba una idea muy seductora.

Por otra parte, cuando una bandada de gansos pasa a 100 metros de altura, aunque se repitan cinco o más tiros, todos se van de igual forma y la necesidad del choke es la misma desde el primero hasta el último disparo. No sucede igual cuando en nuestros campos alza el vuelo una perdiz a 15 metros de nosotros y repetimos el tiro cuando está a más del doble, y que, además, vuela con una velocidad angular enorme (motivo de las dos y cuatro estrellas). También está que disponer de muchos tiros sin recargar (hasta 12 cartuchos en la escopeta semiautomática SX3 de Winchester) es una forma de aprovechar la abundancia americana. Esta combinación de motivos, y no otra consideración, es la razón de que existan las escopetas semiautomáticas de un sólo cañón. Pero... ¿valen para el medio español?

La semiautomática en la caza española
Para empezar, digamos que, salvo los ojeos, en nuestro país se caza andando. En una escopeta yuxtapuesta, la propia forma del arma permite que la culata tenga una acentuada curvatura que pone la cantonera muy afuera con respecto a los cañones. Esto se llama ventaja y sirve para compensar la distancia entre la clavícula y el ojo del tirador. Con esta configuración, el tirador que camina de frente puede levantar el arma y apuntar casi sin perfilarse, apuntando casi de frente.

En una semiautomática la culata es mucho más recta y el tirador debe ladearse retrasando el hombro para realizar la puntería. Esto retarda el tiro en unos metros de desplazamiento de la presa, que tanto al conejo como a la perdiz marcan la diferencia. En el club se tira con el arma en la misma posición y, a veces, arrancando desde el propio hombro. En estos casos, el inconveniente se vuelve una ventaja.

La evolución de las semiautomáticas ha llegado al Ejército
También argumentan como favorable los defensores de estas escopetas, que por lo general tienen cañones más largos, y, efectivamente, así es. Esto responde a que al ser uno sólo, pesa menos, lo cual permite alargarlo, ya que con el doble de longitud pesaría igual que una de dos cañones con la mitad del largo. Pero muchas veces cazamos entre la vegetación donde un cañón largo se engancha y significa más un engorro que una utilidad. Por otra parte, con las nuevas pólvoras, tacos de acción progresiva, recámaras con conos de forzamiento largos, y chokes mejorados, una escopeta actual con un cañón muy corto, consigue un comportamiento como el de las antiguas con cañones muy largos.

Hay todavía una última defensa en favor de estas armas. Lo constituye la capacidad de múltiples cartuchos. Sin embargo, salvo en muy raras excepciones, es difícil que se nos plantee la posibilidad de repetir el tiro en las mismas circunstancias. En otras palabras: si en nuestra escopeta de dos cañones tenemos un primer choke que va desde mucho para una situación hasta poco para otra, y a continuación tenemos otro que arranca donde se quedó el primero y nuevamente cubre avatares desde lo mucho hasta lo poco es obvio que disponemos de una gran variedad de oportunidades poniendo algo de nuestra parte.

Con una escopeta de un solo cañón, disponemos sólo de un choke que debemos elegir al comenzar la jornada, y además con agravantes. Es cierto que las modernas tienen chokes intercambiables y hay una amplia gama de los mismos, pero no resulta operativo cambiar de choke en medio del campo. Además, los chokes intercambiables son menos efectivos que los fijos y con los cañones largos los chokes trabajan peor. Además de que nuestra escopeta tenga capacidad para alojar cinco cartuchos en el almacén, la legislación actual está limitada a tres.
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