Cuestiones Operativo-Tácticas I: ¿Qué marca la diferencia entre salir victorioso o no?

Cuestiones Operativo-Tácticas I: ¿Qué marca la diferencia entre salir victorioso o no?

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tiro_tactico_hoUna vez que ha comenzado un ataque, un tiroteo, o una agresión, sólo pueden considerarse finalizados cuando la amenaza ha dejado de existir, ya sea porque los agresores han desistido y huido, o ya sea porque han sido reducidos por la fuerza. Pero, ¿sabemos qué puntos marcan la diferencia?
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Grupo operativo trabajando en binomios
Una vez que ha comenzado un ataque, un tiroteo, o una agresión, sólo pueden considerarse finalizados cuando la amenaza ha dejado de existir, ya sea porque los agresores han desistido y huido, o ya sea porque han sido reducidos por la fuerza. Pero, ¿sabemos qué puntos marcan la diferencia?

De siempre se ha considerado vencedor al más alerta, el mejor preparado, el que posea el mejor entrenamiento y/o equipo, quien ocupe la mejor posición, el que use las mejores tácticas, el más tenaz, y por supuesto no podemos olvidarlo, a quien tenga más suerte.

Aunque la cuestión de la suerte entra dentro de las creencias personales de cada uno en las caprichosas Parcas, y las cuestiones de entrenamiento y equipo se resuelven por anticipado, las tácticas entran en juego durante la misma acción, y deben ser perfectas para tener posibilidades de victoria. Unas tácticas correctamente entrenadas y estudiadas pueden marcar la diferencia e incluso salvar situaciones desesperadas, compensando una falta de actitud de alerta.

El gran Sun Tzu en su “Arte de la Guerra” ya nos aconsejó sobre saber encontrar el momento adecuado para actuar, reconociendo y aprovechando la oportunidad, aún en momentos críticos. No se trata simplemente de minimizar riesgos. Hay riesgos que debemos evitar, está claro, pero también hay riesgos que como profesionales armados debemos asumir. Nuestro propósito debe ser siempre el de maximizar las oportunidades, identificando las situaciones propicias, actuando decididamente para neutralizar las amenazas lo más pronto y eficazmente posible.
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Unidad de soldados en escenario CQB

Cómo actuar
En nuestro “pacífico” mundo occidental existe una reacción instintiva muy común y letal, de ocurrir esta ante un ataque real, la incredulidad: ¡¡Ese individuo no me puede estar atacando con un hacha, no puede ser!! Hay que superar rápidamente ese sobresalto y no negar la realidad. Demorarse es una receta segura para la tragedia.

Reconozcamos la amenaza y enfrentémosla con firmeza, desenfundando y/o encarando rápidamente nuestra arma colocándonos en una posición fuerte y favorable en relación a la trayectoria probable del ataque.

Poner obstáculos en el camino del atacante, presentarle un objetivo difícil y protegido podría disuadirlo de continuar o incluso impedir totalmente su acción. Cuando sea necesario el uso de fuerza letal, disparar sin dilación y con precisión a la línea media del torso del atacante, al centro de masas. Aun llevando chaleco antibalas el agresor, podemos frenarlo e impedirle actuar con eficacia, amén de que normalmente no es posible reconocer de forma inmediata el empleo de dichos chalecos. Si tras varios disparos el sujeto continúa en pie después de ser alcanzado por proyectiles bien colocados, es hora de buscar disparos a otra zona más efectiva.
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Ejercicio de protección personal

Vigilar el entorno
El entorno debe ser escrutado verificando si hay o no más adversarios, si hay movimientos de flanqueo, comprobar potenciales rutas localizando abrigos viables propios y del adversario. Nunca hay que asumir que se ha finalizado una acción armada simplemente porque las cosas parecen haberse calmado y no se observa ninguna otra amenaza. Ese es el momento para recargar si hemos disparado, y aquí no tiene importancia saber cuántos cartuchos creemos haber empleado, hay que recargar cuando queramos hacerlo, en condiciones de seguridad personal, no cuando la situación nos obligue a hacerlo, que será siempre en el peor de los momentos, frente a un enemigo armado.

Si la situación lo permite, permaneceremos en una posición fuerte y segura, con una distancia de seguridad válida, y aquí es importante recordar que el viejo axioma de “cuanto más lejos mejor”, no solo no siempre es factible, sino que a veces ni se cumple, ni es seguro. Por supuesto, hay que tener siempre en cuenta y presente el estado y posición de nuestros compañeros.

Heridos
La primera cuestión que debemos tener en cuenta respecto a una persona herida, sea de la gravedad que sea, es que sigue siendo una amenaza mortal. En muchos casos se ha producido el efecto de gato herido o acorralado al perseguir innecesariamente a un sujeto herido. La psiquis del ser humano puede tener reacciones de huida hacia adelante cuando se encuentra herido y acorralado. En estos casos lo más aconsejable es hacer uso de la paciencia y dejar que el tiempo corra en nuestro favor.

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En una situación de enfrentamiento real nunca hay que bajar la guardia
Si la situación todavía no está claramente asegurada jamás hay que abandonar prematura e innecesariamente una posición protegida para aproximarse a un herido, del tipo que sea, podríamos nosotros mismos convertirnos en otro herido más, complicando la situación propia y de los compañeros.

Respecto a nosotros mismos, una vez asegurada la situación, nos examinaremos para ver si existe alguna herida. En plena descarga de adrenalina a consecuencia de la agresión es fácil haber sido gravemente heridos y no darse cuenta.

Lo aconsejable es empezar por la parte superior de la cabeza hacia las piernas, ya que las primeras zonas a examinar deben ser las que puedan tener heridas potencialmente más letales. En principio, y sin entrar en casos específicos, una herida en la cabeza o cuello siempre será más grave que otra en las extremidades, por lo que nos corre más prisa el detectarlas. Recorreremos el cuerpo palpando con las manos para descubrir si nos han herido, en su defecto solo con la mano de apoyo o incluso, en situaciones más comprometidas, solo con la mirada.

Ya sea grave o no, una herida es siempre una cuestión a tener en cuenta. Una herida grave requiere atención médica inmediata, evidentemente, pero incluso una herida que no es en apariencia demasiado grave, un golpe en el codo por ejemplo, con el tiempo puede transformarse en muy grave incapacitándonos para la más mínima defensa.
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Soldados de la OTAN transportando a un compañero herido

Buscando, jamás solo
En una acción de registro o intervención debe olvidarse el actuar al estilo Hollywood, en solitario, y ello, entre otros motivos, porque simplemente no se puede vigilar en dos direcciones a la vez. Existen situaciones donde la mejor opción, es colocarse en una perspectiva de cobertura y dejar que, o bien el adversario venga, o lleguen refuerzos que nos proporcionen mayor seguridad de actuación.

Una vez en el interior, en estas situaciones hay que utilizar los cinco sentidos para buscar indicadores del objetivo, y lo de los cinco sentidos no es una frase hecha. Aunque la vista y el oído son los más importantes, podemos detectar un objetivo por brillos, movimientos, vibraciones, calor, sonidos, olores, formas, contrastes, señales humanas e indicadores operativos, la mayor parte de las veces pueden ser casi imperceptibles.

Hay que utilizar todos los sentidos
El olfato puede detectar olores fuera de contexto como lubricantes de armas, tabaco, colonia, olores corporales, olores primarios de sexo, excrementos o gases corporales, etc. Las señales humanas incluyen huellas de pies, de manos, rastros de sudor o sangre, cigarrillos encendidos, comida, sombras, el vaho de la respiración, vibración del suelo o una puerta, etc. Incluso el calor corporal puede ser detectado en según qué circunstancias.

Respecto a indicadores operativos pueden incluirse ventanas abiertas en un día frío, muebles amontonados contra una puerta, agujeros en tabiques, suelos o techos, y en el peor de los casos, bombas trampa. A este respecto la memoria debe estar alerta por si algo ha cambiado desde la última vez que se observó.

Evitar ser la presa
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Disparando desde un lugar protegido
Indudablemente debemos tener en cuenta todo lo que hemos leído en el apartado anterior, sobre todo si tenemos en consideración que en una intervención armada somos un 50% de cazador y un 50% de presa. El sigilo es la clave, con movimientos lentos, cuidadosos y sistemáticos, estudiando cada problema táctico de forma individual. Detenerse, mirar, escuchar, frecuente y metódicamente desde detrás de un abrigo o al menos una cubierta que nos oculte. En una situación de búsqueda, tras un ruido inesperado hay que inmovilizarse al menos un minuto para escuchar posibles reacciones.

Jamás hay que asumir que algo situado en nuestra zona de responsabilidad es seguro hasta que no haya sido verificado por uno mismo, si pensamos que otro lo hará, lo más probable es que nadie lo haga. En este entorno hay que recordar siempre: o se está seguro o se está expuesto. Es por lo que hay que maximizar la alerta ante las amenazas potenciales y minimizar la exposición a ellas.

Mantendremos la distancia a las esquinas desde las que no se pueda ver más allá, cuidando de no introducir la boca del arma en un espacio que no haya sido asegurado ni chequeado. La pereza y el descuido en los detalles son buenas cartas para el desastre, no debemos olvidarlo, jamás.

Moverse tácticamente
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Tiradores selectos apostados sobre un tejado
El equilibrio es algo que hay que mantener y no perder jamás, manteniendo el arma lista para poder disparar de forma inmediata sobre cualquier amenaza que pudiese surgir. Es muy importante no olvidar el principio de los tres ojos: hacia donde vayan los ojos del operador, allí va la boca de su arma, y viceversa. El arma debe estar preparada y retenida sin que bloquee el campo de visión.

Evitaremos detenernos en lugares abiertos, saldremos de ellos a paso ligero, sin cruzar los pies ni correr, a menos que estén disparando y aun así no siempre es aconsejable correr sin más.

Disparando
A la hora de disparar lo único importante es lo básico, lo que algunos llaman los tres secretos. Secretos que son, no debemos olvidarlo, obvios y de sentido común:
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Disparando con el clásico black rifle

- Empuñamiento.
- Imagen en las miras.
- Control del disparador.

Debemos ser capaces de alcanzar eficazmente con varios disparos seguidos al blanco en el menor tiempo posible, antes de que él sea capaz de hacer lo mismo con nosotros. Y algo mucho más obvio aún: Si no se puede dar en el blanco cuando es necesario, todas las tácticas del mundo son inútiles.








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