Mitología de las armas en la "Historia": cuentos y leyendas de nuestro pasado

Mitología de las armas en la "Historia": cuentos y leyendas de nuestro pasado

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Mitología de las armas en la
La "Historia" a la que hago referencia en el título, es la que corre de boca en boca, con sus errores y mitos. Todos hemos oído y leído historias sobre armas poderosas, hazañas increíbles y batallas épicas.
Mitología de las armas en la “Historia": cuentos y leyendas de nuestro pasado
arquero13 23/02/2007
La “Historia" a la que hago referencia en el título, es la que corre de boca en boca, con sus errores y mitos. Todos hemos oído y leído historias sobre armas poderosas, hazañas increíbles y batallas épicas. Desde ahora, quiero expresar mi ignorancia, de la cual saldrán equívocos, y ante todo que no poseo la verdad, de ninguna de las maneras.

La primera leyenda que quiero comentar es la referida al rey Ricardo de Inglaterra, Corazón de León, y su contemporáneo Saladino (Selaheddîn Eyûbîen, Al-N?sir Sal?h ad-D?n Y?suf ibn Ayy?b). Esta historia tuvo lugar durante la tercera Cruzada, en la cual ambos guerreros firmaron una tregua el 3 de Septiembre de 1192. Cuenta la leyenda, que en dicha firma de tregua se ofrecieron manjares a los representantes de ambas partes en guerra, y cómo no, el ego de cada guerrero salió a relucir. Comparando las armas de cada ejército, el rey Ricardo se vio obligado a demostrar la fuerza de sus armas, partiendo de un golpe la mesa en la que estaba comiendo. Saladino hizo su propia demostración de fuerza, lanzando al aire un pañuelo de seda y colocando su espada debajo esperó a que el pañuelo se posase encima de la hoja. El pañuelo se partió en dos al contacto con el filo de la espada.

Una cimitarra de Damasco con un detalle de su hoja
El acero de la espada de Saladino se dice, y seguramente así fuese, que provenía de Damasco. Un acero que presentaba unas extrañas vetas de color a lo largo de toda la hoja de la espada y que tenía unas cualidades excelentes de corte y dureza. Desde luego que la espada del rey Ricardo tampoco se quedaría atrás, ¿o sí?

El acero de Damasco era y es una mezcla de distintos aceros, lo que le da el característico veteado a las hojas que con el se forjan. La materia prima para la obtención de este tipo de acero provenía de la India, en una especie de “quesos" de hierro obtenidos en hornos de fundición, y que recibían el nombre de “wootz". Este material era la base para la fabricación de las espadas de Damasco, las más reputadas de la época cruzada. En un horno de piedra se mezclaba mineral rico en óxido de hierro con carbón vegetal, y mediante fuelles se aumentaba la circulación del oxígeno, que al quemar producía monóxido de carbono.

Elaboración artesanal
La unión del monóxido de carbono con el mineral de hierro provocaba la desoxidación, quedando hierro metálico por reacción química. Como la temperatura de los hornos de entonces no alcanzaba la actual, el material no se tornaba líquido, sino sólido poroso, lo que se conoce como hierro esponja. En esos poros se encuentran las mismas impurezas que en el fundido líquido, que se removerá a golpe de martillo. Este producto martillado se introducía de nuevo en un crisol con carbón de leña en un horno y al fundirse parcialmente el hierro y el carbono daba lugar al “wootz", un acero rico en carbono.

Los que mejores resultados obtenían de estos “wootz" eran los forjadores sirios, quienes acostumbraban a forjar sus piezas en un rango de temperaturas que oscilaba entre los 650 y los 850 grados, momento en el cual el material adopta un color rojo púrpura, se torna dúctil y se convierte en una aleación superplática (capacidad de deformarse sin romperse). Los europeos, por el contrario, acostumbraban a forjar a temperaturas de 1200º, momento en el cual el material toma un tono amarillo claro y el “wootz" pierde sus propiedades, desmoronándose a los martillazos.

Fabricación del acero de Damasco
El por qué de su bondad, sin entrar en demasiadas profundidades técnicas, está íntimamente relacionado con la estructura interna de los minerales. El acero está estructurado en cristales, también llamados granos, con fronteras delimitadas y definidas. Si se observa con un microscopio se ven zonas claras y oscuras. Los tramos oscuros son granos de hierro metálico conocido como ferrita. Dependiendo de la temperatura, la ferrita acepta o expulsa carbono. El carbono expulsado forma el carburo de hierro, laminillas blancas que serán la cementita que se alterna con la ferrita. A estos granos se les conoce como la fase de perlita del acero, con un contenido fijo del 0´77% de carbono. Cuando el contenido total de carbono es bajo, abundan los granos de ferrita y los granos de perlita son escasos y dispersos.

A medida que el contenido de carbono aumenta, la porción de cementita sube. En los aceros de alto carbono, la perlita, formada por laminillas de ferrita y cementita, prácticamente ocupa todo el espacio. Con esta estructura, el material es sumamente frágil porque la base de cementita es muy quebradiza. Ni los europeos ni los sirios sabían que a temperaturas de entre 650 y 850 grados, la base de cementita podía transformarse a golpe de martillo para formar partículas dispersas en una base de perlita. La diferencia era que los sirios lo hacían y los europeos no.

Cuando la base de cementita se dispersa en una multitud de partículas, el “wootz" ya no es “wootz", sino acero de Damasco. De hecho, las texturas que se observan en las espadas de Damasco son residuos de la base de cementita que no alcanzaron su transformación a pequeñas partículas, probablemente debido a que se interrumpía el martillado. Lo irónico es que si se logra eliminar completamente la textura clásica del acero de Damasco, al transformarla en pequeñas partículas de cementita, se obtiene un acero todavía superior. Claro que a ningún herrero sirio se le ocurría hacer esto, pues todo el mundo creía que la fuerza de los aceros de Damasco venía de su textura. Por su parte, las espadas europeas resultaban más duras, rígidas, pero también más quebradizas en comparación con los aceros de Damasco, aunque no hasta el punto de resultar inferiores.

Espadas de lujo
Otro mito es la equipación de los soldados de infantería, ya que estamos acostumbrados a ver que todos portan espadas, siendo éstas un artículo de lujo. De hecho era más barato para el ejército, o quién lo armase, equiparlos con armas más asequibles y de rápida fabricación, aparte del tiempo de instrucción necesario para blandir una espada con un mínimo de garantías. En el caso de portar espadas, seguramente la calidad de las mismas dejaría mucho que desear en comparación con las armas de un caballero o los propios jefes de la guerra.

Espada Jineta (o Gineta) Nazarí
Si nos atenemos a los tipos de espadas a los que estamos acostumbrados a ver en las películas, nos encontramos con dos tipos claramente diferenciados: rectas y en cruz por parte del lado cristiano, y curvado del lado musulmán. Curioso, ¿no? Hasta en esto se mezclan los símbolos religiosos. Las espadas cristianas eran rectas, pero no todas, lo mismo que las musulmanas. Una espada curva facilita el corte, una recta facilita la punzada, ¿por qué se iban a especializar en un solo tipo de combate?

Espada "Colada" del Cid Campeador.
La espada del Cid resulta de la evolución de las espadas árabes que se usaron en los reinos de España por parte de los guerreros musulmanes. Espadas de una mano y que no superaban 1.700 gramos de peso. Este dato desmonta otro mito, el del peso de las espadas. Y es que las espadas no podían resultar excesivamente pesadas, por un motivo lógico: había que usarlas. En mitad de una batalla, a pie o a caballo, el guerrero tenía que blandir la espada contra sus rivales, atacando y defendiéndose. En el caso de portar una espada excesivamente pesada, cualquier guerrero terminaría agotado por el esfuerzo, perdiendo toda posibilidad de salir victorioso de cualquier enfrentamiento. Esto lo sabían muy bien los forjadores, que buscaban aunar en sus creaciones la dureza necesaria, junto con la flexibilidad y ligereza requeridas para los combates. Así pues, dotaban a las espadas de acanaladuras para fortalecer y aligerar las hojas, compensaban el peso de la hoja dotando a las empuñaduras de pomos para equilibrar el balance de la espada y protegían la mano que la blandía con aletas metálicas para evitar el corte por deslizamiento de la hoja contraria. Esto daría paso a verdaderas obras de arte en la forja de los cazos y recazos de las espadas roperas.

Espada ropera (siglos XVI y XVII).
Las roperas estaban dotadas de una hoja de la misma forma que la de una espada de guerra, con forma de diamante y doble filo, solo que alargada y afinada, para permitir también los ataques de corte, y acababan en una punta muy aguda y reforzada que debía ser capaz de atravesar limpiamente a un hombre de parte a parte aunque se encontrara algún hueso en el camino. Estas hojas solían medir más de un metro de largo, normalmente entre 1.05 y 1.15m. Por su parte, las empuñaduras estaban provistas de guardias de lazo o cazoletas, formadas por varios gavilanes o brazos que se entrelazaban entre sí para tratar de conseguir la protección más perfecta posible para la mano del usuario, que normalmente no iba protegida. Estos gavilanes eran de hierro o acero, y pesaban considerablemente, ayudando también a equilibrar la enorme hoja.

Otro mito, las acanaladuras
Tanto en armas blancas antiguas como en armas modernas, muchas llevan acanaladuras en sus hojas. Existe el mito de que dichas acanaladuras son para provocar la muerte por desangramiento o para que entre aire en la herida. Falso. Como ya he relatado anteriormente, este recurso sirve para aligerar las hojas de peso, sin restarles la dureza necesaria para su cometido. En el caso de otra arma mítica, las espadas japonesas, la leyenda resulta ser casi predominante respecto a sus cualidades. Por su forma curvada, es cierto que facilita el corte, pero el acero no es indestructible. También se fabricaron espadas rectas de uno y dos filos, ligadas a la introducción del budismo en Japón.

Espada con acanaladuras
Las espadas que conocemos por su extremado poder de corte no se produjeron hasta que no hubo una relativa paz en el reino. Entonces, los posibles combates eran duelos con la ropa de calle, lo que llevó a dar más filo a las espadas, ya que no se las tenía que usar contra un enemigo embutido en una armadura. La espada de guerra japonesa, dejando aparte los distintos tipos existentes, no podía ser un arma con un filo extremadamente cortante, ya que los impactos con otras armas, mellarían el filo y restarían afectividad al arma. Lo lógico es pensar que los filos serían más bien romos, para tener la suficiente dureza con el fin de soportar los impactos. Dividiendo la hoja en tercios, el más cercano a la empuñadura sería el más grueso, sin filo, con el fin de usarlo como escudo. El segundo tercio, algo más delgado, sería usado para detener los golpes del arma atacante, situando la espada en posición para alejar el golpe del cuerpo del guerrero. El último tercio de la espada, la punta, más delgada y afilada, sería usada para efectuar cortes y punzadas.

Las técnicas de combate, ya sean en Europa o en el Lejano Oriente, tenían la finalidad de derrotar rápidamente al adversario. El uso de armaduras, ya sean de placas o cotas de mallas, decantó el desarrollo de las armas de ataque, variando su forma, peso y estilo de esgrima. Las armaduras medievales de placas, sugieren un guerrero pesado y torpe, con grandes limitaciones de movimiento.

Cierto es que este tipo de armadura resultaba relativamente pesada (unos 35 kilos repartidos por el cuerpo). Más o menos el peso de una mochila de un soldado en la Primera Guerra Mundial, y estos soldados corrían y ascendían por colinas con ese peso a la espalda. Esta coraza protegía al guerrero mejor que las corazas de cuero, aunque lo limitaba en los movimientos extremos. Las cotas de malla resultaban más adaptables al cuerpo del guerrero, facilitándole los movimientos, aunque no protegían del todo su cuerpo de los ataques. Un impacto directo con un arma no produciría un corte en el cuerpo, sin embargo, resultaría fácil que rompiese el hueso, imposibilitando la defensa ante un segundo ataque. Desde luego, no pasaba como en las batallas del cine, donde una espada corta la cota de malla haciendo sangrar al rival.

Este tipo de armadura, tan probada en Europa, resultó ser un estorbo para los caballeros cristianos en sus guerras en el desierto. El metal recalentado por la acción del sol, y a pesar de que cubrían sus armaduras para evitarlo, sumado al necesario acolchamiento que portaban bajo el metal, hacían de las armaduras un instrumento de tortura más que una defensa.

Hay muchos más mitos en torno a este tipo de armas, y los descritos se pueden desarrollar, argumentar e incluso rebatir. ¿Alguien se anima?
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